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jueves, 8 de octubre de 2015

Marta Querol: "Tengo un don para contar historias"


Acercarse a Marta Querol y ver el paisaje  de sus ojos verdes  es como contemplar el mar en su estado más armónico y apacible.  Transmite una inmensa calma, y sí, debemos aceptar que ella es lo que proyecta.  Su naturalidad y sencillez son rasgos de su manera de ser. Por eso se deja querer y la quieren. Con Marta aplica " lo que ves es lo que hay".
Les invito a conocer a esta escritora valenciana que se ha convertido en una de las exponentes de la narrativa española con mayores perspectivas a nivel internacional.

¿Cómo es desarrollar el papel de escritora no sintiéndose como tal? Si ya la gente te considera así, y tus lectores mucho más, ¿qué te falta para verte como lo que eres para nosotros: una autora de los pies a la cabeza?
No sé en qué consiste desarrollar el papel de escritora. Yo escribo. Y escribo porque me gusta contar historias que me motiven. Y ya está. No hay más. Hace poco un lector me decía que era una narradora fantástica. De momento, ahí sí me veo ubicada. Como contadora de historias. En cuanto a qué me falta para sentirme escritora, la verdad es que no lo sé. Imagino que me falta recorrido, producción literaria y también, claro, reconocimiento externo y no me refiero al de los lectores, que por fortuna no puedo quejarme, sino a algo más “profesional”, a que me consideren escritora los medios especializados o la crítica. Pero tampoco tiene importancia cómo me considere yo porque, como digo, escribo por el gusto de contar historias que me espolean y la etiqueta de escritora deben ponértela los lectores. Si quien me lee me considera escritora, es más que suficiente.
Cuando quedó entre las 10 finalistas del Premio Planeta
Viendo tu currículum profesional que da cuenta de varias carreras y con una extensa experiencia en todas ellas, nadie podría imaginar que terminarías incursionando en la literatura, ¿es una vocación que guardabas celosamente para ti sin atreverte a dar el paso definitivo o fue algo que se manifestó de repente ante una necesidad emocional, o quizá vital?
Carrera tengo una, aunque cursos de posgrado (máster que se llamaban antes) si tengo muchos. Como he comentado alguna vez, la vocación se manifestó de repente, como una necesidad vital. De no haberse unido una serie de circunstancias tal vez esta vocación continuaría sepultada bajo la vorágine diaria. Hasta que no pude mirar hacia adentro no supe lo que necesitaba.
¿Eres una mujer que se lleva por impulsos o que hace caso a su intuición?  Porque imaginamos que uno de ellos te condujo a presentarte a la 56 de edición del Premio Planeta de Novela y quedar finalista con tu opera prima El final de la ave Fénix, ¿en este caso te gusta hablar de suerte o el cumplimiento de tu destino?
Soy intuitiva pero también reflexiva. En mi vida privada soy mucho más impulsiva que en la profesional, y lo literario está más cercano a lo privado que a lo profesional. Si hubiera reflexionado no habría mandado mi opera prima al Premio Planeta. Creo que tuve mucha suerte al quedar entre los diez finalistas. He tenido la oportunidad de hacer de lectora en algún premio relevante y sé lo difícil que es pasar ese filtro entre tantísimas obras. No basta con que la obra sea buena ―que sí creo que es imprescindible―, hace falta además que la suerte acompañe y el lector encuentre en las páginas leídas de tu texto algo que no ha visto en los demás. No creo en el destino, creo que cada uno se va labrando el suyo según va tomando decisiones.
El periodismo no es una de tus carreras, pero colaboraste en varios medios de comunicación, ¿cómo te valúas en ese desempeño y qué aprendiste de ese campo? ¿Te gustaría volver?
Durante una de las presentaciones de su exitosa novela 
La verdad es que nunca imaginé que llegaría a colaborar en prensa escrita, radio y televisión, en los tres casos lo he hecho de forma continuada, ya fuera con columna propia o como participante en programas semanales. Y en todos ellos me he sentido muy cómoda. Tal vez la radio es el que más me gusta, me siento como en casa. De todos he aprendido. El ejercicio de hacer una columna de opinión semanal en un diario de gran tirada es sanísimo. Es una responsabilidad y un reto que se complica cuanto más tiempo llevas escribiendo. En cuatro años hablé de casi todo y cuesta no repetirse. También supone un ejercicio de síntesis estupendo y que, a mí en particular, me vino muy bien.
