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domingo, 26 de abril de 2015

Mila Villanueva: “Estoy implicada con cualquier filosofía que rinda culto a lo sagrado”

Hace unos días sorprendió a sus lectores y a la crítica con un poemario que se basa en algunos pasajes de Los Evangelios, pero en su proyecto no había un afán  catequizador, le parecieron bellos y dignos de resaltar, y se lanzó a la tarea. La poeta Milla Villanueva es inspiración, arte y filosofía. Eso es lo que nos deja la también haijin en su hermoso poemario Bajo la luna de Kislev.
¿Qué tanto poder tiene la Luna sobre ti para que la hayas tomado en cuenta en el título de tus dos últimos poemarios: A la luna de Valencia y Bajo la luna de Kislev?
Supongo que tiene poder en todo y en todos: las mareas, las cosechas, los partos, la misma muerte. En todo ello tiene algo que ver la Luna y por supuesto en nuestro universo femenino. Y pienso que también en nuestras rachas de inspiración. Sin embargo, el hecho de coincidir en el título de mis  libros ambos con la Luna no ha sido un hecho consciente.
En A la luna de Valencia, quise describir el estado de “intemperie” en que cada persona se encuentra cuando llega a una nueva ciudad.  Pero también tiene que ver algo con el homenaje a la Luna que en estos momentos me cobija. La hermosa Luna de la ciudad que he elegido para vivir.
En cambio la luna Kislev es la luna nueva de Sagitario, que parece ser regía la noche en que nació Jesús. Según la rabina Karina Finkielsztein  el tiempo de la luna de Kislev es un  tiempo de luz y transmutación. Como dice Antonio Praena en su prólogo "tiempo de reinauguración de la casa y el santuario, tiempo de hogueras y candelas, tiempo de poner luz en medio de las oscuridades cotidianas".
En realidad casi nunca elijo los títulos de mis obras sino que dejo que ellos mismo se me revelen y en ocasiones son para mí misma una sorpresa.
En su obra  A la luna de Valencia quiso hacer un homenaje
a la tierra que la ha acogido
Empecemos por  A la luna de Valencia que está escrito en dos lenguas: castellano y valenciano, ¿había algo que rescatar o reivindicar?  ¿Cómo asumiste esta creación hecha en haikus?
Ya había escrito anteriormente un libro de haikus denominado Na Distancia, en gallego y castellano, como homenaje a mis ancestros y a la tierra en la que nací. A la luna de Valencia es en cambio un homenaje a la tierra que me acogió y quise hacerlo en las dos lenguas puesto que el valenciano es la lengua que se habla en esta comunidad.
El poeta Rafael Correcher en el prólogo expresa “es pura celebración y también encuentro, contraste de culturas e impregnación...” ¿Cuánto de tu esencia gallega y hogar mediterráneo hay en sus páginas?  ¿Querías agradecerle a Valencia el hecho de acogerte y hacerte suya?
Efectivamente es un poemario de agradecimiento y también de descubrimiento, muestra la sorpresa que nos espera en cada calle, en cada jardín, en cada esquina que doblamos. En los nuevos perfumes que nos impregnan y en la nueva luz que nos despierta cada mañana. Claro que mi alma gallega está también ahí, no puedo desprenderme de ella, tal vez, en algunos haikus que hablan de saudade. Es cierto que hay contraste, pero también similitudes entre las dos lenguas y las dos culturas, en algunas de sus costumbres y formas de celebración de la vida.
¿Quién o quiénes te ayudaron a traducir tus haikus al valenciano? ¿Demandó mucho trabajo?
La traducción al valenciano corrió a cargo de mi hijo Gustau Pérez, muy comprometido con la ciudad desde Participación Ciudadana y por lo tanto conocedor de los barrios de la ciudad y supervisado por dos profesores de valenciano, uno de ellos Josep Micó, también haijin, y la poeta Inma López Pavía a los que desde aquí expreso mi agradecimiento.
En tu papel de haijin, ¿cómo te ves a ti misma dentro del universo del haiku? ¿A qué le rindes un homenaje permanente?
Supongo que a la belleza aunque resulte un tópico decirlo. Me veo integrada dentro de esa forma de poesía muy japonesa y que resuena con mi modo de ser y de vivir. Es un culto a la sencillez.
El belleza del haiku  resuena en su modo de ser y vivir
¿Hay un momento preciso para dejarse llevar por el haiku? ¿Lo buscas o simplemente se presenta y demanda tu atención?
En mi caso se presenta a su antojo, el haiku como toda forma de poesía es caprichoso y debemos esperar a que llegue, nos sorprenda y nos invada.
En lo físico y espiritual, ¿qué te aporta el haiku?
Me aporta serenidad, descubrimiento y concreción. También me hace estar atenta a lo que ocurre a mi alrededor y me lleva hacia la reverencia por todo lo creado.
¿Qué tipo de haiku cultivas y cómo evalúas tu trabajo?
Practico el haiku clásico y en ocasiones el haiku urbano, con medida, kigo, y sorpresa final, pero en estos momentos he declinado hacia el poema más largo, aunque conserva algunas características del haiku como el yugen o misterio y la valoración del instante o de un instante concreto.
