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lunes, 25 de julio de 2011

Alonso Cueto: “Creo que los únicos tesoros de un escritor son la soledad, el silencio y el dolor”

Foto: Dominique Favre
Con una facilidad tremenda para introducirse en el mundo de los instintos humanos, Alonso Cueto, explora con maestría y plasma con absoluto realismo las bondades y miserias del mortal común y corriente; de ése que de súbito puede alzarse con un acto bondadoso o heroico, o descender al infierno convirtiéndose en el más despreciable de los demonios.
En especial, le es más cómodo adentrarse en el mundo de las mujeres, pues según él,  “su universo personal es en ese sentido más complejo y delicado que el de los hombres, que por lo general estamos más encerrados en nosotros mismos”.
Su infancia solitaria lo llevó a penetrar en el mundo de la lectura y la fantasía, y optaba por permanecer en él, pues lo veía y sentía más coherente y ordenado frente a la realidad externa.
Es categórico al afirmar que un escritor escribe con el estímulo del dolor, luego de haber vivido experiencias intensas reales o imaginarias con otros. “Una persona feliz, que vive en la sociedad sin sentirse perturbado por ella, no es un escritor”.
Los invito a conocer a este señor de las letras que se declara disciplinado y romántico, y que pese a tener ordenador a veces prefiere escribir a mano.

Sus colegas coinciden en definirlo como un escritor disciplinado, ordenado y elegante, ¿está de acuerdo con estas apreciaciones?

Solo estoy de acuerdo con la primera.

La inspiración nunca lo abandona. Siempre sorprende a sus lectores con alguna nueva publicación. ¿Es usted un escritor que tiene la cabeza llena de ideas y no puede estar sin plasmarlas?

Sí, tengo más ideas que tiempo para desarrollarlas. Pero creo que nos pasa a todos. Estamos rodeados de historias que vale la pena contar. La vida es un montón de historias, la mayoría inconclusas.

Ningún género le es ajeno. Ha  incursionado con éxito en todo, pero ¿se siente mejor o más cómodo en las novelas, los ensayos, el teatro o los relatos?

Me siento más cómodo con el género en el que estoy en ese momento. ¿Por qué elijo un género para una historia? Es un misterio para mí. Pero creo que hay historias hechas para ser vistas y oídas, otras para ser contadas con palabras. Lo fundamental en un cuento es definir el destino de una persona en una o dos escenas. En una novela, en cambio, uno sale de viaje para contar un proceso. Cortázar decía que escribir novelas es salir a buscar un tesoro mientras que el cuento debe ser el tesoro mismo.

Con la novela “El susurro de la mujer ballena” conectó con el público español, ¿le significó algún tipo de desgaste mental-emocional escribirla? Lo digo teniendo en cuenta que hace algún tiempo declaró que “un escritor debe ser un esquizofrénico”. Amplíenos el concepto, por favor.

Una novela siempre es un universo de personajes y el escritor debe estar al interior de todos ellos. Si no lo hace, serán personajes acartonados y exteriores. En ese sentido, involucrarnos con cada personaje significa mirar el mundo desde su conciencia y desde sus sentidos. La esquizofrenia, es decir asumir múltiples personalidades, es natural en alguien que quiere contar historias desde varios puntos de vista. “El susurro de la mujer ballena” me costó mucho trabajo porque me hizo recordar mis años en el colegio, donde vi muchos maltratos a  alumnos de la clase, y también sufrí algunos. Un salón de clase es un microcosmos de poder, donde se reproducen las formas de la sociedad a la que pertenece. A propósito de la protagonista de esa novela, creo también que la sociedad moderna ha entablado un castigo contra las personas que no tienen un “cuerpo adecuado”. Hoy vivimos bajo los dictados de una religión del cuerpo perfecto. Lo podemos ver en las revistas, en la televisión y en el cine, también en los deportes y hasta en la cultura. Quería dramatizar esa noción en la relación entre dos amigas que se encuentran muchos años después de ir al colegio. Es una historia de amistad entre dos mujeres.



La poesía de Vallejo definió su vocación de escritor
Foto: Daniel Mordzinski

¿Por qué un escritor de su talla tiene que seguir viviendo en Perú?  ¿No sería mejor ir tras la completa internacionalización estableciendo su residencia en algún país europeo?

He tenido la posibilidad de vivir en otros países varias veces, y no estoy seguro de por qué no las he aceptado. Solo se me ocurre pensar que las historias que me interesan ocurren en el Perú, y que quisiera estar cerca de ellas. No creo que nunca viva de un modo prolongado en otro país, aunque viajo mucho y con mucho interés siempre por los lugares donde voy.

