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viernes, 18 de mayo de 2012

Alejandro Pérez Guillén: "La literatura como la vida está salpicada de blancos y negros"

Se define a sí mismo como un aprendiz del verso y manifiesta rotundo que escribe sólo cuando tiene algo que decir. Es que al escritor, y sobre todo, al poeta Alejandro Pérez Guillén las musas a veces lo pillan por sorpresa y  en esos casos no tiene más remedio que “secuestrar una servilleta” si es que se halla en un bar o, en otras circunstancias, quizá aprovechar la complicidad del móvil para teclear presuroso un mensaje poético que luego pide a gritos ser abierto.
Entorno a los prejuicios que suelen acompañar a la figura de un poeta expresa que parte de su poesía lucha por acabar con dichas ideas estereotipadas con las que no está de acuerdo. “No he sufrido ningún trauma infantil y, sin embargo, me encanta la poesía”, afirma.
Conozcamos a este autor que revela que comenzó a escribir retándose a crear poemas mucho más malos de los que se publicaban en ciertas revistas adolescentes de su época.
¿Un poeta para ser tal ha de poseer el alma de una esponja para absorber y concentrar emociones, y luego tener la habilidad de devolverlas al exterior con un aspecto más bello pero no menos triste, nostálgico o desesperado? ¿Se puede vivir así?  O debemos entender que el poeta es también un buen actor. O tal vez  un “fingidor” como expresa Fernando Pessoa en su poema “Autopsicografía”.
No creo que la palabra actor o fingidor sea la que defina la esencia de un poeta. Lo cierto es que la poesía suele venir de la memoria, del recuerdo, y es cierto que el trasvase del mundo de las ideas al de las palabras tiende a sufrir variaciones, de la misma forma que cuando uno se decide a traducir a un autor extranjero. La poesía es un paisaje de matices que va ganando o perdiendo color según la pericia del que escribe. Es una manera particular de recibir la realidad a través de un filtro tan poderoso como humano, la sensibilidad del poeta ante lo que percibe, la percepción del poeta ante lo que contempla.
La mayoría, en algún momento de su vida, se sintió inclinado a escribir poesía por diversos motivos: enamoramiento, soledad, vacío, etcétera, pero ¿cómo es que espíritu sensible se da cuenta que lo suyo no es producto de una momentánea alteración emocional  y realmente tiene un don y su camino es el de intérprete y vocero del sentir propio y ajeno?
Uno empieza a escribir simplemente porque necesita sacar hacia fuera, desatar el nudo de emociones que lo embarga, que le impide realizarse como persona, ser libre y actuar, en la medida de lo posible, de forma objetiva. Uno escribe porque la escritura es su forma de ser, de definirse y no llega a ser consciente de que se comporta como un poeta hasta mucho más tarde de serlo. De todas formas, yo me considero un aprendiz del verso que de vez en cuando llega a la gente. Para mí la poesía es comunicación y no llega a ser un producto acabado hasta que no recibe respuesta por parte del lector. Cuando este se identifica claramente con el poeta, con el poema, a pesar de no haber vivido la misma experiencia. Cuando el lector hace suyo aquel texto que lee. Entonces el libro se defiende por sí mismo y no hacen falta palabras que lo acompañen.
En su caso, por ejemplo, fue el  típico niño solitario y melancólico que no encontró mejor forma de entenderse y entender el mundo que expresando sus inquietudes y emociones a través de escritos poéticos, cuéntenos,  ¿en qué momento aparece en su vida el susurro de la poesía?
Desde que tengo uso de razón he sentido predilección por el verso sin saber muy bien por qué. Me imagino que la figura de mi padre, como profesor de lengua en primaria y luego como autor de letras de carnaval, ha desempeñado un papel capital en mi desarrollo literario. Yo he llevado a cabo una infancia feliz, normal. He tenido mis amistades y no he encontrado excesiva dificultad a la hora de relacionarme con las personas. Sin embargo, la timidez ha sido un rasgo que me ha marcado cuando era un niño, un traje que se ha ido quedando pequeño conforme he ido creciendo. Y no he tenido más remedio que colgarlo en el baúl de la memoria. Empecé a escribir por timidez y ahora lo hago por necesidad.
