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lunes, 1 de octubre de 2018

Gervasio Posadas: “No concibo escribir como una carrera”



Empezó a escribir en plena crisis de los 40.  Se dio cuenta que quería cambiar de vida.  No tenía claro hacia donde enfilar, pero se dijo convencido “es ahora o nunca”.  Fue en esas  circunstancias que se puso a escribir por diversión y poco a poco reparó en que su creatividad lo conducía a contar historias. Había hallado su propósito y su camino. Gervasio Posadas declara que carece de grandes aspiraciones dentro de la literatura, pese a que el éxito estuvo de su lado desde la publicación de su primera obra.  El escritor uruguayo asegura que desea seguir disfrutando de su escritura como lo ha hecho hasta ahora, y por supuesto mantener el interés de sus lectores en sus creaciones.
Posadas tiene a la vista un nuevo proyecto de libro, aunque sus ocupaciones actuales casi no le dejan tiempo libre. Sin embargo continúa frente al  taller de escritura online  Yoquieroescribir.com, que ya cumplió su décimo aniversario, dirigiendo la red Café de escritores, que reúne a cerca de seis mil miembros, y colaborando en prestigiosas revistas como  The Huffington Post.
Cambió su vida a través de la escritura
Eres graduado en empresariales y laboraste en el sector publicitario por muchos años con gran éxito, pero  llegó un día que abandonas ese mundo y te entregas de lleno a escribir.  Al respecto has declarado que es la cosa más insensata que jamás hiciste. ¿Fuiste recién capaz de asumir tu vocación o fue algo que se te reveló de repente?
En realidad, primero deje mi trabajo en la publicidad y luego empecé a escribir. Quería cambiar de vida, hacer otras cosas, y quería hacer guiones, pero de repente me vino la idea de una novela. De ahí nació El secreto del gazpacho.
¿Estuviste plenamente convencido de tu decisión de dejar tu trabajo? Porque imagino que hubo gente que evaluó tu situación manifestando que se trataba de una crisis y que pronto todo iba a volver a su sitio. ¿Vacilaste en algún momento?
 Las crisis de los cuarenta existen realmente y más aun si no tienes hijos y nada te ata a tu rutina. Necesitaba cambiar y era en ese momento o nunca. Cuantos más años tienes, más difícil se vuelve todo.
Alguien como tú, que hasta  ese momento no había tenido nada que ver con la escritura, ¿de qué manera se enfrentó a la creación de una historia y su redacción? ¿Asististe a algún taller literario, dejaste que te asesorara tu hermana o simplemente te dejaste fluir?
Me enfrenté a la creación de una historia con completa inconsciencia, que me parece la mejor forma de hacerlo. Empecé a escribir sin pensar que estaba escribiendo una novela, solamente con la intención de divertirme. Cuando me di cuenta que el relato estaba tomando forma, empecé a sentir vértigo y busqué la ayuda de un profesor de escritura creativa para que me ayudara a no perder el foco de la historia. 
Su exitoso debut literario
No pudiste tener mejor debut como escritor. Publicas El secreto del gazpacho, y casi de inmediato se coloca en la lista de los más venidos de 2007 e incluso se traduce a varios idiomas, ¿aplicaste algún tipo de estrategia de marketing para conseguirlo, tú que vienes del mundo de la publicidad?
Las técnicas de marketing sirven, pero lo principal en una obra de un escritor novel es la suerte. En esa época no existían las redes sociales, una herramienta excelente, y me ayudó mucho el interés de la gente que trabajaba en publicidad y le divertía una historia que se desarrollaba en ese ámbito. 
Has manifestado que, desde tu primera obra, tus libros han tenido mucho que ver contigo y que asumiste cierto protagonismo, en cada uno de ellos, ¿a qué necesidad  correspondía este deseo de estar presente? ¿Quizá al hecho de que tus lectores se sintieran más cercanos a ti?
Esto era cierto hasta mi última novela, El mentalista de Hitler. En las anteriores me gustaba reflejar distintas partes de mi vida. Es como un álbum de fotos, me ayuda a recordar.
¿Ingresaste al mundo de las letras con ciertas expectativas o metas a alcanzar?  ¿Llegaste a pensar que llegabas un tanto tarde y habría que acelerar el paso para ganar tiempo? ¿Hubo algún tipo de presión contigo mismo?
No concibo escribir como una carrera. Pretendo disfrutar escribiendo y que el público lea mis historias; no me planteo ganar el premio Nobel ni nada así.
Tu cultura es muy basta, no solo por el nivel  de educación que posees sino también por que has vivido muchos acontecimientos históricos casi en primera persona. Has residido en Uruguay, la ex Unión Soviética, Argentina e Inglaterra, además de conocer muchos países del mundo, ¿qué tipo de persona se gesta en estas condiciones de vida?
Su madre participó de forma activa en
esta obra
Los hijos de diplomáticos somos gente rara. Estamos a gusto en todas partes y en ninguna. No acabamos de encontrar nuestro sitio y nuestras experiencias son muy distintas a las de las familias sedentarias, tanto para bien como para mal. 
Y algo más apelando a tu amplio conocimiento, solo centrándote en los antes y después de estos tres países que conoces bien, ¿cuál es tu visión del mundo y sus habitantes?
Intento mantenerme más cerca de la comedia que del drama. El mundo es un hogar inseguro, lleno de catástrofes terribles, de gobernantes injustos, de peligros reales o inminentes. Lo único que nos puede salvar de caer en la desesperación es el humor, el buen humor.
En 2008 aparece el libro Hoy caviar, mañana sardinas, que publicas  junto a tu hermana Carmen. Dicha obra resulta galardonada con dos premios: el “Sent Sovi” de literatura gastronómica y el  “Eugenie Brazier”, en Francia. Este habla de la vida nómada que te tocó vivir junto a tu familia, la figura de tu madre y la comida, ¿cómo  se organizaron para juntar los recuerdos, seleccionarlos y luego proceder a la redacción? ¿Estuvieron de acuerdo siempre con todo?  ¿Tu madre participó de manera activa en este proyecto?
Escribir a cuatro manos no es fácil, pero en este caso no planteó tantos problemas. Carmen es nueve años mayor que yo y recuerda mejor nuestra infancia. Sin embargo, se casó pronto y yo fui testigo directo de otra parte importante de la vida de la familia. Desgraciadamente, cuando escribimos el libro mi madre ya no se encontraba bien de salud. Cuando lo leyó disfrutó mucho, pero nos dejó algo claro: "Yo lo hubiese escrito mejor".
Considerada una de las novelas más
divertidas de todos los tiempos
Tu hermana Carmen ha declarado que tu afición por la cocina nace de la tiranía de tus hermanas que se negaban en redondo a preparar nada, ¿es decir no fue algo espontáneo sino obligado?  Con 10 años ¿qué fue lo primero que aprendiste a cocinar para no morir de hambre?
Ya no recuerdo que fue antes, la obligación o la devoción. Desde aquellos primeros huevos fritos con salchichas no he dejado de cocinar y cada vez me gusta más.
Supongo que también eres de buen comer, ¿a qué no te resistes?
A casi nada. Como buen uruguayo, mato por el dulce de leche, pero también me encanta el pescado, la pasta...Lo que más echo de menos es el pastel de carne y las milanesas de casa de mi madre.
En 2009  publicaste  La venganza es dulce y además no engorda, considerada una de las novelas más divertidas de todos los tiempos y en la que queda patente una de las características fundamentales de tu obra en general: el humor. ¿Lo eres también en la vida real? ¿Nos tomamos demasiado en serio la vida, Gervasio?
No me considero especialmente divertido, pero creo que tengo bastante sentido del humor y memoria para recordar las situaciones y diálogos absurdos del día a día. Para mi reírme mientras escribo es uno de los mayores regalos que me ha dado la vida. Como decía antes, la vida sin humor es incomprensible.
En 2013,  incursionaste en la novela juvenil Niki Zas y el retrete nuclear, ¿este libro nace, tal vez,  del deseo de mandar a alguien por el inodoro a otro mundo?  A mucha gente le gustaría mandar por ahí a varios políticos.
En realidad, la idea de este libro nace de mis recuerdos de infancia. En esa época el humor suele ser bastante escatológico. Por otra parte, y desde que veía Star trek, me encantaba la idea de la teletransportación. De esta forma nació el retrete nuclear, un artefacto que cuando tiras de la cadena te lleva al rincón del mundo en el que estás pensando.
Los hermanos Posadas tienen a su cargo el taller online megustaescribir.com
Destacas por ser un escritor que no teme prestar su pluma en proyectos literarios que no son del todo tuyos. Aquí tenemos la versión literaria de Pájaros de papel de una película de Emilio Aragón y Tres veranos en San Martín, una iniciativa de Antena 3, ¿qué destacas de tu participación en estos trabajos?
Siempre me ha gustado el mundo del cine y las series y jugar con los personajes de otros me parece apasionante. Además, gracias a Pájaros de Papel tuve oportunidad de charlar mucho con Miliki, uno de los ídolos de mi infancia, y de trabajar con Emilio Aragón, un estupendo profesional.
También ejerces de columnista en distintas publicaciones como GQ, Marca, El Huffington Post Traveler, Conde Nast, entre otros,  y por lo que he visto, los temas que tocas son variados, por ejemplo puedes un día referirte a Giorgia, aclarando que no te refieres a un estado de Estados Unidos, sino al país que pronto será la patria de la próxima pizza, el uso y abuso de los complementos, en este caso hablabas de las gafas o que el mejor remedio para el insomnio es  aplicarse unas gotas de El Quijote en los ojos, se nota que te diviertes mucho redactándolos, ¿no es así, Gervasio?
En plena firma de ejemplares de su reciente
novela 
Tengo la suerte que siempre he escrito para medios con sentido del humor, que me han dejado escribir de lo que me divierte. Deporte, literatura, viajes, tendencias, son temas que me interesa y sobre los que tengo cosas que decir a menudo, lo cual no siempre es fácil. Es una terapia bastante relajante.
Hace 10 años creaste junto a tu hermana Carmen el taller online yoquieroescribir.com, ¿cuántos alumnos han pasado por tus aulas virtuales  y qué porcentaje de gente ha conseguido hacerse un hueco en el mundo literario?
En estos 10 años, más de 4 mil alumnos han pasado por nuestras aulas virtuales, con una media de satisfacción del 90 por ciento. No tenemos el número exacto de cuántos de ellos han publicado obra, pero ya hay nombres destacados que están despuntando en el panorama literario.
No todos, y debes haberlo comprobado, se apuntan en tus clases por  vocación, sino atraídos por la fama, el dinero y el mundo en que se mueven, sobre todo los escritores que cultivan el género fantástico, ¿qué me puedes comentar?
Tenemos pocos alumnos de ese tipo. La enorme mayoría entiende, y si no se lo explicamos nosotros en el taller, que el éxito literario es muy complejo, depende de muchos factores. Los que intentan escribir para hacerse ricos suelen abandonar antes que los que tienen una auténtica vocación.
También has creado la red Café de Escritores, ¿con qué fin la concebiste y para qué la usan con frecuencia sus miembros?
Cuando fue invitado al programa Cuarto milenio 
El Café de escritores está pensado como un lugar de encuentro de amantes de la escritura de todo el mundo hispano. Como me decía el otro día uno de sus 6 mil miembros, "es un rincón para hablar sin prisas y para compartir sin censuras"
Repetiste éxito con tu novela El mentalista de Hitler, en el que hablas de la influencia de Eric Jan Hanussen en las decisiones del líder de la Alemania nazi.  Un hombre con un origen oscuro, con denuncias de fraude, pero que se convirtió en un personaje seductor debido a sus supuestos poderes síquicos, el poder no es inmune a este tipo de prácticas, antes de Hitler y después, hemos visto jefes de estado o poderosos rodeados de videntes, brujas o tarotistas ¿no es así?
Los poderosos siempre han sentido la necesidad de conocer el futuro, de averiguar quiénes son sus enemigos, de anticiparse a las crisis. Eso les ha llevado a caer bajo el influjo de personajes que muchas veces se han aprovechado de ellos. Hay infinidad de casos conocidos, desde Perón a Ronald Reagan, pasando por el rey Juan Carlos, pero solo podemos intuir la cantidad de políticos en activo que utilizan estos servicios.
¿Hay libro a la vista, Gervasio? ¿Estás inmerso en ello?
Tengo una novela entre manos, pero al mismo tiempo estoy trabajando en un proyecto de gestión cultural apasionante y que me absorbe, así que tengo que escribir los fines de semana y a ratos perdidos. Aunque voy más lento de lo que me gustaría, creo que resultará un libro interesante para el lector.

