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miércoles, 1 de agosto de 2018

Marisol Sales:“Para mí escribir es una necesidad, publicar no”




Marisol Sales logró varias proezas: conseguir que una gran masa de jóvenes lectores leyeran su primer libro, que se prendaran de sus historias y la acompañaran a lo largo de las cuatro obras que comprende su saga Las crónicas del ángel.  Ha trabajado mucho, sin descanso. Y con una responsabilidad y entusiasmo sin límites. Hoy culmina una etapa de su vida presentando En su nombre, título de la cuarta entrega con la que cierra toda una aventura literaria que inició siendo una adolescente, durante el instituto, y sin contar con experiencia alguna en la escritura.  Se atrevió y hoy aún no se cree nada de lo que le ha sucedido.  Su éxito es indiscutible. Es la princesa de la ficción juvenil. Sin embargo prestando oídos a su madurez considera que es el momento de parar. Marisol ha crecido y requiere tiempo para descansar y estar consigo misma.  Hasta su vuelta sigan disfrutando de sus libros, y quienes no los conozcan, hoy es su día de suerte: acudan a  la librería más cercana y adquieran alguno de su colección. 

Acabas de poner punto final a una etapa, que se inició a tus doce años, la cual fue en sí misma un descubrimiento y una revelación, como has dicho, ¿aún te cuesta asimilar todo lo que sucedió en estos casi cinco años?
A día de hoy todavía me cuesta asimilar cosas o ser consciente de ellas ya que han marcado toda mi vida y han construido parte de quien soy y lo que quiero ser. He conocido a personas que admiraba desde pequeña, y he hecho amigos dentro de todo este mundo. No cambiaría ni un solo segundo de todo lo que he vivido gracias a esto, y eso cuesta de creérselo.
Un trabajo escolar la condujo a un rotundo éxito literario
Revelaste, sin temor alguno,  que antes del trabajo escolar que te cambió la vida, la lectura no formaba parte de tu vida, tu interés por ella era nula, en otras palabras, no te gustaba leer, ¿cómo explicas, entonces, el hecho de escribir de buenas a primeras con tanta soltura sin haber tenido un pasado de lectora?
Cierto es que aborrecía la lectura por la falsa creencia de que es algo aburrido. Antes de escribir La noche roja solo había leído por gusto la saga Rubí. La soltura, como bien dices, creo que viene de la propia naturalidad y seguridad que tenía a la hora de escribir y más creyendo que eso jamás nadie lo leería.
Tu madre fue quien te dio la confianza necesaria  para lanzarte de lleno a la escritura y dejarte llevar por ese camino que se abría ante tus ojos, ¿qué te dijo exactamente para que te llenaras de valor y asumieras ese reto?
Cuando ya llevaba escritos seis capítulos le pedí a mi madre que los leyese. Mientras leía yo la observaba y por sus caras sabía si lo estaba haciendo bien o no y para mi sorpresa vi que aquello que quería transmitir se dibujaba en su rostro. Cuando terminó me dijo que la había dejado con la intriga y que por favor continuara.
El libro que le cambió la vida
De allí en adelante, ¿cómo fue el proceso para publicar? ¿Recibiste muchos no por respuesta o a la primera conseguiste editorial?
Afortunadamente no obtuve  un “no” por respuesta. A la primera editorial a la que mandamos el manuscrito (Bohodón Ediciones) dijo que sí. Una vez dentro de este mundo descubrí que mi caso no era el usual y me sentí aún más agradecida y realizada si cabía.
¿Estabas totalmente convencida de querer hacerlo? ¿Hubo miedo o dudas en ti?
No tuve dudas porque para mí era un sueño que podía cumplirse. El hecho que mis historias pudiesen llegar a las manos de todo el que lo desease.
Sin mal no recuerdo,  solo estando en el proceso de creación de tu  primera novela ya  te asumías como escritora, tanto así que sin ningún pudor, al comienzo de una clase abordaste a un profesor y te presentaste como tal, ¿recuerdas cómo se dio esa situación?
La verdad es que no lo recuerdo pero desde siempre me he asumido como escritora porque desde el minuto uno he sentido mis letras, he pensado, reído y llorado como mis personajes.  Me he deshecho  por dentro y  he roto a llorar cada vez que he terminado una novela. Esa es mi definición de escribir, a grandes rasgos.
¿Imaginaste el éxito que ibas a tener? ¿Lo soñaste o quizá deseaste que así fuera?
Nunca lo imaginé y menos tan joven. Cuando eres pequeña te hacen creer que los sueños no se cumplen, que es algo que te hace avanzar pero que son inalcanzables y, que si eres un afortunado que lo consigue, lo harás siendo mayor. Toda esta creencia también contribuyó en el hecho de que no pudiera creer lo que me estaba pasando.
¿Desde el primer libro sabías que ibas a hacer una saga de cuatro entregas?  ¿Tenías todo planificado o las historias para las siguientes novelas se fueron dando progresivamente?
Sí que lo sabía y lo único que tenía claro era el título y el antagonista de cada libro.
Admite que de pequeña la lectura no era una de sus pasiones
Has dicho hace poco que al comienzo creías que tus personajes nada tenían que ver contigo, pero con el correr de los tiempos, te has dado cuenta, por ejemplo, que Javi, Natalia y Ángel    están basados en ti. ¿Cómo llegaste a esta conclusión?  ¿Qué comparten estos protagonistas contigo?
Siempre fui consciente que Javi y Natalia guardaban relación conmigo pero pensé que Ángel no. Fue en En su nombre que me di cuenta que Ángel era quien yo deseaba ser: fuerte, independiente y comprometida.
Te definiste desde el inicio  como una escritora de brújula, que carece de esquemas, que se deja llevar por la inspiración, y sigues siendo igual, que nunca fue importante para ti  el lugar ni el momento para escribir, y que incluso te vieron hacerlo en el aula en medio del bullicio de tus compañeros, eso sí ha cambiado.  El ‘dónde’ sí ha cambiado, ahora necesitas de ciertas condiciones, ¿qué ha pasado?
Sí, ahora necesito estar tranquila y sola. Lo que ha cambiado es que ahora soy consciente de mi responsabilidad como autora y que no todo es lo que cuentas sino también cómo lo cuentas, y para ello se necesita concentración.
Antes de comenzar a escribir, los títulos han ido por delante. Ha ocurrido invariablemente a lo largo de tus cuatro libros.   ¿Por qué hacerlo de esta forma, Marisol?
