Mi libro 'La fugacidad del color' ganó un International Latino Book 2020, categoría Best Collection of Short Stories, en Estados Unidos.

sábado, 21 de noviembre de 2020

José Vicente Bayarri: «Me gusta pensar aunque no escriba»

La exigencia de sus estudios lo condujeron aislarse y en esa soledad obligada halló compañía en los libros.  Leía sin parar. Sin orientación u consejo. Solo guiado por su intuición adolescente. La poesía enamoró, desde el primer instante, a José Vicente Bayarri, y la incorporó a su ser y a sus expresiones artísticas. Por esa razón no concibe la pintura exenta de un lenguaje poético. Es un creador que expresa lirismo en su labor pictórica, de ida y de vuelta como pintor y poeta, en un diálogo abierto que se nutre y retroalimenta por igual.

Por estos días, el autor se prepara para anunciar la publicación de su libro 56 poemas del amor consumado, la segunda entrega de su trilogía poética que se inició con la obra titulada 32 poemas del amor breve (Olé Libros).

De una u otra forma desde siempre has estado vinculado  a la poesía, y se observa con nitidez en tu labor pictórica y todo lo que la rodea, ¿existe una diferencia sustancial entre el poeta presente en tus pinturas y el que escribe poemas?  

La identidad del poeta pintor y del poeta escritor es la misma, en esencia y en sustancia es la misma pero la imagen que proporciona es absolutamente diferente. Medios de expresión diferentes, metodologías diferentes, resultados diferentes.

Como pintor, poseo una trayectoria larga, la poesía está en mi pintura primero de una manera inconsciente, después de una forma conceptual, y más tarde formando parte de mi poética plástica con absoluta voluntariedad y consciencia, sobre todo en la inversión de planos y objetivos entre lo representado y su representante.

El autor durante la presentación de su primer poemario

Has dicho que conociste a tu ‘familia literal’, entre ellos filósofos y literatos, mientras cursabas el bachillerato, ¿cómo se efectuó ese primer encuentro y qué huella dejaron en tu alma?

Remontándonos a los primeros recuerdos me contemplo como estudiante de aquel Bachillerato de 6 cursos, que iniciábamos a los 10-11años, una formación decimonónica, académica y disciplinada.

Recuerdo que eran estudios de gran exigencia, al menos para mí. Debía aprobar el curso y sacar una media superior a 7 para obtener una beca que nos permitía continuar. Los profesores no te regalaban nada pero, aun sin medios, observaban gran dedicación y entusiasmo en la transmisión de sus materias.

Desde casa, estaba absolutamente concienciado para el sacrificio, ello suponía muchas horas de estudio, reducir las relaciones con los amigos e iniciar una etapa de progresivo aislamiento del entorno.

Soy consciente que en otros compañeros de clase la situación era diferente y sin embargo eran tan o más brillantes que yo en los estudios.

El aislamiento que en principio fue un imperativo del estudio, más tarde se convirtió en una actitud vocacional. En los libros encontré mentes privilegiadas que tenían algo que decir, sus palabras y pensamientos eran el escaparate a través del cual no sólo veía el mundo sino que hacía, experimentaba mundo, viajaba en el espacio y en el tiempo, pensaba, leía, leía, leía. El mundo estaba en los libros y disfrutaba pensando en la grandeza de aquellas mentes que me dejaban lo mejor de su vida en papel impreso.

No disponía de un gran criterio selectivo de lecturas, pero sí sé que me entusiasmaba casi todo. Me impresionó sobremanera cuando Ulises le responde a Polifemo que se llamaba “Nadie”. En el suceso encontré marcado para siempre y para la historia una de las raíces de lo que yo denomino el nihilismo ontológico. Cuando lo recuerdo hoy, aún me emociona y, cuando lo descontextualizo, me pregunto ¿de qué forma ha marcado mi existencia?

Creo que a los 13-14 años comencé a escribir poesía. Mala, mala, mala, posteriormente mejoró un poquito y en 6º de Bachillerato gané el primer premio de poesía del Instituto Benlliure. Algunos compañeros empezaron a llamarme “el poeta de la clase” pero esto no siempre me sonaba bien.

Su primer libro pictórico con aroma poético 

En 2003, por vez primera,  publicas  un libro acompañado de poemas titulado Caras y más-caras de Laura, ¿qué te animó a expresarte también a través de poemas? ¿Era la aparición casi formal del poeta?

