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viernes, 14 de septiembre de 2012

Patsy Adolph: “Un periodista debe saber manejar sus miedos, controlarlos y hasta usarlos en la consecución de la noticia”

Pertenece una generación que hizo prensa en tiempos del terrorismo en el Perú y tiene mucho que compartir sobre lo que  vivió y sintió cubriendo información en las denominadas zonas rojas.  Su juventud transcurrió en medio de atentados, sangre y horror, y nadie le puede venir a decir ahora que esos hechos no fueron reales, y ante tanta  confusión, falta de memoria y desconocimiento que percibe en la gente de su país,   la periodista Patsy Adolph  decide contar en primera persona la verdad de una serie de hechos relevantes ocurridos durante la década de los 80 y 90.
La Flaca” es el título del libro de crónicas, y pese a que lo escribió pensando en sus hijos, hoy por hoy se ha convertido en una obra buscada y consultada por los más jóvenes.

Usted ha sido una de las reporteras de televisión más guerreras y audaces que dio el periodismo peruano en la década de los 80,  y  por ende, nadie le puede venir a contar cuentos sobre como fueron esos años de sangre y horror vividos con el terrorismo, los toques de queda, la incertidumbre económica y la desesperanza de vivir en un país sin futuro, ¿cuándo se decide a escribir y a publicar este libro de crónicas titulado “La flaca”?

Empecé a escribir en el año 2000, cuando me quedo sin trabajo por un período largo. Hacía tiempo que mis hijos escuchaban mis historias, a veces increíbles, de las comisiones que tuve que cubrir en mis años de reportera de Canal 9 (hoy ATV) cuando me reunía con colegas en la casa y ellos sentían curiosidad por esa mamá que “no conocían”. Así que decidí empezar a escribir esas historias de periodista en los duros años 80 y 90 para ellos.

En sus tiempos de reportera
Tenemos entendido que a usted nunca le gustó ser una periodista de escritorio, que siempre estuvo en el campo y que en más de vez le sacó canas verdes a su director de prensa. E incluso sabemos que era usted la que tomaba la iniciativa en las comisiones y sin esperar mayores indicaciones,  iba en pos de la noticia, pero sobre todo en busca de la primicia. Estuvo en la época dorada de la prensa y la más peligrosa, en el que se forjaron los más respetados y recordados reporteros, ¿cómo manejaba sus miedos y que actitud tenía frente a su vida personal?

Sí, muchas veces partí al interior del país a cubrir una noticia sin esperar a que me den el okay, porque el tiempo era de suma importancia si quería tener la primicia y, muchas veces, por la exclusiva; hasta ponía plata de mi bolsillo para comprar pasajes para el camarógrafo y para mí. Y en Lima, había oportunidades en que veía pasar un carro de bomberos y lo seguía intuitivamente para ver si nos llevaba a algún caso que fuera noticia. Un periodista debe saber manejar sus miedos, controlarlos y hasta usarlos para dar ese siguiente paso hacia la consecución de la noticia…era común cuando sucedía un atentado, bomba o asesinato en que, mientras todo el mundo corría a guarecerse de las balas, los periodistas corríamos hacia “el lugar”. En lo que se refiere a mi vida personal, muchas veces he llorado después de una comisión muy fuerte (que había muchas durante esos años del terrorismo de Sendero Luminoso y el MRTA) pero en mi casa, lejos de los ojos de todos, como por ejemplo después de cubrir el asalto a la Química Suiza en 1984, uno de los capítulos del libro.

Con usted se cumple que el periodista nace y no se hace, ¿cómo una chica se arriesga a ingresar a la televisión a hacer prensa sin preparación previa?  Porque no estudió periodismo ni nada ligado  a las comunicación. ¿Esto tiene que ver con los genes?

