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domingo, 7 de agosto de 2011

Juan Cristóbal: “Decir que Dios es el más grande asesino de la historia, no es algo terrible, es una constatación”

Es un poeta que ha sufrido en carne propia la crueldad de quienes no comulgaron con sus ideas. En una época de efervescencia política donde pensar distinto se castigaba duramente, él fue un inquilino de la cárcel,  enviado al exilio y pasó importantes años de su vida en la clandestinidad.
Se declara ‘testarudo en materia política’, pues es firme en declarar que el Socialismo “es el único movimiento social que nos dará la justicia y equidad social, el bienestar y la felicidad del hombre”.
Sus amigos y críticos manifiestan que en él habitan dos seres o almas totalmente opuestas, una de naturaleza autodestructiva y otra, serena y acogedora. Quizá ambas habiten en simultáneo el cuerpo de este vate, pues él mismo revela: “El hombre es uno solo y varios a la vez. Allí está la complejidad del ser humano. Y no olvides sus lados oscuros. Uno es muchas cosas a la vez”.
Conozcamos mucho más de Juan Cristóbal, un poeta con un corazón de fuego que muchas veces pensó en el suicidio como fin a sus dolencias físicas y que incluso planteó a un amigo suyo dar ese radical paso mediante la ingesta de Clonazepam acompañado de un vaso de whisky.  Pues él cree que suicidarse debería ser como cuando  a uno  le invitan a una casa de visita y tiene la opción de abandonarla cuando le venga en gana.
¿Cuándo deja de lado a Juan Pardo del Arco para dar paso a Juan Cristóbal?  ¿Qué le queda de su  identidad primigenia?  O es que ¿Juan Cristóbal la absorbido totalmente?

 Soy José Pardo, dejo de lado a este ser cuando decido editar mi primer poemario por el año 62, porque mi nombre me parecía muy aristocrático y porque no deseaba –eso ya lo reflexioné con los años- aparecer con el nombre paterno, ya que no le debía nada a mi padre y si al personaje Juan Cristóbal, de Romain Rolland, novela que me cautivó por muchos años. Ahora pretendo ser Juan Cristóbal (como el personaje): romántico y revolucionario, pero sobre todo amigo de sus grandes amigos (que siempre son pocos). Incluso amigo de sus enemigos (que siempre son muchos).

Fue su hermano Dagoberto (ya fallecido), quien le inició en sus primeras lecturas poéticas y políticas. E incluso intentó introducirlo en la música clásica, ¿qué recuerdos guarda de él?

R- Los mejores y, más hermosos recuerdos. Su muerte me traumó durante muchos años, me dejó casi paralizado, era un ser angelical, poético, muy inteligente, letrado y con gran sentido del humor. Era un ser volcánico para vivir. De la misma manera murió.

 Un amor platónico de adolescencia  lo condujo a escribir sus primeros poemas, recuerda, ¿el nombre de aquella muchacha?  Ella ¿llegó a leer sus escritos? ¿Conserva éstos?

Como todos o casi todos comencé a escribir poemas de amor para una muchacha que no le hablaba ni conocía personalmente. Se llamaba Hortensia. Vivía al frente de mi casa. Ella jamás supo que yo escribía poemas para ella, jamás los vio y no sé por dónde volarán, tal vez estén en manos de otra desconocida.

¿Cuándo exactamente se ve como escritor y se anima a publicar?  ¿Qué escritores tomaba como referencia y qué temas se interesaba en abordar?

Unos amigos cuyos nombres se han volado de la memoria (por algo será) me animaron a escribir, pero no me sentía escritor. En realidad uno nunca sabe cuándo es que se siente escritor, ahora mismo no sé si soy escritor o un llenador de líneas como los albañiles. Mis primeras referencias en cuanto autores eran Romain Rolland, Amado Nervo y mis sobrinos. La vida con ellos produjo mi primera obra poética “seria”, se llamaba Gidumot que es un anagrama con los nombres de ellos. Los niños siempre han sido para mí un motivo de interés poético, ahora son mis nietos, por eso he publicado un libro titulado Conversando con Almendra. También he publicado, años antes Lecciones de historia, donde el personaje es la historia conflictiva de nuestra patria y los niños sus participantes y oyentes, en segunda fila está el autor. Otros temas motivadores han sido siempre la muerte, la soledad, la desesperanza, ahora la vejez, la desolación del ser humano, las injusticias sociales, los lados oscuros y perversos del hombre. El paisaje, el recuerdo de la infancia, la nostalgia del pasado y del futuro también han sido de gran interés en mi trabajo poético.

