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"A este lado y al otro"

A este lado y al otro



Prólogo por Mar Busquets- Mataix
(Premio Marc Granell 2016 y 
Finalista de los Premios de la Crítica Valenciana 2013, 2014 y 2016)




La novela de Elga Réategui nos aporta una visión del mundo globalizado en el que vivimos de la mano de tres personajes femeninos de origen peruano y que viven en Valencia, Lima y Dallas, así como de todas las vicisitudes que tienen que sufrir a un lado y otro  del Atlántico. Porque en la novela, casi que lo que menos importa es quién ha emigrado o no, ya que en todas las situaciones se presentan los problemas actuales de la crisis económica.

Las protagonistas, son tres mujeres trabajadoras, emprendedoras y con cierto nivel cultural, dos de ellas han tenido que emigrar pensando en la promesa que algunos países brindaban en época de bonanza. Desgraciadamente, la realidad es muy diferente, y estas mujeres tendrán que luchar lo indecible por intentar realizar sus sueños, salvaguardando siempre su honestidad.
La novela es muy interesante porque nos presenta una vasta galería de personajes muy bien caracterizados y que son un fiel reflejo del mundo en que vivimos.
Con un estilo natural, vivo, dinámico, Elga Reátegui crea las diferentes situaciones, realizando los saltos espaciales pertinentes para que asistamos  a la trayectoria de cada una de estas mujeres.
Estilo rápido, vivo, realista, que mezcla léxico de diferentes países, así como diferentes lenguas, ya que aparecen el inglés y el valenciano, pues en todo momento se nos quiere mostrar una visión del mundo que tiene a gala la pluralidad.
Se produce una perfecta identificación con las protagonistas, y así mismo, la autora nos permite ver o intuir a través de cierto distanciamiento, los errores que solemos cometer, porque, en definitiva, esta novela no sólo nos habla de diferentes tipos humanos, sino también de las inquietudes humanas en general, porque el libro es un perfecto mapa de la psicología humana, y nos muestra el egoísmo, la mezquindad, la frialdad, pero también la búsqueda, las incertidumbres respecto a las pasiones, el mundo laboral, la amistad, intereses, objetivos y de la dificultad y los obstáculos para llevarlos a cabo.
La verdad es que el mundo cada vez parece haberse vuelto más inhumano, y éste, no tendrá más remedio que servirse de sus argucias para poder sobrevivir, porque, en definitiva de lo que trata esta novela  es de la supervivencia en un planeta cada vez más hostil, y poblado a menudo por diferentes tipos de personas en los que se debe reconocer el egoísmo y la ausencia total de empatía, y otras, en cambio, muestran a la perfección la  amistad, el amor, la entrega, y el sacrificio que exigen los sentimientos verdaderos.
Es evidente que en los tres casos, las protagonistas ven con cierto estupor cómo determinados personajes se comportan de una manera inhumana para conseguir sus objetivos; es el caso de la doctora Navas. Debemos entender que, aunque no todos los tipos humanos que aparecen en la novela son así, sí que hay  algunos que funcionan de esa manera, como si, de repente, el género humano se hubiera convertido en ese animal salvaje, en ese lobo para el propio hombre.
Sin embargo, nuestras tres protagonistas, tal vez debido a  su juventud o a sus grandes agallas, en ningún momento cejarán en su empeño de luchar por una vida digna, aunque siendo cada vez más realistas, porque las protagonistas realizan también un viaje de crecimiento y de conocimiento en el que tienen que tomar sus propias decisiones y aprenden que hay mucha gente a la que sólo les mueve el interés, y de la que, antes o después, decidirán separarse.
En ningún momento la energía de las protagonistas desfallecerá, sino que tendrán que resistir.
Podemos decir que en la novela se nos narra el itinerario de los tres personajes que llevarán a cabo una evolución psicológica que posibilite el desenlace final.
En este sentido nos parece muy interesante la apuesta de esta novela por personajes femeninos fuertes, que se bastan  a sí mismos y que reconstruyen e inventan su propia historia aunque tengan que emerger de sus propias cenizas, y no lo típicos personajes femeninos en que la mujer nunca se presenta de una forma realista, pues, o bien es un cliché lleno de magia y misterio, o bien es una personaje débil y dócil, casi una comparsa o un espejo que devuelve a la sociedad lo que ésta quiere ver.
Porque esta novela, es una novela de supervivientes, a la manera de los más grandes narradores modernos como Roberto Bolaño o Patrick Modiano, pero con un peso mayor en la psicología de las protagonistas, ya que, precisamente éstas, por lo que luchan es por un lugar en el mundo. Lucha, en el fondo de toda mujer, u hombre, pero que, en los tiempos que corren, por esa falta de humanidad, por esa frialdad que impone una sociedad neocapitalista en la que todo gira en torno a lo material  y a lo necesario para la supervivencia, parece que sea aún más difícil de conseguir, sin perder por ello la dignidad, la honestidad.
Novela que encierra, por tanto una fuerte crítica social, ya que aborda el tema de la ilegalidad de los seres humanos, la violencia como moneda de uso corriente en determinados países y el desmoronamiento de unos mitos como son el de la pareja feliz, el de la familia heteroparental y procreadora  o el del amor eterno.
Tres historias diferentes. Tres peripecias vitales diferentes que nos muestran que no es uno el camino.
Novela de lectura fácil y brillante, que no dejará de sorprender al lector ante la amplia gama de personajes-tipo que pueblan nuestro mundo y así como por la crítica mordaz a las situaciones descritas, próximas al esperpento.


Comentario sobre  A este lado y al otro  
LAS APARIENCIAS OCULTAN
por Ana Noguera 
(Escritora y miembro del Consell Valencià de Cultura)

La novela es como Elga: una sorpresa. Un envolvente y un contenido dispar, daría la impresión de divergente, pero complementario.
No posición psicológico, sino lo que me llega de Elga: dulce, amable, cercana, próxima, hasta inocente, sin saber si es innata o trabajada.
Sonreí cuando vi la letra de su dedicatoria. La firma. Una eterna adolescente enamorada.
Amor/Pasión por la vida, por lo que hace, por la gente que le interesa, es lo que nos atrae hacia ella como si fuera un imán.
Después de conocerla, de tratar con ella, de dar conversar (algo que tengo la impresión de que le gusta), - el lenguaje comunicacional, el diálogo, la relación interpersonal. Me atrevería a decir que su inocencia es una conquista, es una decisión meditada, es su propia fortaleza para acercarse a lo que le interesa, para impregnarse por todos sus sentidos sin que nada le estorbe. Ella decide, por lo que es algo alejado de una inocencia innata.
Elga, por dentro, es una mujer fuerte, firme, comprometida, luchadora, decidida, que sabe bien lo que quiere y el camino a realizar, porque le interesa más el camino que llegar.
Así es su novela. Dulce por fuera – comprometida por dentro.
La portada y el título no muestran lo que oculta sus páginas. ¿Cómo una sonrisa tan amplia y ese rostro tan dulce puede contar una historia tan fuerte?
Es el tramo de vida de unos personajes sin necesidad de contar un final, porque es una continuidad, nada termina mientras la vida continúe.
Me siento muy identificada en dos cosas: compartir y compromiso.
Elga ha compartido su novela, dejando espacio a la poesía de Mila Villanueva, a los dibujos de Marina Pinilla y Pilar Bau, la fotografía de Beatriz Perea y el prólogo de Mar Busquets. Magnífico grupo de mujeres.
Compromiso: su novela no es ficción, es real, son las circunstancias de mujeres que nos rodean, y que a veces pasan invisibles ante un mundo cada vez más deshumanizado. En la novela vamos a encontrar las vicisitudes de la crisis, de un mundo global, de las dificultades del trabajo, de la desigualdad, de las contradicciones de los países desarrollados y los emergentes. Todo ello en la voz de las protagonistas. La narración es el compromiso de Elga con lo que ve.
La novela es fuerte, dura, dramática y verosímil.
Narración realista, precisa, a veces descarnada, sin artificios, sin excesos, sin adornos, ni para describir lo bueno ni lo malo. “Las cosas son así y así las hemos contado”.
Pilar Verdú destacó con acierto la neutralidad que manifestaba la autora en la descripción de los hechos. Pero eso no quiere decir que no haya un hilo invisible conductor interno ético que desprende la historia.
Es una narración limpia, sin recovecos, ni adornos, ni en la forma ni en el fondo.
Con mucha fuerza, con gran capacidad de comunicación, profundamente psicológica en el tratamiento de los personajes, que son complejos, y están muy bien definidos a través de sus reacciones. No es una novela de descripciones, sino  de personajes.
La novela es la trama vital de tres protagonistas, mujeres, y su supervivencia. La traición, la mentira, el engaño, y el dolor (traspira mucho dolor), y la superación por necesidad, por imposición de la propia vida que amanece cada día sin dejarnos descanso. Es un equilibrio entre la propia voluntad y la determinación de las circunstancias.
Vamos a descubrir la codicia, la avaricia, la mezquindad, la violencia, las amenazas, las presiones, la debilidad, cada una de las mujeres sufre su propio infierno.
Como dice Benjamín Blass, al final del libro, “En la novela no hay arraigo, ni hay lucha: hay resignación y un “vivir el día”. Hay apariencias. Hay miedo. Hay desamor.”