Hace muy poco diste la sorpresa con la publicación del poemario Bajo la luna de Kislev? En verdad nadie esperaba un libro basado en Los Santos Evangelios, ¿qué te condujo a hacerlo?  Lo destaco porque entiendo que estás muy implicada en la filosofía oriental y a nadie se le hubiera pasado por la cabeza semejante iniciativa o proyecto.
No estoy implicada solamente en la filosofía oriental sino en cualquier filosofía que rinda culto a lo sagrado, Buda no es patrimonio solo de los budistas como Cristo no es solo patrimonio de los cristianos. Por otro lado, me pareció que los pasajes del Nuevo Testamento guardaban una gran fuerza y belleza poéticas, en ese caso me impregné de otros poetas que también escribieron sobre el tema, como por ejemplo José Watanabe que además de ser de ascendencia japonesa y escribir haikus tiene una maravillosa obra sobre la figura de Jesucristo titulada Habitó entre nosotros.
Junto a Gloria de Frutos, Juan Luis Bedins y Rafa Correcher
durante la presentación de A la luna de valencia
Justamente al respecto, tu prologuista, el escritor y sacerdote Antonio Praena lo expresa de la siguiente manera: “Es el de Milagros un libro valiente. ¿Quién en su sano juicio literario, se atrevería a publicar en estos tiempos un poemario articulado por completo en torno a la figura de los Evangelios?”  ¿Qué esperas conseguir con tu obra y sobre todo a quién realmente está dirigido?
Realmente no me he planteado conseguir algo en concreto, está dirigido a cualquier público interesado en poesía porque se puede ver como un poemario en sí mismo dejando a un lado el tema religioso. El poeta Antonio M. Herrera dice al respecto: “Aunque muy alejado del misticismo religioso, he disfrutado, como se dice en el prólogo, de un viaje poético-cultural muy bello”. Sí que he observado de todos modos que entre las nuevas generaciones o poetas más jóvenes la Historia Sagrada es una gran desconocida por lo que no pueden entender al completo el sentido de los poemas.
¿Cómo han recibido tus lectores Bajo la luna de kislev?  ¿Qué fue lo primero que te dijeron?
La primera impresión fue de total sorpresa. Ha sido muy bien acogido y me siento muy satisfecha, mucho más de lo que pudiera esperar y eso que aún no he concluido con las presentaciones. Pero quisiera resaltar aquí un párrafo de la presentación de la poeta Pilar Verdú que dice: “Agradecidos estamos a Mila, por haberse atrevido a escribir "Bajo la luna de Kislev", por prestarse así a ser "enluarada", preciosa palabra de su Galicia natal que quiere decir más o menos "llena de luz de luna”.
Y tus colegas escritores ¿qué te comentaron? ¿Hubo algunas voces críticas?
 Es posible que sí pero no han llegado hasta mí. En general me animan a continuar con el poema largo y tal vez a hacer un segunda parte de  A la  luna de Kislev.
Con la autora de la entrevista 
¿Tuviste dudas en cuanto a su publicación una vez que diste por terminada tu labor de redacción? ¿Buscaste consejo?
Sí, busqué consejo en Elena Escribano, profesora de poesía en el Taller Polimnia 222 de la Universidad Politécnica de Valencia. También en el poeta Vicente Gallego que revisó mis textos y por supuesto en Antonio Praena. Todos ellos me animaron a publicar el libro, aunque eso sí, suprimiendo algunos textos que no estaban a la altura en su consideración. Les estoy profundamente agradecida.
Es obvio que eres una mujer de fe, pero ¿qué destacas más en tu obra, su valor literario o religioso?
Su valor literario, lo religioso es solo una connotación.
Sé que Bajo la luna de Kislev  alude a un tiempo de milagros y bendiciones, háblanos de esto.
Los milagros y bendiciones ocurren todos los días, sin embargo parece que vivimos ajenos a ellos. Estamos acostumbrados a lo trágico. Pero todos los días alguna mujer da a luz, todos los días cantan los pájaros, nace una rosa en algún balcón, llueve o amanece en la playa cercana. Florecen los cerezos y los almendros en esta primavera que nos desborda, llega un tren a su destino, aparece una oportunidad que no esperábamos…Cada día alguien te sonríe o te dice gracias por algo pero nos sentimos indiferentes ante la maravilla.
 ¿Cuál es el sentido que le das a tu obra teniendo en cuenta ese marco tan especial?
No le he dado un sentido especial más que relatar unos pasajes que me parecieron bellos. No pretendí hacer una labor evangelizadora, no soy una iluminada. Ni siquiera me considero devota.
¿Con qué actitud debemos acercarnos a tu poemario?
Creo que con la actitud que requiere cualquier libro de poesía.
¿Qué ha significado para ti en lo espiritual  y en lo literario  Bajo luna de Kislev?
Todavía no lo sé muy bien porque es un libro joven y tiene aún que promocionarse, pero sí me ha servido por el momento para darme a conocer en mayor profundidad y en otra forma diferente de escribir.
Mila, ¿habrá otra luna de Kislev para la humanidad?
Claro que sí, quedan muchas lunas de esperanza y de bienaventuranza.