Si desean saber más del autor, su obra
o sus talleres de escritura
pueden pinchar
los siguientes
enlaces:
http://gervasioposadas.com/
http://megustaescribir.com/
http://cafedeescritores.ning.com/






sábado, 1 de septiembre de 2018

Elléale Gerardi:“En un creador profesional todo es espontáneo”



Foto: Facundo Pérez Perkman

Es un ser de fe absoluta.  En el hombre posible. En sus creaciones.  Desde que se levanta hasta que se acuesta en plena actividad mental.  Recorre nuevos jardines literarios en compañía de su amiga Manchita. Inspirado por el colorido de las flores, escuchando melodías que otros no perciben.  Respira a pulmón abierto.  Se dota de energía a cada segundo. Como antes.  Hoy también.  A sus 88 años mantiene la rutina creadora. Sigue ilusionado. Escribir le hace feliz. Esta es la historia del poeta y compositor argentino Elléale Gerardi, artífice de las formas poéticas ‘gerardinas’ y ’elealetos’. 

Es un artista que no hace distingos a la hora de crear
No se le puede circunscribir a un solo campo creativo, pues ha incursionado con gran maestría y  éxito en varios. Usted sería el perfecto genio renacentista, sin embargo, me gustaría centrarme en su obra literaria, donde ha construido, a decir de los críticos, un auténtico sistema creativo, ¿sobre qué bases fundó su trabajo literario?  ¿En qué tipo de escritor aspiraba a convertirse?

Los fundamentos de mi literatura se basan en la creación de un hombre imposible, pero probable, dentro de una sociedad irreversible. Imposible, porque propongo a un ser a la semejanza de Jesús;  y, factible, si todos los hombres cumplieran con las moralejas filosóficas de cada obra creada. O sea, convertir a la sociedad en un Edén. Siempre me gustó ser un escritor reconocido y estar enrolado en el Creacionismo.

Su obra lírica es abundante, más de una veintena de libros, aunque también se expresó en la narrativa con un volumen de cuentos, ¿se ha sentido más poeta a la hora de volcar sus emociones y pensamientos? ¿Cómo ha sido su relación con la poesía frente a otros géneros?

Mis emociones y pensamientos en relación con la poesía frente a otros géneros han sido completamente armoniosas. El artista creativo vive las mismas sensaciones, ya sea escribiendo, pintando o manifestándose como autor o compositor de música.

Si  bien su primer poemario data de  1980, su época de oro fueron los 90, con una avalancha de libros publicados, ¿cuál es su evaluación sobre su desarrollo como poeta desde aquel El canto de los pájaros hasta la actualidad?  ¿Ha cambiado mucho? ¿Se ve aún en esos escritos del inicio? ¿Qué conserva de aquellas épocas?

Una de sus primeras publicaciones 
 Sí,  escribo desde los doce años y mi primer libro  El canto de los pájaros se publicó en el año 1980, quiere decir que hubo un lapso de 38 años de poeta que destruí por tratarse de una poesía completamente masoquista,  negativa,  cargada de rencores en contra de una sociedad en la que no me adaptaba. De aquel tiempo solo rescaté los poemas que figuran en ese libro. Hoy modificaría la estructura de cada uno de sus versos por no encuadrarse en la arquitectura formal en la que actualmente me manifiesto poéticamente, y que descubrí a mediados de la década de los 90 en que aparece mi libro  Las palabras de la palabra, editado en 1995. Opté por una forma de versos imparisílabos: trisílabos, pentasílabos, heptasílabos, eneasílabos, endecasílabos y versos  alejandrinos de catorce versos, divididos en dos hemistiquios de siete sílabas cada uno; que voy ‘arquitectando’ de acuerdo a las necesidades instantáneas descriptivas del poema.