¿Por qué muchos generalizan y consideran que todos  los poetas son – o han sido- en mayor o menor grado introvertidos, marginales, pesimistas, adictos, conflictivos o suicidas? ¿Qué opina al respecto?
Yo no estoy muy de acuerdo con estas afirmaciones y gran parte de mi poesía radica en luchar contra los tópicos establecidos que no conducen a nada. Personalmente soy una persona que disfruta tanto con el deporte como con la literatura sin que ello deje de ser un rasgo extraño. Me considero una persona sociable y amable, que intenta estar cerca de sus lectores. No he sufrido ningún trauma infantil y, sin embargo, me encanta la poesía. En líneas generales soy una persona feliz, afortunada, que intenta vivir la vida sin querer hacerle daño a nadie. Quizás no sea una persona con demasiadas ambiciones. Me conformo con dos o tres ideas que son innegociables y el resto siempre se puede modificar.
Una de sus preocupaciones es el fomento
de la lectura infantil
 ¿Hubo quien se salvó de ser etiquetado y logró romper con el estereotipo? Y, algo más, ¿existe el poeta alegre y la poesía optimista en el mundo occidental? ¿Podría dar nombres?
Quien vive fuera de las etiquetas es un fuera de serie y yo sólo estoy aprendiendo a convivir con la poesía. Soy un poeta que puede cantar a la muerte, pero en la mayoría de los casos mis poemas suponen un canto a la esperanza, a un optimismo que nos debe acompañar siempre para seguir adelante, para afrontar los sinsabores de la existencia. Alberti era un poeta vitalista. La literatura como la vida está salpicada de blancos y negros, de días azules y días nublados. Debemos ser conscientes de la realidad y no empeñarnos en cambiarla.
Su vida gira entorno de los libros, escribe, publica, es bibliotecario,  da charlas, dicta talleres, pero también es promotor cultural y columnista en varios medios de comunicación impresos, ¿cómo un licenciado en Filología Hispánica llega eso e incluso a ser considerado “un escritor de la nueva hornada dentro de la literatura andaluza”? Imaginamos una enorme lucha previa para alcanzar esos logros, ¿estamos en lo cierto?
El hecho de que mi vida fluya en torno a la figura del libro no es nada descabellado, pues, desde que tengo uso de razón, la poesía se ha convertido en una compañera inseparable. Leía versos sin descanso, aunque he de confesar que el mayor impulso para que yo escribiera se lo debo a revistas adolescentes o juveniles como el “Vale” o “Súper Pop”. Un titular horrible que derrumbaría toda mi carrera literaria, que tiraría por los suelos mi escaso prestigio. Recuerdo que mis compañeras de clase no hacían otra cosa más que copiar en sus cuadernos unos poemas de dudosa calidad que aparecían en esas revistas y yo me propuse escribir poemas tan malos como esos. A fe que lo conseguí. Mis nuevos poemas de tres o cuatro versos eran mucho peores que los que desfilaban por las hojas de la revista con la diferencia de que ahora los escribía yo. Más tarde, empecé como todo principiante, a imitar a los maestros hasta que, sin darse cuenta, uno ha adquirido un propio estilo, un tono distinto que lo define como persona y como autor. Miles de lecturas y el bagaje de mi propia experiencia me han conducido al lugar en el que ahora me encuentro.
Pero también es crítico de libros, ¿de qué manera realiza su tarea teniendo en cuenta que también estará sometido al juicio de otros en cualquier momento?  ¿Cuál es el estilo de su crítica? Y, sobre lo mismo, ¿cómo le ha tratado la crítica a usted?