Pero también hay final feliz, no como en un cuento de princesas, sino como los finales de la propia vida.


Apunte sobre A este lado y al otro 
por Benjamín Blass Rivarola
(Comunicador social, gestor cultural 
y coordinador de Imagen institucional y
 Extensión cultural de la Biblioteca Nacional del Perú)




Conocí a Elga Reátegui, en Lima, a mediados de los años noventa: años convulsos de la historia política peruana. En aquel tiempo tuve la oportunidad de compartir su sensibilidad poética no solo a través de diversos recitales efectuados en la Biblioteca Nacional del Perú y otras entidades culturales sino, fundamentalmente, a través de la lectura de sus poemarios libros Ventana opuesta (1993), Entre dos polos (1994), Alas de acero (2001), Etérea (2005), y sus colaboraciones con el desaparecido escritor y decimista Pedro Rivarola plasmadas en los epistolarios Correo de Locumba (2002) y Violación de correspondencia (2003), además del libro de poesía Madera y fuego (2002) y el CD poético Abrazados (2003).

Como señala el poeta Jorge Luis Roncal, la voz poética de Elga es «una voz singular, inconfundible, pero al mismo tiempo nuestra, de todos [que] reclama, se duele, desde las posibilidades del dolor humano: el desgarro de la piel, las entrañas fracturadas, la geografía más íntima violentada sin pausa, los sueños incanjeables quebrados sin remedio, la distancia irremontable, el amor que tal vez no fue…».

Algunos ejemplos de esta afirmación los podemos encontrar en el libro En mi piel, publicado en el año 2010. Observemos:

El alma tiene hoyos profundos
heridas insuturables
marcas de anomalías incurables.

(Heridas)

Y a pesar
de mi penoso andar
no me siento culpable
de haber sido como todas:
generosa en el reiterado perdón
soñadora en el perfume de la ternura
mujer en su máxima expresión.

(Experiencia)

Pocos años después, Elga decide ampliar sus horizontes artísticos, culturales y vitales ingresando a lo que denomina una nueva dimensión terrenal. Su arribo a Valencia no solo representó un cambio radical en su vida cotidiana; significó, asimismo, el inicio de un nuevo registro literario: el narrativo.

No es común que un poeta dé “el gran salto” a la narrativa con soltura y un amplio dominio de los recursos expresivos, literarios y cinematográficos. Elga Reátegui lo logra en su primera novela: El santo cura (2007, edición española; 2009, edición peruana). En las páginas de dicho libro se presenta la historia de Ignacio Nemesio Fernández-Maldonado Ninahuanca, un sacerdote excesivamente apegado a los bienes terrenales que no tiene escrúpulo alguno para concretar sus objetivos político-personales. Como señala el periodista Carlos Chávez Toro la autora llevará al lector «por el bullicio de las calles de Lima, por el laberinto de de sus dependencias públicas y eclesiásticas, le hará escuchar voces que lo atontarán con lo descarnado de sus ambiciones y será empujado sin piedad dentro de las enredadas mentes de los que solo respiran por el poder».

Iniciando la segunda década de este siglo, Elga nos sorprende con una segunda novela: De ternura y sexo (2011). A través del entrañable personaje de Mábela Gómez, Elga nos conduce a un mundo en el que prima la incomunicación y el desarraigo. Un mundo de mentiras, miedo y conflictos en el que el sexo es presentado como una simple apariencia:

Se le da excesiva importancia al sexo. Siempre lo he creído así. Once escasos minutos en los que se espera y aspira alcanzar sensaciones límite en un acto que no ha experimentado en lo esencial cambio alguno.

Como he dicho en otra oportunidad, siempre admiré en la poesía de Elga Reátegui la sutileza y la profundidad al tratar el tema del erotismo. Definitivamente la lectura de esta segunda novela acentúa esa impresión. Pero, ¡cuidado!, quien se acerca a la obra De ternura y sexo esperando satisfacerse —nunca mejor utilizado el término— con las aventuras sexuales de la protagonista va a sentirse decepcionado. De ternura y sexo es una novela descarnada que reflexiona sobre la complejidad del ser humano y la necesidad imperiosa de ser aceptado en su esencia vital.

De alguna manera todos nos sentimos identificados con las angustias y miedos de Mábela al enfrentarse a la hostilidad de una madre que vive de las apariencias y un padre con serios complejos personales. Se siente en Mábela a un ser humano que, a pesar de sus propios traumas, miedos y frustraciones amorosas y sexuales, tiene la fortaleza espiritual —aunque ella no lo admita o no se dé cuenta— para escuchar y ser el centro —o periferia— de los seres que la rodean: amigos, amantes y familiares.

Por su parte, Amaro La Rosa Pinedo, en el prólogo de esta obra, indica que en esta obra «hay momentos de ternura, de apasionamiento, pero también de drama y dolor en la obra que si bien tiene al sexo como componente constante, relata la agitada vida ficticia de los personajes, los avatares de la vida cotidiana del ser humano, donde conviven la generosidad del ser humano con odios y rencores muchas veces irracionales, que como en el caso de la familia Gómez ponen su particular sello a la existencia entera de los actores sociales. Vida cotidiana donde las visiones cerradas y los engaños a sí mismos de los protagonistas son un lastre que no los dejan salir adelante, tal como ocurre en la vida real» (subrayado nuestro).

Las palabras que acabamos de resaltar representan cabalmente el espíritu de la nueva aventura narrativa de Elga Reátegui: A este lado y al otro, texto que tengo el honor de compartir con ustedes.

La palabra de Elga Reátegui —ya sea en la poesía o en la narrativa— es justa, precisa, contundente, y, fundamentalmente, tiene un ritmo cadencioso que atrapa al lector. Por ello, al leer el manuscrito de la novela A este lado y al otro, no pude sino comprobar la certeza de esta afirmación.

