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Narrativa

Comentario sobre "De ternura y sexo"
Por Jorge Zavaleta
( aparecido en el Mercurio Digital)



La comunicación global arroja buenos frutos. La producción literaria ha dejado de ser patrimonio de élites o de la prensa local y exclusiva para el aldeano vanidoso.

Elga Reátegui se fue del Perú a España en busca de espacios para desarrollar sus capacidades de poeta, escritora y periodista. No es fácil el camino, pero si es una experiencia grata si recordamos a Kafka cuando recrea Oklahoma, el valle de oportunidades para todos, empezando para creadores y amantes de la cultura.

De Ternura y Sexo, la segunda novela de Elga después de – El santo cura - y varios poemarios como En mi piel, recuerda a Dostoiewski, el maestro del género, la trama que atrapa al lector, entre otras cualidades.

De Ternura y Sexo, es una reflexión crítica a la televisión que recurre al sexo - un acto natural de la especie humana, que ya Kamasutra ilustra con imágines, aunque los autores posiblemente nunca las practicaron -, para pervertir los valores sociales, desarticular a las familias y crear crisis morales. Su libro, en más de 600 pp atrapa al lector, porque aborda dramas y alegrías de las familias disfuncionales, en el más estricto sentido de la psiquiatría y de profesionales multidisciplinarios.

Para Elga Reátegui, el mundo es ancho y ajeno, aunque desde su atractivo blog, convoca a personajes del ámbito cultural, con una amplitud inusual, que la convierten en valiosa comunicadora latinoamericana.

La lectura de De Ternura y Sexo provoca vigilia, excitación, taquicardia, enrojecimiento e insomnio. Otro ángulo es la visión sobre el rol social de la familia. La crisis del planeta muestra dramáticas facetas de la familia destruida por la ausencia del Estado, creyendo que solo el libre mercado es la panacea para la vida. De este mensaje no se excluyen las grandes empresas de la comunicación y su efecto en la convivencia humana.

La reciente obra de Elga es una reflexión sobre el rol de los Estados y gobernantes a emprender políticas públicas para orientar y aplicar planes nacionales que aseguren la estabilidad de las familias, incidiendo de manera orgánica en las personas adultas, porque el modelo del emprendimiento empresarial en América Latina, especialmente en el mundo rural o del migrante, es aún una utopía que el libre mercado no encuentra respuestas saludables. Es una responsabilidad social del Estado hacer realidad el júbilo de los jubilados.

En su blog, son convocados siempre destacados escritores y artistas, y Elga ya ha sido incorporada, con merecido reconocimiento, al mundo de las letras.

De ternura y sexo es una novela que hay que leerla con cuidado, pues cuenta la historia Mábela, una mujer de treinta tantos años que busca desesperadamente en sus relaciones -sea heterosexuales o lésbicas- algo de ternura, pero teniendo como medio los encuentros sexuales con extraños. No conoce otro medio de obtener una recompensa afectiva más humana que aventurarse a compartir el lecho con alguien, pese a que la mayoría de veces lo único que consigue es poseer y que la posean pero sin obtener ni una pizca de ternura antes, después o durante del acto amatorio.

La novela también es la historia una mujer que tiene que salir adelante recomponiendo su salud mental-emocional y reaprendiendo a tratar con el sexo opuesto, luego de haber sido abusada sexualmente de niña por su tío, quien pese a que no llegó a consumar la violación, la sometió a largos períodos de tocamientos indebidos.

Comentario sobre la novela De ternura y sexo 
Por Alicia Muñoz Alabau*



Mábela es una mujer joven empeñada en vivir una vida moderna e independiente en la que no haya lugar para los compromisos. Sin embargo, en el fondo, su corazón alberga necesidades que ella misma desconoce y que la hacen ir entregándose a los demás al igual que les sucede a la mayoría de mujeres de su edad. De esta manera, acaba ayudando a su hermano, mostrándose comprensiva en la difícil relación que tiene con su madre, atendiendo a su abuelo y acercándose a su padre de una forma que jamás hubiera imaginado. En una novela en la que aparecen la mayoría de los problemas a los que todas las mujeres hemos de enfrentarnos alguna vez, es fácil sentirse identificada con esta protagonista que, a pesar de resistirse a la afectividad y a la ternura, sucumbe a ellas mientras se identifica con el papel de mediadora y cuidadora que tan fácilmente se nos asigna  en todas las culturas y sociedades. Elga consigue adentrarnos con maestría en las distintas situaciones en las que Mábela se encuentra y hacernos disfrutar con una protagonista inquieta que irá madurando a lo largo de la novela. Una lectura con la que disfrutamos,  porque consigue transmitirnos con gran cercanía y realismo cómo es la vida de los personajes. Te doy mi más sincera enhorabuena, Elga.
*Narradora y poeta. 