Usted siempre estuvo concienciado y participó en movimientos sociales y políticos, y justamente debido a su militancia socialista fue encarcelado, estuvo en el exilio y pasó casi diez años de su vida en la clandestinidad, ¿repetiría de esas experiencias? ¿Hubo una lección que aprender?

Mi interés político también viene por el lado de mi hermano, él me daba a leer biografías de los revolucionarios rusos y eso me despertó cierta conciencia social, después mi viaje a España fue determinante, allí conocí a una señora que era militante antifranquista (nunca supe a qué partido pertenecía) y ella me conversó mucho sobre esa dictadura y me daba encargos políticos que hacía para ella. Luego regresé al Perú, por el 60 e ingresé a San Marcos, allí, desde el comienzo tuve una intensa actividad política estudiantil, luego me vinculé al MIR, que el movimiento que hizo un alzamiento armado el 65 y colaboré con ellos, hice trabajos con los obreros, en los pueblos jóvenes, repartí volantes en la madrugada, pintaba paredes, tenía círculos de estudio, expropié bancos, etc. Viaje exiliado a Chile y luego volví, estuve preso y fueron cerca de 10 años de clandestinidad. La mejor experiencia que obtuve de todo ello fue la solidaridad con los otros y la fe insoslayable en el Socialismo, hasta el día de hoy a pesar de todas sus derrotas. Creo que el Socialismo es el único movimiento social que nos dará la justicia y equidad social, el bienestar y la felicidad del hombre. Ahora mi fe en el socialismo es desde la desesperanza.

Una obra desgarradora
Pertenece a la denominada “Generación del sesenta”, pero a la tendencia que se gestó y desarrolló en San Marcos, si esto es así, ¿por qué sus compañeros y usted  no están tan presentes en las antologías literarias, ni son tan reconocidos ni nombrados en publicaciones especializadas o de divulgación cultural?  ¿Cómo se explica tanta omisión o indiferencia?
 La “crítica oficial” así lo ha decretado. Por ejemplo, para mi Juan Ojeda es el mejor poeta de los 60, mejor que Cisneros o Hinostroza, sin embargo no tiene casi ningún reconocimiento en aquellas lugares que señalas, solamente los poetas jóvenes y los no tan jóvenes, pero ignorados por el mundo oficial de la literatura, lo están leyendo y revalorizando. Es un problema de clase, en términos políticos-sociales-culturales. Pero el tiempo y la historia darán su respuesta final.

El poeta Bernardo Rafael Álvarez  cree detectar un  antagonismo muy claro y palpable entre su poesía y usted. Dice que el Juan Cristóbal que conoce es “un hombre altamente sensible y fino”, pero “su poesía, en cambio, es ruda, inconsiderada, crispada y me atrevería incluso a decir que es cruel”. ¿Qué le sugiere esta aseveración o análisis?

Yo respeto todos los puntos de vista en el campo poético, más aún cuando no son malintencionados. A mí lo que me ha producido la edición de mi “saga literaria” (Hórridas mañanas y Kafka, y un volumen inédito La desilusión de los burdeles (preguntas inconclusas) fue producto del horror, vaciedad y corrupción en su grado más alto durante los años de Fujimori y Montesinos, tal vez por eso es que esos poemas tienen las características que señala tan acertadamente Bernardo Álvarez. Ya que eso era exactamente lo que quería reflejar Maynor Freyre, un notable narrador, también tiene un trabajo sobre esos poemarios. Mas no así los “críticos oficiales”-

Todo lo contrario vio en su trabajo poético Luis Hernán Ramírez a la que definió como “poesía de la luz y los colores. ¿Está acostumbrado a estas apreciaciones tan opuestas a la hora de recibir comentarios o críticas?