La televisión también es un buen campo de aprendizaje. Aprendes a pensar con rapidez antes de hablar, allí no existe la posibilidad de eliminar o corregir un párrafo cuando se trata de directos o falsos directos; y a fuerza de observarte mejoras también la forma de comunicar. Recuerdo que al principio me veía sin voz y me entraba risa porque movía tanto las manos que parecía que bailaba la Macarena. He tenido que esforzarme por ser menos mediterránea en la expresión no verbal. En la radio eso no es problema, aunque tampoco puedes moverte mucho o los micros lo “chivan” todo. Pero sí, de todo se aprende.
Me encantaría volver a cualquiera de ellos, pero por desgracia es un sector en el que es muy complicado que te contraten y optan siempre por colaboraciones gratuitas a la hora de ampliar contenidos.
Con los integrantes de su equipo de baloncesto universitario 
Un viejo profesor de redacción periodística nos decía que el periodismo es literatura hecha a la carrera (a prisa), pero con aspiraciones de un ascenso definitivo a ella, ¿compartes este punto de vista?
Depende. El periodismo cubre muchas parcelas y estilos. Cada artículo tiene el sello de su autor y no es lo mismo escribir una noticia que una columna de opinión. Creo que en Opinión la vena literaria puede potenciarse más, y ahí sí que estaría de acuerdo con el viejo profesor de redacción. Aunque, dentro de lo que son artículos informativos, los hay que se limitan a relatar los hechos como meros fedatarios y otros en cambio intentan crear un texto que haga vivir lo sucedido y que impacte en el lector.
Transmites mucha serenidad en tu actitud y comportamiento, ¿eres así también al momento de escribir?, ¿jamás pierdes la paciencia cuando no fluyes o no estás inspirada?
Soy una persona tranquila y paciente, me cuesta mucho perder los nervios que no es lo mismo que no desesperarse. Eso sí, cuando los pierdo, exploto, tal vez por el tiempo en que, ya desesperada, me he mantenido en calma. Pero la falta de inspiración me afecta más en forma de abatimiento que de rabia y eso puede dar la impresión a quien me rodea de que no me altera.
Has participado como jurado en varios certámenes literarios, ¿qué te tiene que dar o aportar un manuscrito para que le des tu voto? ¿Qué buscas en la literatura de otros?
Cuando hago de jurado funciono, imagino que como muchos, por eliminación. Exijo unos mínimos indispensables y a partir de ahí, las obras que los reúnen (ortografía correcta, uso adecuado de la gramática, fluidez en el texto, coherencia…), les vas subiendo el listón. Me llaman la atención los textos que sorprenden por lo original de la historia, por la contundencia a la forma de narrar, por la verosimilitud de los diálogos… Busco que el texto me cautive y que cada línea me invite a la siguiente, que mantenga mi interés y mi placer en lo que leo, tanto por lo que cuenta como por cómo lo cuenta, que me sorprenda.
En uno de los lugares que disfrutó más: las cataratas de Niágara
En un mundo tan poblado -en el que todos buscan hacerse un nombre y dejarse sentir- como es el literario, ¿qué esfuerzos desplegaste para tener tu parcela y,  además, ganarte  el respeto de tus colegas?
Una cosa es hacerse visible y otra bien distinta ganarse el respeto de los colegas. Cuando empiezas piensas que al publicar ya está todo hecho: la editorial te publicitará, te llevará a presentaciones, el libro estará en todas las librerías, contactará medios para que te entrevisten, tu obra se conocerá y los lectores harán el resto. Pero no tardas en darte cuenta de que la realidad es bien distinta. Y entonces no queda otra que moverte por tu cuenta para llegar a los lectores. Por eso abrí mi primer perfil en FB y por eso tengo una web, el blog, la cuenta de Twitter… Es un desgaste tremendo, cuesta hacerlo de forma elegante, sin cargar a quienes te siguen ni saturarles de publicidad. Tengo colegas a los que les funciona la publicidad tipo spam, pero a mí se me da fatal, no me gusta y lo que hago a disgusto se me nota.