Apunte sobre la novela "De ternura y sexo"
Por Ginés Vera*

Narrada en primera persona, asistimos a un diario sin diario, a un diálogo con ella misma, con Mábela, sus miedos y sus anhelos. Cinco varones y ella –fumadora, nostálgica, yogui–, en tanto va descubriendo el mundo conforme se descubre a sí misma derribando falsas creencias sobre el romanticismo, la sexualidad y los hombres en general.

Muchos de los personajes secundarios tienen temperamento, destaco el de Lucía –Lucy, la mejor amiga de Mábela–, la hermana que nunca tuvo. Lucía es a mi modo de ver el punto de apoyo en la argumentación, sin ser la antiheroína es la complementariedad, la complicidad en esta epopeya de autodescubrimiento de Mábela y el mundo que la rodea. Y podría hablar de él, de Guille, de la importancia masculina en la vida de Mábela, pero Elga me mataría y con razón, prefiero preguntarle directamente a Mábela; ella me diría: “siento que todo lo que soy, se lo debo a él. Gracias a Guille sé dar y recibir placer…”


*Escritor, profesor de talleres literarios y colaborador en varios medios de comunicación

COMENTARIO DE LA NOVELA “DE TERNURA Y SEXO”



Por Jorge Varas *

En primer lugar agradezco a la escritora Elga Reátegui por invitarme a hacer un comentario sobre su desbordante novela. “De ternura y sexo” es una novela adictiva, original, escrita a pulso por la autora, con valores literarios de fondo y forma que enganchan al lector. Desde el inicio de la novela se va descubriendo esa realidad trascendente y fascinante que es el mundo interior de una mujer, Mábela, que lucha por conocerse a sí misma y definir sus preferencias sexuales.
Mábela debe superar el prematuro y violento despertar al sexo cuando a los 7 años padece  el abuso físico del tío Mateo quien, aunque no la desvirga, produce en la niña un trastorno o trauma que le dificultará tener una relación amorosa y sexual normal. Mábela se llena de temores respecto al sexo opuesto. Su sufrimiento moral y psicológico le hará fracasar en su relación con Marcos, un joven que en realidad no la quiere más que para satisfacer sus deseos sexuales y que finalmente la deja, porque no quiere tener problemas con una chica traumada que le ha confesado tímidamente que todavía es virgen.
Los prejuicios y temores de Mábela respecto a los hombres la inducen a dejarse seducir por una chica, morena joven y atractiva, Ivette, con quien disfrutará el placer de las caricias y llegará al clímax por primera vez. Mábela comete un acto homosexual, como producto de la búsqueda de su identidad sexual, pero que no la marca o define como lesbiana o gay.
Porque ella no deja de sentirse atraída por los chicos. Por eso se relaciona con Gerardo, para experimentar el placer sexual con alguien del sexo opuesto, y que puede colmarla desde sus exquisitos preámbulos. Aunque ella terminará pronto con Gerardo porque no la satisface plenamente y, tendrá otras relaciones, Eduardo, Guille o Luis Ángel, siempre en su afán de encontrar a un hombre que pueda brindarle ternura y hacerla vibrar en el juego del amor.
Elga Reátegui nos presenta una novela apasionante, a partir de su personaje central, Mábela que interpreta y valora la ternura y el sexo a su peculiar modo. Ternura, sensación sublime ligada al amor, el sentimiento más hermoso que experimenta el ser humano, y el sexo, ligado a las caricias y el placer, es decir la conjugación perfecta para una persona que pretende alcanzar la felicidad con su pareja. Es la ambición ideal de Mábela, cuya voz, hasta el final de la novela, se oirá deseando “seguir dando y recibiendo ternura”
Este fresco literario está estructurado en capítulos basados en la vida misma, con imágenes tan cotidianas como la del padre autoritario que impone su voluntad en la familia, como la de la madre terca y obsesiva, las figuras de la prima Lucy y la amiga Clara las más cercanas confidentes de la protagonista, que expresa sus razonamientos más íntimos con un lenguaje liso y coloquial,  que seducen al lector y lo invitan a dar saltos en el tiempo junto a ella mientras se desarrollan los hechos que hilvanan la trama de la novela.
Esta obra rompe con los tabúes y prejuicios que anidan en una sociedad anticuada, como la nuestra, donde predominan el machismo y el miedo al qué dirá la gente, y a la vez renueva la imagen de la mujer que pugna por ser feliz a partir de su definición sexual y hacer valer sus derechos como persona.  
Esta novela, intensa e interesante, tiene futuro y estoy seguro que alcanzará la proyección que espera de ella su autora.