Yo creo que definitivamente sí. Mi padre, José B. Adolph, fue periodista y escritor con muchos premios y reconocimientos y fue quien me sentaba a su lado en el escritorio de la casa a enseñarme a redactar desde que tenía 11 ó 12 años. Me hacía escribir y voltear artículos periodísticos y a nunca decir cosas como “líquido elemento” o a “promediar” la hora. El ingreso a la televisión se dio de una manera muy casual, luego de leer un anuncio en el periódico, aunque parezca gracia.

Hizo el servicio militar por voluntad propia
El carácter hace mucho  y usted desde jovencita le gustó la aventura y el peligro, o sino como explicar que realizó un curso de paracaidismo a los quince años,  y más tarde otro de corresponsal de guerra, y hace algunos años atrás una especie de servicio militar voluntario, ¿qué la llevaba a acercarse a la vida militar?

Realmente no lo sé. Creo que mi espíritu libre y a la vez mi disciplina y amor al orden y la organización se confabularon (risas). Mi profunda timidez de niña me llevó a hacer algo tan osado como peligroso al ingresar al ejército como voluntaria para luego graduarme como paracaidista militar y quizás demostrarme a mí misma que era capaz de superar grandes retos.

Usted puso en riesgo su vida muchas veces cubriendo información en las zonas de emergencia, ¿en qué piensa una periodista, una mujer, un ser humano en esos momentos? ¿Hubo al suceso que la marcara por siempre en aquella época? ¿Tuvo ganas de tirarlo todo por la borda y hacer una vida normal?

Cuando uno es enfrentado con sucesos tan abominables e impactantes como ver a un ser humano volado en pedazos, o con el cerebro desparramado en el piso por un balazo artero o niños rescatados de las garras de Sendero en la selva de Ayacucho, lo primero que se siente es que el corazón se estruja de rabia y dolor… pero un “periodista” debe ir más allá y componerse y actuar para que esas imágenes y sobre todo esa historia sea contada y difundida de la mejor forma. Debe dedicarse a recolectar la información necesaria y hacer las preguntas necesarias para armar su nota y que ésta contenga la verdad y los datos con la mayor precisión para poder entonces llevarla a su medio para la publicación. Y no hay tiempo para más, menos para los sentimientos, que serán soltados luego y en privado.

En el periodismo, en esos tiempos no había tiempo para nada, y uno salía de casa rumbo a la redacción sin hora de regreso, y si había que alimentarse lo hacía al vuelo o muy tarde, ¿cómo manejaba su vida amorosa? ¿Había tiempo para el amor?

Siempre hay tiempo para el amor (risas), aunque sea entre comisiones…como me pasó a mí. En el libro cuento cómo conocí al que fue mi esposo en un viaje de trabajo al valle del Huallaga para cubrir noticias sobre la lucha contra el narcotráfico, por ejemplo.

De comisión en Tingo María (Huánuco)
¿El tener un padre periodista le allanó el camino, es decir, la preparó y orientó en todo sentido para no cometer equivocaciones? ¿En qué incidía más a la hora de darle su opinión sobre uno u otro tema?

Por supuesto, mi padre se preocupaba de ser mi mejor crítico. Me llamaba para decirme si alguna nota había estado bien o si hubiera podido hacerla mejor.

¿Llegó a ser objeto de discriminación por el hecho de ser mujer? ¿Cómo la veían y trataban sus colegas periodistas?

Por el hecho de ser mujer, creo que nunca. Tengo un carácter bastante especial y no lo hubiera permitido. Sí actué una vez cuando mis jefes no quisieron enviarme por primera vez a la zona de emergencia por “no tener experiencia” entonces decidí comprarme un pasaje de avión a Ayacucho y me fui sola a pasar tres días a la zona. Al regresar les dije “Y, ¿qué me pasó?” Y desde entonces era la enviada especial a cualquier zona de emergencia sin problemas.

¿Qué piensa sobre usted y el trabajo realizado cuando revisa  los vídeos de sus reportajes?  ¿Es muy dura al autocriticarse?