En cuanto al respeto… Sé que mis compañeras de letras me respetan. Con los compañeros cuesta más (me refiero a respetarme dentro del mundo literario, en el personal siempre me he sentido respetada) porque para mi sorpresa ya hace tiempo que descubrí que les cuesta (por decirlo de alguna forma) leer a mujeres por prejuicios e ideas preconcebidas sobre cómo y qué escribimos. Directamente no te leen e incluso alguno te desprecia sin haberte leído. No lo entiendo, pero pasa. Lo que no quita para que sean amigos y tengas una relación buena con ellos.
A los  tres añitos disfrutando de la playa
Sé que te gusta el deporte, y obviamente, en él prima la competencia, aparte de la camaradería, ¿también entraste a medir tus posibilidades en la literatura? ¿Había en ti un espíritu de competencia? ¿De salir a ganar?
No soy nada competitiva. De hecho tengo amigos que se quejan de que conmigo no se disfruta ganándome porque no me molesta perder. Me gusta el deporte, pero practicarlo, no ganar o perder. Y en la literatura me pasa otro tanto. No soy ambiciosa ni quiero ser más que otro. Quiero ser yo, aspiro a escribir bien, a ser leída, a hacerme un nombre, pero sin pasar por encima de nadie o ver qué hacen los demás salvo para aprender de ellos.
En todo ámbito hay que lidiar con los juicios de valor, y quizá, en el literario como en el artístico mucho más, ¿cómo respondes cuando critican con mala leche tu obra o tu persona? ¿Lo sobrellevas bien o te cuesta levantar cabeza luego?
Las críticas me afectan, claro. Las que son a mala leche de forma distinta a las que son sinceras porque se distinguen perfectamente unas de otras. Las que son a mala leche me producen desazón porque escapan a mi entendimiento. Suelen ser anónimas y te dejan con la sensación de que tienes un enemigo cerca y no sabes quién es (aunque a veces lo intuyes). Me afectan por la maldad que implican. Y a veces me indigno porque llegan a mentir o falsear para desprestigiar y estás indefensa en esas situaciones. Callas porque si lo rebates le das más publicidad y para eso lo hacen.
Cuando son críticas porque de verdad no ha gustado el libro duelen menos aunque me las tomo más en serio. Tengo claro que no puedo gustar a todo el mundo y, si están bien argumentadas, tomo nota de lo que dicen por si es algo que puedo mejorar en el futuro.
Sobre si está o no presente el autor en sus obras, los escritores todavía no se ponen de acuerdo -y quizá nunca lo hagan-, ¿podemos hallar a Marta en sus relatos o novelas? ¿Cuánto de ti dejas en tus obras?
Practicando ballet, otra de sus pasiones
Voluntariamente, salvo en el prólogo y el epílogo de mi primera novela, nada. Inconscientemente imagino que todos nos filtramos por alguna rendija del texto, en alguna idea de un personaje, en la reacción de otro… Pero son trazas no reconocibles que se mezclan con otros rasgos que nada tienen que ver.
¿Qué aspiraciones o metas cumples cuando pones punto final a tus relatos o novelas? ¿Hay en ti una necesidad de dejar un mensaje o moraleja?
Cuando pongo punto final a una historia mi aspiración es sentirme satisfecha con el trabajo realizado, que sienta que el final ha quedado “redondo”.  No me pongo metas en cuanto al mensaje, no soy un gurú ni un maestro. Tengo la necesidad de emocionar, de conectar con el lector, y me gusta también dejar preguntas abiertas. No sé si puede llamarse moraleja, pero con frecuencia mis historias se mueven en un terreno en que nada es blanco ni negro y hasta del personaje más perverso puede entenderse su punto de vista. Pero no es una meta o algo premeditado.
Te gusta la música y el baile, e incluso practicaste ballet, ¿qué papel desempeñan estas artes en el mundo literario de Marta y su vida en general?
La música y el baile me devuelven la energía que pierdo en tantas cosas de las que me ocupo y me preocupan. Son mis pilas, y además bailar me pone de buen humor. La música me ha acompañado a lo largo de toda mi vida y de hecho, en mi tercera novela (que está pendiente de publicación) hago un pequeño homenaje a la música de los 80’s y 90’s.
Durante su paso por  Indonesia 
Tengo entendido que soportas mal el frío, ¿con qué sentimiento o emoción lo asocias?  ¿Podría ser un tema literario?
El frío me aletarga y lo soporto mal. El invierno lo pasaría hibernando, como los plantígrados. Literariamente lo asociaría con la muerte o la enfermedad. No me llama escribir sobre el frío aunque tengo un micro relato en el que es el protagonista.