*Poeta y promotor cultural



"De ternura y sexo"
(Novela)





De ternura y sexo es una novela que cuenta la historia de Mábela, una mujer de unos treinta tantos años que busca desesperadamente en sus relaciones heterosexuales y lésbicas algo de ternura, pero teniendo como medio los encuentros sexuales con extraños. No conoce otra forma de obtener una recompensa afectiva más humana que aventurándose a compartir el lecho con alguien, pese a que la mayoría de veces lo único que consigue es poseer y que la posean pero sin obtener ni una pizca de ternura antes, durante o después del acto amatorio.
Narra también la vida de una mujer que tiene que salir adelante recomponiendo su salud mental-emocional y reaprendiendo a tratar con el sexo opuesto, luego de haber sido abusada sexualmente de niña por su tío, quien pese a que no llegó a consumar la violación, la sometió a  largos períodos de tocamientos indebidos.
Pero, De ternura y sexo es una novela que muestra, además, los errores que suelen cometer los padres  a  la hora criar y educar a sus hijos,  sobre todo,  cuando el medio imperante es machista, se tiene en cuenta el qué dirán y se vive en un ambiente donde priman las apariencias.

De ternura y sexo
(Fragmento)



Se le da excesiva importancia al sexo. Siempre lo he creído así. Once escasos minutos en los que se espera y aspira alcanzar sensaciones límite en un acto que no ha experimentado en lo esencial cambio alguno. Porque pese a la frescura y novedad que se le quiere imprimir en los tiempos actuales, siempre es lo mismo. O mejor dicho, acaba igual. Hasta las posturas que se venden como desinhibidas y vanguardistas  hace mucho que fueron publicadas en el Kamasutra, y no sabemos si sus lectores realmente llegaron a ejecutarlas con éxito, y  harta satisfacción. Así es que nada puede ya resultar inédito bajo nuestras sábanas. ¡Seamos sensatos! Biológicamente es una actividad que es y punto. ¡Maldita publicidad engañosa! Vendiendo siempre fantasías y sueños. Meras promesas que permanecen anhelantes –e insatisfechas en el corazón para pesar nuestro-. Pero no es sólo responsabilidad de esos inescrupulosos ¡qué va! La culpa la tenemos todos por disfrazarla y ocultarla en simultáneo haciéndola misteriosa y tentadora. En fin, ¿qué se puede esperar de un acto milenario y natural que es en sí una obra acabada y perfecta?





El escritor y crítico literario Benjamín Blass Rivarola comenta sobre la novela 





Siempre admiré en la poesía de Elga Reátegui la sutileza y la profundidad al tratar el tema del erotismo. Definitivamente la lectura de la segunda novela de la escritora Elga Reátegui acentúa esa impresión.
Pero, ¡cuidado!, quien se acerca a "De ternura y sexo" esperando satisfacerse —nunca mejor utilizado el término— con las aventuras sexuales de la protagonista —Mábela Gómez— va a sentirse decepcionado. "De ternura y sexo" es una novela descarnada que reflexiona sobre la complejidad del ser humano y la necesidad imperiosa de ser aceptado en su esencia vital.
De alguna manera todos nos sentimos identificados con las angustias y miedos de Mábela al enfrentarse a la hostilidad de una madre que vive de las apariencias y u padre con serios complejos personales. Sentimos en Mábela como a un ser humano que, a pesar de sus propios traumas, miedos y frustraciones amorosas y sexuales, tiene la fortaleza espiritual —aunque ella no lo admita o no se dé cuenta— para escuchar y ser el centro —o periferia— de los seres que lo rodean: amigos, amantes y familiares.
"De ternura y sexo" es la lucha interior de Mábela por sentirse sujeto de ternura y amor, y no un objeto sexual.
Para lograr ello, Elga Reátegui apela a un lenguaje directo, preciso, fruto de su trabajo poético. Asimismo, apela al uso de "flashbacks" para presentar la compejidad de las acciones y reflexiones de los personajes, lo que implica una madurez en su estilo que, estamos seguros, va a plasmarse en las siguientes obras.

