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sábado, 1 de diciembre de 2018

Irma López Chumbe: “Para aprender necesitamos humildad”



Cuando viajó a la capital para estudiar en la universidad se dio cuenta con estupor que sus profesores no sabían nada respecto a la riqueza literaria de su región. Es más ni eran capaces de ubicar en el mapa su natal Yurimaguas (Loreto, Perú). La profesora y escritora amazónica Irma López Chumbe hastiada de tanta ignorancia y desdén, se atrevió a encarar a una eximia arqueóloga, al finalizar su sesgada exposición, diciéndole ofendida que estaba en un error, que en su tierra  la cultura se asemejaba al caudal de sus ríos, y que incluso su gente poseía una tradición oral  exuberante como su selva. A esto la pseudo experta respondió apática: “Escribe, y lo leeré”. Años después  la buscó para obsequiarle una copia de su investigación. La catedrática volvió a contestar displicente: “Lo leeré”. Jamás lo hizo. 
Estás orgullosa de tus raíces y la cultura de tu tierra, por eso estudiaste lengua y literatura en la universidad, realizaste una maestría en docencia y obtuviste un doctorado en educación,  es decir, enfilaste todos tus conocimientos a la enseñanza, porque querías tener la oportunidad de preservar y trasmitir la sabiduría ancestral de los tuyos a través de la narrativa, la poesía y la tradición oral, ¿cuándo germinó en ti la idea de investigar, rescatar y enseñar el patrimonio literario y artístico de tu gente?
Junto a su directiva en pleno trabajo de promoción de su cultura
Me encanta  el aire puro que se respira aquí. Somos dueños del tiempo. No nos interesa el reloj. Caminamos recibiendo las energías positivas de las plantas, de las  flores. El suelo es gredoso y fresco.  Escuchamos el canto de los pájaros. La selva es maravillosa y sorprendente.  Y su gente también lo es.  Todavía me sigue asombrando, cuando me adentro en el bosque, que unas cabezas se asomen  entre el arbusto y me saluden en su lengua. Sin duda mi tierra tiene mucho que decir, pero no se la toma en cuenta.  Durante mis estudios en la universidad, me llamaba la atención  una arqueóloga que  hablaba de una forma admirable sobre la  historia del Perú.  Se trataba de una eminencia en el tema al parecer, sin embargo luego descubrí que sus conocimientos eran muy limitados. Finalizado el curso, me aproximé  a hacerle unas preguntas respecto a la cultura de la región selvática.  Su respuesta fue tajante: “De la selva poco o nada había que rescatar”. Me sentí dolida. La insté a referirse a la selva, asegurándole que estaba en un error, pero ella  con una sonrisa complaciente me contestó: “Escribe, y voy a leerte”. Y se marchó.
Después de algunos años, la invité a leer una investigación de mi autoría sobre la educación en Yurimaguas, sin embargo con la misma sonrisa volvió a responder. “Lo leeré”.  Entonces repliqué: “Ahora ya no diga  que no hay nada que leer de la selva”. Fue un hecho novedoso para mí.  Empecé a querer y valorar más a mi región. El entorno me sirvió de inspiración, sobre todo fijé mi atención en los medios de transporte: canoas, botes, deslizadores. Los viajes por los ríos Cachiyacu, Marañón y  Huallaga alimentaron mi imaginación.  También los que realicé por la carretera de Yurimaguas -Tarapoto. Se presentaban diversos  temas para escribir mis historias.
Algunas de su exalumnas de la tribu shawi 
Trabajaste en un programa de interculturalidad bilingüe con los nativos shawis, en su mayoría conformada por mujeres, ¿qué pudiste aprender de ellas? ¿Cuál es su visión del mundo? ¿De los otros? ¿El de las mujeres? ¿Qué concepto tienen de sí mismas?