Si desean saber más de la autora o su obra
pueden pinchar los siguientes
enlaces:
http://concilyarte.blogspot.com.es/p/mila-villanueva-poeta.html
http://conciliadosmila.blogspot.com.es/p/mila-villabueva.html
http://milavella.blogspot.com.es/
http://lastura.org/category/mila-villanueva/


sábado, 11 de abril de 2015

David Roas: “Yo siempre estoy buscando lo extraño e inquietante… o lo grotesco”


Visitar Lima y sumergirse en el delirio de lo que es y puede llegar a ser alimentó su mente ya de por sí imaginativa. Su infernal tráfico, sus movimientos sísmicos y la forma peculiar de su gente fueron el detonante para ser escribir lo que sintió mezclándose en su rutina, respirando el aire de todos y alucinando con sus contradicciones.  Eso y mucho más encontró  en tierras incas el escritor David Roas para dar rienda suelta a su creatividad y gestar el libro Bienvenidos a Incaland (Editorial Páginas de Espuma), en el cual narra su experiencia en vivo y en directo con la ciudad y sus habitantes, como bien dice,   “enfrentado a la realidad (y la ficción) de ese nuevo espacio en el que me movía”.
Pero el autor catalán no escarmentó, regresó a Perú cuando su libro ya estaba casi terminado, y permaneció entre Lima y Cusco por espacio de dos meses. Por eso, él habla (y ficciona)con conocimiento de causa... ¿O no?
Aunque tu intención no era describir de manera objetiva lo que es Lima o Cusco (algo de Perú) has logrado mostrar mucho de la idiosincrasia peruana en general en tu obra Bienvenidos a Incaland, ¿por qué  te decides a escribirla? ¿Hubo varios viajes de por medio?  ¿A través de quiénes llega a ti información sobre las particularidades de la gente de mi tierra?

