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lunes, 4 de septiembre de 2017

Joan Machirant: “El artista si sabe mirar siempre descubre en el ser humano los planetas más dispares”



Hay artistas que sí pueden dialogar con el alma de las personas  o  tocar la esencia de las cosas y quedarse impregnados de esa fragancia única para luego intentar recrearlos en sus particulares interpretaciones sea en música, literatura o pintura. Tal  es el caso de Joan Machirant, que es un artista que no solo ve mediante sus ojos, especialmente dotados para percibir formas y colores, sino que es capaz de captar las emociones y reproducirlas con empatía en sus cuadros.  Yo diría que Joan Machirant es el pintor de la psicología humana, el que retrata el alma.
Tu primer contacto con el dibujo fue cuando tu familia se mudó a la casa de la calle de Cuba. Te viste fascinado por el cemento y no dudaste en pintarrajear el suelo, ¿qué sensación te dio el hacerlo?
Trabajó muy duro para sacar adelante a su familia  
Fue en una mal obrada planta baja de la Calle dos de abril (Barrio de Ruzafa) donde con tres, o cuatro años, dibujé en el suelo de aquel corral el número ocho.  Corral con parra de uvas negras que trepando llegaba a cubrir y dar sombra a la terraza. Instante en el que al trazar ese signo, empecé a comunicarme con los que me rodeaban, con algo tan aparentemente sencillo, como dibujar un lazo.
Naciste artista y tu padre lo supo desde siempre, por eso en la medida de sus posibilidades apoyó tu preparación. Sin embargo, tuviste que repartir tus estudios de Bellas Artes como el trabajo. Contabas con 11 o 12 años por entonces, ¿no es así?
El hambre hacía estragos. La necesidad era mucha y como otros, dejé de estudiar para de aprendiz, aportar algo al hogar.  Destinado, pero no resignado sufría a la espera, de que algo me librara, de ser uno más en aquella  oscura imprenta, y he aquí, que ese soplo llamado casualidad movió la vela y lo que parecía un naufragio, se convirtió en esperanza salvadora, gracias, a que uno de los jefes del taller le preguntó a mi padre: “Batiste ¿Quién ha pintado eso que está puesto en el tablero de contar las resmas?” “Mi hijo”, respondió. “¡Ah! Pues mañana mismo lo llevo a que el mejor dibujante comercial de Valencia le haga una prueba”.
Te gustaba pintar a tu abuela. La hacías posar por largas horas. Ella solía decirte que lo mejor te salía eran los ojos. ¿Estás de acuerdo?