Gracias por recordarme esa experiencia. No sabes cuánto admiro a sus mujeres. Las conocí primero cuando me desempeñaba como maestra de lenguaje  en un colegio de secundaria por el río Cachiyacu. Desde el inicio observé que  intentaban salir adelante; se esforzaban en comunicarse en castellano. Usaban la arcilla para elaborar sus mochahuas (vasijas). También hacían  collares de cuentas coloridas. Además  hilaban el algodón para tejer sus pampanillas (taparrabos) y luego pintarlas con mezclas de tierras o tinte de hojas de plantas. Después de 16 años de preparación, ellas tenían pensamientos progresistas respecto a su futuro.   Aproximadamente el  60  por cierto ejercían de  profesoras en su comunidad.  Los niños debían primero aprender en lengua originaria para después recibir la enseñanza en castellano. En consecuencia,  las jóvenes shawis, con sus niños amamantando, podían estudiar educación inicial. Fue una gran noticia para ellas, no solo ‘servirían’  para criar a los hijos y  preparar el masato (bebida a base de yuca).  Además acababan con  la resistencia de los  maridos celosos. Por fin, podían estudiar y sacar adelante a sus familias.
Los shawis  han adoptado un comportamiento pacífico. Durante  el siglo XVII, fueron dominados por los belicosos  aguarunas.  Fueron ellos los que les obligaron a abandonar sus dominios  y dispersarse por el monte. Para un nativo aguaruna los shawis eran brujos por practicar el chamanismo, es lo que  cuenta Aldo Fuentes. Mi experiencia como maestra con las mujeres, me permite decir que van con la verdad por delante.  Hablan sin tapujos.
Se les pide a las shawis ser buenas madres. Es su obligación cuidar con celo de su prole. Son inteligentes, aprenden rápido.  Por eso pueden ejercer de  maestras en las escuelas  de sus comunidades. Ellas son las que velan por la enseñanza en su lengua. También la apoyan y fomentan la educación en castellano, pese a la oposición de sus paisanos. Su  papel está ligado a la educación, pero por lo demás deben obedecer a su marido. Carecen de otras atribuciones.
Cualquier lugar le sirve para disfrutar de la lectura 
Eres fundadora y presidenta de la Asociación cultural Embrujo Amazónico-Yurimaguas  (ACEAY), la cual  agrupa a escritores y artistas plásticos de Yurimaguas (Loreto, Perú), y declaras que tu  misión es  ‘embrujar’ al mundo para que se interese por el talento y trabajo de sus miembros. ¿Lo estás consiguiendo? ¿Con qué dificultades se encuentra un escritor o artista de tu región a la hora de promocionar sus obras?
La fundación de ACEAY nació en respuesta a un clamor unánime: los loretanos tenemos que  reconocer primero lo nuestro. Lo estamos consiguiendo a pasos lentos, a pesar de la indiferencia de las autoridades.  Ellos  no apuestan por la cultura literaria. Siguen pensando que los de afuera son los más importantes. Nos hemos cansado de tocar a sus puertas.  Dejamos de quejarnos y aprendimos a marketearnos. Algunos colegios alientan  a sus alumnos a leer autores de la zona, pero aún son pocos. Por eso, nosotros hemos asumido la tarea de promocionar el arte y  la literatura en nuestra región. Organizamos recitales, presentaciones, exposiciones, todo lo que se nos ocurra para dar a conocer a nuestros cultores de las letras y las artes. Los artistas son poco considerados todavía, de allí que organizamos encuentros titulados “Lápices y pinceles”. Sin embargo en otras regiones, como San Martín, los adoran. Pienso que tenemos el gran reto de continuar con lo que nos gusta hacer y eso nos hace felices. Somos creativos y romperemos barreras.
¿Es verdad que de un tiempo a esta parte están siendo víctimas de apropiación cultural no solo en la literatura sino en lo que respecta al arte? Se comenta que, además de ser  plagiados por foráneos (escritores, artistas y empresas textiles), también lo son por gente de otras ciudades del país que se aproxima a ustedes con el pretexto de aprender o inspirarse. 
