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viernes, 15 de julio de 2011

Fernando Iwasaki: “Quien me malquiera por ser amigo de Vargas Llosa me tiene sin cuidado”

Foto: Santi Burgos
Vive soñando en que llegue el día de su jubilación para ser dueño de su tiempo y leer y escribir lo que le dé la gana. Mientras tanto, se resigna a lo que hay y toma su guitarra para ayudarse a pensar. Ella le ofrece la música inspiradora a sus creaciones literarias y periodísticas. Pero no se rompe mucho la cabeza (¡Qué envidia!), pues afirma  que siempre tiene ideas  y son tantas que incluso, no tiene ningún reparo en tomar algunas de ellas y proponérselas a sus colegas columnistas a fin de que las aprovechen.
Este es Fernando Iwasaki Cauti, escritor indisciplinado, investigador acucioso y notable historiador peruano afincado en Sevilla desde hace muchos años, que se define a sí mismo como pesimista, pero de esos que quieren que las cosas salgan bien.
Captó la atención de los lectores españoles con “El libro de mal amor” donde relata sus desventuras sentimentales con una gran dosis de humor, y desde allí no ha  dejado  de estar en boca de la gente para bien o para mal.  Es que siempre él va con ‘su verdad’ por delante.
En la siguiente entrevista nos habla un poquito de todo, en especial, se refiere al  valor de la amistad, su postura frente a las críticas, los premios literarios, y la peculiar forma de pensar que tienen los escritores que recién dan sus primeros pasos.
La mayoría de la gente prefiere no decir lo que piensa por temor a la crítica, ¿considera que sus opiniones gozan de gran consenso o, más bien, es impopular?

Mis opiniones siempre han sido impopulares y ojalá sigan siendo así. El día que todo el mundo me felicite por lo que pienso será que estaré reblandecido.

¿Cómo cree que lo ven sus compatriotas? Lo digo, por su cercanía a don Mario Vargas Llosa y esa especie de antipatía que algunos sienten por el destacado escritor.

La opinión de los compatriotas sólo porque son compatriotas no debería condicionarnos. Otra cosa muy distinta es la opinión de las personas que me quieren o las que yo quiero. Y en esa segunda categoría hay tantos peruanos como no peruanos. Ahora bien, quien me malquiera por ser amigo de Vargas Llosa me trae sin cuidado.

¿Se puede decir que usted sabe ser amigo de sus amigos? ¿Qué estaría dispuesto a hacer por proteger una amistad?

Por ejemplo, no consentir que nadie hable mal de un amigo delante mío. La amistad no se demuestra contándole al amigo quién «raja» a sus espaldas, sino cortando los «rajes» de raíz y después quedándose uno calladito.

Es un escritor lleno de ideas
Caricatura: Fernando Vicente




Algunos de sus detractores manifiestan que es una persona tímida y pesimista, ¿cree lo contrario o certifica ese punto de vista?

No soy tímido aunque sí pesimista. En todo caso, soy un pesimista que quiere que las cosas salgan bien. Pero tengo una curiosidad: ¿mis detractores no deberían pensar que soy temerario y sinvergüenza? Tímido y pesimista no es suficiente para tener detractores. ¿O será que también he decepcionado a mis detractores?

¿Se considera un escritor disciplinado y de horarios establecidos?

Por desgracia, no. Soy un escritor indisciplinado, aunque capaz de trabajar más horas extras que nadie (¿será mi gen japonés?).

¿Sigue algún método o rutina a la hora de ponerse escribir?

No puedo escribir ficción lejos de casa y toco la guitarra mientras pienso.

Dicen sus críticos que ningún género se le resiste, ¿está de acuerdo con esa aseveración?

Por supuesto que no, ya que no soy ni poeta ni autor de teatro. Y si pudiera elegir entre uno de los dos, elegiría la escritura dramática. Oiga, qué amables esos críticos, ¿no? Deben de ser amigos de mis detractores.

Ya suman muchos los que no creen en los concursos literarios. Usted que ha sido juez de varios, ¿puede garantizarnos la igualdad de condiciones?

En los que yo he sido jurado –como el Alfaguara- claro que sí. También me consta que el premio de novela de Tusquets es limpio y transparente. Y la mayoría de premios de poesía o ensayo también lo son.

Desde que llegó a España se estableció en Sevilla, ¿qué lo liga a esta tierra?

Mi esposa, mis hijos, mi casa, mi pueblo, los amigos, la ciudad, el humor, la música, el Betis... ¿quiere que siga?

Hubo un tiempo en que se dedicó a la cátedra universitaria, ¿por qué se alejó de la enseñanza?

Porque tardé casi diez años en convalidar mis títulos peruanos y tenía que llevar comida, pañales, jabón y sapolio a mi casa. Por lo tanto, el arroz de la universidad se me pasó.

¿Cómo elige el tema para sus temas y para sus artículos periodísticos? ¿Se quedó alguna vez sin ideas?

Siempre tengo ideas. Cuando escribía en «Diario 16» tenía una columna diaria y me acostumbré a cazar los temas de cualquier parte. Ahora, como sólo escribo dos veces por semana y llamo a otros columnistas amigos para sugerirles argumentos.

No permite que 'rajen' de sus amigos delante suyo
Foto: Daniel Mordzinski
¿Hay en cantera jóvenes escritores o no tan jóvenes pero aún inéditos (en Perú)- que puedan destacar fuera de las fronteras como lo hicieron Vargas Llosa, Ribeyro, Bryce, entre otros?

Si fueran inéditos no los conocería, pero puedo mencionar a Enrique Planas, Carlos Herrera, Lorenzo Helguero, Claudia Ulloa, Camilo Torres, María Luisa del Río y Julie de Trazegnies, entre otros.

Cierta vez don Mario Vargas Llosa dijo que el Perú es el país de los «casi» y que en esta categoría también entran los escritores; esos que estuvieron «ad portas» de lograr algo y les faltó valor, usted, ¿coincide con él?

Todos conocemos casos de personas que no colmaron las expectativas que suscitaron. Me da igual que se trate de escritores o futbolistas, aunque comprendo que Vargas Llosa haya reparado más en los escritores. En cambio, yo soy más consciente de los futbolistas.

«El libro de mal amor» se está convirtiendo en lectura obligatoria en numerosos colegios peruanos, ¿cómo lo asume?

Es un privilegio y un motivo de satisfacción. Cuando cursaba quinto de media llevé un libro de literatura de Mirko Lauer y José Miguel Oviedo, que me descubrió lo mejor de la literatura peruana. Ojalá que mi novela le sirva a otros adolescentes como me sirvió a mí aquel maravilloso manual de Lauer y Oviedo.

¿Cree que el poseer buen sentido del humor es fundamental a la hora de escribir?

Para escribir libros como los de Borges, Bryce o Cabrera Infante, sí. Para escribir libros como los de Sabato, Arguedas o Lezama Lima, no. Tener humor no te convierte en un escritor mejor que otros y por eso cito a escritores que me gustan, aunque no tengan sentido del humor.

Después de tantos años viviendo en España, ¿ha logrado adaptarse del todo? O quizá, ¿se sigue sintiendo un extranjero?

Hace más de quince años que dejé de sentirme un extranjero en España, porque España es otro de mis países. La verdad es que tengo como cinco países: Perú, España, Japón, Ecuador e Italia.