En efecto, en A este lado y al otro hay un cabal manejo de los recursos narrativos y expresivos, los cuales no solo permiten una lectura fluida del texto sino que su ritmo es tan apasionante que invita al lector a seguir compartiendo las desventuras de los personajes.

Definitivamente la autora posee un cabal dominio del arte cinematográfico puesto que utiliza algunas de sus técnicas para enriquecer la trama y la personalidad de los protagonistas. El primer recurso es el uso de los flashbacks (analepsis) que permiten no solo recordar eventos sino desarrollar más cabalmente el carácter de los personajes.

El otro recurso cinematográfico empleado por Elga Reátegui es el del montaje paralelo, que, como señalan los especialistas «consiste en la alternancia de dos o más centros de interés (escenas) que pueden estar relacionados en el espacio, tiempo o compartir una motivación común. Esto nos muestra con una mayor profundidad las líneas narrativas y/o conflictivas, y da al espectador una visión más amplia y rica, dejándole descubrir por sí mismo las sutiles relaciones entre ambas y nos da diferentes puntos de vista de la misma situación».

Es gracias a estos recursos narrativos —cinematográficos— que podemos conocer las desventuras de tres mujeres —me resisto a calificarlas como amigas—, ex compañeras de colegio, que sobre(viven) en Lima, Valencia y Dallas, respectivamente, en ambientes en los que predomina la intriga, la mendacidad y los prejuicios.

Veamos el caso de Liliana: ella se desempeña como asistente de la parlamentaria y conductora de “talk show” Eva Navas —cualquier parecido con Laura Bozzo no es coincidencia—. Es una mujer que, merced a un mal entendido sentido de la lealtad y la gratitud, es capaz de soportar las más graves humillaciones de su jefa, su familia y su ex marido con tal de mantener su trabajo y una supuesta “seguridad”.

Oye, ¿y no te dijo para trabajar con ella en los ‘Yunaites’? Tú siempre fuiste como su mano derecha, ¿no? Por mi madre, que hasta yo hubiese pecado diciendo sí, ah. Por un buen fajo de dolarillos, agarraba mis chivas y partía con la ‘tía’…
     —No hubiese sido una decisión acertada. Al rato te hubieses arrepentido. No paga bien y, lo peor, te esclaviza.
     — ¿Por eso no te fuiste con ella?
     —No. Nunca me lo propuso, pero sé que es una ‘pesetera’. Durante el tiempo que estuve en el canal, nunca me fijó un sueldo. Solo me daba propinas y, a veces, ni eso.
     — Sin embargo, siempre te mantuviste a su lado…
     —¿Qué quieres que te diga? La maldita lealtad. Ella me ayudó a salir de algo…

Por su parte, Miriam es una joven trabajadora de una ONG en Valencia, con un gran “sentido de compromiso” para con su familia, aunque sea a costa de su propio bienestar:

—Creo que con trescientos euros tu hermano se las puede arreglar —sentenció y Miriam sintió que el piso se le movía. Justamente esa era la cantidad que le tocaba aportar por el arriendo compartido, y todavía le faltaba dar su parte para el agua, la luz, el teléfono, el gas y el mantenimiento y eso, sin contar su comida y los pasajes. Los mil euros que gana como recepcionista en la congregación de monjitas de Moncada se le van como agua a la hora de cubrir sus necesidades y la de los que están fuera.

Mientras tanto, Yesenia es una mesera residente en Dallas que, al mismo tiempo, es bailarina de un club nocturno. Al igual que Miriam se dedica a “ayudar” a su familia:

Marlene se mantenía en la brega gracias a su sueño, su meta, su proyecto de vida, pero Yesenia carecía de un estímulo personal. Lo suyo era simple: trabajar en lo que sea para enviarle dinero a su familia. Se había hecho cargo de la educación de su hermana menor y velaba por la salud de su madre que se recuperaba de un cáncer de mama. No tenía ahorros, y confiaba en el sentido previsor de los suyos.

Las existencias de Liliana, Miriam y Yesenia son grises, opacas… Sus relaciones afectivas y familiares están caracterizadas por la apariencia y la disfuncionalidad. Y lo más grave, tal como se señaló líneas arriba, la «vida cotidiana donde las visiones cerradas y los engaños a sí mismos de los protagonistas son un lastre que no los dejan salir adelante, tal como ocurre en la vida real». Así lo podemos ver en el siguiente pasaje:

—¡A la mierda! Yo no me trago los cuentos de tus amigas. Si son tan legales y prósperas, cómo es que en todo este tiempo no han venido a ver a sus familias ni de vacaciones —imita el acento de una ‘pituca’—. La madre de Yesy enfermó de cáncer y la operaron, y a esa chica no se le vio ni la sombra por acá. Su hermana ‘dizque’ se casó con un ingeniero y tampoco vino. ¿Recuerdas que me lo contaste el año pasado cuando te comunicaste con estas familias para saludarlas por Navidad? ¿Y los padres de Miriam? ¿Qué me dices de ellos? Perdieron su casa por ayudar a su hijo a poner un restaurante de categoría en San Isidro y, por gusto, porque no resultó. Y ahora viven en un cuartito en Breña y se alimentan en un comedor de la Beneficencia. (…) Es casi seguro que lo que cuentan Yesenia y Miriam sea una vulgar falsedad.

En la denominada “literatura de la inmigración” que, por cierto, cuenta con importantes cultores como Eduardo González Viaña, autor de Sarita Colonia viene volando (1990), Las sombras y las mujeres (1996), Correo de Salem (1998), etc., hay frustración, hay infelicidad… Sin embargo, según dicho autor «… todas estas confesiones me llevan a declarar mi persistencia en un amor sin amparo por lo que está lejos, mi obstinación en algunos sueños y convicciones y, por último, mi sensación repetida de que Dios está más adentro de nosotros de lo que nosotros estamos dentro de nosotros mismos. (…)».

En la novela que presentamos no hay arraigo, no hay lucha: hay resignación y un “vivir el día”. Hay apariencias. Hay miedo. Hay desamor.

Y ese desamor está alimentado por las desavenencias familiares, los conflictos familiares, la falta de comunicación… Como en De ternura y sexo, las protagonistas provienen de familias disfuncionales, en las que las madres son autoritarias y los padres son figuras inexistentes. Observemos un ejemplo.

A su madre poco le importó no escuchar sonido alguno del otro lado de la línea. Convocó a su tribu para que la rodeara. Su marido acudió raudo sin enterarse con quién hablaba. «Es Miriam», anunció fijando sus pícaros ojos en su hijo Enrique que se acercaba a ella cargando a su última criatura. Le guiñó un ojo y enseguida este supo que su problema estaba solucionado.

Don Esteban reclamó su derecho de hablarle a su hija, pero su mujer lo esquivó regañándolo: «Espera que estamos a punto de resolver un asunto de vital importancia».

A este lado y al otro es una novela en la que el humor está totalmente ausente. Es una obra dramática y violenta que no cae en el morbo ni en la vulgaridad. Es una novela lo suficientemente verosímil que permite que los lectores puedan identificarse —o, por lo menos, reconocer(se), primer paso para afrontar y vencer los miedos y las apariencias y, luego, encontrar el camino y empezar a soñar y vivir con libertad.

Por todo lo que se ha dado a conocer —que, por cierto, no abarca todos los temas y valores que tiene la novela—, solo me queda afirmar que leer A este lado y al otro,  y toda la obra de Elga Reátegui, es un placer inenarrable. Invito a los lectores a compartir esta experiencia. No se arrepentirán.