Sí, escribiendo La noche roja sabía que el resto serían La vindicta, El retorno y En su nombre. Para mí era necesario nombrarlos para saber cómo referirme a ellos y también una guía a la hora de escribir.
Registró un lleno total en uno de sus últimos actos en la Biblioteca Valenciana
Tus personajes están  dotados de superpoderes, ¿por qué estos y cómo los asignaste?  ¿Hay alguno que te hubiese gustado poseer?
Los superpoderes de los personajes los elegí inconscientemente para que su defecto ahora fuese su arma de defensa. Por ejemplo, Javi es despistado y tiene la fama de no enterarse de nada, con el poder de leer la mente no solo es que se entere, es que lo sabe todo.
Entiendo que al comienzo, para crear solías hacerte una serie de preguntas respecto a la historia y sus personajes, ¿era un método de tu invención? ¿Alguien te lo sugirió? ¿Lo sigues usando?
Nadie me lo sugirió porque poca gente sabía que escribía, fue un método que usé inconscientemente  y que es muy útil. Aún lo uso cuando me veo ante “la página en blanco”.
Fue condición de aquel trabajo escolar que hicieras un relato fantástico, está claro, pero tuviste la libertad de cambiar de registro luego, ¿por qué seguiste en este género? ¿Qué te aporta?
Aprendió a ver la vida con otros  ojos a través de sus personajes
Es un género en el que me encuentro a gusto y segura. Es el único género donde todo es posible, no cuenta con las barreras de lo real por lo que todo lo que imagino tiene cabida.
Sé que en la cuarta entrega te implicaste no solo como escritora sino también como persona, que se te volcaron muchas emociones, pues no solo culminabas una etapa en tu vida de escritora, sino porque descubrías una ruta nueva a transitar, ¿ya tienes claro lo quieres hacer cuando salgas del bachiller?
Desde que tengo uso de razón he querido ser periodista y este nuevo curso empezaré esta carrera en la Universidad Carlos III de Madrid.
Aseguras que has escrito los libros que te hubiese gustado leer, aquellos fundamentados en los valores que amas: igualdad, respeto por los animales y el medio ambiente, ¿continuarás su defensa en tu nueva carrera?
Por supuesto y cada vez con más fortaleza y empeño.
Has manifestado que seguirás siendo una escritora aunque no publiques, ¿esto quiere decir que te darás un largo descanso a este respecto o que simplemente sacar un nuevo libro no será una prioridad en tu nueva vida?
Fragmento de la entrevista que me concedió para Momentos en 2016
Para mí escribir es una necesidad, publicar no. Siempre tendré una historia entre manos o estaré en su búsqueda. Como he dicho antes, para mí escritor no es el que publica, sino el que siente lo que escribe.
Te molesta que se menosprecie a la generación de la tecnología, a la que perteneces. La has defendido diciendo que buena parte de lo dicen es mentira, por ejemplo, que no leen y solo paran pendientes de las redes sociales. En resumen que su vida es banal y despreocupada, concluyen. ¿En que se equivoca la gente? 
En que no tenemos interés por el mundo que nos rodea, que somos cómodos y no reivindicativos. Es necesario entender que hay un gran antes y después entre nuestra generación y la anterior: Internet. Tanto para bien como para mal. Y eso es algo que desconcierta y aterra de cara el futuro. Pero yo creo que Internet es una gran arma de revolución, reivindicación y de información. Nuestra generación es la primera del resto que vendrán, espero que aún más libres y bien informadas.
Has dejado entrever que estás inmersa en un nuevo proyecto que tiene que ver con la distopía, del cual no quiere dar detalles, sin embargo lo evidente es que seguirás en la línea de lo fantástico, pero abordando estructuras o políticas, por ahí va el asunto, ¿no?
Sí, en este caso no hay poderes ni son medio-ángeles estudiantes. Es un reflejo distorsionado de nuestra actualidad abordando la política, tecnología, medio ambiente, animales, la mujer, la orientación sexual, la identidad…
Hasta ahora tu vida no fue planificada, simplemente te dejaste llevar, sin embargo, en este momento estás haciendo planes y visualizas un futuro, ¿cómo te ves en él?
Mi futuro más cercano es mudarme a Madrid para estudiar periodismo y crecer como persona. Me veo escribiendo, sobre todo.

Si desean saber de la autora o su obra
pueden pinchar
los siguientes enlaces:
http://www.marisolsalesgimenez.com/
https://twitter.com/marisol_sales?lang=es
https://www.facebook.com/marisolsalesgimenez/


miércoles, 11 de julio de 2018

Elid Rafael Brindis: “Escribir poesía, para mí, es como volar”




Desde niño ha atendido a su necesidad de volar. Primero lo hizo a través de su imaginación, luego con la ayuda de sus lecturas, más tarde con la escritura. Quiso ser piloto de avión, pero le ganó el periodismo. Sin embargo fueron los viajes físicos como reportero los que le devolvieron a su esencia fundamental: la de expresarse mediante la poesía. 
Elid Rafael Brindis es un periodista y poeta mexicano que reside en Perú no solo enamorado de Carmen, una destacada editora hija de esa tierra, sino del melancólico cielo limeño, del cual distingue cuarenta y ocho tonalidades de gris. Y pensar que cada vez que retorno a la capital peruana en invierno y  miro hacia arriba,  solo veo ese tristísimo color panza de burro de siempre
Leer es un acto que se gestó en tu más tierna infancia y sé que en la escuela te fascinaba sumergirte en la lectura de los clásicos griegos adaptados para niños,  ¿qué recuerdas de esos primeros años de descubrimiento? ¿Quién te introdujo en el mundo de la lectura y los libros?