Viaja mucho a Latinoamérica, ¿encuentra algún aspecto, en especial,  que distinga a un escritor de esas tierras a un europeo? En este caso, me refiero a los que recién hacen sus pinitos.

Los escritores latinoamericanos –sobre todo si recién están haciendo sus pinitos- tienden a pensar que sólo publican en España quienes tienen contactos. Si ya publican en España tienden a pensar que sólo son reseñados quienes tienen contactos. Y si ya son reseñados tienden a pensar que sólo son traducidos quienes tienen contactos. A quienes tienden a pensar así, alguien debería explicarles que escribir desde Buenos Aires, México, Lima o Santiago es mejor que hacerlo desde Murcia, Praga, Sevilla o Ginebra.

Usted, que es un veterano en las letras y ha logrado un envidiable éxito y prestigio, supongo que no ha dejado de soñar y plantearse metas, ¿qué es lo que más desea alcanzar dentro de su carrera?

Lo que más deseo es alcanzar la edad de la jubilación para poder ser dueño de mi tiempo y leer y escribir lo que me dé la gana. ¿Quiere decir que ahora mismo no leo ni escribo lo que me da la gana? Pues no. Ni leo ni escribo lo que me da la gana. Por lo tanto, no me considero digno de ninguna envidia.

Finalmente, la mejor combinación que existió para Jorge Luis Borges fue el café con leche, ¿cuál es la suya?

Café con Borges.

Si desean saber más del autor o su obra pueden pinchar el siguiente enlace:
http://www.fernandoiwasaki.com/
Foto: Nicolás Haro


 

lunes, 11 de julio de 2011

Walter Lingán: “En Alemania tengo todo lo que necesito como ser humano y escritor”