Benjamín Blass Rivarola
Crítico literario, editor, ensayista, periodista y jefe de la Oficina de Promoción y Difusión de la Biblioteca Nacional del Perú


Comentario del escritor Juan Benavente


Elga Reátegui Zumaeta, poeta y narradora peruana, con la pluma empuñada seguramente por oficio respecto a su vocación periodística sigue demostrando su capacidad de trabajo y su cada vez mayor convicción que lo suyo fue y es la literatura.Está dando los pasos adecuados para constituirse firme en la meta que se ha propuesto desde siempre. La conocí en los avatares de su profesión que es el periodismo allá en los inicios de la década del noventa y, vi en ella, su afán de construir sus versos. Pues, en su haber tiene varios poemarios: Ventana opuesta, Entre dos polos, Alas de acero, Etérea, En mi Piel. Luego valiéndose de la prosa que desarrolló en el campo periodístico, fue que gratamente sorprendido recibí su primera novela El santo cura. Claro que a esas alturas, era sólo el impulso de desarrollar la temática porque tenía la herramienta fundamental del trabajo: la palabra. Pero ahora más convencida que nunca, continúa desarrollando su accionar en mérito a su disposición y las condiciones por supuesto para presentar sus siguientes proyectos novelísticos como es el caso de esta novela De ternura y sexo, donde mi grata sorpresa se infla al saber que la seriedad en la escritora Elga Reátegui Zumaeta, se empecina por constituirse en un gran referente como los hay en un país como es el Perú. Naturalmente, el hecho de vivir hace varios años en España, juega a favor de su  internacionalización y también a partir de su clara visión del mundo; sobre todo por el hecho de absorber situaciones que la sensibilidad de un literato puede hacerlo con propiedad. Está diciendo lo que quiso decir mucho antes,  pero ahora lo hace con mayor solvencia, pues  noto en ella esa fluidez que percibí en su novela.
Bien por ella y por su gente que sostiene la expectativa de alguien que va hilvanando palabra a palabra en la tierra de Cervantes Saavedra. Porque la autora canta con ese esfuerzo individual de su creación y con la certeza explotar las vivencias y costumbres de un lugar que por cierto conoció y conoce muy bien; ya no como un experimento, sino como parte del oficio que requiere disciplina, cuya fortaleza la adquirió  seguramente  en el fragor de la voluntad propia para dar a conocer su inspiración y no quedarse soñando en los brazos de Morfeo.
De ternura y sexo, es una novela de Elga Reátegui Zumaeta que perfila con holgura y desenfado la desnudez de la cotidianeidad que se manifiesta a partir de un núcleo familiar y que se expande a modo de diáspora para desarrollar la trama con hechos que se dan en la vida real y que, por lo general,  los autores tocan de manera superficial inclinando el destino de su pluma de repente a otros puntos más allá de los detalles; sin embargo, en el caso de la novela en cuestión, resuelve esa síntesis ya planteada en el título. Al leer encontramos que sí, efectivamente, es más. Encontramos una serie de vericuetos que en la vida misma se da en una determinada familia, cuya historia involucra directa e indirectamente a otras y otros personajes. Es un conjunto de episodios que mantiene la atención a modo de relato terminado en cada capítulo y que se va desarrollando sistemáticamente hasta el final sin romper la unidad que permite la validez de una obra literaria que va sumando no sólo la posibilidad de una y más páginas; sino que está laboriosamente planteado en el perfil psicológico de los personajes,  independientemente de cada uno, para materializar a modo de justificación sus propios actos.
Percibimos una serie de sentimientos encontrados en personajes y hechos que suelen suceder en nuestro alrededor y nos vincula para ser más digerible el interés de la autora,  en este caso, su percepción respecto al accionar del hombre con todos los  avatares que trae consigo. No hay un compromiso beligerante, si no mas bien un trasfondo que requiere un análisis exhaustivo del personaje para sentar las bases del desenlace de cada pequeña historia que contiene la novela de una manera natural y sencilla. Se revela con mucha habilidad en esa forzosa dicotomía de causa y consecuencia, como parte de esa lectura que no se encuentra lejos de las obras de Flaubert, Vargas Llosa, Reynoso, por decirlo sin exagerar. Debo destacar el compromiso asumido para tratar el tema con propiedad, como si fuera de una prensa analítica o lo que hoy se denomina, periodismo de investigación.  En este caso, juega un rol importante la vitalidad de la ficción, aunque a decir verdad, muchas veces es la realidad la que supera a la ficción y los escritores nos quedamos cortos para desarrollar un tema predeterminado. Encuentro en la autora un mayor desenfado para señalar aspectos de la vida cotidiana, requisito sumamente valioso para que la obra adquiera el ingrediente necesario de la merecida atención del lector. No obstante, la trama desarrollada está mostrando casi permanente el soslayo romántico al puro estilo de la frivolidad con el que es tratado el amor, casi llegando al escepticismo; sin embargo, al final con esa sola palabra, culmina la reivindicación del amor en todo su esplendor. Definitivamente hay que diferenciar el placer como tal y lo que hay más allá cuando se pone de manifiesto la sensibilidad por todo lo que representa antes, durante y después de una relación de pareja, cuyo juego personal e individual de todos se desenvuelve a través del tiempo que no da tregua. Es un ingrediente de reflexión, según las características de cada sujeto inmerso en su propio laberinto.
Con esta novela, ya su segunda- aunque he leído otra aún inédita- Elga Reátegui Zumaeta se perfila con solidez para seguir cosechando seguramente el reconocimiento a su trabajo, a su creatividad y a la conjugación de las demás facetas que tiene como un ser humano que está diciendo su sentir y su consentimiento al desnudarse literariamente ante los demás. Bien por la Literatura Peruana que sigue celebrando el Centenario del Nacimiento de José María Arguedas, y va traspasando importantes barreras y fronteras de todo tipo. Brindemos para celebrar ¡Salud!