Hizo realidad su sueño de ser poeta fuera de México 
En realidad fueron tres las fuentes de inducción: la primera fue mi madre. Recuerdo que mientras hacía sus quehaceres me contaba pequeñas historias, algunos mitos que, en su infancia, también solían contarle los abuelos; estos mitos empezaron a despertar mi mundo lúdico, sobre todo por la forma en que me los narraba y yo, prácticamente, los vivía. La segunda fuente fue mi padre, quien casi todas las noches, después de las duras jornadas laborales se daba tiempo para leernos, a mis hermanos y a mí, algunas páginas de los pocos libros que tenía en casa, antes de dormir; y la tercera fuente fue mi maestra, que nos leía cuentos infantiles y mientras los contaba afloraba mi curiosidad, porque no se parecían a las historias de mi madre ni a los textos que leía mi padre; pero todo hacía volar mi imaginación. Todas esas experiencias escuchadas se combinaban en mi mente y me hacían viajar a mundos fantásticos, que me dejaban absorto, embelesado. Por cierto, aparte de todo eso, otro de los gratos recuerdos que conservo e intento que no lo borre el tiempo es que, cuando ingresé a la escuela, al final del primer día ya le estaba ayudando a la profesora a enseñar a algunos de mis compañeros a escribir las vocales, que yo había aprendido con avidez desde el inicio de la clase.
Por esa época también fue que comenzaste a escribir tus primeros poemas, los cuales eran  alusivos a la patria,  a la bandera, a los héroes, entre otros, para las actuaciones de los lunes. Sin embargo no los leías tú, sino tus compañeros. Es curioso que el amor que te motivara a escribir en verso no fuera el inspirado por una chica, como casi siempre ocurre.
Elid junto a la destacada poeta Rosina Valcárcel, su gran amiga 
Sería en el segundo o tercer año de primaria. Todos los lunes, durante los homenajes a la bandera, casi siempre declamaban los mismos compañeros y repetían los mismos poemas. Entonces ya había aprendido a leer más o menos bien, y en los libros que nos daba la Secretaría de Educación venían algunas lecturas breves y poemas sencillos; estos me sirvieron de modelo para intentar escribir mis propios poemas, casi por imitación. No fue fácil, pero esta influencia empezó a marcar también mis primeras rimas… obviamente, con miedo a no hacerlo bien porque, además, empezaba a tener noción de la métrica, mas no sabía cómo se aplicaba. Desde luego, yo escribía poemas patrios porque la educación infantil se basaba más en el civismo y en las normas morales que excluían a la mujer. Además, no podía inspirarme en ninguna chica debido a que era un niño muy tímido, y a esa edad, en ese tiempo, era un tabú y por lo cual, los padres castigaban.
Tu alma de poeta no se nutrió al íntegro leyendo, sino más bien del contacto pleno y total con la naturaleza que te rodeaba en aquellos años, ¿no es así, Elid?
Tras recibir el título de hijo adoptivo en la tierra de Vallejo
Efectivamente, la naturaleza es la sabia conductora de mis letras. En Chiapas hay dos estaciones muy marcadas: la seca y la de lluvias. En la estación seca tenía elementos para inspirarme, como el polvo de los caminos, los árboles sin hojas, los cerros amarillentos, el sol cayendo a plomo, la tranquilidad que se sentía cuando las aves del campo dormitaban por efecto del calor, y muchos etcéteras. En la estación de lluvias estaban a mi alcance la propia lluvia, los rayos, las tormentas, los arroyos boyantes, la vida vegetal reverdeciendo, la siembra de los campos; las aves, las abejas; en fin, haría falta más espacio para describir poéticamente todo lo que se puede contemplar de la naturaleza en cada una de estas estaciones. En verdad, todo eso es poesía y, por eso, Chiapas, mi tierra, siempre está presente en mis poemas; incluso, describo una mínima parte de mi niñez en el poema «El Chiapas de mi infancia», en el que las estrellas de la madrugada también son parte elemental de la inspiración, porque se siente mucha nostalgia cuando caminas a la luz de las estrellas en un campo abierto, sin ruidos más que el de los grillos cortejando a sus parejas.
La poesía te dio alas y te dejaste llevar por ella de manera natural y espontánea, ¿cuándo te viste como poeta y cómo decidiste conducir tu vocación?
Antes de su participación en Punta del Este  (Uruguay)
Para mí la verdadera poeta es la naturaleza. Yo, aún no me veo como poeta, sino como un intérprete de todas esas manifestaciones, a las que ahora incluyo el aspecto social, que es otro fenómeno, y de todo lo cual ya se ha dicho mucho pero aún queda muchísimo más por escribir; admito que no la conduzco, sino que ella me lleva a través de los momentos de inspiración, porque no puedo decir: «hoy voy a escribir sobre esto» cuando, en realidad, la inspiración me marca otra cosa; pienso que conducirla sería tanto como escribir por encargo. Recuerdo que fue en la secundaria cuando realmente empecé a escribir poemas más profundos en versos libres, porque todo lo anterior que escribí, lo hice en rima; creo que fue ahí cuando ya me vi como poeta, y, además, empecé a escribir historias, cuentos breves, como «El árbol de cacahuates» (el cacahuate o maní es una almendra que se produce bajo tierra, no en árboles); en fin, pero el «yo poético» ya hablada de mí, porque la adolescencia es bastante complicada y con eso ya podía exorcizar mis demonios. Además, fueron apareciendo los primeros versos de amor, ahora sí, inspirados en alguna chica que llamara mi atención.
Luego fuiste detrás de otra tus pasiones: los aviones. ¿A qué parte de tu alma querías complacer aprendiendo a pilotar este tipo de naves?
Junto a Carmen, la mujer de su vida 
¡Ah, los aviones! Si bien el escribir es una forma de volar, tenía la curiosidad de saber cómo se veía el mundo desde arriba. Quizá quería liberarme de la prisión de la timidez y experimentar la sensación de libertad, porque una parte del vuelo te lo da el campo abierto a través de la imaginación y la otra te la da la realidad física, y esa era la que quería experimentar; pero me llegó esa oportunidad cuando estudié turismo, lo que me dio acceso a participar en eventos y convenciones, para lo cual viajaba como representante de una agencia de viajes; o volaba en aviones pequeños a los centros turísticos como guía de visitantes, y veía desde arriba la selva chiapaneca como una inmensa alfombra verde; en pocas palabras, esto cambió realmente mi visión, pues empecé a conocer mi propio estado, es decir, Chiapas, lo que me llevó a admirar las otras caras de un mismo pueblo, a palpar directamente el contraste entre los que tienen poder adquisitivo y los que carecen de todo. A esta realidad social es a la que me refería al inicio.
Dices que la aeronavegación es la responsable de tu incursión en el periodismo. ¿Cómo así?