Abandonó Perú no buscando nuevas oportunidades sino por salvar su vida. Estaba amenazado de muerte, y fue su madre quien  lo obligó a huir del país mediante súplicas. “Prefiero tenerte lejos y saberte vivo, que aquí a mi lado muerto en cualquier momento”.
Se califica como un cholo recontra jodido y dice que para  escribir necesita dos ingredientes fundamentales: una buena historia y  la compañía de la mujer amada.
Aterrizó hace treinta tantos años en Alemania y asegura que este país le ha dado lo que a muchos se le niega: la ciudadanía, y la considera su segunda patria.
Es médico en un hospital de Colonia, y asegura que la literatura y la medicina son artes.  “Con una se alimenta y cura el alma, con la otra se alimenta y cura el cuerpo. Un buen poema o una buena novela equivalen a un buen diagnóstico o una buena receta”.
Conozcamos a este peruano que no cree en los concursos literarios, que no sabe que tipo de literatura escribe y que sueña con que unos de libros sea un éxito de ventas.
¿Tenemos entendido que su inquietud por escribir afloró en usted, luego de leer “El lobo estepario” de Hermann Hesse? Cuéntenos que parte de la historia hizo que lo removiera al punto de convertirlo en escritor.
En realidad “El lobo estepario” de Hermann Hesse me descubrió un mundo nuevo, estaba en plena adolescencia, etapa en la que buscamos nuestra identidad, donde la rebeldía y las crisis existenciales afloran por toda la piel, fase en que a veces amanecemos como monstruos y otras veces llenos de ternura, anochecemos mordidos por la dualidad luz/oscuridad, entonces al leer un texto que trata el tema del antagonismo o la dualidad en la naturaleza humana, la alternidad entre la bondad de un ser humano y la ferocidad de un lobo estepario, todo esto unido a la fantasía, tan subversiva, tan irreverente, me pareció, en aquella fecha, que estaba escrito para mí. Desde el inicio cuando anuncia Sólo para locos o después cuando en la entrada al Teatro mágico se lee Entrada no para cualquiera y la descripción que hace del lobo estepario: Érase una vez un individuo de nombre Harry, llamado el lobo estepario. Andaba en dos pies, llevaba vestidos y era un hombre, pero en el fondo era, en verdad, un lobo estepario...así como las anotaciones de Harry Haller y ese desgarrador poema: Yo voy, lobo estepario, trotando / por el mundo de nieve cubierto; / del abedul sale un cuervo volando, / y no cruzan ni liebres ni corzas el campo desierto. // Me enamora una corza ligera, / en el mundo no hay nada tan lindo y hermoso; / con mis dientes y zarpas de fiera / destrozara su cuerpo sabroso... en todo eso había una cierta identidad, la doble naturaleza del artista y el héroe –humana y licantrópica- inmersa en un laberinto de experiencias traumáticas, esa doble moral en toda nuestra historia y en nuestras vidas, es ese mensaje metafórico que señala el rompimiento de la individualidad y las convenciones burguesas que me lleva a la reflexión, a pensar en mi mundo y la manera de contarlo, de escribirlo, pero sin ninguna pretensión de escritor. Yo vivía en una barriada de Lima, habitada por gente pobre y marginada de todo bienestar pero tratando de conquistar, cada mañana, la gloria, el paraíso, o sea, metidos en el agua hasta el cuello pero soñando con una vida burguesa. Este remezón interno que me ocasionó Hermann Hesse, el medio donde vivía y la influencia de mi padre que era un contador excelente, que hasta dejaba de trabajar para llevarnos por los vericuetos de sus fantasías, abonaron el terreno para que mucho tiempo después se despertara en mí el gusanito de hacer literatura, la decisión de dedicarle mi tiempo a la escritura.
Su talento para escribir también lo llevó a ser una especie de Cyrano, pues redactaba cartas de amor para las enamoradas de sus amigos. Díganos, ¿alguna vez una de ellas enteró de la verdad?
Bueno, talento es quizás una apreciación muy bonita de su parte, pero yo creo que cualquiera, si le dan las herramientas necesarias, puede llegar a desarrollar sus inquietudes y todas sus posibilidades. La cosa es que llegaron a mi casa dos tomos de una antología de poesía romántica: Hablemos de amor. Mientras mi padre, que era sastre, trabajaba, me hacía sentar a su lado para leerle en voz alta el periódico El tiempo de Piura que llegaba a Bagua con un retraso de uno o dos días, por ese motivo no fue para mí ningún problema la lectura. Entonces estos libros los leí sin parar y en un cuaderno copié todos aquellos versos que me gustaban. El compañero de carpeta descubrió mi cuaderno con estas anotaciones y creyó que eran de mi autoría, naturalmente yo sonreí y oculté la verdad. Hasta que un día me dijo: “oye poeta, te doy todo lo que me pidas si me escribes una carta bien bacán para declararle mi amor a la ‘jermita’ por quien me mojo todas las noches”. Hice la carta y le entregué. A cambio recibí un trompo y dos canicas “caca de gallina”. Al lograrse el emparejamiento se inició también mi fama de poeta y romántico, pero sólo entre los compañeros, las chicas ni se enteraban por qué me llamaban poeta. Fue así que cada semana escribía entre dos y tres cartas, pero en uno de mis cuadernos quedaban las originales. Hasta que una de las chicas, en uno de esos descuidos, descubrió al autor de las cartas tan tiernas y conmovedoras. Se armó el laberinto, la mayoría intentó ajusticiarme, pero luego se calmaron y me llenaron de bendiciones, más bien sus enamorados pagaron los platos rotos por su poca imaginación, por su torpeza pues al reescribir ellos las cartas cometieron muchos errores. Años después con esa chica me encontré en Lima y nos hicimos novios, pero cuando quise rescatar “mis cartas originales” me dijo que le pertenecían y había dispuesto que cuando ella muera me entreguen el cuaderno, antes, nada de nada.
También hizo periodismo en una revista y un periódico de barrio, comparta con los lectores dicha experiencia.
Fue una experiencia hermosa. Fueron un grupo de obreros y estudiantes de Collique quienes me invitaron a participar en la aventura de sacar un periódico que le llamamos El Obrero. Ahí fue donde aprendí a escribir noticias, a corregir, a resumir, a investigar y empezaron mis visitas a la Biblioteca Nacional. Además tenía que compatibilizar mis estudios en la Universidad de San Marcos, mi trabajo para ganar algo de dinero, mi responsabilidad como dirigente barrial y mis inquietudes de joven, de enamorado. Estaba encargado de la parte cultural. Era una tarea, para mí, gigantesca, yo era lector de periódicos y revistas pero no había leído casi nada de literatura. Los obreros hablaban de huelgas y luchas obreras, de ollas comunes, de masacres a mineros y campesinos, de José Carlos Mariátegui, de Marx, de Lenin, de Mao, del APRA, de luchas obreras por las ocho horas, del voto universal, de democracia. Yo escuchaba en silencio, sin saber qué decir. Y leer a esos señores de los cuales se hablaba en las reuniones de la redacción, me costó mucho, además que empecé a leer a José María Arguedas, Ciro Alegría, César Vallejo y tantísimos otros más. No habían los avances de la tecnología, sino primero se ‘picaban’ los esténciles y luego se lo imprimía en viejas impresoras de rodillo. Después venía la fase de la venta, los obreros lo hacían en las puertas de las fábricas aledañas donde ellos laboraban y a mí me tocaba en el barrio, a la entrada de Collique, en los paraderos más concurridos, en los colegios. Algunas personas me compraban el periódico, lo hojeaban y me decían que era pura politiquería, puro comunismo, lo rompían y me lo restregaban en la cara. Otros en cambio apoyaban la iniciativa y estaban de acuerdo y me compraban varios ejemplares para ellos difundirlos entre sus amigos. Los que defendían a la dictadura de Juan Velasco Alvarado nos acusaban de terroristas. Poco a poco fui entendiendo eso de la lucha de clases, de la dominación imperialista, de la explotación capitalista y la dependencia cultural, la entendí a cabalidad pues la vivía en carne propia, más que por ideas aprendidas entendí el socialismo como una necesidad ante la vida miserable en que vivía la gente de Collique, de Comas y los demás barrios marginales. Después vino una etapa de querer ‘profesionalizar’ esta experiencia y con otros amigos me embarqué en la publicación de Opinión Barrial, mucho más elaborado, un tabloide de oho páginas. Como éramos críticos al gobierno, decomisaron una edición, nos llevaron a la quiebra con eso y a la cárcel por ‘terroristas’. De ahí al exilio, apoyado por una propuesta de estudios, fue cuestión de tiempo nomás.
Ha estado tan ligado a las letras que nos intriga saber, ¿por qué se decantó por la medicina?
Más que ligado a las letras me preocupaba el destino de mi barrio, de mi país, de las luchas obreras y campesinas, de la izquierda. Fui, soy y seré socialista. Moriré con ese defecto. Hace poco estuve en Perú y una amiga me dijo: “¿sigues aún pensando así?, creí que ya te había pasado la locura”. Yo nunca soñé ni pensé en la escritura como profesión, siempre estuvo en mí la medicina como un medio para poder vivir con cierta holgura y poder ayudar a la gente, además, dicen que nadie es perfecto, de algo hay que morirse. Pero no me quejo, trabajo en un hospital de Colonia, escribo lo que se me da la gana, publico lo que se puede y cuando se puede. Literatura y medicina son artes, con una se alimenta y cura el alma, con la otra se alimenta y cura el cuerpo. Un buen poema o una buena novela equivalen a un buen diagnóstico o una buena receta.
¿Por qué se marcha de Perú y se establece en Alemania? Pensó, quizá, que tendría más oportunidades como escritor.
En los años 80 a pesar del avance de un espíritu democrático en Perú se empieza a desarrollar también un talante antidemocrático, gérmenes que más tarde desembocarían en el autoritarismo y la violencia política jamás vividas en nuestra historia. El aire empezó a viciarse. La represión a todo opositor empieza en forma velada, paralelo a esto se inician también las actividades de Sendero Luminoso. En estas circunstancias detienen a los responsables de Opinión Barrial, yo salgo de la cárcel pero ante las amenazas de muerte del comandante Reátegui, ex jefe de SINAMOS-Norte, me veo obligado a salir del país, fundamentalmente a pedido de mi madre quien, al saber que había una beca de por medio para estudiar en Alemania, me dijo: “prefiero tenerte lejos y saberte vivo, que aquí a mi lado muerto en cualquier momento”. No fue pues la búsqueda de oportunidades como escritor por las que me fui de Perú, pero eso sí, aquí en Alemania me hice o intento ser un escritor. Actualmente en Alemania tengo todo lo que necesito como ser humano y como escritor.
En Alemania se siente realmente en casa
Alemania le dio las condiciones para ordenar su trabajo literario y transcribir escritos a la computadora, pues redactaba a mano y todo lo tenía en cuadernos, ¿qué tipo de literatura hacía?
Creo que más que Alemania, fue una mujer en Alemania quien lo facilitó al regalarme la primera computadora de mi vida. A diario, luego de cumplir mis obligaciones maritales, es decir, estudiar, cocinar, poner la ropa a la lavadora, llevar a la cama a los hijos, me ponía a transcribir mis cuadernos a los famosos Doc. de Word, al tiempo que, por la experiencia y lecturas acumuladas, iba corrigiendo, borrando, aumentando, a veces se originaban nuevas historias. Tanto me metí en mis cuentos y novelas que esta misma mujer que me regaló la computadora en Alemania me dijo un día que no aguantaba más tanta rutina y poca atención; que mejor se iba. No me quedó más que decirle, incapaz ya de retenerla, que se fuera pero me dejara mis libros y mis CDs, todo lo demás podía llevarse. Y así se hizo. Al comienzo fue duro, aunque después me dediqué, tras terminar mis labores en el  hospital, a escribir, reescribir y reordenar todos mis proyectos literarios. Claro que amores no me han faltado, ni me faltan. A decir verdad, sin una mujer a mi lado tampoco podría escribir. ¿Y qué tipo de literatura escribo? Pues no lo sé. ¿Fantástica? ¿Romántica? ¿Pornográfica? ¿Realista? ¿Mágica? ¿Política? ¿Chistosa? En verdad que no lo sé, yo escribo una historia y trato de darle la atmósfera adecuada. Lo único que me preocupa es escribir bien, esa es mi meta.
¿Ha participado en numerosos concursos literarios y ha ganado varios, pero no siempre participaba directamente, ¿Por qué tenían que ser sus amigos quienes lo inscribían en esos certámenes? ¿Existía algo de miedo en usted por los resultados?