Luis Hernán Ramírez hace una apreciación de los libros que pertenecían a El osario de los inocentes, que es otra temática y otros acercamientos y conocimientos de la realidad. Sin embargo, Antonio Cornejo Polar, veía en ese camino literario una veta que podía, decía él, concurrir a lo que podríamos llamar la “marginalidad poética” y que yo prefiero llamarlo “el desgarramiento poético” .Y no es un problema de rótulo, sino de trasfondo humano y literario. En el primero el ser es el abandonado, el deshauciado, el incapaz de rebelarse ante el sistema. En el segundo, el sufriente pero enfrentador al sistema que lo trata de bajar a la condición de marginal.  Esa visión de Cornejo Polar me conmovió, me asustó al principio pero después me halagó, porque fue un visionario en ese momento, pues, sin haber leído su aseveración, yo ya estaba en esa línea y llegué, como repito, sin tomar en cuenta su postulado, a esa poesía, especialmente por mi acercamiento a la poesía del movimiento Hora Zero, a mi experiencia carcelaria, al periodismo y al conocimiento intenso de personas realmente marginales, como el gasfitero Blas y un ex convicto, Pocho Sáenz, ahora un exitoso pequeño empresario, que siguen siendo, por su amistad y sabiduría popular, amigos entrañables, los cuales, en noche y días de extraordinaria felicidad, me enseñaron y descubrieron cosas maravillosas de nuestra existencia. Por ejemplo, un lunes de una mañana me encontré con Blas y me preguntó dónde iba, le dije, a trabajar, me respondió con la mayor tranquilidad, hay que estar muy solitario para un lunes ir a laborar.

¿Le duele mucho habitar un país como Perú? Se lo pregunto porque se manifiesta que “Hórridas mañanas”, es un poemario inspirado en la experiencia infeliz de vivir en dicho país. ¿Qué hay de cierto?

Me duele habitar en un país de mentirosos, corruptos y asesinos. Ese era el país que nos estaba dejando Fujimori, sin dejar de considerar su desprecio absoluto por la cultura, y lo peor, estaba asesinando nuestra espiritualidad cultural. Espero, con muchas dudas, que esto pueda cambiar. Creo que no va a suceder, pues el sistema capitalista vive de las usuras, mentiras y desvalores morales, entre los primeros se encuentra la desaparición o asesinato del contrario.

El haber tenido un abuelo cura obviamente marca para bien o para mal. O dicho de otra forma condiciona a acercarse a Dios o a una  doctrina religiosa, o le obligó a cruzar a la otra acera y hacerse un descreído. Decir  “que Dios es el asesino más grande de la historia” es algo muy fuerte, ¿no?

Yo no conocí a mi abuelo, pero sí a muchos curas ya que estudié en el colegio San Rosa de Chosica, de padres agustinos, y no fue, mi por asomo, mi mejor experiencia ni lo mejor que me pasó, tanto que ni siquiera los recuerdo, a pesar de haber sido durante dos años monaguillo y querer ser cura al término de mis estudios secundarios. Felizmente, la realidad y la militancia política me abrieron los ojos y saber lo que es la Iglesia como tradición histórica y lo que fue en el país desde la Colonia. El decir que Dios es el más grande asesino de la historia no es algo terrible, es una constatación. ¿Cuántos han muerto durante Hitler, Mussolini, Franco, las guerras mundiales, Vietnam, Cuba, Perú, Irán, Afganistán, etc.? Tantos inocentes muertos y ese Dios que dicen que existe ¿no pudo hacer nada por impedirlo? Por eso Saramago dice con toda certeza que  “Dios no es de fiar”

 En una entrevista expresó que hay poetas que lo influyen más por  sus vidas que por sus obras, pero que también existen otros que le conmueven por ambas cosas e incluso va más allá declarando que algunos personajes no literarios que pueden llegar a sensibilizarlo. Profundice estos conceptos, por favor.

No hay mucho que profundizar. A mí me conmueven las personas que tienen una vida verdadera, auténtica y honesta. Puede ser feliz o dolorosa su existencia, eso ya es otro problema y no menor. Pero sucede que a mí me atraen más, para hacer poesía, las vidas dolientes y verticales. Como la de Martín Adán, Dylan Thomas, Bob Marley, Jorge Teillier, Juan Gonzalo Rose, Gustavo Valcárcel, Juan Rulfo, Kafka, mi hermano Dagoberto, mi tío Nemesio que fue un arriero por más de 20 años, etc. Seguramente que esto podría dar pie a un estudio psicoanalítico, pero no lo podría impedir, aunque no crea absolutamente en el psicoanálisis.

En sus últimas obras se percibe con toda nitidez la presencia rica y dinámica del habla de la calle, ¿a qué se debe que la haya rescatado para su obra? ¿Qué le aporta? ¿Quizá la esperanza de un acercamiento de su poesía a las grandes mayorías?

Me aporta conocer mejor la realidad, las almas sufridas y marginales, me aporta belleza, sabiduría, forma de ver la vida, humor, realidades diferentes, pues las palabras expresan siempre una determinada realidad, y eso también es conocimiento.