Comentario de A este lado y al otro 
por Juan Ramón Barat
((Premio Hache de novela 2013 y Premio Internacional de novela Ciudad de Salamanca 2013)



A este lado y al otro es la última obra narrativa de la escritora Elga Reátegui. En ella, como en las mejores novelas con protagonista colectivo, al estilo de La Colmena de Camilo José Cela o Manhattan Transfer de John Dos Passos, se nos ofrece una realidad poliédrica con diferentes escenarios geográficos y una multitud de personajes que comparten el destino de su lucha a brazo partido con la existencia. En el plano espacial, la novela registra tres ámbitos continentales distintos (Europa, América del Norte y América del Sur). En el plano humano, la novela despliega un abanico de personajes femeninos, cuyas vidas están marcadas por el desarraigo interior, la búsqueda incesante de la paz espiritual, el deseo de la felicidad aparentemente imposible.
En ese conglomerado caleidoscópico, la pluma de Elga Reátegui se mueve como pez en el agua, trazando perfiles psicológicos ricos y diversos, de mujeres que viven al límite. Siempre al límite.
Tres ciudades tan alejadas de sí como Lima, Dallas y Valencia, dan soporte a tres historias entrecruzadas. Liliana, Yesenia y Miriam son tres mujeres que no se diferencian tanto: la limeña bonita, el  Kuautli restaurante y la valenciana intercambian correos electrónicos, sueños, frustraciones, esperanzas, fracasos personales, alegrías y tristezas, con el amor como telón de fondo. Gracias a ellas conocemos a una galería de personajes que arrastran sus pasiones por el lodo del vivir cotidiano: el tierno Jonás, la ambiciosa y despótica doctora Navas, el sumiso y pusilánime Estéfano, el seductor congresista Aubry, la exótica Marlene, el atractivo Facundo, la entrañable Tamara, el fascinante Josep, la exuberante Valeria, el aterrador Felipe Estrada, la desdichada Sandra…
El estilo de Elga Reátegui es vigoroso, limpio, desprovisto de impurezas. En su discurso se entremezclan sabiamente diversos registros, el lírico, el agresivo, el irónico… Del mismo modo, el vocabulario recoge expresiones peruanas, frases en inglés o en valenciano, pero todo contado con un dominio absoluto del español.
Con todo, la novela destaca por la hondura de las reflexiones, los magníficos retratos de ambientes y de personajes, y por el equilibrio entre las partes narradas, dialogadas y descritas. El ritmo es ágil y los personajes están perfectamente caracterizados.
Podemos terminar diciendo que A este lado y al otro es una novela completa. Un muestrario de la humanidad. Un espejo donde el lector más escrupuloso podrá verse reflejado. Una obra exigente. Necesaria.



Comentario sobre A este lado y al otro
por Pilar Verdú
(Premio Gerardo Diego de poesía 2013)


La literatura, más que respuestas, nos debe dar preguntas. Debe lograr que nos cuestionemos nuestros pasos, cada una de nuestras decisiones. Leyendo a Elga Reátegui, en su tercera novela “A este lado y al otro”, he sentido cómo me arrojaba a la cara repetidas veces, con tanta elegancia como contundencia, una pregunta de peso:  ¿Y tú de qué lado estás?. Viendo el título, “A este lado y al otro”, y la hermosa foto de la portada, sabemos ya que hay una línea divisoria que separa dos orillas. Las orillas, las fronteras marcan, indudablemente, cada página de este libro: Lima, Valencia, Dallas. Pero no solo las geopolíticas – malditas sean- que son las más obvias. Hay muchas más a las que se han de enfrentar las mujeres valientes que aquí salen a escena-Yesenia, Liliana y Miriam-que llevan al lector a preguntarse una y mil veces de qué lado está, hasta dónde sería capaz de llegar si la situación apretara. Fronteras entre el amor y el sexo. Entre el sexo y la dignidad. Entre la dignidad y el trabajo. Entre el trabajo y la ética. Entre la ética y la amistad. Entre la amistad y la lealtad. Entre la lealtad y el sometimiento. E incluso entre la vida y la muerte, porque ni siquiera esa frontera está tan clara.
Los indios dakota tienen un hermoso proverbio, muy conocido ya, que dice: “Antes de juzgar a una persona, camina tres lunas con sus zapatos”. Elga Reátegui mantiene un cuidado exquisito en no juzgar a sus personajes, lo cual tiene mucho mérito teniendo en cuenta que algunos de ellos son seres abyectos. Ante nuestros ojos desfilan algunos de los defectos más deleznables del ser humano: la soberbia, la ambición, la capacidad de chantajear, de maltratar. Toda una historia universal de la infamia. Y ellas, las tres mujeres protagonistas, que viven en los márgenes, lidian con todo eso, cada una a su modo, aferrándose a lo que pueden con mayor o menor fortuna, intentando cuidar, en la medida en que las circunstancias se lo permiten, su espíritu. Porque si todos los viajes son-si sabes vivirlos- interiores, migraciones tan duras como estas más aún.





 Este es uno de los aspectos que más me gusta de la novela: cómo, a lo largo de la narración, se hace referencia constante y sutilmente, a la vida interior de los personajes. Ellas están atentas a cómo se sienten, a mantener su equilibro espiritual. Esas pequeñas acotaciones dejan entrever que Elga Reátegui, como se desprende de cualquier charla con ella, es una mujer profundamente sabia, introspectiva, y no sé si como causa o como consecuencia de ello, poseedora de una hermosa virtud difícil de encontrar hoy día: sabe escuchar. Elga escucha con los ojos, porque su manera de mirar da cuenta de que está absorbiendo cuanto oye, y notas que tus palabras, tras caer en ella, brillan más que antes. Por eso entrevista tan bien: porque su mirada, sus preguntas, convierten al entrevistado en alguien más interesante de lo que ya lo sea per se. Por otra parte, cuando es ella la que habla, es una delicia oírla, por un lado, por su cadencia, por las expresiones latinas que usa-ese “cariños” con que se despide que me enternece-, y que inundan sus páginas recordándonos de qué enorme idioma disfrutamos; por otro lado, porque es fácil darse cuenta de que es una superviviente, y de que tras su rostro redondito como el mundo, se esconde una sabiduría antigua como el mundo, misteriosamente atávica y cálida, que le sirve para ser compasiva, generosa, empática y sobre todo-y ahí veo a sus personajes como su reflejo parcial- resiliente. Sale adelante con una sonrisa de agradecimiento a las dificultades del camino. Gracias, Elga, por estar en nuestro camino, por prestarnos los zapatos de tus personajes y llevarnos a las fronteras de nosotros mismos.