No ha sido por miedo a los resultados por los que casi nunca participé directamente en concursos literarios, se debe más que todo a que antes nunca tomé en serio esto de escribir, escribía para mí, además creo y no creo en los concursos literarios, me da la impresión que ya todo está predispuesto, de antemano ya se tiene un ganador y que sólo el concurso es para formalizar el hecho, para justificarlo. Además me parece que casi nunca se premia a la calidad literaria, salvo excepciones. Yo escribía las historias y las repartía entre algunos amigos y ellos optaban por mandarlo o no a un concurso. Incluso la publicación de dos novelas primeras y un libro de cuentos se debe al empeño de dos amigos: Melacio Castro y Fernando Heredia. Pero también he participado y en verdad, sorpresivamente, he ganado algunos concursos, en otros he sido finalista. Cuando recibía los resultados dándome por ganador siempre me preguntaba: ¿Y ahora dónde está el error? Además es cuestión de agarrarle el gustito a participar, aunque sea por inercia, así no se gane. Ahora yo decido si participo o no en uno u otro concurso y actualmente sí me gustaría ganar algún concurso nacional o internacional, quizás porque ahora tengo ya varias publicaciones de las cuales se puede decir algo, aunque sea algo malo, pero hay tema de qué tratar. Aunque para ganar seguramente debo escribir algo ‘facilongo’, comercial y mediático...
Tuvo que pasar mil y una peripecias para publicar su primera obra, ¿cómo hizo para salir airoso de esas dificultades y por fin ver su libro entre sus manos?
El primer libro Por un puñadito de sal se publica en 1993 y se lo agradezco a Melacio Castro por todas las gestiones ante la Derrama Magisterial, yo no hice nada más que escribirlo. Esa misma novela la he reescrito y espera su publicación bajo el título de La vida a palos de doña Juana Mendoza. Después en Trujillo, y nuevamente gracias a los buenos oficios de Melacio Castro y la decisión de Rada Editores aparece en 1996 la novela El lado oscuro de Magdalena. Motivado por esta cierta facilidad con que se publicaron esas novelas lancé yo mismo mi propuesta de edición de lo que serían en realidad mis primeros escritos, se trató de la colección de cuentos La danza de la viuda negra. En España reboté sin misericordia, pero entonces apareció como un milagro el editor leonés Javier Menéndez Llamazares a quien le gustaron las historias de Los tocadores de la pocaelipsis y vino incluso en 1999 a la feria del libro de Frankfurt a presentarlo. Con estos antecedentes pensé que en Perú me sería diferente. Mala idea. Las editoriales más importantes rechazaron mis manuscritos sin miramientos. Una de ellas me dijo que no tenía tiempo para leerla, que vuelva en dos años o me vaya con mi musiquita a otro sitio. Otra me quiso cobrar cuatro mil dólares por 500 ejemplares. De pronto me llega un email de un amigo de la juventud, de aquella “loca juventud”, contándome que tenían con la municipalidad de Comas un proyecto de Fondo Editorial y es así como, por pura suerte, entra a la imprenta en el 2001 La danza de la viuda negra. Ese año cuando retornaba a duras penas una tal democracia, regresé a Perú para presentar el libro y en esas circunstancias conocí a los editores Jorge Luis Roncal de Arteidea y a Ricardo Vírhuez de Pasacalle y empezamos a coordinar algunos proyectos, entre ellos, la publicación de mis últimas novelas y cuentos. Sin embargo, estas editoras carecen de una distribuidora profesional y eficaz, de tal forma que los libros puedan llegar por lo menos a las librerías más importantes. Si como dicen escribir un libro es fácil, publicarlo es difícil y mucho más difícil es distribuirlo. Eso es lo que más cuesta.
Nunca se desligó de su país
¿Cómo siente leer un libro suyo en alemán? Se lo pregunto porque muchos dicen que la literatura española pierde mucho al ser traducida a otro idioma.
Cada idioma tiene su propia filosofía, entonces hay que saber interpretar eso a la hora de la traducción. Aparentemente hay una pérdida desde el punto de vista del traducido o lector español cuando no conoce el alemán, pero si una traducción es buena, traduce el sentir del traducido al idioma traducido. Eso me he dado cuenta cuando escribía mis artículos y eran traducidos al alemán. No es una pérdida es otro espíritu que se imprime en el texto, pero es el espíritu traducido del texto original. Me sucede ahora que cuando escribo en castellano estoy pensando en alemán y hay frases que no sé como decirlo en castellano y me bloqueo, entonces me salvo escribiendo un buen rato en alemán, en la sintaxis y en la estructura de las oraciones o frases a veces lo hago pensando en alemán y al revisar reparo en eso, otras veces no, son terceros que leen mi texto y me hacen ver esos giros extraños. Incluso hay lectores que me han pedido explicación por algunas palabras que no las encuentran en el diccionario. Son palabras que las inventé sin querer queriendo, debido a que no las conocía exactamente en castellano, son palabras producto de una pésima traducción, pero que al fin el defecto se convierte en una virtud. Se está traduciendo mi última novela al alemán y eso sí es que es una lucha de titanes debido a las dificultades de traducir la jerga peruana y muchos conceptos culturales ajenos al alemán, como la cultura chicha que no es lo mismo que la bebida o el baile chicha.
No ha perdido su ligazón con el suelo que le vio nacer, tras los treintantos años que lleva viviendo fuera, ¿cómo observa su país a la distancia? ¿Se atrevería a descubrirnos sus emociones, y por qué no, a hacernos un breve análisis crítico sobre su situación actual?
En verdad, con el suelo que me vio nacer sí me he desligado, más no con el país y mi barrio Collique de Comas. Incluso estaba más ligado a Bagua y Jaén, lugares en que viví algunos años de mi niñez. Salí de San Miguel de Pallaques en 1966 y recién volví el 2009. Dicen que de lejos los toros se ven mejor. Aquí hay mucho más información sobre el Perú que allá mismo, las noticias y los informes son más imparciales y veraces. Aquí aprendí a ver a mi país en su gente más que en su bandera, su escudo, su escarapela y en la heroicidad de casi todas sus guerras perdidas. Leí la historia desde otra perspectiva. En cuanto a los peruanos que estaban aquí, ya sean blancos y ricos, esos privilegios no les servían de nada, todos éramos extranjeros. En Alemania me despercudí de ese patrioterismo barato y se convirtió Latinoamérica en la patria grande, en la referencia. La militancia en Izquierda Unida (IU)  me obligaba a coordinar una serie de actividades y proyectos ya sea con el magisterio, las rondas campesinas, los comedores populares, las barriadas, las municipalidades, las organizaciones de derechos humanos, etc. Esa actividad fue decayendo en la medida que la IU iba perdiendo la brújula en cuanto a alternativas frente al terrorismo, a la violencia política, a la globalización, al autoritarismo y la dictadura. La población fue sometida a los designios de la mafia fujimontesinista. Esta gavilla de sabandijas destruyeron toda capacidad de respuesta popular organizada, por ejemplo los sindicatos fueron divididos y anulados en la mayoría de los casos. La situación internacional también iba siendo adversa para los intereses populares, para ese sueño llamado socialismo. Las últimas elecciones nos han devuelto en algo las esperanzas, pero se han despertado también el racismo más recalcitrante y la resistencia más egoísta de las clases pudientes, de los ricos, de los privilegiados de siempre, de aquellos que no les interesa el Perú sino sólo su dinero y sus ingentes ganancias, para aquellos que la democracia sólo debe jugar de su lado y para sus beneficios. El nuevo gobierno necesita una sólida organización partidaria y el pueblo necesita urgente organizarse para defender lo ganado, no sólo en las instancias legales o formales, sino también en la calles. La organización popular es garantía, sólo tener el gobierno amigo no basta, para luchar contra la corrupción, para llevar a la cárcel a todos los corruptos y para construir un país para todos, solidario, digno y desarrollado.
Usted, a decir de muchos es un luchador social incansable, y ha mantenido su compromiso a través de los tiempos, ¿se considera a ese respecto optimista o pesimista?
En la vida hasta para el amor hay que ser optimistas. También hay que tener una dosis de humor. A la izquierda peruana y a los políticos en general les hace falta un toque de humor, son muy acartonados. Ideológicamente pertenezco a la pequeña burguesía la cual es normalmente pesimista y sueña con el triunfo rápido, pero será que provengo de una familia pobre y he vivido entre pobres que siempre están luchando, sin perder la esperanza, por un mañana mejor, y ahí están, cada amanecer, con las banderas en alto, luchando, soñando, con optimismo por un futuro diferente, por una patria nueva para sus hijos, para sus nietos, por eso será que en mí no hay sitio para el pesimismo.
¿Le ha sido fácil adaptarse a la idiosincrasia alemana? ¿Qué es lo que más le gusta o destaca de ese pueblo?
No he tenido ninguna dificultad para adaptarme a las costumbres y a la cultura alemanas. Me he acostumbrado rápidamente a su disciplina, a esa manera de amar y respetar cuando uno realmente se lo merece, sin hipocresías. Conozco a mucha gente que está siempre renegando de los alemanes, incluso estando casados/as con alemanas/es, me da la impresión que es una ligazón más económica que sentimental, o será esa dualidad de la que habla Hermann Hesse, esa naturaleza humana y lobuna. De esta manera trato de explicarme esa crítica y ese descontento. Desde que llegué a Alemania no me faltó nada. Este país me ha dado lo que en Perú se le niega a las grandes mayorías, a los pobres, me ha otorgado el derecho de ciudadanía, derecho que se les niega a los nativos de la selva y los Andes, a “los perros del hortelano”. Alemania se ha convertido en mi segunda patria, hasta puedo decir, en mi verdadera patria. Aquí vivo, escribo en castellano y alemán, hablo y discuto en alemán y amo como un mestizo: en peruano y alemán, o sea, soy un cholo recontra jodido...
 ¿Cómo ha recibido el lector alemán sus obras? ¿Es fácil para un autor extranjero publicar en una tierra que no es la suya?
Para un autor es difícil publicar en cualquier parte, sobre todo cuando no se escribe comercialmente. Mucho más complicado, doblemente difícil, es para alguien que no escribe en alemán. Mis libros, igual que en Perú, han sido recibidos también con cierta indiferencia, en ambos lados la crítica me ignora. Poca gente ligada a los medios menciona críticamente mis libros. Claro que en ambos sitios hay amigos que se esfuerzan por dar a conocer mis publicaciones, me invitan a lecturas y seminarios. Quizás sea también a que no hago vida de escritor, yo mismo no me ‘marketeo’, como me dicen algunos peruanos, no estoy detrás de los críticos literarios rogando por una reseña. A veces quiero creer que mis libros no son lo suficientemente buenos y por eso a la crítica no le interesa ocuparse de ellos.
¿Hay fecha de publicación para su próxima novela? ¿Irá como siempre a promocionarla en Perú?
Hace unos meses atrás envié un nuevo manuscrito pero hasta la fecha no tengo respuesta. Se trata de una novela sobre la tradición oral de los aguaruna y lo he titulado: Koko Shijam, El libro andante del Marañón. Acabo de enviarla también a una editorial universitaria, espero con paciencia. En cuanto haya una respuesta, estaré coordinando la fecha de su publicación para ver la posibilidad de viajar a Perú y participar en su promoción. Mientras tanto, trabajo en otra nueva novela que la he titulado provisionalmente Elisa, con el corazón atado a tus pies. Es una historia de amor, de sexo salvaje, de libros y autores, redes sociales y con pinceladas de cultura y política en general. Y ordeno el material de la que será una novela que trate sobre los desaparecidos en los tiempos de la violencia política, la cual no empezó en 1982 sino que siempre estuvo presente en la vida del pueblo.
¿Cuáles son sus sueños o metas como escritor? Quizá, que una de sus obras llegue a ser un éxito en ventas.
Que la vida me alcance para terminar de escribir todos mis proyectos. Ojalá tenga también la suerte de gozar del éxito con alguna de mis publicaciones, sería chévere. Me gustaría que el pueblo peruano descubra mis libros, los lea y, si es necesario, que las meta al fuego por inservibles. A veces sueño que un libro mío se ha vuelto un éxito de ventas. Veo escaparates y estantes llenos con mis libros, fotos a todo color de mi rostro aindiado, con esa sonrisa entre tímida y bandida. Me veo firmando autógrafos y saludado en las calles por desconocidos que llevan en las manos uno de mis libros. Pero puntual el despertador cumple con su tarea de interrumpir mis sueños y la realidad me atrapa con todos su bemoles, siento al lado la suavidad del cuerpo de mi ‘jermita’ que me invita a medir la temperatura de su piel, entonces me olvido de mis sueños de grandeza, penetro en la hondura de sus manantiales y después de ese minuto y medio de felicidad oigo bajo su pie el humo de la locomotora...

