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sábado, 2 de abril de 2016

Melacio Castro Mendoza: "Me gustaría que la vida fuera una forma de poesía"

Dos  microsociedades  opuestas y  aisladas de la gran capital vieron su gestación y crecimiento como escritor. Primero se moldeó  en el seno de las gélidas montañas de la sierra, luego obtuvo calor y fuerza bajo el sol de los desiertos costeños del Perú. Sin embargo, Melacio Castro Mendoza  ignoraba lo que las fuerza de la naturaleza y el destino estaban haciendo con él.  Nunca había conocido a alguien dedicado a la literatura en su recóndito pueblo hasta que lo llamaron: "Poeta".  
Esta es la historia de un escritor, filósofo, y muchas cosas más, que un día dejo su país por razones políticas, viajó incansablemente, y luego se estableció en Essen (Alemania), donde realmente se siente en casa.
Descubriste tu vocación literaria a temprana edad, ¿cómo fue ese momento?  ¿En qué     circunstancias se dio?
Cuando empecé a escribir versos, carecía de toda conciencia de vocación literaria. Me parece que eran versos que más bien respondían a la experiencia de haber vivido una situación, o de estar viviéndola. La tristeza o la alegría de pronto se volvían conjuntos de palabras que en ese tiempo yo llamaba 'en líneas'.
El autor peruano se siente como en casa en Essen  (Alemania)
Foto cortesía www.radioessen.de
¿Hubo alguien que te alentó en tu afanes literarios en esa época? ¿Te veían como un escritor?
En mis primeros tiempos de lo que hoy podría llamar ensayos literarios, nunca oí hablar de la existencia ni de un escritor ni de un poeta. Mi origen familiar se remite a dos regiones y dos microsociedades muy aisladas del Perú –la primera, los campos de San Gregorio, un distrito perteneciente a las zonas más atrasadas de Cajamarca, y la segunda, Caín, un caserío costeño rodeado de haciendas–, carentes ambas, en ese entonces, de carreteras y de puentes. Tanto los campos de San Gregorio como Caín carecían de escuelas y de otras instituciones de servicio social-cultural. La naturaleza –el canto de los pájaros, la luz de las montañas serranas de San Gregorio y la del desierto costeño cercano a Caín– y el mundo que me rodeaba fueron los impulsores de mis afanes literarios. Para mi sorpresa, un día la gente empezó a llamarme poeta. Mis versos, en verdad, eran cantos que mis amigos y yo interpretábamos a ritmo de una viejísima guitarra. Recién en la escuela, a la cual ingresé a los nueve años, empecé a oír qué eran la literatura, la poesía y qué un escritor y un poeta. En la escuela secundaria me di cuenta de que desconocía toda la literatura no solo la infantil. Traté, y sigo tratando desde entonces, de –si se puede decir así– recuperar el tiempo perdido. No creo haberlo logrado. ¿A cuántos peruanos nos pasa algo idéntico?
Sin embargo, a la hora de escoger carrera te inclinaste por otras muy distintas: Ciencias Sociales, Filosofía e Historia, ¿qué pasó?
Siempre tuvo necesidad de entender su mundo
Foto cortesía Unidiario. pe
Necesitaba entender mi mundo y el mundo que me rodeaba. La Historia me ayudó a descubrir el pasado de mi país y de mi continente, y las Ciencias Sociales a valorarlos en el contexto mundial. Conocer el pasado de mi país me permitió descubrir mis raíces. Gracias a ello, pisando tierra firme, hice todo por alentar el oxígeno que da existencia a lo mejor de lo nuestro: la lucha por la paz con justicia social. Sí, es cierto que mi cabeza de algún modo se llenó de teorías histórico-sociales, a veces bastante dudosas, un día me di cuenta de que una u otra, mano a mano, me ayudaron a dar forma y a alumbrar uno de mis poemarios: Batallas y Sueños de Uchku Pedro, en proceso ya de edición a cargo de la Editorial Club Universitario (ECU) de España, a salir al público entre abril/mayo de este año.
¿En qué situaciones apelas a la filosofía?  ¿Entiendes mejor la vida siendo filósofo?