Un poeta consecuente con sus ideas
Su nieta Almendra participó diseñando las portadas de algunos de sus poemarios, ¿qué lo motivó a invitarla a participar? Ella es muy cercana a usted, ¿no es así?  Quizá, ¿se ve retratado en Almendra?

Ojala fuese como ella, pero no lo soy, ella es un ángel terrestre y yo un diablo a punto de dejar el mundo e irse a ver con sus mejores amigos y amigas en el fuego eterno y celestial del infierno. Las portadas de mis libros fueron saber utilizar los dibujos que ella había hecho años antes. Soy un aprovechador innato de la infancia.

Se habló de su retiro. Que no escribiría más, que abandonaba todo.  Ciertos personajes de su entorno hasta se atrevieron a decir que andaba buscando a la muerte. ¿Qué hay de cierto en todo esto?

 Es cierto, en algún momento pensé en el suicidio, como algo normal, absolutamente natural. Si uno quiere dejar una casa a la cual es invitado, puede salirse a la hora que desee. Ahora le hago bromas en serio a un amigo sobre esto y él lo toma como broma. Mi amigo está igualmente muy deteriorado (como yo) y le digo: “Gordo, compro una botella de wisky y una caja de clonazepam y nos tomamos ambos la mitad de cada cosa, bailamos Zorba el griego y nos morimos en una playa abandonada”. Mi amigo es más optimista, me dice “Estás loco, yo estoy vivo”. “Yo, no-le contesto-, lamentablemente, me siento más muerto que vivo”. ¿O felizmente? Y no me da miedo ni arrepentimiento. Simplemente lo tomo un hecho que debería suceder. Como el aire que respiramos.

¿El asma lo ha acompañado toda la vida? ¿Ha aprendido a conciliar con él? ¿Le da tregua en algún momento?

Felizmente haber tomado uña de gato durante más de seis años me ha curado del asma. Y tener amigos médicos como Edmundo González Garrido (a quien le dediqué mi libro Esperando a la muerte, ¿curioso, no?) me tienen al margen de ese suplicio, que marcó mi infancia de manera tortuosa, pues vivía entre cuatro paredes y lleno de remedios (como ahora).

Y el amor ¿ha llegado por fin a entender su lenguaje,  a comunicarse con él de tú a tú?

Yo soy el que no entiendo el lenguaje del amor, tal vez por su complejidad. Es extraño, pero siento que el amor es como una guerra, y trato de apartarme de ella. De la guerra, sólo entiendo a mi familia, a mis nietos y con eso me basta y sobra. Ellos deben ser el amor. El verdadero lenguaje amor.

Su preocupación por sus semejantes alimentó su rebeldía, su lucha por un cambio a favor de los más necesitados, ¿de qué manera combate ahora?

 Desde los umbrales de mi muerte, es decir, desde mi poesía. Sigo siendo un testarudo en materia política. Y un ambicioso, en el mejor sentido, de la muerte. Desearía morir sin dolor.

¿La poesía puede ayudar a cambiar en algo el mal funcionamiento de una sociedad?

La poesía no puede ayudar a cambiar la realidad, pero sí la conciencia del hombre y si el hombre cambia puede cambiar el mundo. Hombre y poeta son una sola persona. Y si toma conciencia de su realidad, debe cambiar él y puede ayudar, con otros, a cambiar el mundo. Como el Che, que murió antes de poder cambiar el mundo. Pero su pensamiento y huellas siguen abiertas y presentes,
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 ¿Soñador o realista?
El hombre es uno solo y varios a la vez. Allí está la complejidad del ser humano. Y no olvides sus lados oscuros. Uno es muchas cosas a la vez. Lo cual también depende de los años que tengas. A veces se es más soñador y a veces más realista. A veces más solidario, a veces más egoísta, a veces más amigable, a veces más enemigo. Y todo esto depende también de la realidad, de los años que tengas, del contorno familiar y amical, de las jovencitas que te miren o te dejen de ver, de los animales que se te acerquen, de los vinos que tomes o dejes de beber. Uno es un horizonte múltiple que se dirige siempre a la orilla opuesta, y eso nos deberían enseñar desde pequeños: que uno termina, pero el mundo no.

El poeta recibe sus comentarios y/o críticas en:
juancristobal2001@yahoo.es
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2 comentarios:

  1. Hermosa entrevista. Juan Cristóbal conmueve con su fe en la poesía, en sus ideales; y con su entereza frente al dolor. (Alfredo Pita)

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  2. Gracias, Alfredo. Comparto tu opinión respecto a este extraordinario poeta. Saludos, Elga.

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