Si quieren saber más del autor o su obra pueden pinchar los siguientes enlaces:
http://madeinalemania.blogspot.com/
http://www.latinosenelmundo.de/walterlingan.html


                       

lunes, 4 de julio de 2011

Sensi Romero: “La fantasía es mi musa”

Para ella la condición fundamental para hacer literatura infantil es sacar a pasear tu corazón de niño. No suena nada complicado, pero otra cosa es ponerse frente a una hoja de papel o un ordenador, y decirle a ese músculo sensitivo sal y  haz lo tuyo.  Pero para Sensi  Romero contactar con sus musas es tan sencillo como sucumbir a las emociones y sentimientos. Esta creadora valenciana es pura magia  y fantasía, y los niños la reconocen como una compañera de juegos  más.
Actualmente, triunfa con el libro “Un regalo muy especial” y fuera de los confines de España goza de un excelente prestigio que ya muchos y muchas quisiéramos tener.
La escritora  infantil, en especial, está cosechando grandes éxitos en México, país que considera su segunda casa, y por otro lado, su nombre ya es muy conocido en la colonia hispana de Chicago, donde sus obras se venden como pan caliente.

Con sus fans: los niños
Se ha acercado a los niños de formas diversas, pero es con el cuento que los niños llegaron a convertirla en su escritora favorita, ¿desvélenos el secreto de su éxito para con los más pequeños?

Creo que para conectar con los niños no hay secreto. Solo hay que ser como ellos quieren que seas, pero sobre todo en mi caso, es ser tal y como yo soy

También ha hecho teatro y poesía infantil, ¿por qué se decantó por los cuentos?

Siempre me ha gustado mucho el mundo de la literatura y sobre todo el mundo infantil. Inventar y crear historias para luego contárselas a los niños, es la forma más directa de llegar a ellos.

En uno de sus cuentos, “Mucho más que un sueño”, toca el tema del papel de los adultos mayores en la vida de un niño, ¿cuál es la importancia que cobra un abuelo o abuela en la formación de valores de un pequeño?

Creo que la figura de los abuelos es importantísima en la educación infantil. Ellos son sus grandes contadores de historias, y las dos generaciones tan lejanas en el tiempo, son muy cercanas en la forma de ver, sentir y transmitir sentimientos.

Usted escribe, pero a la vez, también le gusta leerles sus historias a los niños, ¿cómo es la experiencia?