Se postula que sus libros son muchos en sí mismos, pero que al mismo tiempo constituyen   uno solo en temática e intención, ¿se plantea esa finalidad desde el inicio del proyecto o surge de manera espontánea a lo largo del proceso de creación? ¿Cómo realiza su labor poética? ¿Es visitado por las musas o busca la inspiración?

En un creador profesional todo es espontáneo. Las musas inspiradoras no existen, solo basta encontrar el tema que a uno lo motive para escribir. Cuando debo seleccionar los poemas para integrar un libro, elijo cronológicamente los que mantienen una unidad temática: amorosa, teologal, testimonial, filosófica y general. También tengo libros que escribí en mis viajes vacacionales y,  en otros, en busca de galerías de arte para exponer o visitando editoriales de poesía y de música para editar mis libros o mis canciones. Así tengo libros escritos en Buenos Aires, Córdoba, Mar del Plata, Santiago del Estero, Chaco, Chile, Uruguay y Florida (Estados Unidos).

Desayuna todos los días Manchita, una amiga fiel y amable
Se ha sentido cómodo expresándose en todos los géneros literarios, pero creó algunas formas poéticas con las que enriqueció su labor poética. ¿Qué me puede decir de ellas, las ‘gerardinas’ y los ‘elealetos’? ¿Son de su  uso exclusivo o ya ha visto que otros también las utilizan?

De ‘gerardinas’ y de  ‘elealetos’, tengo varios libros escritos. En un encuentro de escritores realizado en Villa Mercedes (San Luís, Argentina), muchos poetas se sintieron impactados por esas nuevas formas y escribieron algunas ‘gerardinas’ durante el encuentro. Meses después, supe que algunos de esos poetas lograron escribir un libro con ellas. Me pidieron autorización para editarlas, cosa que no hacía falta porque son de libre uso. El desafío que yo proponía en mi primer libro con ‘gerardinas’ era que los poetas que se sintieran atraídos a  utilizarlas. También tuvieron eco entre los alumnos de mi taller literario. Especialmente María Esther Lamas de Guiñazú (Mariette Mounier) que tiene un libro escrito con ellas.

Su calidad póetica se valoró también fuera de las fronteras argentinas, porque recibió el premio importante, aquí en España, por su libro El polvo de la vida, el cual fue declarado en su tierra como de interés legislativo, ¿imagino que se sintió más satisfecho por esto último que por el premio en sí?

La música le abrió muchos puertas 
Me satisfizo las dos cosas. Ganar un Primer Premio en España, país del idioma castellano, me honró y  llenó de orgullo. Y, luego, que ese premio fuera reconocido por La Honorable Legislatura de la Provincia de Mendoza (Argentina),  me emocionó e hizo sentir valorado.

Ha declarado que vive en un estado de poesía permanente y que sus poemas tocan temas como la  teología, la metafísica, la naturaleza y la amorosa, ¿ser poeta  le ha  permitido relacionarse mejor con la vida y sus habitantes? ¿A través de ella ha obtenido respuestas a sus preguntas más acuciantes?

El reconocimiento a mi trayectoria artística  dentro de las artes plásticas, la música y la literatura conforman una verdadera comunión entre mi vida y los habitantes del mundo. Soy feliz con las respuestas del pueblo.

Sé que escribe desde los doce años, pero también en paralelo se manifestó en otros registros como el dibujo y la composición, sin embargo usted comenzó antes con la música, pues tocaba la armónica a los ocho años y a la par entonaba canciones propias. ¿Es cierta esa historia?

 Sí. Es completamente cierta.

Admiraba a Carlos Gardel, el  Zorzal criollo y lo emulaba. Tanta era su admiración que se dedicó a cantar tangos con el seudónimo de Tito Ferrari, ¿por qué optó por iniciar su carrera de esa manera, apelando a un seudónimo?

Apelé al seudónimo de “Tito Ferrari”, porque en ese tiempo trabajaba como empleado administrativo del Banco de Mendoza (Casa matriz), y para los gerentes era muy malo ser artista. Lo relacionaban con bohemio y falta de carácter empresarial. Respecto de esto, quiero contarles una anécdota que me causó gracia: Allá por el año 1957, L.R.A.8. Radio Libertador de Mendoza, realizó un concurso para seleccionar un cantor de tangos, al que yo me presenté. Entre las preguntas que el locutor  me hizo fue “en qué trabajaba”. Y, yo, inocentemente, contesté en el Banco de Mendoza. Al día siguiente, cuando me presenté a  mis actividades habituales, mis compañeros me preguntaban si conocía a algún empleado que se llamara Tito Ferrari. “¿Por qué me lo preguntás?”, repliqué. Y él me contestó: “Porque ayer estaba escuchando un programa de radio en donde se presentó un cantor de tangos que dijo llamarse Tito Ferrari, y que trabajaba acá”. Yo me puse a reír, pero lo dejé con la intriga.

El rincón dedicado a su creación literaria 
Luego se preparó: estudió música, composición y canto. Su obra musical es amplia y ha obtenido una infinidad de premios, reconocimientos e incluso ostenta el título de Embajador de la música Cuyana, ¿soñó con una carrera de esta magnitud? ¿Creyó posible  vivir del arte?

Nunca pensé que podría vivir del arte, mucho menos, en una ciudad como Mendoza, en donde los artistas no son considerados como tales, sino como simples vecinos. Buenos Aires, siempre me abrió las puertas en las tres ramas de mis manifestaciones, pero debía emigrar de Mendoza y radicarme en la Capital Federal. Para eso, tenía que arriesgar a mi familia y trasladarme a esa ciudad, algo que nunca logré concretar. El terruño me acorraló en mi comarca para vivir. Siempre tuve fe en mi vocación de artista. Fui tesonero, voluntarioso, trabajador incansable y muy confiado en resultados positivos. Y, el tiempo y Dios, hicieron que todo mi esfuerzo no fuera vano. La Honorable Legislatura de la Provincia de Mendoza, juntamente con Sadaic (Sociedad Argentina de Autores y Compositores de Música), puso en vigencia la Ley 7643 de Reconocimiento a la trayectoria artística de autores, compositores e intérpretes de música mendocinos. Yo fui uno de los primeros seleccionados de la primera camada de ese reconocimiento que consiste en una pensión vitalicia. Por este premio puedo decir que vivo del arte.

Partitura de uno de sus más conocidos tangos 
Pese a sus 88 años se mantiene activo y con una energía envidiable. Continúa escribiendo, pintando y editando revistas. La ilusión por crear no le abandona, ¿tiene una fórmula mágica para mantenerse así? ¿Practica algún deporte o ejercicio espiritual?

La única fórmula mágica para estar en buen estado físico es mantenerme en permanente actividad mental desde que me levanto hasta volverme a echar. El deporte que cotidianamente practico es este: camino, metódicamente, por el jardín literario, escojo las rosas del amor que el corazón me brinda y alcanzo las estrofas que están en la memoria. Después, respiro profundamente, y, con  los pulmones llenos de oxígeno, me sumerjo en el mar de las meditaciones. Y escribo.

Para sumar más actividades a su día a día, se desempeña como  Director del Centro Internacional de Arte (CIDA),  Secretario General del Sindicato Único de los Trabajadores de la Cultura (SUTRAC), Secretario del Círculo de autores y Compositores de Música de   (CACMUM), Director de Cultura Centro Italiano de Mendoza (CIM), Presidente de la  Sociedad Argentina de Artistas Plásticos de Mendoza (SAAP) y Presidente de la Asociación de Escritores Argentinos (ADEA-nacional), se ha dado por completo a la literatura, el arte y la cultura, ¿cumplió o se halla a punto de cumplir con sus objetivos en cada una de estas instituciones?  ¿La lucha es mayor en estos ámbitos a diferencia del que efectúa el escritor  en solitario?