Soy filósofo como lo es un niño y apelo a la filosofía escrita como un viejo. En verdad, se me hace que carecí de niñez. El trabajo para ganarme el pan junto a mi familia fue mi primer y casi mi único juego. Mi origen social –o circunstancia al decir de José Ortega y Gasset– es la base de mi convencimiento de que conocer el pasado no vale, de por sí, para nada. Si uno, en cambio, relaciona el mismo con el presente, puede prever un mejor futuro para la humanidad. La cultura de la paz debe vencer a la cultura de la guerra y de la muerte. La religión sectaria, igual de qué sello se trate, y los afanes de enriquecimiento extremo individual o grupal, son familias de estas (guerra y muerte). La poesía, en particular, y el arte, en general, deben impulsarnos y ayudarnos a erigir un presente solidario, sin el cual los propósitos de construir un futuro de justicia serán una pura y dolorosa  ilusión.
Viendo tu producción literaria, detectamos igual número de poemarios, novelas como relatos cortos, ¿te sientes más poeta que narrador o viceversa?
Me ha sucedido que de un poema que se negaba a caminar hacia su final, su espíritu se impuso tomando cuerpo de novela o de relato. Lo literario a uno le puede llevar a donde menos se lo imaginaba. Es un trabajo en que el fuego que lo acompaña semeja a los momentos de hacer bien el amor. Si lo haces cada vez mejor, las satisfacciones que te aportan son mucho más intensas y profundas. 
Durante la presentación de su obra en Gran Canaria
¿La poesía es una forma de vida, como dicen algunos?
A mí me gustaría que la vida fuera una forma de poesía.
¿Qué temas jamás deberían tocarse en poesía?
No hay temas que no puedan tocarse poéticamente.
¿Cuándo te das cuenta que es el momento de escribir?  ¿Crees en las musas?
Escribir es, para mí, una necesidad. Ya lo dije, es mi forma de trabajar. Si no lo hago, me enfermo. Quizás aquella necesidad, base de mi existencia, sea mi particular y mejor musa.
¿Cómo defines tu labor de escritor? ¿Qué lugar ocupa en tu vida?
Nunca definí mi labor de escritor. Escribir, para mí, es mi forma de vivir. ¿Es esto mi definición de escritor?
¿Qué recuerdos tienes de tu primer libro publicado? ¿Cuándo te dices a ti mismo que es hora de compartir tu trabajo literario?
Me sorprendió ver hecho realidad mi primer libro publicado. Lo tengo cerca de mí y me acompaña como un buen amigo. No, ya no es 'mío'. Pertenece, más bien, a todo cuanto existe y tiene conciencia de existir.
Tus novelas Las buenas intenciones y El Hombre de Rupak Tanta cuentan tu  travesía de país en país por toda América y Europa, ¿qué historias te atreviste a contar en ellas? ¿Quedaste satisfecho con el resultado de estos libros?
Afirma que su trabajo le pertenece a todo lo que tiene
conciencia de existir
Las buenas intenciones es una novela que cuenta aspectos de la vida en Mallorca durante la época tardía del régimen de Francisco Franco. Viví en Mallorca, y tanto allí como en la península, vi y experimenté la represión del régimen franquista. Luego de censurar mis textos, su policía, los grises, es la única fuerza represora, que por participar en una manifestación estudiantil tras una lectura de alumnos de mis poemas censurados, me ha aporreado hasta hartarse.  Las buenas intenciones es una novela que aún permanece inédita. El Hombre de Rupak Tanta es, según la opinión de algunos críticos, una fábula y parábola que cuenta la vida de un hombre, un indígena de América Latina, en un parque de la ciudad de Essen, Alemania. En la una y en la otra, el amor es uno de los pilares de sus contenidos.
A propósito de tus viajes por América y Europa, ¿qué une y separa a las personas de estos continentes? ¿Cómo te sentiste en medio de ellos?
A europeos y latinoamericanos hay muchas cosas que nos unen y muchas otras que nos separan. En la diferencia, sin embargo, radica la riqueza de la unidad.
Sostiene que sin los extranjeros Europa no sería nada
Tus poemarios Remembranzas, La Montaña Errante, Batallas y sueños de Uchku Pedro, ¿son de diferente temática a tu narrativa? ¿Qué puedes contar en poesía que no puedes hacer en prosa?
La poesía, o los poemarios, como tú les llamas, es más cercana a las emociones con que te confronta la realidad y la narrativa, más familiar a esta que a aquellas. Prosa y verso tienen sus propias dialécticas, atadas, eso sí, a la estética.
Según entiendo Malú: Tierra Adentro y Tierra Afuera y Mis Campos y mi pueblo están pendientes de edición, ¿siguen la línea de tus anteriores libros o han habido cambios en tu visión o escritura?