Tengo que indicar primero que en la década de los 80, con dos licenciaturas en B.B.A.A. (Bellas Artes) unas oposiciones ganadas como profesor de Dibujo en Institutos de Bachillerato y conseguidos algunos primeros premios en certámenes y bienales de Pintura a nivel Nacional, es la década en la que tomo decisiones determinantes en mi trayectoria como pintor. El trabajo me llevó a estudiar y replantearme la historia de la pintura y su relación con el lenguaje plástico, los istmos de las vanguardias históricas y el alcance de sus propuestas, estudiar su lenguaje en profundidad y sus manifiestos y, cuando en la década de los 90 abrumado por la dispersión de propuestas vuelvo sobre mi individualidad, repliego mi ego, y me digo “basta ya”. A partir de entonces empieza a surgir la poesía en la pintura y como pintura, y la pintura empiezo a ser “yo”, y tomo conciencia de ese hecho.

En mi catálogo de pintura de la exposición “Flores de la Modernidad nostálgica” aparecen 10 poemas conceptuales, Poemas-manifiesto. 1998.

En 1999, en el catálogo de la exposición “Flores de perfil esquivo” aparece bajo del título “pinturas y palabras” Los 10 poemas no son tan conceptuales como los del catálogo anterior y, aunque acompañen a las pinturas, tienen un grado mayor de autonomía estética y de dicción.

En 2003, aparece mi primer libro de pintura Caras y más-caras de  Laura. Mis pinturas en la bisagra de la Modernidad/Posmodernidad. Versa sobre tres momentos de mi pintura, posee unas colaboraciones teóricas por parte del Catedrático de Estética y posterior presidente de la Real Academia de B.B.A.A. de san Carlos D. Román de la Calle, así como del pintor D. Joaquín Michavila y 17 poemas propios de un capitulo denominado Sueños. Fue presentado en la Galería de Arte CC22 “Claudio Coello 22” de Madrid, pero no supuso la aparición formal de ningún poeta. Creo.

Tres años después aparece  el libro 20 pinturas de amor y una flor desesperada con poemas de Pablo Neruda y tres de tu autoría, ¿buscaste inspiración en el vate chileno para pintar y escribir  o fue al revés?

Aquí el original de uno de sus poemas

El 2004 fue el centenario del nacimiento de Pablo Neruda. Un domingo, estaba en Granada y, en el kiosco, el periódico El País iniciaba una colección de literatura con Los 20 Poemas de amor y una canción desesperada.

A la sazón, yo estaba pintando y pensando en ¿qué sucedía con la individualidad cuando se tropezaba con el amor? ¿Qué pasa a partir de ese momento con las dos individualidades que se aman?

El poemario de Pablo  Neruda entraba de lleno en esa misma temática y, además, poseía el mar de fondo, de ahí decidí acompañar sus poemas con mis pinturas.

Los tres poemas míos incluidos son de corte Nerudiano, muy afectados por su influencia.

Hay dos cosas a destacar, por primera vez este poemario, uno de los más famosos del mundo, lleva una obra pictórica desarrollada alrededor de su temática  (no son ilustraciones), y el libro con una edición única de mil ejemplares numerados y firmados a mano por el autor se plantea como si fuera un objeto artístico.

En 2018 publicas  32 poemas del amor breve (Olé Libros), poemario que abre tu trilogía, ¿el número de poemas posee algún significado? ¿Tu tema favorito es el amor para escribir poesía?

Sí, el tres es el de la trilogía, y el dos son los dos libros que faltan para completarla. El uno, no está porque supuestamente seria el libro publicado.

El amor en la historia de la poesía no es un monotema, abarca también su contrario, el desamor, y es enamoramiento. Y el amor muchas veces no es amor, es deseo, es pasión, es querer, es compañía, es soledad, es ausencia, es un péndulo oscilante, es una actitud, es un tiempo, etc.

El amor así, en toda su amplitud, es el tema en el que estoy inmerso.

Al amor se llega de rebote, en el origen está el tema de la identidad, de la conciencia de que existes, pero esa existencia está sometida al paso del tiempo, existencia entre pautas y sobre las pautas. Luego a la identidad le sobreviene un arrebato, el enamoramiento, el “no ser sin el otro”, la autonegación como identidad porque tu alma no está en ti, está poseída.

Pero estamos viviendo la Modernidad en la Posmodernidad, todas las cosas presentan fecha de caducidad en el envase, los intereses mutan velozmente. ¿Qué es la fugacidad del color sino una ausencia de lustre de los valores?

