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sábado, 1 de octubre de 2016

Edmundo Paz Soldán: "Hacer literatura es falsear la realidad"


Edmundo Paz Soldán, una de las voces imprescindibles de la narrativa hispanoamericana contemporánea, cumple 30 años de escritor, y su evaluación sobre el tiempo transcurrido abocado a su infatigable labor es "Que te das cuenta más rápidamente de cuando te estás equivocando".  
El autor boliviano fue libre en su expresión desde que decidió iniciar su camino en la escritura, por eso defendió a capa y espada su manera de entender la literatura y escribir sus  historias, de allí  que siempre su nombre estuvo rodeado de una aureola de polémica.  No dejaba pasar  nada y en forma reiterada salía a responder a las de numerosas críticas que lanzaban sus detractores.  
Hoy es diferente, le siguen afectando, pero deja que sigan su camino.  Esboza una sonrisa y a otra cosa.
Han transcurrido 30 años desde que en Buenos Aires decidiste escribir en serio, trabajaste duro y en 1990 publicaste en Bolivia Las máscaras de la nada,  tu primer libro. En aquel entonces, carecías de un proyecto literario, solo te importaba escribir, sin embargo querías crear tu propio universo literario apoyándote en tus referentes más valiosos: Jorge Luis Borges, Mario Vargas Llosa y Frank Kafka, sin embargo, desconocías algo que todos te reclamaban: la tradición literaria boliviana. Es mejor escribir con conocimiento de causa, tener el respaldo del conocimiento previo aún teniendo en claro lo que se quiere hacer como fue en tu caso, ¿no es así?
Su primera novela
No estoy tan seguro de eso. A la larga sí, uno necesita conocer la tradición, saber con qué obras dialoga o no un proyecto, etc. Pero al inicio creo que te da mucha libertad el desconocer esa tradición. Te permite explorar otros caminos sin sentirte abrumado.
Los narradores y poetas denominados malditos e incluso ciertos periodistas de tu país criticaban tu obra alegando que en ella no estaba presente la Bolivia real, dónde se hallaban los trabajadores mineros y los campesinos, que a ti no te dolía Bolivia. Trataste de enmendar tu error con la novela Alrededor de la torre, pero fue peor. Abordaste el tema del racismo y tus críticos salieron a decir 'cómo podía hablar de discriminación racial alguien que no la había padecido'. ¿Cuándo te das por vencido y optas por ser tú mismo en la literatura?
Yo creo que con mis cuentos fui muy libre desde el principio. Las máscaras de la nada (1990), mi primer libro, fue escrito a partir de una idea de la literatura que no pasaba por el registro de lo histórico-social en el contexto nacional. Con la novela fue diferente. En mi tercera novela, Río fugitivo (1998), decidí enfocarme en el mundo que conocía más, en el de urbano, de la clase media de Cochabamba (mi ciudad natal), y situar la historia en el colegio católico y privado al que había asistido. Quería hablar de lo social, de la crisis política y económica de la Bolivia post-dictaduras de mediados de los 80, pero a partir  del espacio que me era más familiar.
¿En qué momento te das cuenta que es fundamental rescatar lo mejor de la literatura latinoamericana y romper con los estereotipos? Muchos escritores de tu generación padecieron los mismos problemas, no solo bolivianos sino otros de la región, y aunque el rechazo a un tipo de literatura que 'no refleja la realidad social, política y económica del país' todavía persiste, ¿te ha sido posible convivir con cierta paz con quienes 'sienten' su tierra de esa forma?
En cada país latinoamericano hay un cierto tipo de crítica nacionalista empañada en pasarle factura a autores que no están interesados en narrar la nación. Hay que asumirlo como parte del paisaje. Es una crítica que hace lecturas reduccionistas, pero allá ella.
Sin embargo, no se pueden negar las raíces, y se vuelve una y otra vez a los orígenes, ¿en qué aspectos de  tu literatura está presente la Bolivia más pura, la que reivindican tus críticos?