Juan Benavente*
(*) Poeta y narrador peruano. Director de los Viernes Literarios



Sobre la novela comenta el Dr. Amaro La Rosa ( autor del prólogo)


Cuando leí como primicia De ternura y sexo encontré a otra Elga, con sus dotes de escritora más pulidos y su estilo cada vez más diferenciado, describiendo con soltura los avatares sexuales de Mábela, una joven de casi cuatro décadas postmoderna, atrapada por sus indecisiones, que se muestran desgarradamente cuando dice “ninguno de ellos, me convencía. El amor no se atrevía a brotar en mí”.
La protagonista procede de un entorno familiar desajustado, con una madre manipuladora y un padre permisivo que admite todos los caprichos de su cónyuge ― la cual vive insatisfecha consigo misma ―,  pero que no tiene reparos en serle infiel. Una familia disfuncional que vive de apariencias de unidad y concordia para el consumo público, lo cual es tan solo un cascarón pues se desgarra por dentro de mil maneras, y su desintegración no espera al final de la novela.
Me acordé de aquellos finales de las novelas románticas de los 50 donde el happy end llegaba con el beso de los protagonistas, mencionado púdicamente, pero jamás descrito en sus detalles. Pues bien, Elga sigue la historia de los protagonistas hasta el lecho amoroso, describiendo los sentimientos encontrados de la protagonista y  los propios detalles de los escarceos de la pareja hasta llegar al clímax, con cierta crudeza en algunos casos, pero por cierto sin morbosidad ni vulgaridad.
Hay  momentos de ternura, de apasionamiento, pero también de drama y dolor en la obra que si bien tiene al sexo como componente constante, relata la agitada vida ficticia de los personajes, los avatares de la vida cotidiana del ser humano, donde conviven la generosidad del ser humano con odios y rencores muchas veces irracionales, que como en el caso de la familia Gómez ponen su particular sello a la existencia entera de los actores sociales. Vida cotidiana donde las visiones cerradas y los engaños a sí mismos de los protagonistas son un lastre que no los dejan salir adelante, tal como ocurre en la vida real.
Sobre la novela comenta el escritor y periodista Carlos Chávez Toro


¿Químicamente impuro?
C8H11N
Esos 6 caracteres podrían resumir este libro.
Es la formula química de un neurotransmisor que inunda nuestro cerebro cuando se despierta en nosotros la pasión sexual.
Las aventuras de Mábela, el personaje central de este libro, siempre están saturadas de C8H11N. Igual cuando salta voraz y casi desnuda sobre un desconocido en un ascensor en la madrugada, como cuando es recorrida por la lengua tibia de una muchachita hambrienta de sensaciones y besos.
“Vigilia, excitación, taquicardia, enrojecimiento e insomnio” son los efectos que causa la Feniletilamina (C8H11N). Que son sin duda, los mismos síntomas que usted experimentará si se mete a la cama (o si se mete una ‘encamada’) con “De ternura y sexo”, este incandescente libro de Elga Reátegui. Provecho.
Comentario sobre la novela del editor y  escritor Jorge Luis Roncal

 De ternura y sexo, sorprende gratamente por la consistencia en el manejo de los recursos narrativos que la autora ya había mostrado en El santo cura, en este caso, al servicio de la revelación de las imposturas sociales que sostienen mitos como el amor eterno, la armonía familiar o el éxito social: una fábrica de máscaras que nace en el hogar y se proyecta a todas las dimensiones de la existencia humana, tejiendo una farsa que maquilla cotidianamente un mundo emocional en ruinas. La presencia relevante del sexo así como de la ternura no resuelven, más bien hacen más evidente el entrampamiento que asfixia a los personajes, delineados con soltura pero al mismo tiempo con sagacidad en el plano sicológico. En suma, una obra que consolida el proceso de maduración de una de las más importantes escritoras peruanas.