Conocer el Chiapas profundo, las naciones indígenas, la pobreza, provocó que, por circunstancias del destino, mi vida diera un giro inesperado y, como no pude ser piloto, mi otra pasión, la de leer y escribir, me abrió las puertas del periodismo, por lo que opté por apartarme del turismo y estudiar periodismo. De alguna manera, el periodismo también es como volar porque, aparte de que tienes que ir ahí donde se produce la noticia, uno viaja imaginariamente al lugar donde se generan los hechos, los recrea, trata de vivirlos y a partir de ahí debes escribir para los demás lo que está sucediendo en tal o cual lugar; o también tenía la oportunidad de escribir sobre temas culturales y en eso dejas volar tu imaginación. 
Le entregaste más de 20 años de tu vida al diario Expreso Chiapas, donde ejerciste los cargos de editor y subdirector, ¿qué aprendiste del oficio y de tu país durante ese tiempo?
Acompañado de la poeta Ana María Intili y el editor Germán Atoche
La experiencia como periodista es vasta, desde situaciones simples y cotidianas hasta las de alto riesgo; todo se resume en experiencia. Además, el campo de la investigación te conduce a otros mundos que no te imaginas que existen. Después de todo, lo que te queda es la satisfacción de enseñar a otros lo que funcionó para ti en su momento. Iniciarme en la mesa de redacción del periódico puso ante mí otro panorama, pues eran los reporteros los que me traían las noticias y era un doble ejercicio de revisión e interpretación de cada nota. Luego, como editor asumí otra responsabilidad puesto que tenía a mi cargo revisar y jerarquizar las notas, los artículos de opinión, análisis, críticas: un tamiz para conservar la ética del diario, además de estar pendiente de la impresión. Después, como subdirector debía supervisar el trabajo del editor, además de asistir a la directora, concertar entrevistas, en fin, cada vez mayor responsabilidad. En resumen, en estos casi veinte años caí en la cuenta de que el trabajo que había empezado como guía de turistas se había complementado con el de periodista, pues colocó ante mí el panorama de la riqueza y la pobreza de las distintas regiones, lo que me ayudó conocer al Chiapas profundo, sus avances y retrocesos, sus logros y sus conflictos sociales. ¿Dime si esta no es otra forma de volar, como había deseado hacerlo cuando quería ser piloto?
En simultáneo por ese entonces, tenías a tu cargo la supervisión de todos los textos académicos de la Universidad Autónoma de Chiapas. Según entiendo se trataba de una actividad que disfrutabas mucho, ¿lo confirmas, Elid?
Desde luego que sí. La universidad no educa, imparte conocimiento, y ese conocimiento pasaba por mis manos en forma de libros, como resultado de investigaciones y experimentos que se generan en el seno de la universidad. Y esta situación te exige estar actualizado en casi todas las ciencias para poder comprender los contenidos. Por lo tanto, puedo decir que, más que un trabajo, para mí significaba disfrutar de la lectura de libros temáticos que, aun cuando aparentemente no tienen relación con la literatura, te enseñan a interpretar las situaciones cotidianas en otro lenguaje, y que puedes traducirlas en forma poética. Me explico: reviso un libro temático y, a la vez que trabajo, aprendo un lenguaje nuevo que puedo aplicar en la poesía en términos medios, o sea sin tecnicismos pero, a la vez, sin el lenguaje cotidiano. Entonces, lo que para otros resulta tedioso, para mí significa sumergirme en las páginas que me van descubriendo un mundo nuevo, interesante.
Fuiste asesor congresal en la Cámara de Diputados al Congreso del Estado de Chiapas en la década de los noventa, ¿cómo viviste esa experiencia? ¿Pudiste ver de cerca la podredumbre de algunos políticos? ¿La cosa ha empeorado en los últimos tiempos?
Confiesa que siempre tiene tiempo para todo
La década del noventa fue bastante difícil en materia política como consecuencia del surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), y, aunque este movimiento se suscitó en Chiapas, tuvo repercusiones a nivel nacional, e incluso internacional. En  política, los actores cambian pero no la consigna «si no estás conmigo estás contra mí» y, aunque escasos, aún quedan políticos honestos, con vocación de servicio, y a mí me tocó esa suerte. Por supuesto, en los tiempos actuales la situación ha empeorado en forma drástica y prueba de ello es el problema económico por el que atraviesa el país, resultado de combinar las malas políticas aplicadas, con las buenas políticas no aplicadas. Cuando tienes este tipo de oportunidades quieres hacer más, sobre todo en cultura, educación, contra la ignorancia pero, lamentablemente, si no puedes o si no te dejan hacer las cosas, eso te genera frustración e impotencia, más aún cuando sabes que tus ideas se pueden aplicar con buenos resultados para ayudar a la gente a salir de su marasmo y no sean víctimas de la ignorancia.
Eres un todoterreno, además de desarrollarte como escritor, editorialista, articulista, analista político, crítico literario y ensayista en entidades afiliadas al Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas (Coneculta), también escribes reportajes e investigaciones para revistas de corte científico y cultural, ¿de qué manera concilias tu vida familiar con todas estas actividades?  ¿Hay tiempo solo para Elid?
Definitivamente, hay tiempo para todo. Por fortuna, uno aprende a priorizar las cosas: relaciones, situaciones… y siempre queda tiempo. Gracias a la magia de la tecnología puedes diversificar tus actividades, por ejemplo, encajar las actividades para las revistas de corte científico o cultural y, aunque a veces no se consiga, siempre surge la magia, porque la información y la experiencia están ahí y solo tienes que procesarlas para lograr esa combinación perfecta. Al fin que la vida, por sí misma, es una magia diaria que empieza al amanecer y continúa al empezar a soñar.
Hace casi una década dejaste  una rica y exitosa vida profesional en Chiapas para viajar a Lima en busca de la realización de un sueño. ¿Quieres compartir esa historia?
Le ha costado hacerse un lugar en el medio literario peruano 
Desde niño, siempre tuve curiosidad por saber qué había más allá de lo que conocía, además de que también me ha atraído el sur, aunque aún desconozco la razón. Déjame comentarte que cuando llegó a mis oídos por primera vez la música de «El cóndor pasa», se despertó en mí el deseo de conocer el vuelo de esa ave, su territorio, el cielo, las montañas, la nieve de la que habla, aparte de conocer las culturas, las formas de vida; en pocas palabras, todo lo relacionado con los Andes y sus maravillas. Te cuento que cuando recorrí Lima por primera vez, lo primero que hice fue imaginar cómo habrían vivido los antepasados, sobre todo, durante la época colonial, ya que en mi adolescencia tuve la oportunidad de leer relatos limeños de la Colonia. Como te decía, también me atraían los paisajes andinos, el sol en diciembre, la música, en fin, tantas y tantas cosas que me siguen atrayendo del Perú y que ahora tengo la ocasión de disfrutar al máximo. Comparto contigo una anécdota: cuando en una ocasión recorría el jirón Ucayali rumbo a la cancillería, observé casi perplejo un lugar que me pareció familiar, me quedé paralizado durante unos segundos porque sentía que ese lugar ya lo conocía, que ya había yo estado ahí, fue algo realmente sorprendente. Como verás, mi querida Elga, en mi vida casi siempre está presente esa sensación de volar.