Yo me lo paso muy bien en los encuentros de autor y en los talleres que hago con los niños. De ellos aprendo a cada momento y además tengo la oportunidad de convertirme un poco en niña y disfrutar de las cosas que hace mucho tiempo dejé de hacer.

¿Hay diferencias entre un auditorio español  y  uno latinoamericano?

Los niños son iguales en todos sitios. Sí es verdad que en Latinoamérica, tengo un público, no solo infantil, sino también adulto que están mucho más entregados a mi trabajo. Lo cierto es que,  tanto con los niños de aquí como los de allí, me siento muy a gusto.

Nos han contado que México es como su segunda casa, ¿piensa quedarse por más tiempo por allá en su próxima gira?

En México es en uno de los pocos países que me encuentro como en casa. Vivo con una familia que ya me ha “adoptado” y  me hacen sentir en casa. De momento, no pienso en quedarme allí. Sí estoy yendo más a menudo y más largas las estancias en el país. Pero de momento sigo haciendo viajes de ida y vuelta.

Al lado de la exitosa autora infantil
Está próxima a publicar otro libro de cuentos, ¿cuál es el título, de qué se trata, y cuándo sus pequeños lectores españoles podrán tenerlo en sus manos?

Todavía estoy con la promoción del libro “Un regalo muy especial”,  un cuento sobre los derechos del niño. El próximo libro saldrá en México en noviembre para la FIL, en España, me imagino que estará a la venta para navidad.  El título todavía no lo tengo muy definido, aunque ya estoy barajando algún nombre, y la historia no la voy a desvelar pero solo espero que guste mucho.

Usted es una escritora privilegiada, pues la escuchamos decir hace poco que sus musas nunca la abandonan, ¿es eso posible? ¿Qué pacto tiene con ellas?

Hay gente que hace un pacto con el diablo y yo lo hago con las musas. Es broma. Cuando digo que las musas no me abandonan es porque la historia que escribo la manejo a mi antojo. Piensa que al escribir para niños, sobre todo lo que necesitas es mucha fantasía, y para mí la fantasía es mi musa, Mientras no me abandone la fantasía, no me abandonaran las musas.

El mercado norteamericano en poco tiempo sucumbirá a su talento, ¿no es así? ¿Cuéntenos lo que está ocurriendo en Chicago?

Es todo muy difícil. Cuando hablamos del trabajo, hablamos siempre del resultado final, y la gente piensa que llegas y ya están todos esperando tu trabajo. Es cierto que para mi fue una gran sorpresa cuando un distribuidor de EEUU me dijo que mis libros estaban siendo muy bien aceptados en las colonias de habla hispana en Chicago. Eso está bien para seguir abriendo mercado y para no dormirte en tu trabajo.

¿Sigue componiendo? Tenemos entendido que tiene más de cien canciones registradas. ¿El contenido de éstas, también es infantil?

Sigo componiendo pero ahora menos. Casi todo lo que hago es para niños. Yo empecé en este mundo de la creatividad, escribiendo canciones. Grabé varios discos como compositora, pero luego cambié al mundo infantil que era lo que me gustaba, aunque me daba tanto miedo por la fragilidad del público. Los niños son agradecidos, sinceros, pero tenemos que tener cuidado con las cosas que les contamos y como las contamos porque aprenden rápido. Tanto lo bueno como lo malo.

Usted es de las personas que predican con el ejemplo, sabemos que una parte de la venta de sus libros se destina a diversas ONGs de ayuda a la infancia, ¿desde cuándo tiene esa vocación solidaria?

Desde mi primer libro estoy colaborando con estas ONGS que trabajan para niños. Es otra forma de escribir para niños y  seguir en contacto con el mundo real. Yo que tengo la oportunidad de estar con niños que lo tienen todo, no quiero olvidar que hay otros que no tienen absolutamente nada, y que somos unos privilegiados por tener lo que tenemos. No podemos olvidarnos que hay otra realidad.
¿Escribir para niños exige una condición especial?

Sí. Sacar a pasear tu corazón de niño, divertirte, emocionarte, alegría, sentir tristeza… con lo que escribes. Si no soy capaz de trasmitirme sentimientos mientras escribo, mejor lo dejo y escribo otra cosa. Me gusta trasmitir esos sentimientos para que el niño los despierta y sepa que el también los tiene.

Si desean saber más de la autora o su obra pueden  entrar en su página haciendo click en el siguiente enlace:
http://www.sensiromero.com/

lunes, 27 de junio de 2011

Ricardo Vírhuez Villafane: “Sueño con una narrativa adictiva”

Le encanta contar historias. Y es tan natural en él como caminar o subir una montaña. Con su literatura busca atrapar al lector, envolverlo en las redes de su magia y hacerle adicto a sus historias. Confiesa también que escribe para competir con su madre o su abuela, quienes sabían muy bien como encandilarlo con sus cuentos de demonios y espíritus.
Sobre su famoso personaje “Nina”, dice que nació para mostrarle al mundo de lo que son capaces de hacer las mujeres. “Soy feminista y  amo a las mujeres; es decir, odio el machismo, rechazo toda discriminación contra la mujer, y creo que las mujeres tienen los mismos derechos y oportunidades que los hombres. En un país tan machista y corrupto como el Perú, decirlo es una necesidad imperiosa, y defenderlo aun más”.
Les invito a conocer a este escritor, editor y promotor cultural (entre otras muchísimas cosas más) que mochila al hombro recorre el Perú difundiendo tanto su obra  como la buena literatura de sus colegas.

  • ¿Qué hace un abogado metido en la literatura y en las actividades culturales?
-Yo empecé a escribir cuando era niño, y a los 17 años gané mis dos primeros premios nacionales de literatura, de cuento y ensayo. En esa época, teníamos un grupo cultural en mi distrito (San Martín de Porres, de Lima) llamado “Vientos del pueblo”, que llegó a tener siete grupos de música folclórica y tres de teatro, e hicimos concursos de poesía y encuentros teatrales masivos. Después ingresé a la universidad. Qué hace un escritor que se mete a estudiar Derecho y Ciencias Políticas, y después Lingüística, sería la pregunta adecuada. Y me faltó estudiar otras carreras, como arqueología o biología, que las hubiera seguido si hubiese tenido plata y tiempo.

  • Se identifica mucho con la cultura selvática y eso se observa en su obra. Cuéntenos un poco al respecto.
-A los nueve años más o menos leí la novela “Sangama”, de Arturo Hernández, y eso me marcó para siempre. Es un libro pleno de aventuras con animales salvajes, selvas exóticas y peleas de sobrevivencia, que me llenaron la imaginación y me hicieron prometer que algún día conocería la Amazonía. Y así fue. Primero viví tres meses en Tarapoto, selva alta. Luego fui por dos semanas a Iquitos, y me quedé siete años, recorriendo ríos inmensos, conociendo pueblos indígenas, mientras estudiaba la vasta literatura amazónica y escribía ensayos y novelas. A menudo viajo a Pucallpa o Iquitos, y para mí es como volver a casa simplemente.

  • Siempre está en constante movimiento, y es de los pocos escritores que por cuenta propia viaja a promocionar su obra y a participar en actividades literarias, ¿no es así?
-Por lo que sé, la mayoría de escritores estamos fuera del mercado editorial y del márquetin mediático, por lo que solo nos queda presentar nuestros libros en distintas ciudades y agotar las ediciones con esos encuentros directos con el público. Además, los talleres de narrativa y las conferencias literarias son parte de esos encuentros y asumo mi trabajo literario dentro de esa multiplicidad de caminos, casi como un trovador moderno. No me atrae el mundo académico, de modo que tengo la libertad de viajar y conocer ciudades increíbles y personas maravillosas, y escribir sobre ellas. Por suerte, en el Perú hay muchos encuentros de escritores en un solo año, y siempre estamos lejos y cerca, con nuestros libros a cuestas, llevando no solo nuestra creación, sino también nuestros pensamientos e ideas.