El Santo Cura (novela)



A manera de prólogo


Elga Reátegui se ha citado a solas con esta novela, durante años, para recoger en sus páginas una realidad que conoce bien como periodista. Acaso el título, “El santo cura”, nos dé una idea de religiosidad y castidad que bien poco tiene que ver con el verdadero pálpito de sus personajes.
En efecto, los lectores que se acerquen a “El santo cura” descubrirán la realidad de todas las pasiones humanas con el carismático protagonismo del padre Ignacio como hilo conductor. Y es que nadie es invulnerable a las redes de la pasión, ya vistan de etiqueta o de raso y negro.
«…la religión siempre tuvo y tendrá una función ética, o de regular las conductas, si quieres llamarlo así, pues de lo contrario, sería un desbande, un caos.» celebra oír “”El Santo Cura de su amigo colega y amigo Richard Samuells.
Pero hay mucho más: rencores y traiciones; astucia e instinto de supervivencia pasean por las calles de una capital demasiado acostumbrada a los políticos, a la corrupción y a discursos utópicos y demagogos de sus gobernantes.
¿Quién es, entonces, “El Santo Cura?  El padre Ignacio es un “hombre de aquellos que nuestras abuelas calificarían como los que «matan callando», «los mosquitas muertas», los «lobos disfrazados de cordero». Alguien inteligente que sabe lo que quiere y  ambiciona:  poder y reconocimiento;  tanto como ser congresista. Ya se lo recuerda su amigo Samuells: «…tu anhelas una vida llena de confort, lujo y reconocimiento social a nivel citadino, mi querido Santo Cura.»
Y entre políticos, empresarios, ONGs y la curia, también están las mujeres como protagonistas, mujeres que no solo saben lo que quieren sino cómo conseguirlo. A veces a través del sexo, o de la infidelidad que indiscutiblemente choca a menudo con el machismo imperante: «Embarazada y discapacitada como es, resultaba una carga, y ojo, ya lo era sin barriga, ¡ah!»
No me cabe duda de que el lector va descubrir en la pluma ágil de Elga Reátegui el fiel retrato de una sociedad tan cínica como perversa… O como relata el bueno de Andy al Ministro Villa Stein: «No importa, Mijail, en estos casos, como en muchos otros, todo vale…»

Ginés Vera.
Noviembre de 2012.




Narra la  historia de un joven sacerdote, Ignacio Fernández Maldonado,  que ambiciona hacerse en un lugar dentro de la política local de su país. Con el pretexto de cuidar a su anciana madre pide a las autoridades eclesiásticas una licencia en su carrera pastoral y una vez fuera,  en la vida civil, funda una institución privada de ayuda humanitaria (ONG). Gracias  a esta experiencia es convocado por un amigo para asumir un cargo e  ingresa  una entidad estatal. Instalado ya en el puesto  echa mano de todo cuanto está a su alcance por hacerse solvente carrera política.  Debido a su  manejo magistral de la manipulación y el arte de la mentira casi nadie ve en él al sombrío hombre que realmente es, pues su profundo conocimiento de la psicología humana lo llevará a protegerse muy bien y dar una excelente imagen exterior. Bajo su control estarán Altos Funcionarios del Estado, un empresario de gran renombre, etc.
 La novela revela de manera ágil, sin tropiezos, el entramado de circunstancias personales, familiares, sentimentales, sociales y políticas que sostienen el tejido de intereses del poder y de los poderosos. En esta escenografía destaca la figura de El Santo Cura, sacerdote y protagonista de la historia, que desnuda sus debilidades y flaquezas cuando se trata de conseguir sus objetivos político-personales. Compuesta por imágenes que se suceden como un torbellino, a la manera cinematográfica, la novela atrapa al lector desde la primera página y traza, en su conjunto un fresco social con las miserias y destellos del mundo contemporáneo.
Alrededor de la historia de El Santo Cura se narrará también el drama de los sectores menos favorecidos del país, el accionar  terrorista, el poder de las ONGs, los juegos políticos, el doble discurso de la iglesia católica, el homosexualismo, la burocracia, la discapacidad y los problemas sociales, en general.
El propósito de la obra es mostrar lo surrealista, irrisoria y lo dolorosamente patética que puede resultar vivir y subsistir en un país Latinoamericano; pero sin caer el clásico papel de  víctimas o  de desdichados habitantes del Tercer Mundo o en vías de desarrollo), pues los  protagonistas de esta historia  luchan hasta al final  fabricándose nuevas esperanzas y razones de peso para seguir adelante.  No hay moralejas ni acertijos en esta obra.  Tan solo la necesidad de contar una historia;  o quizá, con el pretexto de esta,  describir  muchas otras, que sirvan para entender la idiosincrasia, cultura y  el sentir de estos pueblos y sus habitantes.
Dato:
La primera edición de “El Santo Cura” se publicó en España el año 2007, cuya presentación se realizó en el “Monasterio San Miguel de los Reyes” (sede de la Biblioteca Valenciana). Posteriormente en 2009, la novela se editó en Perú a través de Arteidea Editores, siendo el lugar donde se dio a conocer por vez primera: el Centro Cultural de España de Lima.