La función de crítico ha surgido de forma involuntaria. En primer lugar, cuando mi amigo Francisco Alberto y yo decidimos crear una revista llamada “Parthenón” o “Ruinas de la palabra”, abrimos una sección donde llevábamos a cabo reseñas de libros que nos gustaban. Posteriormente, el horizonte de la revista extendió sus alas hacia una serie de actividades culturales que giraban en torno a la literatura. Nos sirvió para traer a nuestro pueblo a escritores de cierto renombre y nosotros mismos nos encargábamos de presentarlos. Más tarde, empecé a trabajar en la biblioteca e iniciamos, gracias a la labor impagable del Centro Andaluz de las Letras, un ciclo denominado “Lecturas literarias”, con el objeto de que la mayoría de escritores andaluces deambularan por Benalup, leyendo sus poemas o presentando sus libros. También en Cádiz he tenido la fortuna de estar al lado de grandes personajes del mundo de las letras (Álvaro Pombo, Mercedes Abad, Miguel Ávila Cabezas, Eduardo Mendicutti, Félix Palma, Pilar Paz Pasamar, Juan José Téllez…). En mi web se pueden contabilizar más de 100 reseñas de libros. En cuanto a como se ha portado la crítica conmigo, sólo puedo decir que estoy satisfecho con lo que he leído. A nadie le disgusta que reseñen sus libros, aunque los mayores críticos son los lectores, quienes ponen en tela de juicio tus ideas y tus versos.
¿Cómo efectúa su trabajo poético? ¿Ha establecido un horario  y escogido un espacio determinado para entregarse a su labor?  O quizá su experiencia le indica que el llamado de las musas es caprichoso y no es necesario un ritual de trabajo diario, cuéntenos, por favor.
No tengo una manía definida a la hora de escribir, ni me circunscribo a un horario determinado, pues concibo la literatura como placer y sólo escribo cuando me apetece, cuando creo que tengo algo que decir. De todos modos, prefiero la noche para poner por escrito mis versos, fundamentalmente porque es el marco ideal donde la tranquilidad campa a sus anchas, donde las preocupaciones se han ido perdiendo por el sumidero del día y la paz reina en el escenario de mi casa. Eso no quiere decir que en ocasiones alce la pluma contra el papel durante la tarde o por la mañana. Generalmente esbozo el boceto de un poema y lo guardo en el cajón del olvido hasta que pasan los días suficientes como para analizarlo con objetivad, desde la distancia. Lo vuelvo a leer con la esperanza de que sobreviva al juicio cruel del tiempo y, si considero que merece la pena, empiezo el proceso de poda. Empiezo a darle forma definitiva. Eso sí, no me embarco en el proceso de creación hasta que no veo con nitidez el final. Pues el poema debe finalizar con un giro inesperado, una vuelta de tuerca más, un gesto de sorpresa impresa en los labios del lector.   
Son muchos los poetas que se resisten a usar el ordenador a la hora de escribir. Lo siguen haciendo a mano y no piensan pasarse a la modernidad, ¿es usted uno de ellos?
Suelo escribir los poemas a mano, en una servilleta de papel secuestrada en la mesa de un bar, en un folio en blanco que añora el llanto de tinta de mis palabras, en un mensaje al móvil que espera impaciente que lo abra, en el desván de la memoria cuando me encuentro conduciendo y lo que hago es repetir incesantemente el verso que ha brotado en la carretera, en una libreta que suele acompañarme allá donde voy o en lugares insólitos capaces de retener a las musas. Sin embargo, los cuentos o relatos acuden siempre al ritmo acompasado de las teclas de un ordenador.
Su primer libro de relatos
En sus inicios le fue complicado encontrar una editorial que le ayudara a cristalizar  su sueño de publicar, ¿cuál es su experiencia al respecto?