Tenemos entendido que fue un niño solitario y que esas circunstancias, desarrolló su pasión por la lectura, ¿aún lo es?  ¿Qué le aportó  la soledad en aquellos tiempos?

Era un niño muy solitario y enfermizo, lo que acentuó mucho mi necesidad de leer. La muerte de mi padre fue un nuevo estímulo a ese impulso permanente por vivir en el mundo de la fantasía que parecía mucho más ordenado y coherente, que el mundo real. Creo que los únicos tesoros de un escritor son la soledad, el silencio y el dolor. Estos son tesoros que cuesta adquirir, pues suponen una experiencia en el mundo. Un escritor escribe luego de haber vivido, de haber tenido relaciones intensas, reales o imaginarias, con otros. Pero escribe siempre desde la soledad y el silencio, y con el estímulo del dolor. Una persona feliz, que vive en la sociedad sin sentirse perturbado por ella, no es un escritor.

¿Cuándo o en qué circunstancias surgió en usted la necesidad de escribir? Recuerda su primer escrito. ¿Fue quizá un poema?

Fue luego de la muerte de mi padre, seguramente. La muerte de un padre a la edad que yo tenía, los catorce años, supone perder un mediador con el mundo. Es una edad en la que uno ya no vive en la primera infancia pero tampoco ha entrado en la adultez. En ese proceso, la figura del padre es la de un guía y un acompañante. Al menos lo fue en mi caso. Encontrarme de frente en el mundo, mirarlo cara a cara, descubrir la ferocidad de la muerte y de la ausencia,  fueron elementos de un trauma del que creo que no me he recuperado.  Poco después de su muerte, descubrí la poesía de Vallejo y sentí que sintonizaba con ese universo de fragmentos, en el que las palabras y las cosas parecen flotar a la deriva. Me parecía que allí estaba expresada la experiencia fundamental de la orfandad. Sentí que las palabras eran la respuesta a la fugacidad, a la temporalidad y a la muerte, y seguramente fue entonces cuando se definió mi vocación de escritor. Pero a lo mejor todo esto también es una especulación. Escribir y contar historias son impulsos naturales y un escritor solo sigue esos impulsos.    

Declaró en alguna ocasión que  “le parece un extraño que haya gente que pueda vivir sin escribir”, explíquenos su posición.

Porque la vida sin su expresión en palabras, me parece que se vuelve inútil y perecedera. Quizá todos los seres humanos debían escribir al menos un libro, contando algo acerca de su vida. Cada vida es distinta a la otra. 

Se dice de usted que tiene un perfecto manejo de las miserias humanas porque conoce las debilidades de sus congéneres y que destaca situaciones de conflicto en sus tramas en busca darle más realismo a sus historias, y que cree, sobre todo, en la capacidad de heroísmo de la gente.  Es algo un tanto contradictorio, ¿no le parece? ¿Todavía cree posible la bondad en el hombre?

Sí, porque creo que el ser humano es contradictorio. Una misma persona es capaz de las peores bajezas y de los actos más nobles. Un torturador puede salvar la vida a una mujer y una joven limeña convencional puede convertirse en una asesina, como ha ocurrido en dos de mis novelas. Lo que me interesa es esa dualidad y esa contradicción que creo que tenemos todos, en mayor o menor medida. La narrativa es la exploración de los límites de la conducta humana. Un escritor es un explorador de todo lo que un ser humano es capaz de hacer en nombre de algún instinto. Creo que estamos gobernados por los instintos a los que algunos dan el nombre de ideología o de religión. Pero de entre todos esos instintos, el que más me asombra es el que algunos por seguir viviendo o seguir ayudando a vivir a otros. Ese heroísmo de la vida cotidiana, el mero impulso de continuar, es lo que define a los personajes que me interesan.

La mujer juega un rol fundamental en su obra, ¿cómo se preparó para dar forma a los personajes femeninos de “El susurro de la mujer ballena” y “Grandes miradas”?

Me interesa especialmente explorar el mundo femenino porque creo que las mujeres viven las relaciones de un modo más pleno. Su universo personal es en ese sentido más complejo y delicado que el de los hombres, que por lo general estamos más encerrados en nosotros mismos. Por otro lado, en esas novelas me interesaba especialmente involucrarme como narrador en un personaje femenino, algo que me resultaba muy difícil pero que por eso mismo me atraía.

Para usted  el pasado de sus personajes es fundamental sino crucial, ¿considera que en la vida real es también un pesado equipaje que se lleva cuestas hasta el final? ¿No podemos renunciar a él y voltear la página?