Posando con una obra de Shapingo, notable pintor de su tierra
Es cierto,  nos visitan con oscuras intenciones.  No vienen a aprender,  lo que  buscan al acercarse a nuestras tierras amazónicas peruanas no es inspiración, simplemente se llevan lo que es nuestro sin pedir permiso ni nada.  Declaran como suyo lo que les corresponde a nuestros escritores y  artistas. E incluso con las imágenes de la gente y el paisaje.  Hacen negocio redondo con ellas.  Nuestros paisanos casi no son conscientes de las  fotos.  Ignoran que los que vienen de afuera  lo hacen con fines lucrativos.  Las  dichosas ONG que se aprovechan de la pobreza de mi gente para enriquecerse. Felizmente mi  pueblo crece y aprende. Ya no se deja engañar con facilidad.  Hemos tenido muchas decepciones, sin embargo, aún así no dejamos de lado nuestra cortesía: mi pueblo saluda, sabe decir gracias, tenemos sencillez, sabemos ofrecer un plato de comida a cambio de nada.  Es nuestra cultura. El contacto con la naturaleza nos hace ser positivos.
Actualmente laboras en un Instituto Tecnológico Amazonas-Yurimaguas y eres catedrática en la Universidad Autónoma de Alto Amazonas, ¿es fácil trabajar con los jóvenes en cuanto a la valoración de su patrimonio cultura autóctono? ¿Se muestran interesados en su riqueza cultural o evidencias algún tipo de alienación debido a la incursión de conductas o formas culturales que viene de fuera?
Pues no ha sido fácil ‘embrujar a los jóvenes ‘ para que se aficionen en lectura de nuestra literatura autóctona . Desde el colegio se les ha enseñado a leer obras literarias de autores quechuas -sin que este deje de ser importante-, pero en ningún colegio se ha enseñado a valorar lo nuestro a través de la literaturaGracias a mi perseverancia como maestra de lenguaje-literatura,  y tener trayectoria en la docencia, hemos podido sensibilizar a los profesores para que conozcan  nuestra identidad en la literatura amazónica y,  a su vez,  que hagan de  efecto multiplicador en los estudiantes. Pero aún quedan jóvenes reacios en las universidades de nuestra localidad, quienes rechazan leer lo autóctono.  Algunos prefieren los clásicos y no la narrativa contemporánea nuestra. Claro que hay alienación,  docentes provenientes de otras regiones  que dan relevancia a lo suyo en desmedro de lo local.  Pero tampoco gusta lo propio, y con tristeza digo que  hay estudiantes que desdeñan nuestra cultura.
Le gusta enseñar y sus alumnas lo valoran 
Sé que tu padre adoptivo te inculcó el amor por los libros y la tradición oral, ¿es cierto que desde pequeña te llevaba a las fiestas donde era normal que los invitados salieran a declamar? ¿Te atreviste a hacerlo en algún momento?
Sí, me alegra recordar a mi papá Fernando. Me obsequiaba libros de poesía. Él soñaba con que yo aprendiera a recitar. Todavía rememoro uno que aprendí para complacerle: “Los versos de Laura y Beatriz”. Sin embargo,  lo que más me gustaba eran los cuentos.  Leía y releía muchos.  Pero por ahí siempre estaba la poesía haciéndose presente. Cierta vez en el cumpleaños de la amiga de mis padres,  nos quedamos boquiabiertos escuchando  declamar a su esposo. Ni bien acabó, mi padre me susurró al oído: “Así quiero que recites”. Memoricé entusiasta otro poema. Quería sorprender a papá.  Iba al río para repasarlo gritando, pero no fue suficiente tanto ensayo.  Cuando llegó el momento, en plena declamación, olvidé lo que seguía.  De nervios mi mandíbula comenzó a temblar. Me puse roja de vergüenza. Todos se reían.  No volví a intentarlo.  Mi miedo prevaleció hasta la fecha.