Más que criticar (que también lo he hecho cuando vi la pobre entrevista que le hice a Charly García, por ejemplo, cuando yo recién empezaba y porque, valgan verdades, le tenía miedo, jajaja) es decirme ¿cómo pude hacer eso? O también espantarme de esos tiempos tan violentos de muertes a diario que tenía que cubrir y explosiones y terror que vivimos y cómo hoy algunos no lo recuerdan o conocen.

Una periodista que buscaba la noticia donde fuera
Años después, realizando otro tipo de trabajo de prensa, vive como espectadora el atentado terrorista en Tarata, ¿de qué manera lo experimentó siendo una ciudadana más? ¿Es muy distinto a sentirlo como periodista?

Sí lo considero distinto porque como periodista hubiera tenido que estar documentándome y buscando ángulos y testigos y narrando y recopilando la información del atentado, pero como madre …fue horrendo;  pensar que a mi hijo le podría haber pasado algo ya que vivíamos a dos cuadras de Tarata.

¿El hecho de estar con frecuencia cara a cara con la desgracia del prójimo― a la larga―  termina por  insensibilizar  al periodista?  ¿Este contacto llega a realmente a inmunizarlo del todo contra el dolor ajeno?

No totalmente pero sí llega a causar un grado de insensibilidad. Cuento en el libro cómo la primera vez que cubrí el asesinato y posterior entierro de un policía a manos de terroristas, yo lloraba con la familia en el cementerio; pero luego de 4, 5 ó 10 entierros ya sólo pensabas que a qué hora terminaba esto para ir a la próxima comisión. Pero nunca llegas a perder la sensibilidad y el horror por estos actos criminales del todo, y eso es bueno.

Sus ex colegas destacan en usted su disciplina, ¿esto tiene algo que ver con sus raíces germánicas?  ¿Para usted cuál de sus nacionalidades pesa a la hora repartir sus afectos?

Soy peruana, de eso no tengo duda…nací en Alemania pero me crié aquí desde los 6 años y no se me ocurre llamarme alemana. Pero sí creo que mi disciplina y organización vienen de los genes germanos…mi padre era así y nos inculcaba siempre el ser puntuales, respetar el tiempo de los demás y actuar correctamente.

Le hizo frente a sus miedos graduándose de paracaidista
Por otro lado, también su vida personal sucedieron hechos singulares como los vividos en Togo y  Alaska, comparta con los lectores, por favor.

 Por el trabajo de mi entonces esposo, que es piloto de helicópteros, debí viajar a vivir en lugares tan extremos como Togo en el África y Alaska y adaptarme a esos lugares y su gente, lo cual lleva a anécdotas muy graciosas y terribles a la vez, como cuento en el libro.

Si bien su libro de crónicas estuvo pensando en forma de legado a sus hijos, ahora que se  va convirtiendo en lectura obligada para los jóvenes y los no tan  jóvenes, ¿pasó por su mente en el momento de escribirlo que superaría del ámbito de su familia?  ¿Acaricia la posibilidad de una segunda parte?

No creo que haya segunda parte porque siento que lo he contado casi todo en “La Flaca”…o lo que considero lo más importante que podía contar y que mis hijos pudieran leer de mí (risas).

Sus lectores destacan la  oralidad  de “La Flaca”, ¿fue algo pensado o simplemente, fluyó al momento de redactarlo?

Eso fue algo que fluyó como agua a través de mis dedos…es escribir lo que podría haber contado oralmente, como si el lector fuera un amigo al cual le estoy contando mis historias con una copa de vino en la mano o una chela en la mesa. Tal cual.

Ser mujer nunca fue un problema para ella
La portada es algo que a todos impresiona, ¿qué mensaje nos quiere transmitir con su desenfado? 