La literatura, más que respuestas, nos debe dar preguntas. Debe lograr que nos cuestionemos nuestros pasos, cada una de nuestras decisiones. Leyendo a Elga Reátegui, en su tercera novela “A este lado y al otro”, he sentido cómo me arrojaba a la cara repetidas veces, con tanta elegancia como contundencia, una pregunta de peso:  ¿Y tú de qué lado estás?. Viendo el título, “A este lado y al otro”, y la hermosa foto de la portada, sabemos ya que hay una línea divisoria que separa dos orillas. Las orillas, las fronteras marcan, indudablemente, cada página de este libro: Lima, Valencia, Dallas. Pero no solo las geopolíticas – malditas sean- que son las más obvias. Hay muchas más a las que se han de enfrentar las mujeres valientes que aquí salen a escena-Yesenia, Liliana y Miriam-que llevan al lector a preguntarse una y mil veces de qué lado está, hasta dónde sería capaz de llegar si la situación apretara. Fronteras entre el amor y el sexo. Entre el sexo y la dignidad. Entre la dignidad y el trabajo. Entre el trabajo y la ética. Entre la ética y la amistad. Entre la amistad y la lealtad. Entre la lealtad y el sometimiento. E incluso entre la vida y la muerte, porque ni siquiera esa frontera está tan clara.
Los indios dakota tienen un hermoso proverbio, muy conocido ya, que dice: “Antes de juzgar a una persona, camina tres lunas con sus zapatos”. Elga Reátegui mantiene un cuidado exquisito en no juzgar a sus personajes, lo cual tiene mucho mérito teniendo en cuenta que algunos de ellos son seres abyectos. Ante nuestros ojos desfilan algunos de los defectos más deleznables del ser humano: la soberbia, la ambición, la capacidad de chantajear, de maltratar. Toda una historia universal de la infamia. Y ellas, las tres mujeres protagonistas, que viven en los márgenes, lidian con todo eso, cada una a su modo, aferrándose a lo que pueden con mayor o menor fortuna, intentando cuidar, en la medida en que las circunstancias se lo permiten, su espíritu. Porque si todos los viajes son-si sabes vivirlos- interiores, migraciones tan duras como estas más aún.





 Este es uno de los aspectos que más me gusta de la novela: cómo, a lo largo de la narración, se hace referencia constante y sutilmente, a la vida interior de los personajes. Ellas están atentas a cómo se sienten, a mantener su equilibro espiritual. Esas pequeñas acotaciones dejan entrever que Elga Reátegui, como se desprende de cualquier charla con ella, es una mujer profundamente sabia, introspectiva, y no sé si como causa o como consecuencia de ello, poseedora de una hermosa virtud difícil de encontrar hoy día: sabe escuchar. Elga escucha con los ojos, porque su manera de mirar da cuenta de que está absorbiendo cuanto oye, y notas que tus palabras, tras caer en ella, brillan más que antes. Por eso entrevista tan bien: porque su mirada, sus preguntas, convierten al entrevistado en alguien más interesante de lo que ya lo sea per se. Por otra parte, cuando es ella la que habla, es una delicia oírla, por un lado, por su cadencia, por las expresiones latinas que usa-ese “cariños” con que se despide que me enternece-, y que inundan sus páginas recordándonos de qué enorme idioma disfrutamos; por otro lado, porque es fácil darse cuenta de que es una superviviente, y de que tras su rostro redondito como el mundo, se esconde una sabiduría antigua como el mundo, misteriosamente atávica y cálida, que le sirve para ser compasiva, generosa, empática y sobre todo-y ahí veo a sus personajes como su reflejo parcial- resiliente. Sale adelante con una sonrisa de agradecimiento a las dificultades del camino. Gracias, Elga, por estar en nuestro camino, por prestarnos los zapatos de tus personajes y llevarnos a las fronteras de nosotros mismos.


A ESTE LADO Y AL OTRO, de ELGA REÁTEGUI

Por Ginés Vera 






La escritora y periodista Elga Reátegui pone el foco en su última novela publicada ‘A este lado y al otro’ (ADD Personas y libros, 2015) en un drama actual, un escenario habitual para muchos inmigrantes que abandonaron un día su patria con la esperanza de regresar habiendo cumplido si no todos, al menos gran parte de sus sueños. Pero la cruda realidad se impone ‘a un lado y al otro’, en este caso como metáfora ya desde la portada, esa corriente de agua bien puede representar el océano Atlántico que separa a las tres protagonistas de la novela. Liliana vive en Perú, de donde son Yesenia (afincada en los USA) y Miriam (que vive en Valencia, España). Las tres amigas desde la infancia se comunican entre sí a menudo, se cuentan cómo les va entre ellas y a sus familiares. Mantener los vínculos afectivos es importante solo que la sinceridad, la honestidad, la aceptación de esos anhelos y roles que les ha tocado asumir en cada punto de la geografía en la que se hallan se verán empañados por otros sentimientos. Precisamente esa imagen proyectada a los demás se pondrá a prueba cuando Liliana decide ir a visitar a su amiga Miriam. Un giro inesperado cuyo desenlace no desvelaré al lector.


Alabar de la prosa de Elga Reátegui, la sabia arquitectura narrativa entre la acción, descripción y diálogos, así como el retrato psicológico de los personajes, tan veraz que muchos lectores verán identificada esta historia como si fuera una noticia más de actualidad de cualquier medio de comunicación.


Comentario de A este lado y al otro
por Rosetta Forner
(Escritora, conferencista y coach)





Te felicito por el retrato tan preciso que haces de la actitud de esas mujeres, sobre todo, así como de los otros personajes. Son ese perfil de mujeres a las que yo bauticé como ‘damiselas de diadema floja’ (se complican la vida innecesariamente y esperan que un príncipe azul las salve de sí mismas). El retrato de la situación emocional y psicológica de un inmigrante, me ha cautivado e impresionado. Tu forma de narrar las situaciones y las vivencias de los personajes es además de ameno, muy preciso y realista, es como si estuviese mirando por una ventana.
La psicología (la de las mujeres) está excelentemente perfilada. Flui con la lectura, no podía parar de leer el libro. Su psique, actitudes, conductas, están magníficamente retratadas.
Permíteme que te eche una bronca cariñosa: no me gustó que 'matases' a Marlene. A mi entender, era la más lúcida y valiente de todas ellas, la más digna para ser la protagonista que entonase el final.
Asimismo, comprendo, y ello en base a mi experiencia en consulta como coach/hadamadrina, que esas tres mujeres resuelvan sus 'problemas' no directamente sino por intermediación de un tercero. Ciertamente, a muchas mujeres les gustará ese final, porque se verán identificadas. Es una actitud generalizada en demasía, la cual sabes que trato de remediar con mis propios libros.
Tu libro es IMPRESIONANTE: te salió un pedazo de libro.
MIS FELICITACIONES HADADAS. Te has puesto el listón requeté alto. Eres una genia de la literatura, y deseo que la gente sepa apreciar lo que vales como ser humano y escritora.


A este lado y al otro 
Por Rosario Valcárcel 
(Escritora, columnista de opinión y crítica de arte)