Actualmente ya no estoy en ejercicio. Me desempeñé a través del tiempo en esa cantidad de entidades culturales,  y lo hice de una manera sumamente eficaz. De cada una de ellas quedaron logros positivos que engrandecieron el acervo cultural argentino, nacional e internacional. Lo único que no pude lograr fue quebrar el egoísmo personal de los artistas plásticos y de los escritores. Tanto la SAAP (Sociedad Argentina de Artistas Plásticos) como la SADE (Sociedad Argentina de Escritores) están próximos a cumplir 100 años de su creación, y no han podido lograr una entidad administrativa de sus derechos intelectuales. Sí, en cambio, lo han hecho SADAIC, AADI, CAPIF, etc. En estos ámbitos el esfuerzo es mayor porque uno tiene que resolver el problema de muchos y no el de uno personal.


Junto a la poeta Dorita Puig, gran admiradora de su obra
Se levanta de lunes a domingo a las seis de la mañana, desayuna con su perra Manchita, y completado ese ritual, inicia como tal su día, pese a sus 76 años de actividad literaria y artística exitosa cuando algunos opinarían que debería estar descansando o totalmente retirado.  Aparte de  la lectura rutinaria de los diarios, ¿qué libros y autores le acompañan en sus ratos de esparcimiento intelectual?  ¿Le ha impresionado algún libro de los contemporáneos?  Y de la música actual y sus intérpretes, ¿cuáles son sus preferidos?

Los libros y autores que me acompañan permanentemente en mi vida están en una poderosa biblioteca que logré desde que comencé, a la edad de niño, a comprar y coleccionar libros de carácter universal. Hoy mi biblioteca debe de contener una cantidad aproximada a los 20 mil ejemplares de todo tipo de géneros, incluidos los de mis obras editadas.
De tanto en tanto, me explayo leyendo algún libro de mis poetas preferidos: Jorge Enrique Ramponi (de quien fui amigo personal), Olga Orozco, Leopoldo Lugones, Alejandra Pizarnik, Leopoldo Marechal. Leo  a los poetas ultraístas españoles, a los creacionistas, y los surrealistas franceses e italianos. Y entre los contemporáneos que se mantienen en actividad,  tuve la suerte de conocer en persona a una poeta argentina, de Entre Ríos, y que hoy reside en Munich.  Nos identificamos en la manera expresiva de nuestra poesía. Se trata de Dorita Puig. Conservo de ella los cinco primeros libros de su obra poética  Breve infinitud BR, del  uno al  quinto volumen. Este último, fue dedicado a mi persona. Es un trabajo que me honra y da iluminación excelsa a mi admirada vate.

Proviene de una familia de artistas y escritores, comió y bebió de esa fuente creativa, ¿considera que su destino ya estaba condicionado desde el nacimiento? ¿Podía haber elegido otro camino? ¿Hubiese sido posible?

Siempre consideré que los artistas nacen, pero deben cultivarse de modo constante. Eso fue lo que hice en consecuencia. Por necesidades económicas de mi vida y poder mantener a mi familia, tuve que agregar a mi terna de artista, ser empleado administrativo de un banco, vendedor de libros, de artículos comestibles, de golosinas y de ropa para mujeres y hombres. Compraba al por mayor y revendía al comercio minorista. Fui exitoso en mis emprendimientos. Pero la cuerda que me hizo vibrar toda la vida fue el arte. La que triunfó sobre todas las demás.

Si desean saber más del autor y su obra
pueden pinchar
los siguientes enlaces:
http://www.todotango.com/creadores/biografia/1509/Elleale-Gerardi/
https://www.facebook.com/elleale.gerardi.3



miércoles, 1 de agosto de 2018

Marisol Sales:“Para mí escribir es una necesidad, publicar no”




Marisol Sales logró varias proezas: conseguir que una gran masa de jóvenes lectores leyeran su primer libro, que se prendaran de sus historias y la acompañaran a lo largo de las cuatro obras que comprende su saga Las crónicas del ángel.  Ha trabajado mucho, sin descanso. Y con una responsabilidad y entusiasmo sin límites. Hoy culmina una etapa de su vida presentando En su nombre, título de la cuarta entrega con la que cierra toda una aventura literaria que inició siendo una adolescente, durante el instituto, y sin contar con experiencia alguna en la escritura.  Se atrevió y hoy aún no se cree nada de lo que le ha sucedido.  Su éxito es indiscutible. Es la princesa de la ficción juvenil. Sin embargo prestando oídos a su madurez considera que es el momento de parar. Marisol ha crecido y requiere tiempo para descansar y estar consigo misma.  Hasta su vuelta sigan disfrutando de sus libros, y quienes no los conozcan, hoy es su día de suerte: acudan a  la librería más cercana y adquieran alguno de su colección. 