Debo decir que más que captar esa idiosincrasia, lo que me movió a escribir el libro fue contar lo que yo experimenté enfrentado a la realidad (y la ficción) de ese nuevo espacio en el que me movía. El libro surge de un viaje que hice en 2008 a Perú, el cual me permitió pasar una semana en Lima y otros cinco días entre Cusco y Machu Picchu. En 2011, me instalé con mi mujer en Lima durante dos meses, pero confieso que el libro ya estaba casi acabado: ese nuevo viaje sólo me dictó los tres microrrelatos que aparecen recogidos en la parte del libro dedicada a esa ciudad. Mi primera experiencia fue vertiginosa en todos los sentidos, puesto que en esa escasa semana en Lima pude vivir la ciudad intensamente, conocer a muchos amigos (con los que sigo muy en contacto), descubrir excelentes escritores y escritoras… y dejar volar la imaginación de forma considerable, eso sí, a partir de las muchas aventuras –más o menos delirantes- que me salieron al paso.

El autor catalán supo potenciar  una
realidad extraña e incomprensible
Te decía en mi primera comunicación para que me concedieras  esta entrevista que el peruano es muy consciente del mundo surrealista en que vive y de las situaciones inverosímiles que le acontecen. Así es común escuchar que el Perú es Macondo y que solo falta que llueva para arriba,  ¿qué tan alucinante te pareció a ti, un escritor de literatura fantástica, por ejemplo, el universo limeño, aparte del tráfico y las combies?

Me gusta esta pregunta, porque uno de mis objetivos era escapar del –excesivo- peso que tiene el realismo mágico cuando se mira a Latinoamérica desde fuera (bueno, también desde dentro… qué hartura). Por eso escogí lo fantástico y el humor grotesco: no sólo por mi tendencia natural hacia esas dos categorías (tanto en la ficción como en mis investigaciones académicas), sino porque no quería caer en el banal tópico de considerar que Perú (o Latinoamérica en general) sólo puede ser narrada como si fuera un lugar sumergido en la maravilla. El Perú que yo exploro se basa en la realidad que yo contemplé: una realidad distorsionada para mis ojos extranjeros, a la que yo añadió mi propia distorsión. El tráfico delirante, por ejemplo, es algo normal para un limeño; yo lo convertí en un fenómeno fantástico para poder compartir con los lectores la extraña (y algo de inquietud) que sentí en mi primer viaje en taxi. O al vivir un pequeño terremoto. Todo el libro se basa en ese juego: potenciar una realidad extraña, a veces –lo confieso- incomprensible, mediante los efectos distorsionadores de lo fantástico (que siempre se apoya en la realidad más cotidiana) y del humor. Tras ese juego fantástico-grotesco, creo que he logrado comunicar algo de la delirante cotidianidad de Lima, Cusco y Machu Picchu.

Lima con su característico  cielo panza de burro la mayor parte del año, ¿te ayudó a captarla  más rápido en toda su dimensión? ¿Cómo la has percibido?

Ayudó a fomentar la extrañeza. Visitar la ciudad en vuestro invierno, mientras en Barcelona estábamos en pleno verano (agosto), incentivó la distorsión: yo venía del sol, del calor, y pasé a ese gris húmedo a veces depresivo. El peso del cielo, el Pacífico que se funde con las nubes, le dan a Lima un aspecto algo inquietante.