“A este lado y al otro” es el último libro de Elga Reátegui con el sello de la editorial ADD (Alfa Delta Digita), precedido entre otros de “De ternura y sexo” que publicó en octubre 2012 y presentó en Estados Unidos, en bibliotecas y otros  recintos culturales. Participando además con gran éxito en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (México).
Desde sus comienzos literarios la poeta-narradora peruana, Elga Reátegui ha sido fiel a un modo de entender la poesía, el viaje, la mujer, la reflexión. Esos momentos de la vida de una mujer: soledad, lucha, alegría, ese deseo de gritar y de estallar en risas sonoras. De volver y de regresar. De mirar con lirismo, con un lenguaje intenso como podemos ver en el poema: Heridas: “El alma tiene hoyos profundos/ heridas insaturables/ marcas  de anomalías irreversibles…/
Y siendo fiel a sus comienzos, a sus convicciones y a su gente, Elga Reátegui nos trae ahora una novela que es una cascada lingüística, una narrativa de sensaciones esclarecedoras, vivas, porque “A este lado y al otro” plantea las circunstancias, los conflictos internos y personales, la fragilidad humana, el drama que rodea a la mayoría de los inmigrantes latinos que tratan de forjarse una nueva vida en las aguas estremecidas del primer mundo, sin romper sus vínculos familiares.
Muestra el universo de tres mujeres unidas por los problemas que asolan a las emigrantes, como afrontar la soledad o la separación de su familia. Los tintes románticos y los sueños, los miedos y el coraje en ese camino sin fin. Las necesidades básicas de todas y cada una de ell@s. La lucha por la supervivencia y las esperanzas en otro mundo que tal vez sea posible.
Elga Reátegui es periodista de formación y eso quizás le ha llevado a ser una cronista comprometida con su tiempo y con su gente, la ha llevado a la minuciosidad, a los matices que conforman el libro, al dato preciso y el acontecer diario. Aportándonos una visión del mundo de la emigración yla realidad, la libertad y el miedo. La justicia del mundo globalizado. La vida cotidiana de los protagonistas en la nueva sociedad que les acoge, las preocupaciones de mujeres repartidas por el mundo: España, Estados Unidos y el Perú. Personajes que se inspiran en esos seres de carne y hueso cuyas tragedias a veces vemos en los boletines informativos y los periódicos.
Cuenta en “A este lado y al otro” una historia. Una historia que podría ser la de cualquier emigrante, refugiado o desplazado. Y hace un homenaje a todos los que dejan sus países de origen. Una historia universal sobre una situación, sobre la supervivencia y los lugares comunes. Sobre países que fueron históricamente países de emigrantes y que hoy se han convertido en países receptores debido al desarrollo económico.
Y lo hace Elga Reátegui con una impresionante galería de personajes, conciencias y pensamientos. Margulla entre las pasiones particulares de sus protagonistas hasta las profundidades realmente estremecedoras, ofreciéndonos la soledad y la solidaridad extranjera.
Esplendor y tragedia, tristeza y gozo. Elga Reátegui invoca las deidades de ese sueño que lleva a tanta gente a dejarlo todo atrás para viajar hacia un país desconocido, a buscar lejos la explicación del hambre, a un lugar en el que no tienen familia ni amigos, donde nada tiene nombre y el futuro es una incógnita. Seres enfrentados a toda la elocuencia del mundo con anhelos y deseos, con sus problemas y sus ganas de prosperar.
“A este lado y al otro” es un libro sobre las dificultades de quien emprende una nueva vida en un lugar desconocido. Un relato que destaca por la profundidad de sus reflexiones, un relato que fluye rápido con un lenguaje que se aproxima al habla coloquial, al lenguaje de las redes sociales. Usa también Reátegui expresiones y diálogos en lengua inglesa y valenciano, así como vocablos comunes de los países de origen de los hablantes.
…“Che, pero que “boluda” sos. Eres relinda y necesitamos gente como vos para captar clientela. Pensalo y me decís”, se lo repetía siempre que la veía, y a Valeria se le subía la sangre a la cabeza, pues lo hacía en su delante y con el tono más insinuante que podía…
“A este lado y al otro” Es un libro con un estilo a veces periodístico, otras veces repleto de nostalgias y sentimentalismo. Centrado en los problemas de l@s emigrantes, plantea algo común a tod@s ell@s: Conseguir un empleo, pagar la renta, reunir euros o dólares para mantener a la familia que quedó allá, en su lugar de origen. Regresar.
“A este lado y al otro” es una novela completa. Un muestrario de la humanidad donde cada vez hay más desahuciados, en donde cada vez hay más náufragos.

Inmigrante eres tú
por Luis Solís
(Crítico literario, doctor en Filología y Teoría Literaria)


Por cortesía de la periodista y talentosa escritora Elga Reátegui (Lima-Perú), he disfrutado este fin de semana de su más reciente novela A este lado y al otro (2015).
 Me siento afortunado de poder dedicarle unas líneas a un libro que ofrece al intelecto y a la reflexión muchos más jugosos aspectos de lo que sus nada escasas trescientas cuarenta y cinco páginas nos intentan -y logran- contar. Por ello, pido disculpas pues me voy a quedar corto ante tantas bondades del libro.
Burradas y rebuznos
 Como crítico literario que soy -y no solo un gustoso lector- no puedo dejar de mencionar algunos detallitos que, desde mi perspectiva, restan calidad técnica al relato en sí y al libro en su conjunto. No es estilo de este burrito orejón hacer leña del árbol, caído o no, o cebarse hasta el sadismo. Así que espero se tome estos consejos como provenientes de un amigo, un poco burrito pero con buen corazón.
 Solo señalaré cuatro aspectos que me incomodan. Algunos son achacables a la labor del corrector textual, otros al del trabajo editorial y otros a la autora (que espero no se enoje con este burrito).
 He de anotar que la autora hace gala de una prosa limpia y clara, cualidades que facilitan una lectura sin mayores aspavientos. Aquí van mis consejos: evitar el desmedido uso de comillas; cuidado con la inserción de traducciones pues rompe con la mixtura lingüística; cuidado con los párrafos explicativos o moralizantes ya que podrían resultar tediosos. Finalmente, ese muy forzado final en donde las protagonistas hacen gala de una felicidad momentánea (para mi gusto, la novela hubiera tenido un gran final en ese ¿qué más da? del segmento anterior). Un detallito más: para futuras ediciones -porque el libro merece mayor audiencia- podrían evitarse ese prólogo y ese apunte final que, francamente, no son lo mejor del libro.
El drama del ser humano
En fin, que de lapsus calami están llenos los libros y, tomados por sí solos, no es síntoma de la calidad de un escrito. Vean ustedes a Cervantes, que se le olvidó mencionar al burro donde iba montado Sancho, pero no por razón de ese olvido vamos a decir que el Quijote es malísima obra.
 Mucho menos voy a afirmar lo mismo de A este lado y al otro, pues desde el asnal criterio de este burrito, la novela de Elga Reátegui es brillante: revela el drama no de los inmigrante y emigrantes, de los extraños, de los invasores. Aunque, en la forma, la migración femenina es el leitmotiv, el libro de Elga Reátegui nos descubre un universo más profundo y más desgarrador, en cuanto que es cruelmente real. Incluso me atrevería a afirmar que el libro en cuestión es poseedor de una gran reflexión metafísica y existencial, reflejo de una actitud crítica y serena por parte de la autora. 
  A este lado y al otro revela el drama del ser humano en la actualidad, del Hombre (en mayúsculas) que vive en un mundo ajeno al orden racional,  a la esperanza, la fe o la felicidad; de aquel sujeto (masculino o femenino) que asiste a una realidad alucinatoria, descabellada, que lo obliga a transformarse en un inmigrante más, en un ente extraño. Porque lo que revela el libro de Elga Reátegui es el poco consciente hecho de que todos somos, al fin y al cabo, extranjeros.
Inmigrantes somos y en el camino nos encontraremos
 A este lado y al otro es una novela que, en apariencia, nos cuenta las aventuras y desventuras de tres mujeres de origen peruano, las tres son amigas y las tres cumplen un determinado rol en el demencial círculo de la migración. Ya sea en Dallas, en Valencia o en Lima, el lector descubre a través de la vida de Liliana, Miriam y Yesenia que no es necesario alejarse del país natal para ser y sentirse un inmigrante, un extraño o un bicho raro... y mucho menos importa el lugar o la nacionalidad para que nuestros sueños y nuestras metas se rompan.
 El mundo en sí puede resultar tan extraño y tan ajeno a nuestra mirada que, cual tortugas en su caparazón, buscamos asilarnos e incomunicarnos con el tan básico instinto de protegernos, de sobrevivir. No obstante, en medio de esa auto salvación, nos olvidamos de tender puentes comunicantes que nos lleven a la comprensión del otro -amigos o familiares-, tan humano y tan sufriente como nosotros.
 A este lado y al otro es también un meticuloso análisis de nuestros conflictos internos y del desboronamiento de un modelo de sociedad que ya no satisface espiritualmente. En la novela de Elga Reátegui, los padres y las madres ya no protegen, antes bien, aumentan el abuso; además, el sistema político-legal que debería protegernos se convierte en otro vehículo de degradación social. Ahora no se trata de vivir, sino de sobrevivir gracias al esfuerzo de uno mismo.
(...) ¿Qué les ha dado a ustedes por practicar la bondad y la comprensión, ah? -en tono sarcástico-. Mis hermanos están en esa onda, y ahora tú -se queja-. No, no, no. Lo mejor que puedo hacer es alejarme de mi viejo. Así, él y yo viviremos contentos y felices sin saber el uno de la otra -resuelve. (p. 247)
No esperes recompensas... ni milagros
 Este es un punto de quiebre muy interesante y que se mantiene a lo largo de la novela. Las protagonistas buscan alivio para sus problemas. Tan solo eso. No buscan la felicidad o el ansiado "...y vivieron felices para siempre". Ni siquiera hacen grandes esfuerzos para cambiar el estilo de vida que llevan. ¡Nada! Al contrario, Liliana, Miriam y Yesenia parecen dejarse arrastrar por las ¿injustas? situaciones de la vida. Ellas se prostituyen, son violadas, abusadas por sus jefes y por sus familias... y, sin embargo, ante todo ello, el ¡qué más da! es la actitud que mejor se amolda  a sus circunstancias.
 Todo ello me lleva a preguntarme: en el mundo actual, ¿acaso la indiferencia es nuestra mejor defensa? Por lo visto, la autora nos ha dado mucho en qué pensar:
Mi real problema es la soledad, no el amor -postula convencida-. A estas alturas, lo que en verdad anhelo es compañía, un hombre que sea mi amigo y que me guste físicamente porque si espero a que llegue el amor de telenovela, es casi seguro que terminaré como don Omar, deseando que venga por mí la parca y haciendo todo lo posible para que así ocurra. (p. 327)
  Desde LA OREJA DEL BURRO damos nuestras felicitaciones a la autora, por un trabajo bien pensado, profundo y, sobre todo, tan humanamente auténtico. Por ello, no dudamos en recomendar la lectura de A este lado y al otro, un libro que los estremecerá porque seguramente, querido lector, usted se verá reflejado en sus historias.  