A los nueve años comenzaste a dibujar e intentabas hacer historietas, imitando aquellas que te obsequiaba tu padre Fernando y que tanto te gustaban, ¿qué recuerdas de aquella época?
Lo hacía sobre unos cuadernos de dibujo que pedían en la escuela.  Me atrapaba la narrativa. En una ocasión, luego de leer  Lirio blanco dibujé con crayolas a los personajes.  Les puse diálogos. Ellos hablaban y yo, soñaba. Luego dibujé  los personajes de un cuento inventado por mí a lo largo de las paredes del pasillo que me conducía a mi habitación.  Mi papá Fernando no hizo más que sonreír. Quedó en sueños. Inconcluso.
Te sumergiste en la poesía, y eso te transformó en una niña introvertida y soñadora, ¿por qué?
Solo  leía poesía, sin embargo, por esa época, se gestó  mi pasión por la narrativa.  Mi refugio era la lectura.  Soy la mayor de mis hermanos, y en ese entonces, los mayores nos encargábamos de los menores. Únicamente podían liberarme del cuidado de estos, si estudiaba.  Entonces yo me entregaba a la lectura  no por estudio, sino porque me gustaba.
Una actividad que se ha convertido en un referente literario en la región 
A los 13 años te fuiste a vivir con tu padre biológico, y el panorama cambió, si bien te compraba los libros que le pedías, se sentía desplazado por que le dabas más importancia a la lectura que a él, ¿no es así?
Sí, me  fui a vivir con mi padre en Yurimaguas. Me trataba con cariño,  pero hubiera preferido que papá Fernando fuera el verdadero, porque  no me dejaba salir.  Entonces le condicionaba pidiéndole libros.  Pese a que  estaba molesto por mis demandas, le alcancé  una lista de siete libros originales.  “¿Tantos?”, protestó, pero igual me los compró.  Yo  entraba en mutismo.  Solo leía.  Por más que mi padre pasaba y repasaba cerca de mí, no daba cuenta de él.  Me sumergía en mis lecturas al completo. Eso le ponía celoso. A veces alcanzaba a escucharle murmurar: “A la hora del almuerzo me dirás algo”. Era todo.
Las tradiciones peruanas de don Ricardo Palma marcaron un antes y un después en tu afición lectora, y fuiste a por más, ¿qué descubriste luego?
Leer a Ricardo Palma era fascinante.  Me reía mucho en su compañía.  Cuenta interesantes  momentos de la Lima que se fue.  También hace referencia a  algunos pueblitos de la sierra. Cada vez que terminaba de leer alguna historia,  me decía: “Quizá también yo pueda contar como él las costumbres de mi selva embrujadora”.
Declaras que lo que te animó a escribir fue el escaso o nulo conocimiento que tenían los catedráticos de la universidad capitalina donde te formaste, ¿qué reflexión hiciste del panorama que hallaste? ¿Les preguntaste las razones de esta indiferencia o descuido?
Sí, la selva en la capital era desconocida, y Yurimaguas para ellos, ni en el mapa existía. A mí no me identificaban con la selva, ni siquiera por mi acento. Me daba pena.  Pregunté y repregunté,  y la respuesta se repetía incesante: “No hay nada escrito”.
¿Qué es la narrativa amazónica? ¿Cuáles son sus características y peculiaridades?
Viendo los avances del mural del artista David Cronwell en una calle principal 
La narrativa amazónica es el viaje a lugares desconocidos de la selva peruana y  a su identidad cultural, la encontramos en cada contenido conceptual de los autores que recrean con su imaginación; buscando en los lectores personas parecidas a él.  Es la complicidad entre autor y lector.  También es el estupor por los hombres valientes y emprendedores del Alto Amazonas; además que  es de considerable utilidad para prolongar y fortalecer el reconocimiento por lo propio. Buscamos  profundizar  en la identificación de los escritores que luchan por revalorar las costumbres existentes en los grupos indígenas, quienes cuentan, de acorde a su  peculiaridad, las manifestaciones culturales de cuyo legado y memoria se desconoce, porque no hay mayor importancia por reconocer los elementos propios.