Acabas de poner punto final a una etapa, que se inició a tus doce años, la cual fue en sí misma un descubrimiento y una revelación, como has dicho, ¿aún te cuesta asimilar todo lo que sucedió en estos casi cinco años?
A día de hoy todavía me cuesta asimilar cosas o ser consciente de ellas ya que han marcado toda mi vida y han construido parte de quien soy y lo que quiero ser. He conocido a personas que admiraba desde pequeña, y he hecho amigos dentro de todo este mundo. No cambiaría ni un solo segundo de todo lo que he vivido gracias a esto, y eso cuesta de creérselo.
Un trabajo escolar la condujo a un rotundo éxito literario
Revelaste, sin temor alguno,  que antes del trabajo escolar que te cambió la vida, la lectura no formaba parte de tu vida, tu interés por ella era nula, en otras palabras, no te gustaba leer, ¿cómo explicas, entonces, el hecho de escribir de buenas a primeras con tanta soltura sin haber tenido un pasado de lectora?
Cierto es que aborrecía la lectura por la falsa creencia de que es algo aburrido. Antes de escribir La noche roja solo había leído por gusto la saga Rubí. La soltura, como bien dices, creo que viene de la propia naturalidad y seguridad que tenía a la hora de escribir y más creyendo que eso jamás nadie lo leería.
Tu madre fue quien te dio la confianza necesaria  para lanzarte de lleno a la escritura y dejarte llevar por ese camino que se abría ante tus ojos, ¿qué te dijo exactamente para que te llenaras de valor y asumieras ese reto?
Cuando ya llevaba escritos seis capítulos le pedí a mi madre que los leyese. Mientras leía yo la observaba y por sus caras sabía si lo estaba haciendo bien o no y para mi sorpresa vi que aquello que quería transmitir se dibujaba en su rostro. Cuando terminó me dijo que la había dejado con la intriga y que por favor continuara.
El libro que le cambió la vida
De allí en adelante, ¿cómo fue el proceso para publicar? ¿Recibiste muchos no por respuesta o a la primera conseguiste editorial?
Afortunadamente no obtuve  un “no” por respuesta. A la primera editorial a la que mandamos el manuscrito (Bohodón Ediciones) dijo que sí. Una vez dentro de este mundo descubrí que mi caso no era el usual y me sentí aún más agradecida y realizada si cabía.
¿Estabas totalmente convencida de querer hacerlo? ¿Hubo miedo o dudas en ti?
No tuve dudas porque para mí era un sueño que podía cumplirse. El hecho que mis historias pudiesen llegar a las manos de todo el que lo desease.
Sin mal no recuerdo,  solo estando en el proceso de creación de tu  primera novela ya  te asumías como escritora, tanto así que sin ningún pudor, al comienzo de una clase abordaste a un profesor y te presentaste como tal, ¿recuerdas cómo se dio esa situación?
La verdad es que no lo recuerdo pero desde siempre me he asumido como escritora porque desde el minuto uno he sentido mis letras, he pensado, reído y llorado como mis personajes.  Me he deshecho  por dentro y  he roto a llorar cada vez que he terminado una novela. Esa es mi definición de escribir, a grandes rasgos.
¿Imaginaste el éxito que ibas a tener? ¿Lo soñaste o quizá deseaste que así fuera?
Nunca lo imaginé y menos tan joven. Cuando eres pequeña te hacen creer que los sueños no se cumplen, que es algo que te hace avanzar pero que son inalcanzables y, que si eres un afortunado que lo consigue, lo harás siendo mayor. Toda esta creencia también contribuyó en el hecho de que no pudiera creer lo que me estaba pasando.
¿Desde el primer libro sabías que ibas a hacer una saga de cuatro entregas?  ¿Tenías todo planificado o las historias para las siguientes novelas se fueron dando progresivamente?
Sí que lo sabía y lo único que tenía claro era el título y el antagonista de cada libro.
Admite que de pequeña la lectura no era una de sus pasiones
Has dicho hace poco que al comienzo creías que tus personajes nada tenían que ver contigo, pero con el correr de los tiempos, te has dado cuenta, por ejemplo, que Javi, Natalia y Ángel    están basados en ti. ¿Cómo llegaste a esta conclusión?  ¿Qué comparten estos protagonistas contigo?
Siempre fui consciente que Javi y Natalia guardaban relación conmigo pero pensé que Ángel no. Fue en En su nombre que me di cuenta que Ángel era quien yo deseaba ser: fuerte, independiente y comprometida.
Te definiste desde el inicio  como una escritora de brújula, que carece de esquemas, que se deja llevar por la inspiración, y sigues siendo igual, que nunca fue importante para ti  el lugar ni el momento para escribir, y que incluso te vieron hacerlo en el aula en medio del bullicio de tus compañeros, eso sí ha cambiado.  El ‘dónde’ sí ha cambiado, ahora necesitas de ciertas condiciones, ¿qué ha pasado?
Sí, ahora necesito estar tranquila y sola. Lo que ha cambiado es que ahora soy consciente de mi responsabilidad como autora y que no todo es lo que cuentas sino también cómo lo cuentas, y para ello se necesita concentración.
Antes de comenzar a escribir, los títulos han ido por delante. Ha ocurrido invariablemente a lo largo de tus cuatro libros.   ¿Por qué hacerlo de esta forma, Marisol?
Sí, escribiendo La noche roja sabía que el resto serían La vindicta, El retorno y En su nombre. Para mí era necesario nombrarlos para saber cómo referirme a ellos y también una guía a la hora de escribir.
Registró un lleno total en uno de sus últimos actos en la Biblioteca Valenciana
Tus personajes están  dotados de superpoderes, ¿por qué estos y cómo los asignaste?  ¿Hay alguno que te hubiese gustado poseer?
Los superpoderes de los personajes los elegí inconscientemente para que su defecto ahora fuese su arma de defensa. Por ejemplo, Javi es despistado y tiene la fama de no enterarse de nada, con el poder de leer la mente no solo es que se entere, es que lo sabe todo.
Entiendo que al comienzo, para crear solías hacerte una serie de preguntas respecto a la historia y sus personajes, ¿era un método de tu invención? ¿Alguien te lo sugirió? ¿Lo sigues usando?
Nadie me lo sugirió porque poca gente sabía que escribía, fue un método que usé inconscientemente  y que es muy útil. Aún lo uso cuando me veo ante “la página en blanco”.
Fue condición de aquel trabajo escolar que hicieras un relato fantástico, está claro, pero tuviste la libertad de cambiar de registro luego, ¿por qué seguiste en este género? ¿Qué te aporta?
Aprendió a ver la vida con otros  ojos a través de sus personajes
Es un género en el que me encuentro a gusto y segura. Es el único género donde todo es posible, no cuenta con las barreras de lo real por lo que todo lo que imagino tiene cabida.
Sé que en la cuarta entrega te implicaste no solo como escritora sino también como persona, que se te volcaron muchas emociones, pues no solo culminabas una etapa en tu vida de escritora, sino porque descubrías una ruta nueva a transitar, ¿ya tienes claro lo quieres hacer cuando salgas del bachiller?
Desde que tengo uso de razón he querido ser periodista y este nuevo curso empezaré esta carrera en la Universidad Carlos III de Madrid.
Aseguras que has escrito los libros que te hubiese gustado leer, aquellos fundamentados en los valores que amas: igualdad, respeto por los animales y el medio ambiente, ¿continuarás su defensa en tu nueva carrera?
Por supuesto y cada vez con más fortaleza y empeño.
Has manifestado que seguirás siendo una escritora aunque no publiques, ¿esto quiere decir que te darás un largo descanso a este respecto o que simplemente sacar un nuevo libro no será una prioridad en tu nueva vida?
Fragmento de la entrevista que me concedió para Momentos en 2016
Para mí escribir es una necesidad, publicar no. Siempre tendré una historia entre manos o estaré en su búsqueda. Como he dicho antes, para mí escritor no es el que publica, sino el que siente lo que escribe.
Te molesta que se menosprecie a la generación de la tecnología, a la que perteneces. La has defendido diciendo que buena parte de lo dicen es mentira, por ejemplo, que no leen y solo paran pendientes de las redes sociales. En resumen que su vida es banal y despreocupada, concluyen. ¿En que se equivoca la gente? 
En que no tenemos interés por el mundo que nos rodea, que somos cómodos y no reivindicativos. Es necesario entender que hay un gran antes y después entre nuestra generación y la anterior: Internet. Tanto para bien como para mal. Y eso es algo que desconcierta y aterra de cara el futuro. Pero yo creo que Internet es una gran arma de revolución, reivindicación y de información. Nuestra generación es la primera del resto que vendrán, espero que aún más libres y bien informadas.
Has dejado entrever que estás inmersa en un nuevo proyecto que tiene que ver con la distopía, del cual no quiere dar detalles, sin embargo lo evidente es que seguirás en la línea de lo fantástico, pero abordando estructuras o políticas, por ahí va el asunto, ¿no?
Sí, en este caso no hay poderes ni son medio-ángeles estudiantes. Es un reflejo distorsionado de nuestra actualidad abordando la política, tecnología, medio ambiente, animales, la mujer, la orientación sexual, la identidad…
Hasta ahora tu vida no fue planificada, simplemente te dejaste llevar, sin embargo, en este momento estás haciendo planes y visualizas un futuro, ¿cómo te ves en él?
Mi futuro más cercano es mudarme a Madrid para estudiar periodismo y crecer como persona. Me veo escribiendo, sobre todo.

Si desean saber de la autora o su obra
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miércoles, 11 de julio de 2018

Elid Rafael Brindis: “Escribir poesía, para mí, es como volar”