En Lima has sabido echar raíces y desarrollarte en el plano laboral con éxito. Eres editor del Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, corrector de textos del Fondo Editorial del Congreso de la República, Ministerio de Defensa del Perú y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID),  ¿cómo se hace para empezar de cero en un país distinto al tuyo? ¿Los comienzos siempre son complicados como se suele escuchar a menudo?
Departiendo con el prestigioso crítico literario  Ricardo González Vigil 
En efecto, todo principio es difícil. Pero a fuerza de empeño, trabajo y esfuerzo te vas abriendo paso, tocando puertas. La parte más difícil es empezar a darte a conocer, mostrar tu trabajo y que este sea aceptado, considerando que cada país tiene sus particularidades y sus propias formas de decir las cosas. A pesar de que Perú y México son los países que más se parecen en casi todo, menos en cómo se dicen las cosas, tuve que aprender a usar el lenguaje peruano, pues a pesar de que el español es el mismo a nivel latinoamericano y siempre me baso en la Real Academia Española para todo, la interpretación de las palabras es diferente en cada lugar; es cierto, me costó mucho desaprender el lenguaje mexicano para empezar a aprender el español peruano. Sin embargo, uno de los secretos es la constancia: estar ahí, insistir y, después, cuando eres aceptado, trabajar más duro, dar lo mejor de ti, y cuando te empiezan a recomendar comprendes que ya te están integrando a la sociedad peruana; por eso agradezco al Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos la oportunidad que me dio de mostrar mi trabajo profesional y, a la vez, conocer a tantos autores y ayudarlos a publicar sus conocimientos, pues estos no se deben quedar en la mente, sino compartirlos con quienes tienen el deseo de saber más.
En el aspecto literario también has conseguido importantes reconocimientos y lauros. Uno de ellos es hacerte acreedor del Trilce de Oro en 2013. Luego,  en mayo de 2017 fuiste nombrado Hijo Adoptivo de Santiago de Chuco recibiendo tal distinción de parte de la Municipalidad Provincial de Santiago de Chuco durante el XVIII Encuentro Internacional Itinerante Capulí, Vallejo y su Tierra. Todo un privilegio tratándose de la tierra de César Vallejo, sin duda alguna, Elid.
En un alto del Encuentro de Escritores en Punta del Este (Uruguay)
Definitivamente, es un verdadero privilegio, sobre todo el hecho de poder estar en contacto con el suelo que pisó, con los objetos que tuvo a la mano y bajo el mismo techo que lo cobijó, en fin, todos aquellos elementos que le habrán inspirado para descubrir su vocación de poeta; máxime, cuando el pueblo en sí mismo es poesía viviente. Todo me conmovió y es por eso que Santiago de Chuco tiene un lugar muy especial en mí, porque por fin pude ver el panorama andino que siempre había deseado cuando escuché la canción «El cóndor pasa», ¿recuerdas? Incluso, en el viaje que hicimos en bus todos los escritores que fuimos al encuentro, antes de llegar al pueblo tuve la sensación de que se podían tocar las nubes con las manos; literalmente, me sentí cerca del cielo, era como estar volando. En esos momentos, como una reminiscencia, llegaron a mi mente las letras de Carlos Fuentes, el escritor mexicano, y su novela La región más transparente, porque así me sentía, como en un lugar privilegiado por la naturaleza, en la región más transparente del aire.
En 2016 y 2017 participaste en el Encuentro Internacional de Poetas y Narradores de las Dos Orillas y Congreso Americano de Literatura en Punta del Este (Uruguay), en los cuales cosechaste excelentes críticas a tu trabajo literario, ¿es esta la mejor época de Elid como poeta?
Con su amiga la poeta y promotora cultural Ruth Hurtado 
Gracias a la invitación de los organizadores del encuentro y del congreso, pude viajar a Uruguay para nutrirme de las experiencias de los otros poetas que participaron. Definitivamente, no puedo, o, mejor dicho, no quiero hablar de épocas porque aún no alcanzo a conocer todo mi potencial, dicho esto sin pecar de falsa modestia, ya que por ahora el tiempo es mi mayor tirano y realmente necesito darme un tiempo sabático para encontrarme conmigo mismo, para que puedan nacer los poemas que están latentes, algunos están en mis cuadernos, blocks de notas, en la PC, en hojas sueltas, en la mente, y aún no cobran vida. Tengo varias ideas rondando la cabeza que todavía no he podido plasmar, aunque la esencia ya está en la memoria. Lo que quiero decir es que me falta experimentar con mis propias letras para superar los convencionalismos. Mi mejor época creo que es la que está por venir, porque mi meta es dar ese gran salto.
En Lima publicaste Poemas del autoexilio,  tu primer libro de poemas, y  lo presentaste en julio de 2017, en el marco de la feria del libro de dicho país, donde México fue el país invitado de honor. Resultó un rotundo éxito: lleno total de la sala, gente que quedó afuera y ejemplares agotados. ¿Qué has hecho para ganarte el aprecio de los lectores?
Quedé sorprendido con el éxito inesperado de mi primer poemario y sí, fue sala llena y tuve la oportunidad de que me invitara la embajada de México en Perú, a través de la Secretaría de Cultural federal, a una segunda presentación en el pabellón, con gran éxito, donde se vendió casi el sesenta por ciento de la producción. Creo que uno de los factores más importantes fue la presencia de los amigos, quienes, además, me ayudaron en la difusión de la presentación. Tengo la dicha de contar con muchas amistades, y, por otro lado, considero que otra característica es que mis poemas encajan en la vida cotidiana, son de fácil lectura y prácticos de entender. Creo que el factor sentimental también es un valor importante en la amistad y, por si fuera poco, está el hecho de que México y Perú sean países hermanos; este valor, que considero histórico, nos ayuda como latinos a identificarnos. Por cierto, a manera de anécdota de la presentación en el pabellón de México, al final se acercó una española y pidió los últimos tres libros que quedaban para llevarlos a su tierra; entonces le dije que me permitiera quitar las marcas que había puesto en las páginas seleccionadas y me respondió: «No; los quiero tal como están, porque eso le da más valor al libro». Eso me conmovió y le entregué, junto con un gran abrazo, los tres últimos libros que quedaban sobre la mesa.