Más que desenfado era enfado (risas). Había pasado la noche en una casa extraña en Chuschi (Ayacucho, Perú), muerta de miedo porque pudiera haber un ataque terrorista y a la mañana siguiente vinieron los camiones del ejército a llevarnos de nuevo a Huamanga y me sentía contenta de haber cumplido con la misión de obtener una exclusiva más.

¿Qué reflexiones le merece al tipo de periodismo que actualmente se practica en su país y qué más valora del que se hizo en los años 80?

Siempre digo que no voy a hacer comentarios sobre el periodismo de hoy, así que lo que puedo hacer es recomendar a los periodistas de hoy que no lancen información sin comprobar primero la veracidad de esa noticia. No califiquen, no juzguen, no castiguen. Solo informen con la verdad.
Lo que rescato de los 80 es que trabajábamos a cabalidad sin tener las herramientas de hoy: internet, celulares, satélites, blackberry, skype…así que no hay excusa para no informarse y cruzar información y verificar fuentes.

Su libro está dedicado a sus hijos
El terrorismo fue un hecho real, ¿por qué quienes lo vivieron no le contaron sobre estos tiempos a las generaciones posteriores? ¿Por qué negar que ocurrió y  fue terrible?

Negar que ocurrió es lo más terrible y patético que he podido escuchar o leer de algunas personas sobre todo jóvenes. La culpa es de los gobiernos y sobre todo el Ministerio de Educación que ha debido hace mucho tiempo colocar en las currículas de los estudiantes de primaria y secundaria capítulos enteros que hablen sobre el terrorismo en el Perú para que no tengamos el lamentable espectáculo de chicos que no sepan quién es Abimael Guzmán, por ejemplo.

Si su padre fue periodista, y es usted su hija, también se podría pensar en una tercera generación también lo será,  ¿alguno de sus hijos piensa seguir sus pasos?

No, aunque ambos han heredado la vena literaria de su abuelo. Mi hijo mayor estudia Astronomía en la Universidad de Chile (en el Perú  no existe la carrera) y mi hija estudia Sicología y es modelo profesional.

¿Qué queda de “La Flaca” que corría detrás de los rochabuses en las manifestaciones, cumplía misión  en zonas rojas  o  se veía en medio de un tiroteo? 

Los recuerdos y el convencimiento de que di todo de mí para ser una buena periodista e informar con la verdad sin dejar de lado la ayuda y apoyo a los que sufrían injusticias porque es algo que hasta hoy, lamentablemente, se logra mayormente con campañas e informes periodísticos y era parte de lo que yo consideraba mi obligación como ser humano. Y queda además una madre que ha dado el resto de su vida para lograr que sus hijos logren sus propios objetivos en la vida.
Su desean saber más sobre la periodista
y su obra pueden pinchar:
http://patsyastrid.blogspot.com.es/
http://www.youtube.com/watch?v=VGmCZAR8Spk
http://www.youtube.com/watch?v=Ef-FccHTG_I
http://www.amazon.com/flaca-Spanish-Edition-Patsy-Adolph/dp/1937482596



2 comentarios:

  1. Elga: Ya conoces mi debilidad por tu faceta de periodista, pero ahora, leyendo esta magnífica entrevista a Patsy Adolph, comprendo mejor como se puede llegar a escribir un buen libro partiendo de la base del periodismo. El oficio de periodista de "trinchera" da un excelente bagaje para adentrarse en la narrativa, eso es indudable.
    ¡ENHORABUENA!
    José Ramón.

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  2. Me ganó esta vez José, y por ello me uno a su alabanza en tanto la base periodística ayuda en el camino de la literatura. Quiero destacar como vengo haciendo de tus entrevistas el gesto del padre sentándola a escribir con él desde bien chica (qué envidia) pero sobre todo, ese descaro, esa tenacidad para buscar los límites con el sabor de la libertad en los labios. Un placer leerla, mucha suerte a Adolph y enhorabuena Elga.

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