La verdad es que no he tenido problemas a la hora de publicar desde el principio. En ocasiones me han pedido un poemario antes incluso de haberlo acabado. Pero no nos engañemos, siempre en editoriales pequeñas. Las grandes editoriales exigen un bagaje impoluto o el reclamo de un premio. Y yo he sido siempre muy perezoso a la hora de mandar mis versos a pelearse en un concurso. Mi siguiente paso debe ir destinado a alcanzar este objetivo. Una editorial de prestigio que sea capaz de amparar mis poemas.
No le fue fiel a la poesía por mucho tiempo, pues tras varias exitosas publicaciones en dicho género, decidió probar otra forma de expresión y editar  un libro de relatos cortos titulado “La otra realidad” (Aladena, 2009), ¿por qué el cambio? ¿Qué le ofrecía la narrativa que no podía darle la poesía? Explíquenos
Es una historia muy sencilla y sin historia. Conocía a un amigo que llevaba un portal de Internet dedicado a las reseñas literarias que amplió sus horizontes hasta el punto de que llegó a formar una pequeña editorial. Fue muy claro conmigo. Me comentó que le gustaban mis poemas, pero que no pensaba publicar poesía. Es de esas personas que creen que la poesía no se vende. Me indicó que el original se le pasa a un grupo de 10 personas y, si a seis les gusta el proyecto, se publica. Durante unos meses me divertí mucho escribiendo relatos con una carga de humor considerable y se los entregué. El resultado no podía ser más esperanzador. A nueve personas le había encantado el libro y a una le había horrorizado. Ojalá ese porcentaje perdure para siempre cuando se analice mi obra.
¿Qué concordancias y diferencias detecta- al margen de las formas, claro está- entre su poesía y su narrativa? ¿Cómo se percibe en estos géneros? ¿Se refleja de algún modo el poeta en sus relatos?
Mi primer objetivo descansa en cuidar la forma al máximo. Puede que haya gente que no le guste mi estilo, pero procuro que no puedan decir que esté mal escrito. Mi prosa es una prosa que cada vez se aleja más de la poesía, aunque a veces es imposible, pues mi condición de aprendiz del verso subyace oculta entre determinadas palabras, entre la hojarasca de algunas frases. En líneas generales es un mismo estilo que se adecua cada vez con mayor claridad al género en el que se embarca.
Junto al destacado escritor
Álvaro Pombo
En los últimos tiempos ha estado sumamente solicitado en  diversos puntos de Andalucía  y creemos que de tanto recorrerla ya la conoce como la palma de su mano, infórmenos sobre las actividades que demandaron su atención en cada de uno de esos lugares.
Todos esos viajes han conformado el mapa sentimental de mis versos, se han centrado siempre en el afán de luchar a favor del fomento de la lectura, desde aquellos que posan sus ojos por primera vez en un libro hasta aquellos que no conciben la vida sin la literatura. Han dado sentido a mis poemarios, pues concibo la literatura como comunicación y en ese deambular por la geografía andaluza me he topado con mis lectores, mis poemas han vivido por fin un diálogo apasionado con aquellos que se encuentran al otro lado de la barrera y he aprendido muchísimo, me han enseñado mucho más de lo que yo les he dejado en la retina. Me he tropezado con un espejo en el que mirar mis defectos y mis virtudes y estaré eternamente agradecido.
En uno de esos compromisos, tuvo la oportunidad de presentar al escritor Álvaro Pombo en la Feria del Libro de Cádiz, ¿qué impresión le dejó el veterano autor?
Fue un honor compartir mesa con una figura de las letras españolas que, a diferencia de lo que uno pueda pensar, en ningún caso se comportó como un divo, sino como una persona accesible y encantadora, con una ternura infinita y un respeto mayúsculo hacia quienes se toman la molestia de adentrarse en sus escritos. Un seductor de la palabra que, con la varita mágica de su voz, cautivó a todos aquellos que asistieron al acto. Una imagen tan natural como la de cualquier ser humano. Una forma de acabar con el mito de que los escritores famosos viven en una burbuja impermeable a la realidad de la calle, un modo de demostrar que los escritores en principio son personas de carne y hueso, una manera de ganarse al público contándonos aspectos de su vida que la mayoría desconocía. Y un sentido del humor que ayuda a seguir hacia delante en unos tiempos que corren ajenos a la lírica.