Participando en un recital poético en Lima  
Tu libro Poemas del autoexilio fue prologado por la prestigiosa poeta Rosina Valcárcel y la carátula pertenece al famoso pintor Carlos Ostolaza Ramírez, ¿cómo conseguiste el apoyo de tan ilustres personajes?
La historia de mi amistad con la poeta y el pintor es un poco larga, pero se abrevia porque la familia Valcárcel Carnero (su papá Gustavo, su mamá Violeta, ella y sus tres hermanos) vivió el exilio en México en la década de los cincuenta. Cuando llegué a Lima, mi primer contacto fue con Marcel Valcárcel, ya que, como investigador de la Pontificia Universidad Católica del Perú, hizo algunos trabajos para la Universidad Autónoma de Chiapas. Y fue a través de Marcel que conocí a Rosina, y, por ella, a su esposo Carlos Ostolaza. La amistad surgió desde el primer momento, por afinidad. Con el tiempo fuimos organizando reuniones para hablar sobre México y Perú, y desde entonces ella me incentivaba a que publicara; sin embargo, tuve que esperar varios años antes de tomar la decisión. Decidí hacerlo en el 2017 porque el país invitado a la Feria Internacional del Libro de Lima era México, y tanto Rosina como Carlos coincidieron en que era el momento de hacerlo. Cuando le di a leer a Rosina mis poemas le pedí que escribiera el prólogo y aceptó gustosa. Coincidentemente, Carlos Ostolaza estaba organizando una exposición de su pintura en La Casona de San Marcos; él llevaba unas pinturas y dije «Esta pintura está bien para la portada de mi poemario, porque se parece mucho a los parachicos (personajes tradicionales de Chiapa de Corzo, que danzan durante la fiesta de enero) de Chiapas» y me dijo: «Te la regalo», así, sin más. Entonces, fue el universo el que conspiró para que el 2017 fuera el año de nacimiento de mi primer poemario. Como verás, todo encajó perfectamente.
Manifiestas que Poemas del autoexilio es una aproximación a la poesía que refleja los picos extremos de dos distancias, pero además es un viaje de un confín a otro donde aparecen soles, lunas, nubes, relámpagos, días y noches, ¿quieres explicar qué significa todo esto?
La nostalgia por su tierra está presente 
Desde luego, todo es un aparente sentido figurado, porque en verdad tiene mucho de autobiográfica; aunque siempre me ha atraído escribir sobre dos grandes misterios: el universo y la muerte, en ese orden. Pero en este poemario se entrelazan dos extremos: México y Perú como vértices; la familia como idea tangible, y los recuerdos como punto de enlace entre esos vértices. Las demás figuras implican, en estado subconsciente, las penas y alegrías, las situaciones por las que el «yo poético» ha pasado, y, en estado consciente, todo lo físico, lo real, el motivo o inspiración que me han acompañado. Además, como dije casi al inicio, la naturaleza es la cómplice perfecta que me dicta lo que tengo que escribir.
Estás preparando la salida de Poemas del autoexilio II, ¿qué pretendes compartir en esta segunda parte?  ¿Habrá alguna sorpresa?
La segunda parte, por llamarla de alguna manera, todavía está en proyecto, estoy preparando las bases para su construcción. De hecho, hay un poema muy breve que, de ser posible, le dará nombre al libro: periplo; o sea, todo el recorrido poético que me ha tocado vivir en Perú, parte de Uruguay y, sobre todo, México. Una de las gratas sorpresas es que quien prologará el libro es… bueno, ya contaré en su momento el porqué, pues primero debo afianzar la base para que pueda colocar la estructura.
Dices que tu segundo amor es el Perú, el primero Carmen, sin embargo, te has enamorado sin remedio del cielo limeño, ¿no temes ser un limeño más sometido al influjo de su tristeza?
Hace un momento hablé de vértices: Carmen es, precisamente, el vértice, el pilar fundamental y fundacional de lo que soy en Perú, y, por supuesto, ella es parte del cielo limeño que le da color a las cuarenta y ocho tonalidades de gris de este cielo: el verde de los jardines, el ocre del desierto cercano, el mar, las alas del cóndor, la nieve andina, el motivo principal de mis vuelos imaginarios… Entonces, no hay temor porque, de esta manera, el influjo no es solo de tristeza, que también tiene su lugar en la poesía, conjuntamente con la nostalgia, que es algo que me atrajo, en contraste con el cielo de Chiapas, siempre soleado. Déjame decirte un secreto: me gusta ese influjo, me inspira, pero sobre todo, me seduce. Al final, esa tristeza es pasajera, se disipa con los primeros rayos del sol de verano y se transforma en espectaculares atardeceres. Lima, para mí, es, sobre todo, un privilegio por su inspiración profunda, absoluta: es volar junto a Carmen.


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domingo, 10 de junio de 2018

Marita Troiano: “Escribir poesía me resulta una función vital”



Coraje es el adjetivo que define bien a Marita Troiano, pues esta escritora se ha dejado la piel no solo por sacar adelante su carrera literaria sino por darle  la oportunidad a otras poetas de mostrar su trabajo en un medio que reacciona de manera hostil o indiferente, según le convenga, ante la incursión de nuevas voces  que no sean del sexo masculino.
La también guionista y dramaturga consiguió posicionar el concurso de poesía Scriptura, convirtiéndolo en un referente literario en el Perú casi sin ayuda,  además, empeñosa como es, ha logrado que el PEN del Perú sea uno de los más activos de Latinoamérica.
En este momento se halla en plena promoción de Mi mundo raro, poemario con el que cierra un ciclo de vida personal y poético. 
A propósito del título de tu más reciente poemario Un mundo raro, ¿qué tan extraño es el  de Marita Troiano? Una creadora que comparte su tiempo entre sus quehaceres propios con el de promotora literaria  y más de sus colegas de oficio. 