Admite que nunca sabe a cierta lo que va a salir cuando pinta 
Mi abuela, mi padre y hermanas eran mis modelos, pero mamá no posaba, porque la pobre no paraba ni un momento.  Josefa, mi abuela, había tenido una parada de aves y conejos en el Mercado central, pero cuando acabó la guerra se la expropiaron, y en cuanto llegamos a Valencia, se vino a vivir con nosotros. Le encantaba verme dibujar y en su amor por mí, me decía, que lo que mejor pintaba eran los ojos. Posaba un ratito y al poco se levantaba para ver lo que había hecho y si le gustaba, me dejaba solo para que pintara  los surcos de su rostro con las acuarelas, que alguien había dejado en uno de los cajones de la vieja cómoda.
Tu alma por naturaleza es sensible y dada a observar, por eso ves una historia en cada momento. Sabes capturar un momento, primero con la vista y emoción, luego con tu arte. ¿Qué me puedes decir de la escena donde las mujeres  aprovechan para contarse sus cosas  mientras  remiendan los calcetines en la puerta de sus viviendas?  O de aquella muchacha que introduciendo sus piernas en una palangana se depila las piernas en medio de su patio.
De mis vecinas solo diré, que para nada les incomodaba que yo las mirara. La mayor, de pelo negro y brillante cual zafiro pulido, era la dueña de unas piernas blancas que ya depiladas, se tornaban rosadas de rodillas y de talones,  como nalgas de melocotones.
Sí, y era siempre al terminar la fregada, cuando las mujeres a refugio de pared en ruinas, se sentaban  a charlar si la tarde era soleada. Charlaban de sus cosas  a la vez que remendaban  medias y calcetines  poniendo un huevo de madera dentro de ellos. 
Una de sus últimas creaciones 
Don Manuel Sigüenza, tu profesor  en  la Escuela de Artes y Oficios de Artesanos de Valencia te ayudó a descubrir tu vocación, y fue él quién te recomendó  ingresar a la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia al percibir tu potencial. ¿Qué recuerdas de sus enseñanzas? ¿Cómo era como maestro y ser humano?
Don Manuel Sigüenza, profesor de barbas blancas y figura de espíritu levitado, era un hombre bueno y callado. Miraba con atención lo que hacía y solo al terminar el dibujo me decía, con voz que parecía salir de detrás de una espesa cortina: “Joan tienes que ir a San Carlos”.Visité su estudio dos veces, y en su caballete lo que a medio pintar se veía, era la cabeza de un caballo. 
Entiendo que ingresaste como aprendiz en un taller para adquirir experiencia. No te daban ni un centavo, pero aprendías.  Y rápido. Eso hizo que te encargaran trabajos y comenzaras a ganar algún dinero.  ¿Le pusiste toda la voluntad del mundo a tu labor?  Eras un niño y tenías responsabilidades de adulto.
Decorar la vitola de una sedalina fue el  primer encargo que me hicieron. No era voluntad, era el placer de huir del oscuro taller. Empezaba a ser querido y valorado por los clientes que conseguía.  Me trataban de usted y les encantaba cambiar impresiones con aquel jovencísimo dibujante al que igual se le pedía que diseñara originales para el testero de una caja de naranjas, un paquete de medias de señora, etiquetas para toda clase de botes de conservas, o dibujos para un catálogo de joyas, o bisutería fina.  No había tope, cualquier encargo que entraba  por la puerta de aquel modesto estudio se creaba. Era la modernidad, arte que en el mundo del consumismo se llamará ‘arte intemporal de uso útil’.
¿Crees que te perdiste algo teniendo que salir a trabajar a temprana edad para aportar en casa?
Cuenta que vendió todas la obras de su primera exposición horas antes de
inaugurar
El hecho de tener obligaciones de persona formada no me quitó espacio, ni distrajo mis ganas de divertirme.  Al contrario, disponía de dinero y cuando salía con los amigos, lo gozaba de firme.
El amor hace que te centres y retomes tu camino primigenio. Preparas exposiciones y comienza tu andadura por las principales capitales europeas.  ¿Supiste en qué momento dar marcha atrás? Tu corazón fue tu guía, ¿no es verdad?
Un día, alguien entendido me dijo: “Tienes que hacer una exposición”  Llené de obras la galería y antes de inaugurar ya estaba todo vendido. Suerte, claro, pero los que adquirieron aquellas primeras obras, y a los que ahora les sigue interesando mi trabajo, ni son de mi familia, ni amigos, ni nadie a quien de antemano conociera. Sigo en mi estudio y digo, que por desgracia hay galeristas que entienden de arte, lo que yo de esquilar borregos.
 La figura humana es lo que despierta mayor interés en ti, ¿por qué?
El artista si sabe mirar siempre descubre en el ser humano los planetas más dispares. Unos nacen y al poco desaparecen,  otros se quedan pero apenas se ven, los hay para soñar y hasta como dispuestos a eliminar a quien se ponga por medio. No hay panorámica en el universo que no esté dentro, o fuera, de nuestro cuerpo. Somos como la manzana que invadida por gusanos, aún sirve  para dar  vida, gracias  a sus semillas.
Afirma que pintar es un diálogo con la vida 
Has dicho que pintar para ti es un diálogo con la vida, pero sin respuestas definitivas. ¿Cómo se entiende esto?
Contradicciones y libertades todas, pero sin pedantería, vanidad o soberbia  ¿o es qué acaso, no es en el campo de las contradicciones donde a veces la voz de la verdad se deja oír?
¿Dejarás de pintar alguna vez? ¿En tus planes está esa jubilación?

Pintar, escribir, componer o tocar música nos engrandece  y hasta es bueno que de las alas de la paloma se desprenda alguna de sus más bellas plumas, si esto le ayuda a volar mejor y ser más libre. Manos y mente, que mientras no tiemblen darán fruto, porque jubilarse, ni es quedarse ciego, ni impedido.  Hoy la forma de vivir de un artista, nada tiene que ver con  los tiempos románticos y en cierto modo desdichados de Van Gogh, Modigliani, Gris y hasta de Picasso, que tuvo el valor de decir cuando ya era muy rico, que él era un bufón, si se comparaba con los grandes de la pintura.  Ahora todo es comercial. Hay que pagar multitud de recibos, declarar el IVA trimestralmente, autónomos, rentas y más,  que dejan el romanticismo y la bohemia solo para los que, pasan de tener compañera, hijos, casa, coche, vacaciones, tecnología  y demás cosas de la vida moderna.  Le debo tan buenos momentos a mi plena dedicación al arte del dibujo y la pintura, que si volviera a nacer, haría lo mismo. Me aliaría a la tecnología como una herramienta más priorizando siempre ese humanismo, que tanta belleza y espiritualidad nos aporta.



Si desean saber más del artista o su obra
pueden pinchar
el siguiente enlace:
https://www.facebook.com/profile.php?id=100009090015913
Y si quieren contactar con él
este su  email:
joanmachirantg@gmail.com


1 comentario:

  1. Efectivamente "porque jubilarse, ni es quedarse ciego, ni impedido," y añadiria que ni se queda uno tonto- Saludos prima.

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