 Adentrarse a conocer más a fondo un país que no es el tuyo,  solo y de la mano de un mapa, es de por sí, toda una aventura y hasta casi una locura. Para acometer algo así, es necesario ¿qué condiciones a tu parecer? Porque hay mucho que arriesgar, como mantenerse lúcido y confiado mientras te pierdes de noche por las calles de Miraflores,  y transitas por zonas donde hay escasa luz, no ves carteles que indican dónde estás, y ni siquiera aparece un alma que te pueda sacar del apuro, ¿no es así?

Confieso que fue mi primer viaje realizado de verdad en solitario… bueno, la parte de Cusco y Machu Picchu, porque en Lima me esperaban investigadores sobre lo fantástico, conocí, como te decía, a estupendos escritores… Los pocos ratos que pasé a solas los transformé en el cuento “Universos paralelos”, donde me pierdo en un barrio de Miraflores que se convierte –como Lima- en un espacio infinito. Cusco y Machu Picchu sí los explore en solitario. Una experiencia increíble, tanto por lo que visitaba como por hacerlo de verdad a solas: como digo en el libro, eso te hace estar demasiadas horas contigo mismo, y no es raro que la imaginación empiece a descontrolarse, estupendamente excitada por esos dos lugares alucinantes. Todo depende, claro está, y esto es algo que siempre destaco, de los ojos con los que mires la realidad: yo siempre estoy buscando (o me asalta) lo extraño e inquietante… o lo grotesco.

Admite que llevaba una mochila de expectativas cuando
visitó Cusco
El personaje de tu libro que no tiene nombre (no llegas a identificarlo), pero doy por hecho que eres tú, vive su viaje más en su mente, rememorando otras obras, autores, películas, canciones, etc., ¿tu cabeza funciona así? ¿Siempre asociando los hechos de tu presente con experiencias anteriores? ¿Fantaseas mucho?

Sí, la verdad es que no me escondo, aunque el libro no habla de David Roas, sino, como decía antes, de transmitir mis experiencias y delirios durante ese viaje. Y para transmitirlas no sólo echo mano de lo que veo o imagino, sino de toda la ficción que he consumido y consumo y que es parte consustancial de mi identidad, de mi forma de ver y habitar la realidad. Por eso el personaje (yo) siempre acaba comparando lo que le ocurre con alguna ficción que ha consumido, porque en ellas está mi medida del mundo. Al cabo del día consumimos tanta (o más) ficción como realidad, es imposible escapar de su influjo… A lo que hay que añadir, como ya he comentado, mi propia imaginación distorsionada, siempre inmiscuyéndose en mi relación con lo real.

Declaraste que en Cuzco y Machu Picchu, tuviste la sensación de estar en la dimensión desconocida, supongo que ibas con una serie de expectativas, alimentadas por historias sobre la mano creadora de los extraterrestres o de hechos sobrenaturales de toda índole que te contaron, ¿cuál fue tu experiencia real? ¿Qué tanto te impactó la ciudad y las ruinas?

Llevaba una importante mochila de expectativas, pero no ligadas a lo sobrenatural o extraterrestre (aunque no obvié ese material). Eran dos lugares que siempre había querido visitar de niño gracias los documentales de la televisión. Cusco, sobre todo las ruinas de Saqsaywamán, por sus piedras imposibles; y Machu Picchu por su situación, por su historia… Unas expectativas que chocaron con la maldita realidad del turismo imbécil y del capitalismo desbordado. Los cuentos sobre esos dos lugares son los que más carga política tienen. No significa que sobre Lima no se pudiera hacer lo mismo (ahora me gustaría escribir algo sobre el alcalde y su pasión por el color amarillo, por ejemplo), pero en Cusco y Machu Picchu me sentí mal por saberme parte de ese enjambre de turistas que han convertido dichos lugares en un parque temático: de ahí el Incaland del título. La nueva Disneyland.