Además de sentirme ajena y como una forastera en este mundo, mi mundo personal,  el más íntimo,  definitivamente,  lo considero raro. Raro por lo distinto e inexplicable incluso para mí misma. Y se ha ido forjando con una serie de singularidades y sorprendentes hechos  desde la infancia. Es un mundo creado, tal vez sin proponérmelo,  paralelo a este, a partir de plantearme desde niña un sinfín de preguntas. Un mundo de intuiciones, de acontecimientos y experiencias  difíciles de creer. Al fin de cuentas, este  mi mundo raro,  es aquel que la poesía corona y revitaliza, fortaleciendo  sus vectores que están muy lejos de cualquier bizarría y banalidad.
La criaron y educaron mujeres fuertes
Eres una luchadora incansable y todo lo que has ganado, te lo debes a ti misma, ¿cómo es sacar adelante una carrera literaria en un medio donde escasean las oportunidades para las escritoras? ¿A qué tuviste que enfrentarte?
Me crié con mi familia materna. Abuela, madre y tías luchadoras. Trabajadoras y estoicas. Ellas han sido mi mejor ejemplo y guía para vencer obstáculos, para alcanzar metas sin necesidad de hipotecas de conciencia ni favores personales. Sin temor.  En una sociedad como la nuestra donde como, bien dices, escasean las oportunidades para las escritoras, tuve que librar el camino de piedras y de espinas que algunas veces eran producto de la inseguridad de algunas personas de este rubro. He sorteado, pues, muchos obstáculos gracias a mi convicción de ser escritora, a la seguridad en mí misma y  tirándome a la espalda todo aquello que busca detenernos. Siempre tengo presente aquello que reza: “El águila no caza moscas”.
Te has dejado la piel en tu tarea en defensa de la mujer y la infancia a la par que en tu  empeño por dar visibilidad a las poetas peruanas, ¿has estado sola en estas acciones o siempre te has sentido acompañada de otras mujeres?  ¿Tus colegas varones alguna vez se ofrecieron a colaborar o  apoyar  estas iniciativas?
Desde hace 11 años dirijo la Comisión de Escritoras del PEN del Perú. Pero ya en el año 1996 empecé a difundir la poesía de las mujeres peruanas a través de encuentros y festivales literarios. Asimismo en 1996 publiqué una antología de poetas peruanas titulada Mujer y Poesía. Luego he continuado con estas tareas desde la Directiva del PEN conformada desde sus inicios por importantísimas y solidarias escritoras. Definitivamente nuestro empeño ha dado excelentes frutos y la Comisión de Escritoras del PEN Perú es una de las más activas en Latinoamérica. Sin embargo debo decir que en esta labor - que realizo ad honorem-, no he recibido expresiones de mucho entusiasmo por parte de los varones, aunque sí rescato algunos nombres que han expresado su apoyo. Sobre todo al momento de llevar a cabo importantes acciones como es la de realizar la convocatoria al Concurso nacional de poesía de mujeres Scriptura que ha cumplido seis exitosas versiones.
Su aporte literario a Save the children
Prueba de tu compromiso con la infancia fue la publicación de tu libro Las increíbles de Rafo, Mati,  Nico y Esperanza, ¿cómo fue tu experiencia con Save the Childen-Suecia?
Las increíbles aventuras de Rafo,  Nico y Esperanza, una novela para niñas y niños entre 7 y 12 años de edad, fue una obra que me encargó escribir Save the Children en apoyo y defensa de los Derechos de la Infancia, y gracias a ello, pude plasmar todas mis preocupaciones por transmitir una serie de valiosos temas como, por ejemplo, la lucha contra la discriminación racial,  y como socióloga desarrollé una narrativa donde  los roles tradicionales que, por lo general, adjudica a priori la sociedad por raza, condición social o género fueran absolutamente distintos. Además este libro que,  fue presentado por Save the Children en todos los países donde la organización estaba presente, es la primera novela para niñas y niños que sobre este tema se ha escrito,  procurando sea de una lectura amena, divertida, que despierte la conciencia sobre los Derechos de la Infancia.  Fue un trabajo muy importante y de mucha responsabilidad. De pleno compromiso. De volver a sentir como una niña al escribir cada página. Sin duda una invalorable experiencia.
Como suele ocurrir se valoró tu trabajo primero fuera, de allí el reconocimiento que te tributaron en Nueva York en 2006, concediéndote el título de una de las mujeres más importantes de Hispanoamérica.  Tuvo que pasar mucho tiempo para que las autoridades de tu país  posaran  sus ojos en ti y  el Congreso de la República de Perú, te homenajeara como se debe. Las jóvenes peruanas tienen poco ejemplos femeninos genuinos  a seguir en los tiempos actuales en Perú, ¿no es así, Marita?

Su carta de presentación poética
Tú sabes cómo son las cosas respecto a aquello del reconocimiento por lo que haces. Siempre entran en juego factores que intentan bloquear cualquier muestra de reconocimiento. Juegan  parejo la envidia y el tratar de invisibilizar las cosas valiosas que lleves a cabo. Pero eso no pueden hacerlo todo el tiempo. Si tu labor como escritora -o en la ocupación que tengas y destaques- está bien hecha, estas formas de lastimosa mediocridad no van más. Y creo que coincidiremos en afirmar que si bien escribimos porque es nuestra vocación, nuestra  forma de vivir y lo hacemos en absoluta libertad y sin esperar medallas o prebendas, pecaría de una falsa humildad si no reconozco que este tipo de reconocimientos alientan en gran forma seguir adelante con nuestras actividades. Para mí tienen mucho valor estas premiaciones que mencionas, pero más me enorgullece, el reconocimiento honesto y espontáneo de quienes me leen.
Imagino que entre todos los reconocimientos y premios a los cuales te has hecho acreedora, el que más valoras es el que te concedió tu tierra, Chincha (Departamento ubicado al sur de la capital peruana), ¿me equivoco?
Por supuesto. Recibir la Medalla de mi ciudad natal ha sido la de mayor valor en mi historia literaria.
Destacas en poesía, narrativa y ensayo, además eres guionista y fotógrafa, sin contar que cuentas con tu propia editorial Carpe Diem y desde hace once años ostentas el cargo de Directora de la Comisión del PEN Internacional del Perú, ¿de dónde sacas tiempo cumplir con tantas tareas? ¿Te cuesta decir no a la hora que demandan tu ayuda?