Estamos atrapados en una encrucijada, en un laberinto del que no tenemos muy claro cómo salir. Solo cuando el pensamiento tiene una visión panorámica y cenital empieza a sopesar realmente su situación porque sabe determinar con coordenadas el lugar donde se encuentra cultural y socialmente.

El enamoramiento es un cataclismo, un maravilloso y necesario cataclismo y el enamoramiento llevado al unísono entre dos personas es el paraíso, lo más próximo al paraíso. Y de vez en cuando se alcanza, se toca la utopía.

En breve saldrá a la luz la segunda entrega de tu trilogía, ¿qué vamos a hallar en el libro?  ¿Es cierto  que esta saga abarca las fases del amor? ¿Esta, quizá, sea la del apogeo amoroso?

El poeta valenciano dando detalles sobre su libro 

Sí, la vida amorosa, incluso en su desvivirse es, ante todo, vida.  Y la vida, la existencia, se desenvuelve con multitud de facetas que son arrastradas a las fases amorosas, esos aspectos, aun en segundo plano, operan sobre la vida amorosa, forman parte de su maleta, y crean vicisitudes, cuando no, confrontaciones y disparidades.

Tal es el tránsito hacia el apogeo amoroso, para mí no es llegar a la cumbre, sino transitar en la cumbre, discurrir en ella, consumarse, consumirse en la cúspide o, al menos en el altiplano. Por ahí andarían los poemas de la segunda entrega.

Hace muy poco declaraste que “El paso del tiempo, como factor determinante, va marcando las pautas”, ¿de qué manera lo has vivido en tu labor artística y literaria?

El paso del tiempo es el que nos hace superar la infancia, el que nos lleva a la pubertad, el que nos hace alcanzar la madurez y el que, irremediablemente, nos arrastra al declive.

En la historia del arte, para mí, existe una obra que expresa de forma magistral el paso del tiempo, lo que sucede es que no lo hace de forma explícita, es el tema de Las tres Gracias. Tema desarrollado por bastantes pintores y escultores.

Concebir los tres libros de poemas sobre el amor como una trilogía es como una especie de homenaje al “paso del tiempo” contenido en Las tres Gracias.

Manifiestas que ahora las pinturas acompañan a los poemas, ¿cómo se dio este cambio de papeles? ¿Fue algo que ocurrió espontáneamente o hubo una decisión expresa?

“Los poemas ocurren cuando ocurren y se escriben cuando se dejan" como decía el poeta José Hierro, pero una vez escritos, corregidos, sentados, etc. el autor decide orden y clasificación.

Cuando los poemarios estuvieron hechos, elegí unas pinturas para que acompañaran a los poemas, quería hacer presente la estética de la pintura con la poesía, razón por la cual se incluyen ojos en la parte superior de cada poema con caracteres de imprenta y se acompaña con el poema manuscrito. Es decir, pensar el libro como pequeña obra de arte,

Sin embargo yo no hablaría de cambio de papeles sino que la faceta de escritor del pintor va ganando peso y autonomía. Si desde hace más de 30 años mi  pintura tiene deudas con la poesía, el crecimiento de aquella está también mediatizado por aquella. Pintura y poesía discurren en paralelo, con conexiones pero con expresiones y decires autónomos.

Convertiste el lenguaje plástico pictórico también en poético, ¿cómo lo logras? Y, ¿qué haces para que el otro, el lector, lo perciba?

Bayarri afirma que estamos en una 
encrucijada en este instante

Cuando se habla de poética en pintura nos estamos refiriendo a la actitud, al posicionamiento del pintor respecto a su propio quehacer.

Para mí, es impensable pintura sin poética. Incluso en el todo vale, todo no vale. En poesía me pasa lo mismo, todo no me vale.

El lector de una pintura no tiene por qué ser el mismo que el lector de un poema. Su lectura no acciona los mismos mecanismos perceptivos, en algunos casos pueden complementarse. Pueden tener buen maridaje como la danza y la música pero la calidad va por separado. 

Sé que te aferras a un  principio que denominas ‘ecología del pensamiento’, ¿en qué consiste? ¿Cómo llegaste a él? ¿De qué manera se halla en tu trabajo poético?

En estos tiempos la ecología debe presidir toda acción humana y a nivel planetario, de nada nos sirve reciclar  mil toneladas de basura y ensuciar el planeta con cien mil toneladas de contaminantes o arrasar las zonas verdes del planeta.