Desde niño ha atendido a su necesidad de volar. Primero lo hizo a través de su imaginación, luego con la ayuda de sus lecturas, más tarde con la escritura. Quiso ser piloto de avión, pero le ganó el periodismo. Sin embargo fueron los viajes físicos como reportero los que le devolvieron a su esencia fundamental: la de expresarse mediante la poesía. 
Elid Rafael Brindis es un periodista y poeta mexicano que reside en Perú no solo enamorado de Carmen, una destacada editora hija de esa tierra, sino del melancólico cielo limeño, del cual distingue cuarenta y ocho tonalidades de gris. Y pensar que cada vez que retorno a la capital peruana en invierno y  miro hacia arriba,  solo veo ese tristísimo color panza de burro de siempre
Leer es un acto que se gestó en tu más tierna infancia y sé que en la escuela te fascinaba sumergirte en la lectura de los clásicos griegos adaptados para niños,  ¿qué recuerdas de esos primeros años de descubrimiento? ¿Quién te introdujo en el mundo de la lectura y los libros?
Hizo realidad su sueño de ser poeta fuera de México 
En realidad fueron tres las fuentes de inducción: la primera fue mi madre. Recuerdo que mientras hacía sus quehaceres me contaba pequeñas historias, algunos mitos que, en su infancia, también solían contarle los abuelos; estos mitos empezaron a despertar mi mundo lúdico, sobre todo por la forma en que me los narraba y yo, prácticamente, los vivía. La segunda fuente fue mi padre, quien casi todas las noches, después de las duras jornadas laborales se daba tiempo para leernos, a mis hermanos y a mí, algunas páginas de los pocos libros que tenía en casa, antes de dormir; y la tercera fuente fue mi maestra, que nos leía cuentos infantiles y mientras los contaba afloraba mi curiosidad, porque no se parecían a las historias de mi madre ni a los textos que leía mi padre; pero todo hacía volar mi imaginación. Todas esas experiencias escuchadas se combinaban en mi mente y me hacían viajar a mundos fantásticos, que me dejaban absorto, embelesado. Por cierto, aparte de todo eso, otro de los gratos recuerdos que conservo e intento que no lo borre el tiempo es que, cuando ingresé a la escuela, al final del primer día ya le estaba ayudando a la profesora a enseñar a algunos de mis compañeros a escribir las vocales, que yo había aprendido con avidez desde el inicio de la clase.
Por esa época también fue que comenzaste a escribir tus primeros poemas, los cuales eran  alusivos a la patria,  a la bandera, a los héroes, entre otros, para las actuaciones de los lunes. Sin embargo no los leías tú, sino tus compañeros. Es curioso que el amor que te motivara a escribir en verso no fuera el inspirado por una chica, como casi siempre ocurre.
Elid junto a la destacada poeta Rosina Valcárcel, su gran amiga 
Sería en el segundo o tercer año de primaria. Todos los lunes, durante los homenajes a la bandera, casi siempre declamaban los mismos compañeros y repetían los mismos poemas. Entonces ya había aprendido a leer más o menos bien, y en los libros que nos daba la Secretaría de Educación venían algunas lecturas breves y poemas sencillos; estos me sirvieron de modelo para intentar escribir mis propios poemas, casi por imitación. No fue fácil, pero esta influencia empezó a marcar también mis primeras rimas… obviamente, con miedo a no hacerlo bien porque, además, empezaba a tener noción de la métrica, mas no sabía cómo se aplicaba. Desde luego, yo escribía poemas patrios porque la educación infantil se basaba más en el civismo y en las normas morales que excluían a la mujer. Además, no podía inspirarme en ninguna chica debido a que era un niño muy tímido, y a esa edad, en ese tiempo, era un tabú y por lo cual, los padres castigaban.
Tu alma de poeta no se nutrió al íntegro leyendo, sino más bien del contacto pleno y total con la naturaleza que te rodeaba en aquellos años, ¿no es así, Elid?
Tras recibir el título de hijo adoptivo en la tierra de Vallejo
Efectivamente, la naturaleza es la sabia conductora de mis letras. En Chiapas hay dos estaciones muy marcadas: la seca y la de lluvias. En la estación seca tenía elementos para inspirarme, como el polvo de los caminos, los árboles sin hojas, los cerros amarillentos, el sol cayendo a plomo, la tranquilidad que se sentía cuando las aves del campo dormitaban por efecto del calor, y muchos etcéteras. En la estación de lluvias estaban a mi alcance la propia lluvia, los rayos, las tormentas, los arroyos boyantes, la vida vegetal reverdeciendo, la siembra de los campos; las aves, las abejas; en fin, haría falta más espacio para describir poéticamente todo lo que se puede contemplar de la naturaleza en cada una de estas estaciones. En verdad, todo eso es poesía y, por eso, Chiapas, mi tierra, siempre está presente en mis poemas; incluso, describo una mínima parte de mi niñez en el poema «El Chiapas de mi infancia», en el que las estrellas de la madrugada también son parte elemental de la inspiración, porque se siente mucha nostalgia cuando caminas a la luz de las estrellas en un campo abierto, sin ruidos más que el de los grillos cortejando a sus parejas.
La poesía te dio alas y te dejaste llevar por ella de manera natural y espontánea, ¿cuándo te viste como poeta y cómo decidiste conducir tu vocación?
Antes de su participación en Punta del Este  (Uruguay)
Para mí la verdadera poeta es la naturaleza. Yo, aún no me veo como poeta, sino como un intérprete de todas esas manifestaciones, a las que ahora incluyo el aspecto social, que es otro fenómeno, y de todo lo cual ya se ha dicho mucho pero aún queda muchísimo más por escribir; admito que no la conduzco, sino que ella me lleva a través de los momentos de inspiración, porque no puedo decir: «hoy voy a escribir sobre esto» cuando, en realidad, la inspiración me marca otra cosa; pienso que conducirla sería tanto como escribir por encargo. Recuerdo que fue en la secundaria cuando realmente empecé a escribir poemas más profundos en versos libres, porque todo lo anterior que escribí, lo hice en rima; creo que fue ahí cuando ya me vi como poeta, y, además, empecé a escribir historias, cuentos breves, como «El árbol de cacahuates» (el cacahuate o maní es una almendra que se produce bajo tierra, no en árboles); en fin, pero el «yo poético» ya hablada de mí, porque la adolescencia es bastante complicada y con eso ya podía exorcizar mis demonios. Además, fueron apareciendo los primeros versos de amor, ahora sí, inspirados en alguna chica que llamara mi atención.
Luego fuiste detrás de otra tus pasiones: los aviones. ¿A qué parte de tu alma querías complacer aprendiendo a pilotar este tipo de naves?
Junto a Carmen, la mujer de su vida 
¡Ah, los aviones! Si bien el escribir es una forma de volar, tenía la curiosidad de saber cómo se veía el mundo desde arriba. Quizá quería liberarme de la prisión de la timidez y experimentar la sensación de libertad, porque una parte del vuelo te lo da el campo abierto a través de la imaginación y la otra te la da la realidad física, y esa era la que quería experimentar; pero me llegó esa oportunidad cuando estudié turismo, lo que me dio acceso a participar en eventos y convenciones, para lo cual viajaba como representante de una agencia de viajes; o volaba en aviones pequeños a los centros turísticos como guía de visitantes, y veía desde arriba la selva chiapaneca como una inmensa alfombra verde; en pocas palabras, esto cambió realmente mi visión, pues empecé a conocer mi propio estado, es decir, Chiapas, lo que me llevó a admirar las otras caras de un mismo pueblo, a palpar directamente el contraste entre los que tienen poder adquisitivo y los que carecen de todo. A esta realidad social es a la que me refería al inicio.
Dices que la aeronavegación es la responsable de tu incursión en el periodismo. ¿Cómo así?
Conocer el Chiapas profundo, las naciones indígenas, la pobreza, provocó que, por circunstancias del destino, mi vida diera un giro inesperado y, como no pude ser piloto, mi otra pasión, la de leer y escribir, me abrió las puertas del periodismo, por lo que opté por apartarme del turismo y estudiar periodismo. De alguna manera, el periodismo también es como volar porque, aparte de que tienes que ir ahí donde se produce la noticia, uno viaja imaginariamente al lugar donde se generan los hechos, los recrea, trata de vivirlos y a partir de ahí debes escribir para los demás lo que está sucediendo en tal o cual lugar; o también tenía la oportunidad de escribir sobre temas culturales y en eso dejas volar tu imaginación. 
Le entregaste más de 20 años de tu vida al diario Expreso Chiapas, donde ejerciste los cargos de editor y subdirector, ¿qué aprendiste del oficio y de tu país durante ese tiempo?
Acompañado de la poeta Ana María Intili y el editor Germán Atoche