Sobre la  novela comenta el escritor Carlos Chávez Toro

Advertencia: No lea este libro



"Y si alguien leyese o poseyese libros de herejía
o escritos de cualquier autor condenado y prohibido por razón de herejía
o sospechoso de falsas enseñanzas,
sufrirá inmediatamente la sentencia de excomunión"
Concilio de Trento: Reglas de libros prohibidos



Si usted es de los que creen que los sacerdotes son seres etéreos e impolutos, encarnación purificada de dios en la tierra, debe dejar de leer este libro.
Se lo advertimos por el bien de su alma inmortal y eterna, que está en peligro de ser contaminada con este sacrílego relato de Elga Reátegui.
Hacemos de su conocimiento que, con toda seguridad, este texto habría sido incluido en el Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum, lista de libros prohibidos por nuestra Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana, en la que se incluía también la obra completa de autores tan blasfemos como:
- André Gide
- Denis Diderot
- Emile Zola
- Honoré de Balzac
- Jean-Paul Sartre
Y también algunos librejos nauseabundos como:
- El contrato social y Emilio o De la educación de Jean-Jacques Rousseau
- Justine y Juliete del Marqués de Sade
- Los miserables y Nuestra Señora de París de Victor Hugo (en 1864)
- Madame Bovary de Gustave Flaubert
- Gran Diccionario Universal de Pierre Athanase Larousse
- Algunas obras de Alejandro Dumas y Alexandre Dumas, hijo
- Las novelas de Stendhal (en 1828)
Y hasta algunos textos ruines, de autor incierto, como el Lazarillo de Tormes
Si usted, hombre (o mujer) de poca fe, duda de nuestro reconvención, le recomendamos una confesión inmediata de sus culpas ante el sacerdote más cercano y una lectura detallada de la última versión en castellano del Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum, conservada por la Universidad de Sevilla en la siguiente página web:
http://fondosdigitales.us.es/books/digitalbook_view?oid_page=217788
No tome esta advertencia a la broma. No por gusto el Papa Pío V, ordenó en 1571 la creación de la Sagrada Congregación del Índice, cuyo importantísimo trabajo era revisar, uno por uno, cada libro publicado en busca de herejías, sexo explícito, deficiencias morales, inexactitudes políticas entre otras cosas.
Era el mismo Papa, en persona, su santidad infalible, quien aprobaba que libros ingresaban al Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum y cuales salían de él. Llegando a constituirse un listado de más de 4,000 títulos, en su trigésima segunda edición publicada en 1948, entre los cuales, sin lugar a dudas, estaría “El Santo cura”, este impío texto de Elga Reátegui.
Si usted teme por su alma, cierre este libro. Si no lo hace, Elga Reátegui lo llevará por el bullicio de las calles de Lima, por el laberinto de sus dependencias públicas y eclesiásticas, le hará escuchar voces que lo atontarán con lo descarnado de sus ambiciones y será empujado sin piedad dentro de las enredadas mentes de los que sólo respiran por el poder.
¿Va a seguir leyendo? ¡Que las maldiciones del Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum caigan sobre usted!
Y disfrute de la lectura.
Una entrevista que me hizo el autor de la nota



Iglesia, sociedad y poder en una sorprendente novela de Elga Reátegui
EL SANTO CURA
 Por Jorge Luis Roncal