Confiesa que concurre a restaurantes peruanos con mucha
frecuencia
El mate de coca y la cerveza Cusqueña ayudan a trasponer muchas puertas mágicas, ¿experiencia real o pura ficción?  No me ha quedado, claro, ja,ja,ja

Todo verdad, por supuesto. Al mate de coca no he vuelto (lo mío es el café bien negro), pero a la Cusqueña sí: en Barcelona y en Madrid hay estupendos restaurantes peruanos que debo visitar cada poco… Como un yonqui.

Un escritor de literatura fantástica que por naturaleza eres tú, ¿se alimenta de su propia imaginación, de los personajes o situaciones que crea por cuenta propia en su cabeza o por los estímulos con que se topa en la realidad externa, por decirlo así?

La realidad es tan extraña (en todos lados) que no cesa de dictarte historias… claro que hay que saber mirar esa realidad. Yo lo hago desde mi propia distorsión, conformada por mi propia imaginación y todas esas ficciones que uno no ha dejado de consumir desde niño. Raro es el cuento que no parte de una experiencia real que yo he vivido, incluso muchos de las más delirantes. Ciñéndonos a Bienvenidos a Incaland, detrás de todos los cuentos está una situación real que yo viví (en la primera versión del libro, cada cuento iba acompañado de una foto que yo mismo tomé, como testimonio real… pero después preferí dejar al lector a solas con los cuentos). Insisto en lo que antes planteaba: lo fantástico y el humor son dos excelentes formas de mostrar la distorsión de la realidad, el caos delirante en el que vivimos y el absurdo que somos.

¿Cómo decides introducir en algunos pasajes de tu libro a escritores peruanos (notables por cierto) como Fernando Iwasaki y Fernando Ampuero?  ¿Los une amistad de tiempo atrás? ¿Fueron ellos los que te mostraron Lima?

A Iwasaki lo conozco desde hace unos años y somos muy buenos patas (amigos), y era imposible no meterlo en el libro. Como a otros excelentes escritores (y amigos) que fui conociendo en esos dos viajes: Pepe Donayre, Pepe Güich, Carlos Calderón Fajardo…. A Ampuero sólo lo he leído… La presencia de todos ellos es también un guiño al lector y, sobre todo, un juego metaficcional con materiales reales.

Señala que poco a poco la literatura fantástica está
consiguiendo notoriedad
¿Qué tan importante era hacer referencia a Mario Vargas Llosa en tu libro?  Robar su vieja máquina de escribir de una exposición, sin duda, iba a levantar todo un revuelo en el país. Dejas eso sin terminar, ¿no sabemos si los responsables llegan a dar cuenta o no del suceso?  Tal vez solo cuando la devuelven (o no) tras hallarla en el baño del mítico Bar Cordano.

Si aparecen varios escritores peruanos, ¿cómo no meter en el libro a Don Mario, tótem cultural de tu país? Además del juego intertextual de convertirlo en un remedo de Don Vito Corleone, hay también una voluntad de siempre necesario terrorismo cultural… Ojalá mi libro caiga en sus manos y se eche unas risas, pues no hay maldad, sólo sana provocación… Siempre me ha parecido banal guardar objetos de escritores y artistas en general… ¿Qué más da dónde escribió y con qué artilugio? Lo importante es la obra en sí misma. Lo demás, mitomanía, hagiografía… peligrosa adoración laica.


No dejas de introducir el microrrelato en uno de tus capítulos, un género que dominas y del cual eres una destacada figura, ¿se prestaba para ello esa escena que se repite muy a menudo cuando transitas por las calles limeñas?

Sí, la verdad es que dejé en el ordenador otros micros que surgieron de mi estancia de dos meses en Lima. El microrrelato es perfecto para captar esos mínimos instantes de delirio, de absurdo, de inquietud… Pero no quería que el libro fuera un simple catálogo de rarezas peruanas, eso hubiera sido aburrido por repetitivo.