La intoxicación llega a las noticias a los mass media, no podemos poner parches, nuestro pensamiento tiene que ser global, tiene que operar en una dirección y no en su contra.

Es imposible sobrevivir a la implosión a la que está sometido el ser humano si no es capaz de abstraerse y situarse en un plano superior que le dé la perspectiva adecuada de lo que le sucede, de lo contrario está a merced de multitud de mininoticias y relatos que lo marean, lo tergiversan y lo rebasan.

Se llega a la ecología del pensamiento cuando uno toma conciencia de los múltiples planos en los que está siendo acosado. Los filósofos actuales diagnostican pero no resuelven.

La ecología del pensamiento es lo que me permite poseer una visión personal del mundo y de la existencia, colectiva e individual. Es lo que me permite moverme en la axiología de una ética razonable, y de ello se benefician indirectamente y, en pequeños detalles, mis actividades plásticas y escritas.

Primero fue, como ya hemos visto, la poesía en tus pinturas, pero ¿cómo crees que se percibe y siente tus poemas de forma individual, al margen de sus compañeras?

No lo sé, es pronto para saberlo, cuando la trilogía esté publicada, quizás tenga alguna referencia más valiosa.

No tengo objetivos ambiciosos, me gustaría que mi poesía alcanzara a alguien y me dijera que el libro ha estado algún tiempo en su mesilla de noche o que determinados versos los ha leído más de una vez. Quizá eso ya sea muy ambicioso. Solo las personas que leen pueden ser influenciables. Mis pinturas y mis poemas no tratan de crear más problemas, ya tenemos suficientes.

¿Es posible aislar al poeta del pintor?

Bayarri afirma que es imposible la pintura
sin poética 

Yo pienso que sí puedo aislarlos. Los demás, difícilmente, so pena de solapar a uno  o al otro. Por otra parte es un absurdo tratar de conocer a alguien en su totalidad.

¿Suele hacer José Vicente Bayarri autocrítica de sus poemas?

Por supuesto, la crítica tiene que formar parte del proceso de elaboración, y cuando se vuelve a leer un poema, pasados unos días, debes acudir con un cedazo más fino. No me gusta la brutalidad. En ninguno de sus órdenes.

¿A qué dedica su tiempo José Vicente Bayarri cuando no está en su taller de pintura o escribiendo?

Me gustaría decir que a mi casa y a mi familia en primer lugar, pero ahí soy muy deficiente.

Me gusta dibujar con carboncillo y con grafito, cosas pequeñas.

Me gusta leer a poetas que me tocan las emociones y me gusta expresárselo. Con algunos/as tengo conexión directa y llegan a ser mis amigos como Magda Villa, Greta Solís, Mar Bravo, Teresa Espasa, Blanca Villanueva, Blas Muñoz, etc. Otros también lo son, pero no saben que existo como Rafael Soler, Julio Llamazares, Dulce María Loynaz, etc. Son como mi segunda familia.

Me gusta el ajedrez, escuchar música, la de Montserrat Caballé, María  Callas, Lucía Pop, Luciano Pavarotti, Alfredo Kraus y más.

Me gusta estudiar chino y hacer caligrafía china, y viajar a China, y no entenderles, y observar cómo se esfuerzan por entenderme.

Y me gusta pasear solo, y pensar, me gusta pensar aunque no escriba.

Y me gusta pensar que pienso porque tengo manos.


Si desean saber más del poeta y artista plástico
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miércoles, 11 de noviembre de 2020

Lluïsa Lladó: «Vivo con el yugo de la poesía»


Lluïsa Lladó es poeta a tiempo completo. Es parte de su carne y su oxígeno. Ella es la poesía. Sin personaje ni actuación.  Y a la hora de escribir lo hace por instinto. Conducida por fuerzas que la poseen y la someten sin descanso.  Lladó declara que no es consciente de su escritura, y que ese proceso se asemeja al papel de una médium que transcribe un mensaje de crucial importancia.

La poeta acaba de publicar La complejidad de Electra (Ediciones Torremozas), un poemario que le permitió liberarse de sus miedos. 

Las razones para escribir La complejidad de Electa fueron muchas, pero quizá las más importantes fueron tu necesidad de dejar patente el bullir de  tus sentimientos contradictorios  y exponer también todo lo que pasaba (o pasa) por el alma de una mujer que se educó dentro de una sociedad machista, ¿de qué manera conjugaste estas ideas para darle equilibrio al poemario?