Periodista de profesión y más conocida en nuestro país como poeta  –ha publicado antes cuatro poemarios–, Elga Reátegui Zumaeta, quien radica dese hace años en España, nos ha entregado una novela de extensión poco común en estos tiempos de nouvelles (420 páginas), de título rotundo y al mismo tiempo provocador y cargado de ambigüedad, pero que constituye sobre todo un fresco que pone contra las cuerdas a los responsables de las miserias de la sociedad contemporánea, particularmente expresadas en las relaciones entre Iglesia y poder.
El santo cura (Lima, Arteidea Editores, 2009, 2da. Ed.), no es, sin embargo, una pieza narrativa de carácter épico, en donde confrontan grandes poderes, se preparan y desbordan procesos revolucionarios o se incuban y suceden cataclismos sociales. Nuestra novelista ha optado por partir de las manifestaciones puntuales, de los detalles, de los gestos, de las pequeñas tragedias y los pírricos triunfos individuales enmarcados por la decadencia y la amoralidad. Y si bien el escenario puede reconocerse como propio del Perú, esencialmente corresponde a la realidad contemporánea, más allá de las peculiaridades culturales de carácter nacional.
La novela nos instala desde las primeras líneas (El Santo Cura llegaba, al borde del mediodía, al Ministerio de la Producción), en una maraña de relaciones donde la ambición y la impostura recorren todos los espacios, de arriba abajo, pero en la cual sólo unos cuantos, más precisamente un par de individuos, son los titiriteros que desde las alturas controlan los movimientos, las pausas, las aceleraciones, los sueños y los fracasos de los protagonistas.
En este contexto, los personajes son sólo piezas de un engranaje monstruoso que desconoce los escrúpulos y no tiene reparos para cortar cabezas, liquidar entusiasmos y buenas voluntades, competidores y competencias, en todos los planos, incluido el sentimental. Y ello ocurre sobre todo, en un espacio frecuente y propicio: la administración burocrática, con su carga de frivolidad e hipocresía, donde el arribismo social y la pobreza cultural marchan de la mano.
Elga Reátegui disecciona de manera eficaz tal tramado a través de una reconstrucción implacable pero ágil, inapelable pero fresca, de dicha impostura, provista del ojo acucioso que le confiere su alma de cronista y su apuesta frontal por develar los aspectos esenciales de la relación entre Iglesia y poder. Para ello se sirve de una estructura organizada mediante escenas ágiles que se suceden de modo vertiginoso, a la manera cinematográfica, sin hacerle concesiones a la lectura complaciente ni al espíritu pusilánime.
Así, la caracterización de los personajes –el sacerdote, el ministro, el funcionario, la secretaria– se realiza con trazos precisos, contundentes, que dibujan su perfil sicológico. Y los diálogos, ágiles, afilados, recogen la oralidad y el fluir acelerado de las pulsiones propias del ritmo cotidiano de la burocracia, sin renunciar al discurso de la densidad conceptual para enjuiciar las lacras sociales, culturales y sociales de estos tiempos.
En definitiva, con El Santo Cura, Elga Reátegui hace un aporte notable a la narrativa de vertiente social no sólo por el tema, de por sí trascendental, sino desde el propio discurso de la ficción novelesca, salvando el escollo lingüístico de haberse trabajado en una realidad como la española para una lectura peruana y universal, y con ello ingresa de manera auspiciosa al universo de las letras hispanoamericanas.


Durante la primera presentación en Valencia (España)

Comentario del escritor español Ginés Vera



Elga Reátegui se ha citado a solas con esta novela, durante años, para recoger en sus páginas una realidad que conoce bien como periodista. Acaso el título, “El santo cura”, nos dé una idea de religiosidad y castidad que bien poco tiene que ver con el verdadero pálpito de sus personajes.
En efecto, los lectores que se acerquen a “El santo cura” descubrirán la realidad de todas las pasiones humanas con el carismático protagonismo del padre Ignacio como hilo conductor. Y es que nadie es invulnerable a las redes de la pasión, ya vistan de etiqueta o de raso y negro.
«…la religión siempre tuvo y tendrá una función ética, o de regular las conductas, si quieres llamarlo así, pues de lo contrario, sería un desbande, un caos.» celebra oír “”El Santo Cura de su amigo colega y amigo Richard Samuells.
Pero hay mucho más: rencores y traiciones; astucia e instinto de supervivencia pasean por las calles de una capital demasiado acostumbrada a los políticos, a la corrupción y a discursos utópicos y demagogos de sus gobernantes.
¿Quién es, entonces, “El Santo Cura?  El padre Ignacio es un “hombre de aquellos que nuestras abuelas calificarían como los que «matan callando», «los mosquitas muertas», los «lobos disfrazados de cordero». Alguien inteligente que sabe lo que quiere y  ambiciona:  poder y reconocimiento;  tanto como ser congresista. Ya se lo recuerda su amigo Samuells: «…tu anhelas una vida llena de confort, lujo y reconocimiento social a nivel citadino, mi querido Santo Cura.»
Y entre políticos, empresarios, ONGs y la curia, también están las mujeres como protagonistas, mujeres que no solo saben lo que quieren sino cómo conseguirlo. A veces a través del sexo, o de la infidelidad que indiscutiblemente choca a menudo con el machismo imperante: «Embarazada y discapacitada como es, resultaba una carga, y ojo, ya lo era sin barriga, ¡ah!»
No me cabe duda de que el lector va descubrir en la pluma ágil de Elga Reátegui el fiel retrato de una sociedad tan cínica como perversa… O como relata el bueno de Andy al Ministro Villa Stein: «No importa, Mijail, en estos casos, como en muchos otros, todo vale…»


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