A los 20 años ya habías recorrido medio mundo, ¿te has quedado con algún paisaje o algunas personas, en especial, de aquellos periplos?  ¿Qué nos une y nos separa a los seres humanos tú que has visto más diversidad de tierras y gente que la mayoría?
Me costaría decidir porque fueron muchos los que me impresionaron profundamente. Recuerdo de forma  muy vívida las cataratas de Iguazú. Llegamos hasta el borde mismo, a una roca que parte la catarata, y no solo vi sino que sentí en mi cuerpo la fuerza brutal del agua. Quedé conmocionada. Pero vivimos en un planeta muy hermoso y con mucho para ver y llenar el alma, y nos empeñamos en mirarnos el ombligo.
Nos separa la sinrazón, los prejuicios, el egoísmo, la falta de empatía, la ignorancia… Cada uno tiene sus costumbres y su historia, pero con respeto y una mente abierta por ambas partes puedes sentirte bien en cualquier lugar del mundo por diferente que sea a tu entorno habitual.
Has probado varias de las cosas que te han llamado la atención como la fotografía, los idiomas, aunque no, el dibujo, ¿qué tienen en común estos y cómo encajan en tu personalidad?  ¿Qué nos informan de ti?
Creo que ponen de manifiesto cierta sensibilidad hacia las artes plásticas y que soy bastante proactiva, me gusta hacer cosas, aprender. Soy inquieta y también, para mi desgracia, poco constante. Dice el refrán que quien mucho abarca poco aprieta y yo me disperso mucho. Me faltan horas en el día para todo lo que me gustaría hacer.
Te defines como curiosa pero aclaras que no eres cotilla (chismosa), en particular, ¿qué
Se la recuerda como una de las falleras mayores más bellas
despierta tu curiosidad?  ¡Ah! También sé que tienes un sexto sentido con las personas, eso ayuda mucho para no llevarse disgustos o decepciones, ¿no?

Lo he comentado, me gusta aprender, y en esa vía es en la que soy curiosa. También me gusta comprender el fondo de las cosas y para ello es necesario tener mucha información sobre lo que rodea aquello que se quiere entender. En esa medida soy curiosa.
En cuanto a ver venir a la gente me dicen que tengo un sexto sentido, pero como soy de cuestionármelo todo, me cuestiono hasta mis propias apreciaciones intuitivas mientras los hechos no confirmen (casi siempre lo hacen) lo intuido. No sé si se ahorra uno decepciones o se las lleva antes de tiempo. La ignorancia a veces evita disgustos.
¿Qué le ha aportado  Marta Querol ser humano a  la escritora y viceversa? ¿Difieren mucho una de otra?
No hay dos Martas, son inseparables. Los que me conocen saben que lo que se ve o se escucha en las entrevistas es lo que hay. Lo único que la Marta escritora le ha aportado a la Marta ser humano son unas amistades impagables que no habría conocido de no haber emprendido el camino de la literatura. Algunas de esas personas se han convertido en pilares fundamentales en mi vida.
Junto a un escaparate de La Casa de Libro 
En 1988 fuiste elegida Fallera Mayor de Valencia,  ¿por qué quisiste serlo? ¿Asumir este cargo fue uno de los mayores retos de tu vida? ¿Cuál es el aprendizaje que te trajo esta experiencia?
Tampoco fue algo que me planteé. Yo era una enamorada de la fiesta de las Fallas y a mi padre le hacía muchísima ilusión. Me presentaron a la elección porque era lo habitual, lo último que se hacía cuando acababas de representar a la falla de tu barrio, y fui pasando filtros hasta ser la elegida. Me costó asimilarlo y sí, fue el mayor reto que hasta entonces había tenido enfrente. Me obligó a mejorar en muchas cosas como a hablar en público, habilidades sociales, espíritu  de sacrificio, sentido de la responsabilidad… Aprendí muchísimo pero, sobre todo, maduré y, como en el caso de la literatura, hice muchísimos amigos y alguna de las amigas de entonces hoy en día son una parte importantísima de mi vida.
¿Crees que ser escritora es el propósito de tu vida? ¿Naciste para contar historias?
Creo que sí, que tengo un don para contar historias. Cuando tengo el tema claro la escritura me fluye con una facilidad que me sorprende. Pero no creo que ese sea el propósito de mi vida. Mi propósito es ser feliz y hacer feliz a los que me rodean.
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