Escribo movida por el instinto, no existen mesuras ni argumentos o ideas previas, se rompe la tierra y surge el manantial de la palabra, más que una necesidad prefiero definir que ha sido el testimonio en una búsqueda de hermandad.

En tu libro buscas perdonarte y perdonar tus miedos, los enfrentas, le hablas cara a cara, ¿logras una liberación plena?

Sí, la liberación se ha cumplido.

 ¿Te costó mucho hacerlo?

No, porque poseo una edad en que los fantasmas vivos dan más miedo que los fantasmas muertos.

Sostiene que con su libro se ha liberado


¿Hubo esfuerzo y lágrimas?

Lloro con facilidad, así que mi esfuerzo consiste en mantenerme íntegra y con la cabeza fría e imparcial.

En tu libro también yace la aspiración de la empatía, que la gente vea en tus poemas que es posible hablar abiertamente de nuestros dolores, amistarse con ellos y propiciar una sanación. ¿Crees en los fines terapéuticos de la poesía?

La poesía sana, repara, cuida…Se ha comprobado en hospitales que es aconsejable y necesaria para pacientes de patologías concretas (ansiedad, depresión, demencia…).

Elga,  recomiendo este estudio a tus lectores https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4792261

¿La complejidad de Electra  es la obra donde dejas patente tu compromiso social respecto a la no violencia contra la mujer? Denuncias los hechos, pero también pides a través de tus poemas que nadie quede indiferente, ¿no es así?

Siempre ha habido un compromiso social en todos mis libros. Pedir exactamente no es mi meta primordial, mi intención es testimoniar los hechos comunes de personas que recibieron una educación concreta en el contexto histórico de este país que ha dejado muchos estereotipos y que luego en plena transición se vieron abocadas a improvisar ética y moralmente.

A diferencia de tus anteriores trabajos poéticos, en este libro usas versos cortos y los finales abiertos, ¿por qué?  Considero que un verso corto supone más dificultad, y fue un reto y un ejercicio estilístico, ¿Cuál es la intención?

 La intención es la de crear cierta tensión lectora y estimular la imaginación.

Has recurrido al cine y a la epístola, ¿te inspiras viendo películas? Quise en este libro referenciar películas ficticias de ambientes decadentes con atmósferas densas y personajes arrastrados por sus pasiones, ¿Eres de las pocas personas que todavía escriben cartas a mano y las envían?

Me gustan las cartas, ojalá tuviera más tiempo para escribirlas. Es un sano ejercicio que deberíamos practicar; la tecnología las ha sentenciado.

La autora afirma que la poesía cura, repara y cuida 

Según entiendo ignoras en qué momento de tu creación poética te encuentras, ¿nunca te preocupó averiguarlo? Considero que falta tanto camino por recorrer que ni lo  planteo. Eso no significa que viva despreocupada de mi evolución. ¿Nunca hubo una necesidad  introspectiva sobre ello?
La verdad, desde este prisma no he tenido la necesidad; meditar en ser buena persona y la búsqueda de estabilidad supera la faceta creativa.

Manifiestas que no  ha habido un cambio en cuanto a cómo vives o sientes la poesía, pero ¿en qué ocasiones  se halla más presente? Siempre, mi mente no puedo disociar el ente poético del universal, está tan interiorizada que es indivisible, ¿Cuándo la escribes o experimentas? En ambas acciones.

Vivo con el yugo de la poesía, todo me atrapa, me somatiza, a veces es exhausto convivir con esta particularidad. Yo no tengo un traje de poeta que me pongo y desvisto, soy un supermercado de submundos las 24 horas del día.

¿Es cierto que cuando escribes poesía no eres consciente de su escritura? Efectivamente, ¿Quieres decir que se convierte en un acto mágico o milagro? Cuéntame.

 Sí, es algo similar a la labor de una médium que siente el dictado de la taquigrafía de los cinco (o seis) sentidos y lo transcribe en el ordenador o en libretas, para compartir públicamente sin pudor en las redes sociales.

¿La Electra del título de tu libro es la que conocemos o te refieres a otra?

Es un compendio de muchas personalidades, tiene un matiz mitológico, rasgos de la psicología de Jung y de la protagonista rebelde de una obra teatral de Galdós. Hasta me la imagino con una estética de Marvel porque Electra es un personaje masculino y femenino con el perfil de un antihéroe.

¿A qué aspira Lluïsa Lladó como poeta en este momento de su vida?

A seguir aprendiendo.

¿Y cómo mujer y ser humano?

 A seguir luchando.

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