La experiencia como periodista es vasta, desde situaciones simples y cotidianas hasta las de alto riesgo; todo se resume en experiencia. Además, el campo de la investigación te conduce a otros mundos que no te imaginas que existen. Después de todo, lo que te queda es la satisfacción de enseñar a otros lo que funcionó para ti en su momento. Iniciarme en la mesa de redacción del periódico puso ante mí otro panorama, pues eran los reporteros los que me traían las noticias y era un doble ejercicio de revisión e interpretación de cada nota. Luego, como editor asumí otra responsabilidad puesto que tenía a mi cargo revisar y jerarquizar las notas, los artículos de opinión, análisis, críticas: un tamiz para conservar la ética del diario, además de estar pendiente de la impresión. Después, como subdirector debía supervisar el trabajo del editor, además de asistir a la directora, concertar entrevistas, en fin, cada vez mayor responsabilidad. En resumen, en estos casi veinte años caí en la cuenta de que el trabajo que había empezado como guía de turistas se había complementado con el de periodista, pues colocó ante mí el panorama de la riqueza y la pobreza de las distintas regiones, lo que me ayudó conocer al Chiapas profundo, sus avances y retrocesos, sus logros y sus conflictos sociales. ¿Dime si esta no es otra forma de volar, como había deseado hacerlo cuando quería ser piloto?
En simultáneo por ese entonces, tenías a tu cargo la supervisión de todos los textos académicos de la Universidad Autónoma de Chiapas. Según entiendo se trataba de una actividad que disfrutabas mucho, ¿lo confirmas, Elid?
Desde luego que sí. La universidad no educa, imparte conocimiento, y ese conocimiento pasaba por mis manos en forma de libros, como resultado de investigaciones y experimentos que se generan en el seno de la universidad. Y esta situación te exige estar actualizado en casi todas las ciencias para poder comprender los contenidos. Por lo tanto, puedo decir que, más que un trabajo, para mí significaba disfrutar de la lectura de libros temáticos que, aun cuando aparentemente no tienen relación con la literatura, te enseñan a interpretar las situaciones cotidianas en otro lenguaje, y que puedes traducirlas en forma poética. Me explico: reviso un libro temático y, a la vez que trabajo, aprendo un lenguaje nuevo que puedo aplicar en la poesía en términos medios, o sea sin tecnicismos pero, a la vez, sin el lenguaje cotidiano. Entonces, lo que para otros resulta tedioso, para mí significa sumergirme en las páginas que me van descubriendo un mundo nuevo, interesante.
Fuiste asesor congresal en la Cámara de Diputados al Congreso del Estado de Chiapas en la década de los noventa, ¿cómo viviste esa experiencia? ¿Pudiste ver de cerca la podredumbre de algunos políticos? ¿La cosa ha empeorado en los últimos tiempos?
Confiesa que siempre tiene tiempo para todo
La década del noventa fue bastante difícil en materia política como consecuencia del surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), y, aunque este movimiento se suscitó en Chiapas, tuvo repercusiones a nivel nacional, e incluso internacional. En  política, los actores cambian pero no la consigna «si no estás conmigo estás contra mí» y, aunque escasos, aún quedan políticos honestos, con vocación de servicio, y a mí me tocó esa suerte. Por supuesto, en los tiempos actuales la situación ha empeorado en forma drástica y prueba de ello es el problema económico por el que atraviesa el país, resultado de combinar las malas políticas aplicadas, con las buenas políticas no aplicadas. Cuando tienes este tipo de oportunidades quieres hacer más, sobre todo en cultura, educación, contra la ignorancia pero, lamentablemente, si no puedes o si no te dejan hacer las cosas, eso te genera frustración e impotencia, más aún cuando sabes que tus ideas se pueden aplicar con buenos resultados para ayudar a la gente a salir de su marasmo y no sean víctimas de la ignorancia.
Eres un todoterreno, además de desarrollarte como escritor, editorialista, articulista, analista político, crítico literario y ensayista en entidades afiliadas al Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas (Coneculta), también escribes reportajes e investigaciones para revistas de corte científico y cultural, ¿de qué manera concilias tu vida familiar con todas estas actividades?  ¿Hay tiempo solo para Elid?
Definitivamente, hay tiempo para todo. Por fortuna, uno aprende a priorizar las cosas: relaciones, situaciones… y siempre queda tiempo. Gracias a la magia de la tecnología puedes diversificar tus actividades, por ejemplo, encajar las actividades para las revistas de corte científico o cultural y, aunque a veces no se consiga, siempre surge la magia, porque la información y la experiencia están ahí y solo tienes que procesarlas para lograr esa combinación perfecta. Al fin que la vida, por sí misma, es una magia diaria que empieza al amanecer y continúa al empezar a soñar.
Hace casi una década dejaste  una rica y exitosa vida profesional en Chiapas para viajar a Lima en busca de la realización de un sueño. ¿Quieres compartir esa historia?
Le ha costado hacerse un lugar en el medio literario peruano 
Desde niño, siempre tuve curiosidad por saber qué había más allá de lo que conocía, además de que también me ha atraído el sur, aunque aún desconozco la razón. Déjame comentarte que cuando llegó a mis oídos por primera vez la música de «El cóndor pasa», se despertó en mí el deseo de conocer el vuelo de esa ave, su territorio, el cielo, las montañas, la nieve de la que habla, aparte de conocer las culturas, las formas de vida; en pocas palabras, todo lo relacionado con los Andes y sus maravillas. Te cuento que cuando recorrí Lima por primera vez, lo primero que hice fue imaginar cómo habrían vivido los antepasados, sobre todo, durante la época colonial, ya que en mi adolescencia tuve la oportunidad de leer relatos limeños de la Colonia. Como te decía, también me atraían los paisajes andinos, el sol en diciembre, la música, en fin, tantas y tantas cosas que me siguen atrayendo del Perú y que ahora tengo la ocasión de disfrutar al máximo. Comparto contigo una anécdota: cuando en una ocasión recorría el jirón Ucayali rumbo a la cancillería, observé casi perplejo un lugar que me pareció familiar, me quedé paralizado durante unos segundos porque sentía que ese lugar ya lo conocía, que ya había yo estado ahí, fue algo realmente sorprendente. Como verás, mi querida Elga, en mi vida casi siempre está presente esa sensación de volar.
En Lima has sabido echar raíces y desarrollarte en el plano laboral con éxito. Eres editor del Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, corrector de textos del Fondo Editorial del Congreso de la República, Ministerio de Defensa del Perú y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID),  ¿cómo se hace para empezar de cero en un país distinto al tuyo? ¿Los comienzos siempre son complicados como se suele escuchar a menudo?
Departiendo con el prestigioso crítico literario  Ricardo González Vigil 
En efecto, todo principio es difícil. Pero a fuerza de empeño, trabajo y esfuerzo te vas abriendo paso, tocando puertas. La parte más difícil es empezar a darte a conocer, mostrar tu trabajo y que este sea aceptado, considerando que cada país tiene sus particularidades y sus propias formas de decir las cosas. A pesar de que Perú y México son los países que más se parecen en casi todo, menos en cómo se dicen las cosas, tuve que aprender a usar el lenguaje peruano, pues a pesar de que el español es el mismo a nivel latinoamericano y siempre me baso en la Real Academia Española para todo, la interpretación de las palabras es diferente en cada lugar; es cierto, me costó mucho desaprender el lenguaje mexicano para empezar a aprender el español peruano. Sin embargo, uno de los secretos es la constancia: estar ahí, insistir y, después, cuando eres aceptado, trabajar más duro, dar lo mejor de ti, y cuando te empiezan a recomendar comprendes que ya te están integrando a la sociedad peruana; por eso agradezco al Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos la oportunidad que me dio de mostrar mi trabajo profesional y, a la vez, conocer a tantos autores y ayudarlos a publicar sus conocimientos, pues estos no se deben quedar en la mente, sino compartirlos con quienes tienen el deseo de saber más.
En el aspecto literario también has conseguido importantes reconocimientos y lauros. Uno de ellos es hacerte acreedor del Trilce de Oro en 2013. Luego,  en mayo de 2017 fuiste nombrado Hijo Adoptivo de Santiago de Chuco recibiendo tal distinción de parte de la Municipalidad Provincial de Santiago de Chuco durante el XVIII Encuentro Internacional Itinerante Capulí, Vallejo y su Tierra. Todo un privilegio tratándose de la tierra de César Vallejo, sin duda alguna, Elid.