Junto al escritor peruano Fernando Iwasaki, quien redactó
el prólogo para su libro
Déjame decirte que tampoco he visto auquénidos (llama o  alpacas) tomadas de mascota en algunas viviendas de Perú, al menos del urbano, pero sí  varias  alpacas habitando en algunas viviendas rurales en Suiza, aunque debo decir que el expresidente Alan García criaba llamas en los jardines de Palacio de Gobierno. ¿Todavía no distingues una llama de una alpaca? Es algo que remarcas mucho a lo largo de tu historia, ¿no?

Es una broma, puesto que desde el primer instante ya sabía diferenciarlas… Todo surge del primer cuento que escribí de los que forman el libro -“El tesoro de los incas”- donde una niña persigue al protagonista con su llama (o alpaca) para exigirle que le pague el dólar que cuesta fotografiar a ambas (él lo ha hecho a escondidas)… La presencia de la llama se hizo tan importante en el cuento que pensé que podría ser un especie de leit-motiv que condensara la extrañeza del protagonista, que se erigiera como símbolo de un espacio que le es ajeno porque no acaba de comprenderlo. De ahí que, salvo en los dos primeros cuentos (el del viaje en taxi y el del robo de la máquina de escribir de Don Mario), en todos los demás el protagonista tenga encuentros más o menos delirantes con llamas… o alpacas.

La gastronomía es otro punto que destacas en Bienvenidos a Incaland, ¿te parecía necesario hacerlo?  ¿Probaste todos los platos que mencionas?

Mis colegas peruanos me habrían matado si no hablaba (y bien) de vuestra impresionante gastronomía. En serio: me declaro adorador total de la gastronomía peruana; nunca he comido también como en aquellos dos viajes. ¿Cómo dejar fuera de los cuentos algo que está asaltándote constantemente en tus movimientos por la realidad peruana?

Su personaje se pasa toda la historia sin saber distinguir
entre una llama y una alpaca
Eres figura notable de la novela fantástica, todo un referente, ¿cómo ves la situación actual de este género y qué se espera de su futuro?

La pregunta tienes dos respuestas: bien y mal. Me explico, centrándome en lo que ocurre en España y Perú, pero es exportable a otros países: cada vez se escribe más y mejor literatura fantástica, cada vez hay más autores cultivándola y más editoriales publicándola… Pero eso no significa que tenga un peso específico importante en el sistema cultural (no sólo literario) de nuestros países. La mayoría de los lectores que oyen hablar de literatura fantástica (o de primas hermanas como la ciencia ficción), piensa que es algo de segundo orden, subliteratura, narrativa de evasión facilona que simplemente busca entretener… Los espectadores de cine la consumen sin tantos remilgos, aunque no quiere decir que ahí las cosas vayan mucho mejor. Asimismo, el mundo de la crítica literaria y, sobre todo, el mundo académico (universidad, enseñanza secundaria) todavía presta escasa atención a lo fantástico… Es cierto que las cosas están empezando a cambiar: en Lima, por ejemplo, cada año se organiza un congreso internacional (gracias a los esfuerzos de Elton Honores y otros especialistas) y en España desde 2008 se han organizado varios (yo mismo he dirigido dos). Asimismo, hay otras acciones importantes… y perdón por citarme: yo dirijo un grupo de investigación dedicado a lo fantástico (el GEF) en mi universidad, dirijo una revista académica también dedicada al género (Brumal)… a lo que hay que añadir los congresos y coloquios que se organizan desde hace tres años en la Universidad de León, entre otras cosas. Ese cambio también se está revelando en las cada vez más abundantes tesis doctorales dedicadas a lo fantástico, las antologías, los concursos literarios, etc. Poco a poco lo fantástico va consiguiendo mayor visibilidad… pero aún está muy lejos de lo que ocurre por ejemplo en el mundo anglosajón. Falta mucho por hacer.