Gracias a Elga Reátegui por descubrir una nueva mirada que nos facilita entender este mundo y esta sociedad fieramente deshumanizadas.

Comentario sobre A este lado y al otro 
por el escritor Ricardo Guadalupe


«A este lado y al otro tiene doble nacionalidad y doble lectura. Es el juego de espejos que aleja el aquí y el allá. Y es el reflejo múltiple del océano que une un mundo y otro. La odisea contemporánea contenida en este libro es la búsqueda de una fórmula posible: la suma de Perú y España»

Comentario sobre la novela A este lado y al otro
por Eduardo Lindo
(Periodista y conductor del programa radial Peruanos en el exterior)

El último martes participé en la presentación del libro A este lado y al otro de la colega Elga Reátegui, reconocida poetisa y narradora.
Su novela es una de las aproximaciones más cercanas que he tenido sobre la vida de los migrantes en el exterior, sobre todo de dos peruanas, una bailarina afincada en Dallas, Estados Unidos y otra trabajadora en una ONG, en Valencia, España.
No menos importante es la que desarrolla en el país el tercer personaje Liliana, trabajadora en el despacho de la temible congresista Eva Navas.
En las dos primeras quiero destacar sobretodo que representan el rostro femenino que tiene la migración peruana en estos tiempos.
La mayoría de migrantes peruanos en el extranjero, estimado en unos tres millones de personas, son mujeres.
Los personajes, Yesenia, Miriam y Liliana, pese a la distancia, son protagonistas de un esfuerzo por salir adelante tener un mejor nivel de vida para ellas o sus familiares.
Si ya en el país es difícil cuando mas no lo será en el extranjero, donde tienen adaptarse a una cultura totalmente distinta a la nuestra, pero donde tanto acá como allá, encontraran que las personas no son diferentes. Maltrato, indiferencia, egoísmo son el pan de cada día, matizado con un poco de afecto.
Para los que están fuera como ellas, mucho juegan la expectativa de la familia y los amigos, por ello la realidad es muchas veces maquillada por el supuesto éxito que a veces es esquivo.
Todo ello para vivir de una apariencia, de una realidad virtual pero no sustantiva.
Es que nadie cuando está en el extranjero comenta sobre las dificultades o los fracasos. Todo lo contrario; si te botan de la habitación por no pagar, no se cuenta; si pierdes el empleo menos y no sé si cuando te persigue la migra y tienes que estar escondido. Eso les pasa a los personajes de la novela mientras en sus casas todos creen que tienen plata como cancha.
Elga realiza en su obra, una narrativa en paralelo, de modo que a veces estamos en Dallas, otras en Valencia y en la siguiente en Lima. Este detalle realmente me agrada porque es como estar chateando con tres personas a la vez, quienes nos cuentan la historia de sus vidas, algo muy cotidiano en estos días.
Pero como no podía ser de otra forma también están los personajes secundarios que en el caso de la congresista Eva Navas, describe un personaje realmente terrible por su autoritarismo y mal trato a sus trabajadores, uno de ellos Liliana.
La “doctora justicia” como la llaman tiene incluso un talk show que posteriormente busca trasladar a Miami.
Pero el maltrato que tiene con su personal es tremendo, yo quisiera preguntarle a Elga si ese personaje es de ficción o realmente conoció a alguien así porque realmente es de temer.
Espero que no se repliquen.
La novela A este lado y al otro, me lleva a una reflexión sobre todo en lo que hacemos, como Estado, por nuestros compatriotas para atenderlos desde su lejano Perú. Realmente muy poco y no quiero ensayar un discurso político pero hasta ahora nadie se ha referido a ellos en esta campaña electoral. No cumplieron con las promesas para que elijan directamente a sus congresistas y tampoco el denominado canon consular pese a que aportan más de dos mil quinientos millones de dólares al país.
Así, con sus penas, sus alegrías, sus miedos e incertidumbres, a este lado y al otro, parece que todo es igual.
Felicitaciones Elga y les recomiendo leer esta novela que es muy interesante para acercarnos a la vida de los migrantes peruanos en el exterior.