Malú... se centra en el amor de pareja y Mis Campos..., en los paisajes, vida y costumbres de la gente de mi pueblo –en este caso, Caín. La visión y la escritura de ambos, se diferencian tanto entre sí, como de mis anteriores escritos.
Tu autobiografía Mi República ignorada: Parte I, no solo se refiere a ti sino que planteas una serie de requisitos para un nuevo Perú, ¿qué tipo de país quieres para ti y tus compatriotas?
Mi autobiografía también permanece inédita. En resumen, mi vida se caracterizó por abarcar pasajes un poco familiares a los que los católicos llamarían 'infernales'. Por ello mismo, deseo un país y un mundo construidos de pies a cabeza. Todo lo contrario a aquellos pasajes de mi vida.
Tras su presentación en la casa museo Pérez Galdós de Canarias
¿Qué te llevó hacia Alemania y por qué te instalaste en ella? ¿Qué has aprendido de tu nuevo hogar? ¿Cómo te definirías ahora?  ¿Eres más o menos peruano que nunca?
A Alemania me llevaron ciertos problemas políticos. Ahora, toda una anécdota ya. Desde que entendí el significado del mundo andino de mis orígenes, nunca dudé de mi identidad. Solo manteniéndola puedo luchar por una perspectiva universal. Alemania, 'mi nuevo hogar' en tus palabras, es para mí solo una parte integrante de la tierra, a la cual le debemos la vida. Aislada de la tierra que nos acoge, Alemania no significaría nada. Para mí suena a mensaje colonial oír que algunos sectores sociales alemanes sigan proclamando:  “Alemania para los alemanes”. La xenofobia no puede tapar el sol con sus dos toscas manos. La reconstrucción de Alemania tras las guerras provocadas por sus políticos nunca habría sido posible sin la mano de obra de los extranjeros de uno u otro color. Y el futuro, a causa de su mayor mortandad y de su mínima  natalidad, le reclama ya a Alemania la apertura de sus fronteras a nuevos extranjeros. Sin los extranjeros y sin lo extranjero, Alemania no sería nada. Europa, en general, y Alemania en particular, son muy eurocentristas y a veces, por su propia convicción y voluntad, tienden a confundirse como la cuna excluyente de la cultura y de la civilización.
Con sus lectores y amigos canarios, en enero pasado 
¿Qué diferencias sustanciales hallaste entre la enseñanza en la Universität Duisburg  (Alemania) y la  Universidad Nacional de Trujillo (Perú), donde efectuaste tus primeros estudios universitarios?  ¿Cómo te trataron tus compañeros? ¿Te adaptaste con facilidad?
A la Universidad Nacional de Trujillo le faltaba, además de una buena infraestructura, unir la teoría a la práctica. La Universidad de Essen cuenta con una buena infraestructura. En los campos de mi especialidad, sin embargo, sus teorías y sus prácticas tienden a subrayar la relevancia del eurocentrismo. Aun así, conté con buenas y con buenos compañeros de estudios. El individualismo extremo alemán, pese a todo, acabó haciendo imposible cualquier continuación sostenible de la amistad: una diferencia esencial con la de mis excolegas y ahora todavía grandes amigas y amigos de mi promoción de la Universidad Nacional de Trujillo.
¿Te sigues sintiendo extranjero en Alemania o nunca te sentiste así  fuera de tu tierra?
En Essen, la ciudad alemana en que resido, me siento como en mi casa. Fuera de esta ciudad, dentro de Alemania me siento extranjero como foráneo me siento en Lima donde por lo general abundan los que tienden a tomarle el pelo a los que allí llaman “serranos piojosos”. Una y otra vez, me han catalogado como tal. Paralelo a semejantes complejos, la desconfianza ante mí de ciertos alemanes me recuerda que fuera de Essen, en Alemania soy y seré extranjero. Sucede que en Essen, Mallorca y Gran Canaria, apenas piso su suelo me convierten en  'nacional', entendido esto como parte del mundo en el que me siento tres en uno: andino, costeño, selvático. ¿Europeo? Lo que tiene de ello nuestro querido Perú.
¿Dónde está tu hogar ahora mismo? ¿Adónde crees pertenecer?

La humanidad tiene solo una residencia: la tierra. Para mí, la Tierra, así, con mayúsculas,  es la Mamá Grande y a ella me debo.

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