En uno de sus tantos recitales poéticos
Cada día ruego a Dios que dure más de 24 horas. El trabajo de promoción y difusión de escritoras peruanas a través del PEN es arduo. Tanto como mi labor editorial. En realidad, estoy ocupada todo el día, y ha habido temporadas en las que trabajaba casi 16 horas diarias. Una doble jornada que en lo posible me he propuesto evitar. Respecto a si me cuesta decir no a algunas solicitudes, he aprendido en los últimos años a decirlo sin pena alguna.
Tengo entendido que hace seis años el PEN del Perú organiza el  concurso de poesía  denominado Scriptura que ha tenido gran éxito y que su misión es dar a conocer poetas inéditas, ¿cómo se arreglan para sacarlo adelante teniendo en cuenta que no reciben subvención alguna? 
Cada convocatoria  -y ya vamos por la sexta-, demanda de un esfuerzo excepcional para conseguir el auspicio respectivo, para llegar a cada provincia del Perú con las bases, para solicitar  que la prensa nos apoye y para publicar el libro ganador y lograr presentarlo con los honores que merece. Hasta la cuarta versión contamos con el apoyo del Centro Cultural de España -apoyo  por su director de entonces, Ricardo Ramón-, un año nos quedamos sin auspicio pero igual salimos adelante congregando donaciones de dos empresas privadas, y el año pasado contamos con el incondicional apoyo de la Universidad Ricardo Palma. Scriptura es un certamen posicionado en nuestro medio como uno de los más importantes y ha permitido conocer a valiosísimas voces de la poesía peruana que se mantenían inéditas.
Tu primera obra publicada fue el poemario Mortal in puribus (1996), si bien te has expresado en narrativa y otros géneros, ¿retornas una y otra vez a la poesía? ¿Cómo evalúas tu andadura por la lírica? ¿En cada retorno te reconoces solo y solo como poeta?
Escribo poemas desde que era una niña. Escribir poesía me resulta algo así como una función vital. Ella ocupa un lugar especial en mi corazón y mi mente. Y aunque he publicado narrativa  -y voy a seguir haciéndolo, pues tengo tres obras pendientes-, siempre vuelvo a la poesía. O mejor dicho sigo de su mano. Porque mi estilo narrativo tiene mucho de poesía.
En el uso de la palabra cuando le rindieron homenaje
en su tierra
Tus lectores han tenido también la oportunidad de ver tus historias en escena, pues escribiste dos obras teatro: Medea unlimited  y Manos voladoras, que se exhibieron con enorme éxito en Lima y Buenos Aires. Te caracterizas por ser una creadora que asume retos, Marita.
Sí,  los retos me resultan muy atractivos. Siempre voy por más. Exigiéndome bastante para alcanzar objetivos que me gratifican como un ser humano que anhela un mundo mejor.
Sobre un  Mundo raro, el libro que acabas de publicar, has declarado que encierra tu filosofía de vida. En él  subrayas tus afectos y rescatas tu infancia,  pero también pones punto final a un ciclo de poesía.  ¿Es un libro de despedida y renacimiento, tal vez?  ¿Qué has dejado ir? ¿Lo que se rescata puede ser trasformado?
Has tocado un punto sustancial que aprecio y está referido a que, efectivamente, con Mi mundo raro cierro un primer ciclo de poesía conformado por nueve libros. Sin duda es un poemario donde expreso ese renacimiento que germinaba en mí desde hace varios años. Es decir desde hace seis años cuando publique Dando ansi por tu soy toda erranza (en castellano del Siglo de Oro).
“Que sean vivos el perdón y la piedad del corazón”, reza uno de los versos de tu poema   Día sétimo, perteneciente al  apartado Periplo interior de tu libro,  algunos podrían pensar que se les pide demasiado a los imperfectos seres humanos, ¿no te parece? 
Yo solo pido ese “demasiado” que me exijo a mí misma por una convivencia mas humanizada y menos violenta hipócrita y conflictuada  que es  la que tenemos.
Uno de sus grandes logros frente al PEN
Una curiosidad: ¿Alguna vez el tarot te recomendó visitar el circo? ¿Allí estaba la respuesta a tu interrogante?
No, el tarot siempre me avistaba rodeada de papeles. Y ya ves que no se equivocó. La referencia que une al tarot con una visita al circo en ese poema es pura imaginación lírica.
Coleccionas libros antiguos y ollas de barro, entre otras
cosas, ¿cuál es el ejemplar más valioso que posees en uno y otro? Sea material o sentimental.
 De libros,  una de las primeras ediciones de Las aventuras de Tom Sawyer y una publicación muy antigua del Quijote que compré hace años  a un vendedor ambulante en el centro de Lima. Y respecto a las ollas de barro, mi tesoro es una olla inmensa, bien chinchana que tengo desde que me casé. Hace ya como 40 años. Y en ella cocino en alguna ocasión especial y la cuido como si fuera de cristal.
Adoras los perros desde niña y los consideras parte de tu familia, ¿se puede llegar a interactuar mejor con un can que con un ser humano?  Hay mucha gente que se decanta por los animales por pura y dura decepción, Marita.
Son parte de mi familia. Con ellos se puede interactuar mejor que con la mayoría de la gente. Precisamente una de las situaciones que he vivido en este Mi mundo raro es llegar a dialogar con mi perro. Y a comunicarme con los pájaros. ¿De no creerlo verdad? Pero no soy la única con este don. Y eso me da cierta tranquilidad pues de tan increíble que me resulta, podría llegar a pensar que lo imagino o algo por el estilo.
En tu poema Piélago de preguntas, empiezas por una interrogante en mayúsculas que la siento muy urgente: “¿De dónde vienes poesía?”  ¿Logras que te responda? 
No responde. Solo llega a mí como una ola. Y me envuelve.
¿Es posible la existencia de Marita Troiano sin la poesía?  O ¿quién es Marita Troiano sin la poesía?
Marita Troiano es una mujer que se pregunta. Que camina con los ojos muy abiertos. Que va buscando verdades. Que se confronta a sí misma y cree en el poder de la palabra, en la necesidad de buscar la belleza expresiva y en compartir con sus congéneres todo aquello que la emociona. Que la sorprende. Que la toca medularmente. Si esto significa poesía, pues, iremos juntas siempre. Mi poesía y yo. Como siempre.

Si desean saber más de la autora o su obra
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http://scriptura-blog.blogspot.com/2008/12/poemas-de-marita-troiano.html