En el mundo quechua, el pasado es lo que aparece delante de nosotros. Como sabemos lo que ha ocurrido, lo podemos ver. En cambio, el futuro está atrás porque es algo desconocido. Es un tema que siempre me ha apasionado porque creo que todos libramos una relación dura y compleja con nuestro pasado. En mi primer libro que se llamó “La batalla del pasado”, aparece una serie de personajes jóvenes que descubre por primera vez a su edad, la complejidad del pasado como un ladrón que con frecuencia les tiende emboscadas.

Por otro lado, algunos de sus colegas, los que se consideran indigenistas, ven en un usted un escritor ‘pijo’ (pituco), ¿le molesta que lo ubiquen en una determinada clase social o económica?

No los he leído ni recuerdo mucho de acusaciones.

Una de sus novelas más éxitosas
A propósito, ¿qué significa ser peruano? ¿Qué nos distingue del resto?


Es un privilegio porque el Perú es un país definido por la diversidad, en el que se han dado cita todas las culturas del mundo. Las migraciones europeas, los nativos indígenas, la llegada de los africanos y los asiáticos tienen una larga tradición. Todo conforma un universo lleno de historias y de conflictos, un material precioso para un escritor. Una realidad tan diversa es un punto de partida para una obra literaria, es decir para el tratamiento y la exploración de lo diverso de lo humano.  

Los escritores Juan Carlos Onetti y Henry James han influido mucho en su vida de escritor ¿qué le ha aportado cada uno de ellos?

Fueron los primeros en hacerme descubrir que las historias reales se viven en la conciencia y en la intimidad. Los hechos son solo detonantes del drama que vivimos dentro.

¿Es usted romántico?  ¿Cómo suele expresar sus sentimientos por alguien?

Sí, soy muy romántico, y puedo expresar mis sentimientos de manera muy directa, como de hecho lo hago todos los días con mi mujer.

Y a la amistad, ¿cree en ella?

Tengo un culto por la amistad. Tengo pocos amigos y hace poco leí un texto de Ribeyro donde se decía que nadie puede tener muchos amigos. La cifra siempre es reducida porque el tiempo y la intimidad tienen sus exigencias.

El portátil (laptop) lo acompaña a todas partes. ¿Es cierto que va con usted a todas partes? ¿Alguna vez escribió a mano como algunos de sus colegas todavía  hacen?

Hasta hace muy poco escribía a mano, pero ahora uso la computadora. Solo espero mantener el tiempo de la escritura a mano, que siempre es más lenta. Toda obra que aspira a durar necesita de la lentitud, de la contemplación, de la observación. Es algo extraño en la  cultura de la fugacidad y de la prisa en la que vivimos. Sin embargo, creo que los seres humanos necesitan también de la lentitud y de la inmovilidad de vez en cuando. Por eso es que las iglesias todavía reciben fieles.

¿Es usuario de las  redes sociales (Facebook, Twitter, etc)?

No lo era pero di una conferencia sobre el tema y para prepararme abrí una cuenta. Sin embargo, ahora no la uso. Creo que las redes sociales van demasiado rápido y son demasiado públicas.

¿Con qué escritor le gustaría sentarse a tomar un café y charlar?

Con muchísimos, pero creo que sobre todo con Henry James.

Una actividad de su vida doméstica o su rutina diaria que no dejaría de realizar por nada del mundo.

Escribir y escuchar o ver historias. Novelas, cuentos, películas, series de TV, crónicas periodísticas. Oír a gente contar cuentos reales o falsos. Pero también leer poesía y escuchar música. Hablar con mi familia y mis amigos. Interesarme de lo que pasa en nuestro país, que tiene tantas necesidades. Tratar de colaborar enseñando y escribiendo, lo mejor que puedo. Y si tuviera algo que agregar, también poder reírme de vez en cuando.
Si quieren saber más del autor o su obra pueden pichar el siguiente enlace:
http://www.alonsocueto.com.pe/






2 comentarios:

  1. Gracias por compartir esta entrevista con todos nosotros. Me agradaría conocer a Alonso Cueto pues coincido con él en mucho de lo que dice, sobre todo en las motivaciones del escrior. Le deseo mucho éxito y a ambos, te incluyo a ti amiga Elga, un muy feliz verano.
    Saludos.
    Ginés

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  2. Ginés:
    Gracias por haberte dado un tiempo para redactar tus amables líneas. Don Alonso además de ser un excelente escritor, es un maestro generoso y paciente. Estoy seguro que en alguna oportunidad tendrás ocasión de conocerlo personalmente. Un beso, Elga.

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