En un alto del Encuentro de Escritores en Punta del Este (Uruguay)
Definitivamente, es un verdadero privilegio, sobre todo el hecho de poder estar en contacto con el suelo que pisó, con los objetos que tuvo a la mano y bajo el mismo techo que lo cobijó, en fin, todos aquellos elementos que le habrán inspirado para descubrir su vocación de poeta; máxime, cuando el pueblo en sí mismo es poesía viviente. Todo me conmovió y es por eso que Santiago de Chuco tiene un lugar muy especial en mí, porque por fin pude ver el panorama andino que siempre había deseado cuando escuché la canción «El cóndor pasa», ¿recuerdas? Incluso, en el viaje que hicimos en bus todos los escritores que fuimos al encuentro, antes de llegar al pueblo tuve la sensación de que se podían tocar las nubes con las manos; literalmente, me sentí cerca del cielo, era como estar volando. En esos momentos, como una reminiscencia, llegaron a mi mente las letras de Carlos Fuentes, el escritor mexicano, y su novela La región más transparente, porque así me sentía, como en un lugar privilegiado por la naturaleza, en la región más transparente del aire.
En 2016 y 2017 participaste en el Encuentro Internacional de Poetas y Narradores de las Dos Orillas y Congreso Americano de Literatura en Punta del Este (Uruguay), en los cuales cosechaste excelentes críticas a tu trabajo literario, ¿es esta la mejor época de Elid como poeta?
Con su amiga la poeta y promotora cultural Ruth Hurtado 
Gracias a la invitación de los organizadores del encuentro y del congreso, pude viajar a Uruguay para nutrirme de las experiencias de los otros poetas que participaron. Definitivamente, no puedo, o, mejor dicho, no quiero hablar de épocas porque aún no alcanzo a conocer todo mi potencial, dicho esto sin pecar de falsa modestia, ya que por ahora el tiempo es mi mayor tirano y realmente necesito darme un tiempo sabático para encontrarme conmigo mismo, para que puedan nacer los poemas que están latentes, algunos están en mis cuadernos, blocks de notas, en la PC, en hojas sueltas, en la mente, y aún no cobran vida. Tengo varias ideas rondando la cabeza que todavía no he podido plasmar, aunque la esencia ya está en la memoria. Lo que quiero decir es que me falta experimentar con mis propias letras para superar los convencionalismos. Mi mejor época creo que es la que está por venir, porque mi meta es dar ese gran salto.
En Lima publicaste Poemas del autoexilio,  tu primer libro de poemas, y  lo presentaste en julio de 2017, en el marco de la feria del libro de dicho país, donde México fue el país invitado de honor. Resultó un rotundo éxito: lleno total de la sala, gente que quedó afuera y ejemplares agotados. ¿Qué has hecho para ganarte el aprecio de los lectores?
Quedé sorprendido con el éxito inesperado de mi primer poemario y sí, fue sala llena y tuve la oportunidad de que me invitara la embajada de México en Perú, a través de la Secretaría de Cultural federal, a una segunda presentación en el pabellón, con gran éxito, donde se vendió casi el sesenta por ciento de la producción. Creo que uno de los factores más importantes fue la presencia de los amigos, quienes, además, me ayudaron en la difusión de la presentación. Tengo la dicha de contar con muchas amistades, y, por otro lado, considero que otra característica es que mis poemas encajan en la vida cotidiana, son de fácil lectura y prácticos de entender. Creo que el factor sentimental también es un valor importante en la amistad y, por si fuera poco, está el hecho de que México y Perú sean países hermanos; este valor, que considero histórico, nos ayuda como latinos a identificarnos. Por cierto, a manera de anécdota de la presentación en el pabellón de México, al final se acercó una española y pidió los últimos tres libros que quedaban para llevarlos a su tierra; entonces le dije que me permitiera quitar las marcas que había puesto en las páginas seleccionadas y me respondió: «No; los quiero tal como están, porque eso le da más valor al libro». Eso me conmovió y le entregué, junto con un gran abrazo, los tres últimos libros que quedaban sobre la mesa.
Participando en un recital poético en Lima  
Tu libro Poemas del autoexilio fue prologado por la prestigiosa poeta Rosina Valcárcel y la carátula pertenece al famoso pintor Carlos Ostolaza Ramírez, ¿cómo conseguiste el apoyo de tan ilustres personajes?
La historia de mi amistad con la poeta y el pintor es un poco larga, pero se abrevia porque la familia Valcárcel Carnero (su papá Gustavo, su mamá Violeta, ella y sus tres hermanos) vivió el exilio en México en la década de los cincuenta. Cuando llegué a Lima, mi primer contacto fue con Marcel Valcárcel, ya que, como investigador de la Pontificia Universidad Católica del Perú, hizo algunos trabajos para la Universidad Autónoma de Chiapas. Y fue a través de Marcel que conocí a Rosina, y, por ella, a su esposo Carlos Ostolaza. La amistad surgió desde el primer momento, por afinidad. Con el tiempo fuimos organizando reuniones para hablar sobre México y Perú, y desde entonces ella me incentivaba a que publicara; sin embargo, tuve que esperar varios años antes de tomar la decisión. Decidí hacerlo en el 2017 porque el país invitado a la Feria Internacional del Libro de Lima era México, y tanto Rosina como Carlos coincidieron en que era el momento de hacerlo. Cuando le di a leer a Rosina mis poemas le pedí que escribiera el prólogo y aceptó gustosa. Coincidentemente, Carlos Ostolaza estaba organizando una exposición de su pintura en La Casona de San Marcos; él llevaba unas pinturas y dije «Esta pintura está bien para la portada de mi poemario, porque se parece mucho a los parachicos (personajes tradicionales de Chiapa de Corzo, que danzan durante la fiesta de enero) de Chiapas» y me dijo: «Te la regalo», así, sin más. Entonces, fue el universo el que conspiró para que el 2017 fuera el año de nacimiento de mi primer poemario. Como verás, todo encajó perfectamente.
Manifiestas que Poemas del autoexilio es una aproximación a la poesía que refleja los picos extremos de dos distancias, pero además es un viaje de un confín a otro donde aparecen soles, lunas, nubes, relámpagos, días y noches, ¿quieres explicar qué significa todo esto?
La nostalgia por su tierra está presente 
Desde luego, todo es un aparente sentido figurado, porque en verdad tiene mucho de autobiográfica; aunque siempre me ha atraído escribir sobre dos grandes misterios: el universo y la muerte, en ese orden. Pero en este poemario se entrelazan dos extremos: México y Perú como vértices; la familia como idea tangible, y los recuerdos como punto de enlace entre esos vértices. Las demás figuras implican, en estado subconsciente, las penas y alegrías, las situaciones por las que el «yo poético» ha pasado, y, en estado consciente, todo lo físico, lo real, el motivo o inspiración que me han acompañado. Además, como dije casi al inicio, la naturaleza es la cómplice perfecta que me dicta lo que tengo que escribir.
Estás preparando la salida de Poemas del autoexilio II, ¿qué pretendes compartir en esta segunda parte?  ¿Habrá alguna sorpresa?
La segunda parte, por llamarla de alguna manera, todavía está en proyecto, estoy preparando las bases para su construcción. De hecho, hay un poema muy breve que, de ser posible, le dará nombre al libro: periplo; o sea, todo el recorrido poético que me ha tocado vivir en Perú, parte de Uruguay y, sobre todo, México. Una de las gratas sorpresas es que quien prologará el libro es… bueno, ya contaré en su momento el porqué, pues primero debo afianzar la base para que pueda colocar la estructura.
Dices que tu segundo amor es el Perú, el primero Carmen, sin embargo, te has enamorado sin remedio del cielo limeño, ¿no temes ser un limeño más sometido al influjo de su tristeza?
Hace un momento hablé de vértices: Carmen es, precisamente, el vértice, el pilar fundamental y fundacional de lo que soy en Perú, y, por supuesto, ella es parte del cielo limeño que le da color a las cuarenta y ocho tonalidades de gris de este cielo: el verde de los jardines, el ocre del desierto cercano, el mar, las alas del cóndor, la nieve andina, el motivo principal de mis vuelos imaginarios… Entonces, no hay temor porque, de esta manera, el influjo no es solo de tristeza, que también tiene su lugar en la poesía, conjuntamente con la nostalgia, que es algo que me atrajo, en contraste con el cielo de Chiapas, siempre soleado. Déjame decirte un secreto: me gusta ese influjo, me inspira, pero sobre todo, me seduce. Al final, esa tristeza es pasajera, se disipa con los primeros rayos del sol de verano y se transforma en espectaculares atardeceres. Lima, para mí, es, sobre todo, un privilegio por su inspiración profunda, absoluta: es volar junto a Carmen.


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