  • ¿Proviene de una familia de artistas? ¿Cómo nace en usted la inclinación por hacer literatura?
-Mi primo es artista, el famoso Quispejo, el pintor más plagiado en toda la historia de la pintura peruana, y espero no serlo yo en literatura. Pero ya sabes que en las culturas andinas la música, las danzas y el folclore son parte de nuestra vida diaria, nos alimentamos de ellos, vivimos de ellos. En cuanto a mi formación de escritor, los culpables son la buena lectura y la escritura precoz. Y algo más importante: la literatura oral de mi madre, mis tías y mis abuelas. Las mujeres mayores casi siempre son formadoras de los escritores, con sus cuentos alucinantes y sus historias que llenaban nuestra imaginación infantil y nos marcaban para siempre.

  • ¿Qué busca lograr con su trabajo literario? ¿Le mueve un sentido de trascendencia?
-Me gusta contar historias, igual que me gusta caminar y ascender montañas. En mi obra literaria, si algo busco, solo es atrapar al lector, envolverlo con mis cuentos, engañarlo con mis trampas técnicas sin que se dé cuenta, escribir para competir con mi madre o mi abuela que sabían tenerme en vilo con cada cuento de aparecidos y demonios. En fin, me resulta imposible ser edificante o trascendente. Soy un poco más modesto y creo en la magia de la literatura.

  • ¿Es un escritor de horarios establecidos o se pone manos a la obra cuando le viene la inspiración?
-Si pudiera tener horarios establecidos, lo haría, sería un reloj. Casi siempre escribo de noche, cuando el silencio es cómplice y no suena el teléfono ni ladra la perra enana de mis hermanos. O cuando no hay nadie en casa. Y para descansar, simplemente escribo otra novela. Eso me motiva más. Pero eso sí, antes de empezar con una historia, ya la tengo resuelta y planificada en mi cabeza o en mi cuaderno de notas. Nunca escribo al azar. Siempre arrojo mis redes al mar sabiendo todo o casi todo lo que va a ocurrir en mi novela.

  • Obviamente, la lectura es parte de su vida. ¿Cuántos libros lee anualmente?
-Antes leía media docena de libros a la semana; después, media docena al mes. Ahora, solo leo lo que me gusta y releo bastante. Si me llega algo que no cubre lo que mínimamente considero literatura, lo abandono de inmediato. Me encantan los libros de ciencias, de lingüística y de historia y sobre todo de arqueología, con ellos no soy exigente. Y es que ya aprendí que solo la buena literatura produce buena literatura.

  • El personaje de Nina representa mucho para usted. ¿Cuándo y en qué momento apareció en su obra?
-Justo una niña pequeña me hizo esa pregunta en Ayacucho. Le dije que soy feminista y que amo a las mujeres; es decir, odio el machismo, rechazo toda discriminación contra la mujer, y creo que las mujeres tienen los mismos derechos y oportunidades que los hombres. En un país tan machista y corrupto como el Perú, decirlo es una necesidad imperiosa, y defenderlo aun más. Por ello, Nina es una jovencita que vive aventuras de nuestro tiempo, que sabe resolver problemas con su inteligencia y astucia, que es bella y misteriosa, que es una manera de mostrarle al mundo –mediante la ficción– todo de lo que son capaces de hacer las mujeres. Y por último, mi hija menor se llama Nina, y tiene los ojos hermosos y el jodido carácter de un personaje literario.

    Durante uno de sus viajes por la Amazonía peruana
  • Últimamente están de moda los talleres de escritura. A su criterio, ¿un escritor nace o se hace?
-El único nacimiento que tenemos es el que viene después de la gestación de nuestras madres. Si nos abandonaran en una cueva, no sabríamos hacer nada, más que dar gritos. Sin civilización, sin cultura, es decir sin aprendizaje, no seríamos nada de lo que somos. En el Perú ninguna universidad enseña el arte de la ficción o la escritura creativa, así que debemos aprender a golpes y caídas. El aprendizaje es largo y doloroso. Somos empíricos por tradición. La literatura peruana es precisamente un mosaico de obras fallidas, sobre las que resaltan las obras de nuestros genios literarios, como Vallejo o Arguedas. Si el escritor no aprende, su obra será el reflejo de su propia ignorancia literaria. Cuando estuve en Nueva York, comprendí que ahí enseñaban desde poner el título hasta evaluar diversos desenlaces según la lógica interna del relato. Todo había que aprenderlo. La literatura era una disciplina con miles de años de tradición que los escritores debíamos aprender, incluyendo trucos, recursos, técnicas, es decir, todas las trampas para que el lector pueda caer como un pajarito en nuestras redes. No conozco a ningún escritor que haya nacido sabiendo todo eso. Hay que aprender; o mejor, aprender a aprender.

  • Nos cuentan que también hace poesía. ¿Le dedica tanto tiempo como a los relatos? A propósito, algunas(os) contamos que tenemos que sufrir para escribir poesía, ¿le ocurre algo similar?
-La poesía es una amante difícil. A diferencia de la narrativa, presenta batallas con el lenguaje totalmente distintas. Así como se requiere “oído” para la música, también se necesita oído para la poesía, y no sé si soy muy orejón, pero mi poesía solo la recomiendo antes de dormir. Cuando empecé a escribir poesía con una facilidad sospechosa, comprendí que solo hacía versos. Entonces me confronté con monstruos de la poesía como César Vallejo o Juan Ramírez Ruiz, y me vi demasiado enano. Por eso solo publiqué un único libro de poesía llamado “Voces”, poemas breves y amorosos, que aunque ha tenido dos ediciones me parece que ya pasó a mejor vida.

  • ¿Sigue haciendo teatro?
-El teatro sí que ha sido una parte importante de mi vida. Lo hice desde antes de la universidad, después formamos un grupo de teatro universitario, experimental y colectivo, y finalmente me dediqué a la dirección de diversos elencos. Decidí seguir relacionado con el teatro mediante la redacción de piezas para teatro, como “El cielo azul”, que ganó un concurso universitario en Iquitos. Sin embargo, no he podido hacerlo. Más bien me ocurre algo curioso: las novelas para niños que escribo actualmente las visualizo teatralmente, será por eso que son dinámicas y plásticas, totalmente adaptables a la escenificación. Extraño el teatro, no lo puedo negar.

  • Tiene una empresa editorial. ¿Qué le pide a quienes quieren publicar con usted?
-La empresa editorial es un complemento a mi trabajo literario, y primero surgió para justificar la publicación de la Revista Peruana de Literatura, y después para promover mis colecciones de novelas infantiles de Nina y Rumi. Ahora doy servicios editoriales, pero con algunas salvedades. Es que el trabajo editorial requiere, al igual que la literatura, de un trabajo serio. Hay muchas editoriales jóvenes que publican sin criterio profesional; y cuando al autor solo le importa que su nombre salga publicado, el resultado es bastante penoso. A eso hay que sumar el hecho que en el Perú no existen distribuidoras y las librerías son mínimas. Por lo tanto, la difusión y venta de los libros es un problema monumental. Hay varias salidas para eso, pero todo se puede solucionar con la cooperación activa entre editor y autor.