Creo que la gente de mi generación solo se acuerda de Francisco Izquierdo Ríos y su cuento El Bagrecico porque estaba en los libros de lectura o de literatura de secundaria, pero hubo  cultores importantes antes y luego de él, sin embargo poco se sabe de ellos, ¿qué nos puedes contar de las nuevas generaciones de escritores amazónicos tanto en narrativa como en poesía?
Hugo Guzmán Valles, notable autor amazónico 
Hay un boom de escritores jóvenes en Yurimaguas. Nacieron con ACEAY, aunque hay  otros provenientes de otros lugares que se han asentado en nuestra región. Hemos desarrollado también muchos eventos en el Tecnológico Amazonas- Yurimaguas.  
En la poesía estos jóvenes talentos  encuentran el cielo azul  de la selva,  la contemplación del hombre a la  orilla del río o el hermoso ocaso del sol.  Aquí destaca Henry Zamora Núnez y su poemario Meditaciones de un ente primario.   En cuanto a nuestros  narradores, ellos se refieren en sus libros a la mitología amazónica. Entre sus páginas están  los  yacurunas (espíritus masculinos del agua), la Sachamama (serpiente gigantesca, considerada también una diosa de la tierra) o  el chullachaqui (duende con pie desigual que adopta apariencia humana para engañar a la gente y hacer que se extravíen en la espesura de la selva). En este tipo de literatura tenemos a Piterson Piña y su novela El perdido y Flor de Amasisa de Julio César Linares Nava.
También nuestros autores tocan temas sociales como lo hizo  el profesor  Luis Alejandro Capuena Grández y su obra Patacala (niños de la calle, los que van descalzos) o  sobre la extrema pobreza en los Asentamiento Humanos que lo retrató muy bien Hugo Guzmán Valles en su libro de relatos El desalojo.
Empezaste tu camino con Crónica de un desaparecido, un libro de cuentos,  luego publicaste Colorada y morocha, del mismo género, te costó lanzarte al ruedo literario, ¿por qué tenías tantos reparos? 
Tenía temor a las críticas, porque yo también lo había hecho de los libros que había leído y pensaba que iban a ser implacables conmigo.  Al final, me decidí y publiqué.  Me cayó de todo (risas).
¿Es cierto que tienes en tu haber otras obras que pronto verán la luz? ¿Serán en narrativa o quizá en poesía?
Tengo obras escritas en tres agendas.  Algunas ya se hallan en edición. Todas pertenecen al género  narrativo. En ellas conoceremos la manera de defenderse de una adolescente, la tradición que había de enviar a los varones al ejército y que luego, estos, pedían su baja  en el mes de junio para la tradicional fiesta de  San Juan,  entre otras historias que por ahora no quiero adelantar.
Tengo entendido que eres una cazatalentos, que siempre estás al pendiente de artistas que canten o pinten bien, ¿cómo realizas tu búsqueda? ¿Cuántos has encontrado?
Sí, sobre todo en las clases de arte.  Es un momento de gozo.  Se pide a  los que saben cantar o tocar un instrumento que salgan enfrente y nos muestren su talento.  De igual manera a los que tienen cualidades para pintar o actuar. También prestamos atención al talento que existe  entre los docentes.  A muchos de ellos luego  los invitamos a participar en las  presentaciones de nuestros libros.
Explícame tu teoría de la grandeza profesional.
Creo que poseo  grandeza profesional, porque siempre aprendo.  No lo sé todo.  No me siento diferente a los demás. Para  aprender necesitamos humildad.
Si desean saber más de la autora o la asociación que preside
pueden escribir al siguiente correo:
irmalopezchumbe062@hotmail.com