Finalmente como en una historia de amor con reveses, usted vuelve con su novia de siempre: la poesía, y nos presenta una nueva obra “Matar a Narciso” (Editorial Alfar), ¿cuánto hay de autobiografía, de la vida ajena y de la imaginación en este nuevo poemario? 
“Matar a Narciso” es un poemario que encierra una de las máximas de mi poesía: acabar con los tópicos que de tanto repetirse parece que nadie quiere rebatirlos. Estoy cansado de la idea de que los poetas son unos narcisistas que no paran de mirarse el ombligo, cuando la función primordial del poeta radica en darse a los demás, en contemplar por medio de su sensibilidad el mundo exterior. “Matar a Narciso” representa la madurez del ser humano en tres etapas. En un primer momento, desfilan por el verso el viaje físico que toda persona realiza en su vida, los espacios que lo han definido. Esta fase es común para todos. En “arco iris en blanco y negro” pretendo hacer examen de conciencia y contemplar el pasado desde la distancia, como fotos que han ido perdiendo color en la memoria. Y finalmente, alcanzo la madurez a través de un viaje interior que se ha gestado en mí gracias al recorrido geográfico anterior y la reflexión sobre el paso del tiempo. Ahora soy libre de denunciar a mis fantasmas, de hacerles frente y censurar la parte de la realidad que nos desagrada. Toda mi poesía parte de una anécdota real o sentida que en el transcurso del poema se diluye y termina desapareciendo para crear un sentimiento universal.
Su más reciente poemario ha despertado mucho interés en sus lectores, sobre todo tras leer lo que dijo de usted,  la escritora Rosario Troncoso González: “Alejandro Pérez Guillén tiene la maestría suficiente para reinventarse, para reinventar su personalísima poética en cada ejercicio lírico”. Al respecto, ¿cuántas veces puede reinventarse una persona o un autor sin confundirse a sí mismo, confundir al resto o atentar contra su originalidad o su verdadero ser?
Uno mantiene la esencia intacta, pero odia repetirse. Por esa razón hago que Narciso nazca, crezca y se desarrolle en cada obra y lo dejo bien muerto y enterrado para que sea otro Narciso quien se eleve en el siguiente libro. En cada trabajo hay un Alejandro distinto, que, por eso, no deja de ser Alejandro.
La poesía seguirá aferrándose a la vida con uñas y dientes, al igual que los que persisten en hacer poesía, pero ¿hasta cuándo?  ¿Por qué y para qué resistir?
Quienes esbozan la poesía como un medio de subsistencia no pueden abandonarla nunca. No me refiero a ganar dividendos con ella, sino a convivir con un mundo y una sensibilidad acordes a la lírica. Quizás me convierta en un náufrago, pero podré llevarme a mi isla desierta las palabras. Ellas nunca me dejarán o, mejor dicho, yo no tendré fuerzas para dejarlas a la intemperie, sin un folio en el que cobijarlas.
Si desean saber más del autor o su obra
pueden pinchar en el siguiente
enlace:
http://alejandroperezguillen.es/



2 comentarios:

  1. Elga, enhorabuena, has vuelto a sorprenderme al entrevistar a un autor al que previamente entrevistase. Una entrevista impecable que auna sin duda la voz poética de Alejandro y la tuya propia, más allá de la prosa del género periodístico. Y mi felicitación a Alejandro de quien destaco, entre otras frases que me han emocionado esa de:"Uno escribe porque la escritura es su forma de ser, de definirse..." Cuanta razó, al menos en mi caso.
    Un saludo a ambos.

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  2. Gracias, mi fiel amigo y lector. Destaco que me diste la pista y me ayudaste a contactar con este fino poeta. Un beso.

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