  • La tarea del escritor, dicen, es más complicada que la del empresario editorial. Si tendría que quedarte solo con una, ¿por cuál se decantaría?
-Definitivamente, me quedaría como un simple escritor que escribe y lee, y se pasa la vida viajando. No olvides que ser editor en el Perú, salvo excepciones, es un camino inevitable, una necesidad, ya que publicar libros no tiene ninguna facilidad y debemos cubrir las enormes carencias de las editoriales. En otras palabras, somos editores porque los verdaderos editores no quieren serlo. Publicar y vender el libro, con profesionalismo y buen gusto, esa me parece la esencia del trabajo editorial, que los editores peruanos no quieren asumir. Por eso muchos escritores nos metemos a editores. Pero con gusto volveríamos a escribir solamente.

  • Un sueño como escritor…
-Tengo un sueño, que estoy logrando de alguna manera con los niños: escribir libros que atrapen al lector. Libros para viajar muy lejos. Libros que gusten releerse. Libros adictivos. En otras palabras, lograr la magia de los maestros que tenían en vilo a los lectores con sus historias maravillosas.

Si desean saber más del autor o su obra pueden hacerlo haciendo clik en el siguiente enlace:
                  http://pasacalle.blogspot.com/ 


        

lunes, 20 de junio de 2011

Ximo Rochera: "Dejé mi profesión de químico y un trabajo que me absorbía muchas horas para dedicarme a escribir”

Haciendo acopio de paciencia y mucha fe, el escritor valenciano Ximo Rochera se ha lanzado a la aventura de autopublicar su novela y a responsabilizarse de su distribución.
“La obra se titula “Donde tú estabas” y aprovecha cualquier espacio cultural de difusión para promocionarla.
Rochera tiene la completa seguridad de que la trama de su novela  cautivará  a los lectores  debido a que cualquiera podrá identificarse con los personajes y porque, además, toca aspectos de la vida cotidiana.
Este escritor autodidacta dejó  a un lado su profesión de químico,  se liberó de un trabajo que lo absorbía casi todo su tiempo, y se entregó lleno a lo que más le apetecía hacer: escribir.
Conozcamos un poco más de su historia. Los invito a conocerla.
 Estamos frente a tu segunda producción. Antes fue “Semillas de amapola”, un libro de relatos, y ahora tenemos la novela “Dónde tú estabas”, ¿qué diferencias hay entre una y otra?

Hay diferencias muy grandes, pero también grandes similitudes. Los relatos son más espontáneos (como la poesía) y también como ésta, más surrealistas. Expresan más una inquietud interior, la manera en la que yo veo la vida… La novela, como toda novela, es más elaborada, los personajes son más complejos y trabajados, pero tiene en común con los relatos la forma de preparar el final: sorpresivo e inesperado. Esto es algo que se podría decir que me caracteriza.

El hecho de que la trama de la novela se desarrolle en La India, y el protagonista sea alguien que no pertenezca a esa cultura nos motiva a pensar que se trata de un libro de autoayuda o espiritual, ¿qué hay de cierto en esta interpretación hecha un tanto a la ligera?

Si entendemos por autoayuda un libro que pude ayudar a alguien, todos los libros tendrían una parte de autoayuda; pero, desde luego, ese no es el objetivo. El hecho de llevar a Mario a La India tiene algo de premeditado, ya que de esta forma se confrontan las dos culturas de una forma muy sutil, restando importancia a todo aquello que desde occidente nos pueda parecer como inapelable e inalterable. Sí que es verdad que al evolucionar junto a los personajes, junto a su proceso interior, puede servir a alguien para identificarse. Pero, ¿cuándo no nos identificamos con alguno de los personajes de una novela? Quizá esa es la parte que diferencia a un libro de una película.

Dijiste en tu presentación que tenías en mente  hace mucho escribir una novela y que súbito una madrugada te vino la inspiración, ¿el producto es realmente lo que esperabas?

El resultado siempre es lo que esperas, pero nunca acaba de cumplir las expectativas. La prueba de ello es que no volvería a escribirla de la misma forma. Eso es algo que le ocurre a todos los escritores, creo. Lo mismo que Ana, en un momento de la novela, expresa que no cree en las segundas oportunidades, una novela tiene su tiempo y una vez  finaliza ese tiempo (de escritura, quiero decir) ha acabado. Comienza una segunda parte que es la de darle difusión.

¿Qué nos pueden aportar Mario y Ana, los protagonistas de tu novela?

Sobre todo, al ser dos personajes muy actuales y muy reales, nos pueden aportar una imagen de nosotros mismos. A veces no es tan fácil mirarse al espejo y reconocerse. Creo que estos dos personajes, e incluso Natalia y Anil nos pueden acercar a nuestra propia realidad.

Eres licenciado en Ciencias Químicas, ¿cómo alguien con esa formación llega a la literatura?

No es que a partir de esa formación llegues a la literatura. La literatura ha formado parte de mí siempre. Desde pequeño viendo a mi padre devorar los libros tomé esa costumbre. Recuerdo que a los quince años tuve que decidir si estudiaba letras o ciencias y me decidí por las ciencias, tras muchas dudas. No me mostré nunca descontento con la elección, como tampoco nunca dejé de leer y de escribir notas en libretas que luego amontonaba.

¿Formaste parte de algún taller de escritura o eres autodidacta?

Soy autodidacta. Cuando dejé mi profesión de químico, estudié oposiciones y liberado de un trabajo que me absorbía todas las horas del día, me sentí libre para hacer lo que en ese momento me apetecía: escribir.

¿Cómo definirías tu estilo?  ¿Tienes algún referente en la literatura?

Referentes tengo muchos: Vila-Matas, Roberto Bolaño, Dostoievsky, Kafka, Chejov, Borges, Galeano, Cortazar,… Pero no por ello mi estilo tiene nada de parecido a ellos, sobre todo en esta primera novela. Quizá tenga más de Juan José Millás que de estos otros, por sus diálogos ágiles e incisivos.

Eres un escritor sin el respaldo de una editorial ni de una distribuidora, ¿cómo piensas manejar estos dos grandes inconvenientes?

Pues con mucha paciencia y mucha fe. Con la esperanza de que es un proceso lento, pero que poco a poco iré consiguiendo aquello que anhelo, y que no es otra cosa que poder difundir mi obra.

¿Qué esperas alcanzar con “Dónde tú estabas”?

Espero que poco a poco se hable de ella, que les guste a los lectores y que me abra el camino hacia una editorial (por su capacidad para distribuir).

¿Los lectores tendrán la oportunidad de conocer a Ximo Rochera a través de las páginas de tu novela?

La respuesta es no. No, pero sí. Me explico, no es una novela autobiográfica, ni mucho menos, pero un escritor se nutre de sus vivencias, por lo que aquellos que me conocen ven algunas pinceladas autobiográficas. A Juan Marsé le preguntaron lo mismo y contestó que ninguna de sus novelas es autobiográfica, pero que leyendo toda su obra se le conocía muy bien. Al ser mi primera novela puede que sea algo más personal. Actualmente estoy acabando mi segunda novela “Mi vida sobre ruedas” y en ésta me siento menos representado que en “Donde tú estabas”.


Más información sobre el autor y su obra en:
http://ximorochera.blogspot.com/