Comentario sobre la novela A este lado y al otro 
por Juan Luis Bedins
(Presidente de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios -Clave) 



Elga  Reátegui, poeta y novelista, autora de un blog que circula con éxito en las redes sociales, ha firmado con este libro una crónica de lo que ha estado sucediendo entre aquellos compatriotas y gentes afines en su aventura de vivir en países que no son  los suyos pero que los integran en su sociedad. En realidad, son elementos que no llegan casi a incluirse en la sociedad que los acoge y cuyas vidas están siempre pendientes de un viaje final en busca de un destino mejor, quién sabe si muchos de ellos pensando en la aventura de recalar en los E.E.U.U.
     El despliegue de personajes es impresionante y proceden tanto de las tierras latinoamericanas como de España y en concreto Valencia. La autora va distribuyendo sus vidas y aclarando los aspectos de su personalidad en las más de trescientas páginas que tiene la novela. Le interesan las tramas físicas y psicológicas y una buena parte de la obra transita de un lado al otro, es decir de España hasta los países del otro lado del océano. Una buena parte de la novela está dedicada a las delicadas relaciones entre los personajes, tan preocupados siempre por sus familias del otro lado del océano y que tantos desvelos les proporcionan. La obra aúna sufrimiento y amor, desvelos y secuencias llenas de emociones y trasuntos llenos de dolor e incluso violencia tanto moral como física e incluso sexual. La autora, poco a poco, nos va detallando todas esas vidas y va desarrollando la novela consiguiendo conducirnos hasta el clímax de sus vidas a través de un nudo narrativo cuyo desenlace queda un poco abierto.
     El lenguaje es uno de los puntos de  referencia a tener en cuenta para valorar la novela. Lo más importante, pues, para el lector de habla hispana es la riqueza y variedad de tipos y lenguas con las que la narración se nutre. Es un mestizaje lingüístico compuesto por una especie de spanglish y una mezcla de inglés, español, valenciano y un valioso aporte de palabras propias del lenguaje de Sudamérica. La riqueza al lenguaje que aporta la autora corresponde a la variedad de los personajes que es, por otra parte, cuantiosa: políticos, trabajadores de restaurantes o pequeños empresarios, religiosas, etc. Destaca la cantidad ingente de personajes femeninos con su carga psicológica y cuya personalidad está trazada con vigor y buen hacer. Sobre todo, la autora lleva a cabo una especie de investigación propia de una obra llena de caracteres cuyas vidas se entrecruzan y entrelazan hasta constituir un estado de cosas lleno de deseos, afanes y situaciones propias de héroes y heroínas desconocidos a los que la autora saca de su anonimato. Hay drama, incluso tragedia, y es de alabar la pericia constructora de la autora para montar un cuadro tan complejo por el que deambulan decenas de personajes. Pese a todo la obra está bien ensamblada y la deriva de los personajes hacia su supuesto final, porque ya he comentado que la obra es abierta, es un acto de voluntad de la narradora pero también un desenlace propio de una novela que corre hacia su fin inercial. Todo compone un escenario en el que los hechos suceden a veces de un modo sorprendente y muchas veces como la realidad impone, una realidad propia y característica de la idiosincrasia de los personajes. Nos hallamos, pues, ante una obra llena de complejidades que sólo la más pura realidad incluye, llenándonos de una física incertidumbre que la sociedad en que se proyecta diluye y completa. Una obra creada para conocer ese otro mundo que también es de todos y que remite a la gente que se mueve, como dice el título, entre este lado y el otro, referencia doble para aquellos que están entre dos mundos, el que queda más allá de Europa, es decir América, tanto la del norte como la del sur, y lo que queda más allá de unas fronteras que son mentales y que remiten  a los modos de pensar de las personas que protagonizan la novela.

Comentario de  A este lado y al otro
por Frieda Holler
(Escritora, conferencista y empresaria)


Elga Reátegui ha escrito A este lado y al otro  con entusiasmo, con amor, le ha puesto su corazón y emociones, aún a pesar de los sinsabores, penas, tristezas, problemas y lágrimas que la vida le haya deparado a sus personajes como a todo ser humano en esta tierra.
La novela habla no solo de las experiencias de tres mujeres, sino de un entorno en diferentes países y ciudades en donde sus personajes viven sus propias experiencias: las que sufrieron, experimentaron, sintieron, lloraron, pero también cuando rieron, soñaron y siguieron adelante con sus metas, aspiraciones y sueños…
Elga decidió escribir y volcar estas vivencias como mujer, hija, amiga, compañera, para demostrar que SÍ SE PUEDE A PESAR DE TODOS Y DE TODO, que se puede responder a los compromisos adquiridos valiéndose muchas veces por sí sola, que se puede caminar un kilómetro más, que se puede cambiar la rutina, las costumbres, que se puede vivir con alegría porque esta nace de adentro, que no importan las circunstancias, que nadie ni nada puede borrar la sonrisa de sus labios
Escribe también para poder transmitirles a sus lectores otros ejemplos y testimonios de vida para que puedan enfrentar experiencias, hacer los cambios necesarios y enseñarles que se necesita siempre de una actitud mental positiva, entusiasta y alegre.
Los deseos de Elga se reflejan en cada página a través de los ejemplos de vida, lo que se puede y debe hacerse, de cómo jugar para ganar; sugiere no mirar atrás y, en cambio, concentrarse en el presente y prepararse para el futuro, enseña a transformar lo negativo en positivo y ver que no importa la edad, el credo político o religioso, el color de la piel, el rango social o la cultura de una persona para lograr los propios objetivos.
Después de leer la novela A ese lado y al otro con detenimiento, me acordé de una frase: “Esta novela es un canto a la vida ojala lo sepan aprovechar….”  Esta significativa frase creo que engloba perfectamente la intención de haberla escrito y que gracias a Elga hoy es una realidad.
No cabe dudas que siempre habrá otras maneras, seguramente mejores, de hacer las cosas, de crear nuevos métodos, nuevas formas, darle sentido a lo que se hace y sobre todo a la vida misma, pero siempre tendrá que estar vigente la ilusión de lograr que sea diferente y poder salir airoso de la vivencia.
A través del tiempo vivido he reflexionado y he visto como  las experiencias y testimonios de otras personas sirven como un marco de referencia importante y que puede ser no solamente de mucha ayuda, sino de soporte, de esperanza y de ejemplos que enseñará a no cometer errores lamentables…


Elga Reátegui ha logrado con A este lado y al otro todo lo que se proponía, por eso estoy segura que esta novela dará que hablar…. 




Comentario sobre A este lado y al otro 
por Antonio Tomasio
(Escritor, conferencista y coach)


«Con A este lado y al otro plasma de forma real lo que es dejar atrás lo tuyo por un futuro incierto. Millones de personas se han lanzado a la búsqueda de un futuro mejor, la nacionalidad no es relevante. Lo que te hace vibrar es la prosa con que trata este tema que es actual».


Comentario sobre A este lado y al otro 
Por María Ángeles Carranza
(Poeta)

«Una novela con el sello de una mente inquieta, que palpita en cada uno de sus personajes. Un burbujeo trepidante de emociones y vivencias: varias historias en un mismo libro, llevadas adelante con maestría y un sinfín de recursos literarios».

Comentario sobre A este lado y al otro
Por María Nieves Michavila
(Escritora)

«La novela, ágil, dinámica y de ritmo diestramente manejado, nos permite conocer de forma concreta y personalizada una realidad difícil de lucha y supervivencia, de desarraigo y adaptación, de objetivos y apariencias, de engaño y manipulación, de incertidumbre y dolor, de miedo y desesperación, de sentimientos encontrados de amor y desamor, de sexo e interés, de lealtad y traición, entre otros, con pinceladas de espiritualidad positiva que nos recuerda que siempre se puede hallar luz en la oscuridad cuando hay voluntad de hacerlo. A este lado y al otro es una de esas novelas que te impactan y no olvidas. La recomiendo»


Comentario sobre A este lado y al otro 
por Vicente Barberá
(Poeta y responsable del Aula de Poesía del Ateneo Mercantil de Valencia)



«Ya en la primera línea de su novela aparece la palabra celular para referirse a lo que nosotros conocemos por móvil. Dicho sea de paso, resulta muy interesante, al menos para mí, este mestizaje lingüístico y a la vez muy enriquecedor y atractivo cuando cada vez más, aparecen en nuestro mercado obras de escritores sudamericanos».







                                                                         

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