Consumes ficción también a través del cine, las series de televisión y comics, ¿cuáles son tus razones?, ¿qué encuentras en ellos? ¿Reminiscencias de la niñez, quizá?

No, no hay reminiscencias de la niñez (aunque en esa época consumí mucha televisión), sino la fascinación por la ficción en general. Cualquier medio es bueno para construir historias, y –sin caer en lo que ya es un tópico- ahora la TV está ofreciendo unos productos en general muy superiores a los cinematográficos. Pero lo mismo ocurre con el cómic y la novela gráfica, por supuestos. O cierto tipo de videojuegos.

El libro se halla a la venta en Perú desde febrero
En estos momentos, tu vida en pleno está absorbida por tus labores de profesor de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad Autónoma de Barcelona, tu creación literaria (microrrelatos, cuentos, novelas y ensayos), pero hubo un momento en que la música formaba parte de ella, ¿qué nos puedes contar de tu época en la que tocabas la batería en bandas de diferente tipo?  ¿Por qué dejaste ese mundo? ¿No te llenaba del todo?

Uffff… Entre 1988 y 2000 me dediqué con asiduidad a la música, compartiendo tiempo con la universidad… La creación literaria la tenía bastante abandonada, aunque publiqué mi primer libro (todo microrrelatos) en 1996, pues estaba en medio de la investigación y la redacción de mi tesis doctoral y eso –junto a las clases- me ocupaba mucho tiempo; el poco libre iba para la música… Sin embargo, después de que se separara mi último grupo (Otoño en el Delta, una banda de blues) y de colaborar con otros grupos, empecé de nuevo a meterme a fondo en la creación literaria (en torno a 2003) y, bueno, la música quedó aparcada. Piensa que no es fácil tocar la batería en un apartamento… Pero no descarto volver alguna vez a coger las baquetas.

¿Habrá una segunda parte de Bienvenidos a Incaland? ¿Tal vez con aventuras en la selva peruana y buscando visiones mediante la ingesta de  ayahuasca?  O Quizá esto ya está terminado y preparas otros proyectos.

La verdad es que no he pensado en ello. Aunque quiero volver de nuevo a Perú, creo que mi pasión por ese país queda bien reflejada con ese libro. Ahora ando embarcado en dos proyectos: un nuevo libro de cuentos (todos fantásticos e inquietantes, algo que no había hecho antes) y una novelita de terror y delirio ambientada en un país que me da mucho miedo: Suiza.

El tráfico peruano como elemento inspirador de Roas
¿Cuándo tu libro estará al alcance de los lectores peruanos?

Debo decirte que desde febrero, coincidiendo con su segunda edición, el libro se vende en las librerías Íbero de Lima y está teniendo muy buena recepción en la prensa peruana.
  
Después de ver tantas  llamas (o alpacas), ¿la has adoptado como tu animal tótem?

Todavía no, pero los colegas y contactos de Facebook no paran de colgarme fotos de esos animalejos… No se dan cuenta de que la maldición de la llama (o alpaca) ya les ha contagiado. Cuidado…

¡Ah!  Lo olvidaba, no está en tu libro, pero ¿te has hecho leer el futuro en hojas de coca?

Pues no… aunque, como diría Bartleby, preferiría no hacerlo. Además de ser un escéptico ante todo lo sobrenatural (que escriba literatura fantástica no significa que me lo crea), prefiero no saber nada del futuro… Bastante tengo con vivir el día a día. Ni siquiera hago planes a largo plazo con la vida de locos que llevo.

Si desean saber más del autor o su obra
pueden pinchar
los siguientes enlaces:
http://es.wikipedia.org/wiki/David_Roas
http://paginasdeespuma.com/autores/david-roas/
https://www.facebook.com/david.roas
http://www.conoceralautor.com/autores/ver/NTQ0