Lo que pasa es la que “Bolivia más pura” es una esencialización de los críticos. Se supone que esa Bolivia “profunda” es la Bolivia indígena, la Bolivia rural, pero creo que esa maniobra esencialista es la forma con que se ha construido una identidad nacional. Con tantos años viviendo afuera, no me siento menos boliviano que cuando vivía en Bolivia, pero me es inevitable mezclar, privilegiar lo impuro: en Iris están las tradiciones mineras, crónicas de Bartolomé Arzans, Interior mina de Poppe, algunos versos de Jaime Sáenz, y por ello creo que es una novela muy boliviana a pesar de que no transcurra en Bolivia. 
Desde que se planteó ser escritor se sintió libre
Te han llovido y supongo que te siguen lloviendo críticas, hoy pasado el tiempo, ¿cómo las asumes? ¿Te siguen afectando? ¿Respondes o las dejas pasar?
Durante mucho tiempo me metí en todo tipo de polémicas. Me encantaba responder a mis críticos. Eran peleas en cámara lenta, porque no había correo electrónico ni internet; todo se dilucidaba en los suplementos literarios de los periódicos, que se publicaban semanalmente. Hasta que un día, hace ya más de diez años, recibí otro ataque (“Paz Soldán, el escritor del modelo neoliberal”) y estaba a punto de responderlo cuando me di cuenta que me daba flojera escribir ese artículo. A partir de ese momento decidí que era mejor dejar pasar las críticas. Me afectan cuando veo que hablan de algo que se parece a mí o a mis libros, pero como la mayor parte del tiempo no es así, como parece que más bien están atacando a otra persona que no tiene mucha relación conmigo –o al menos yo no la reconozco-, entonces sonrío y paso página.
¿Qué riesgos has asumido con tu propuesta literaria? ¿Cuáles han sido tus victorias y fracasos?
Nos creemos muy abiertos con los géneros populares, pero mis últimos años de excursión en los territorios de la ciencia ficción me han hecho ver que buena parte del establishment literario hispanoamericano tiene serios prejuicios con este género. Lo aceptamos más cómodamente en el cine y la televisión, y en la literatura admiramos uno que otro autor, pero todavía lo vemos como un territorio adolescente. Es un riesgo trabajar en estos espacios, pero está bien que sea así. 
¿Has dicho que "lo ideal sería que la novela pudiera crear un mundo autónomo y no tuviera que depender de la realidad para legitimarse", ¿es eso posible sin falsear de modo rotundo lo que es? ¿Podría ser realmente consciente el lector de otros sitios de tus licencias o propuestas? Por ejemplo, que lo que cuentas en  tu libro de Bolivia, no sea cierto y solo pase en esa versión que has hecho de ella.
Hacer literatura es falsear la realidad. Hasta la literatura realista la falsea. El asunto es que ese falseamiento sea tan potente como para imponerse y convertirse en nuestra versión de la realidad. En otras palabras: yo no valoro a Jaime Sáenz por el hecho de que su versión de La Paz sea muy parecida a la “verdadera” La Paz, sino por el hecho de que en su literatura creó una versión mitificada de La Paz que me seduce y que atrapa cosas del imaginario simbólico de La Paz a partir de la distorsión consciente de ella.
Una de sus más importantes obras
Dijiste hace una década atrás que habías renunciado a leer la novela redonda, perfecta, obras maestras, sin embargo que te decantabas por las imperfectas de Philip Dick porque  te decían más, ¿hay algunas de las tuyas que se acerquen a ese nivel de imperfección o casi lo rocen?
No quisiera volver a publicar mis dos primeras novelas. Con eso creo haberte respondido.
¿La universalidad de tus obras es algo que te preocupe? ¿Te gustaría ser 'atemporal' pero no el sentido que le dan los críticos bolivianos al término?
Asumo el lugar inestable desde el que escribo, el hablar de Bolivia sin vivir allá, el ser escritor latinoamericano instalado en los Estados Unidos, el ser escritor latino en los Estados Unidos que escribe en español. Todas esas marcas tienen fecha, tienen historia. Los textos que sobreviven lo hacen a pesar de esas marcas. Si sobrevive alguno, bienvenido sea.
En Las visiones,  tu más reciente libro de relatos, has apostado por el 'mestizaje' o fusión de géneros  que muchos autores proponen y practican.  Haces uso de la  ciencia ficción, fantástico, literatura del horror, entre otros, ¿cuánto necesitabas de ellos para afronta o desarrollar las historias?
Hay ciertas cosas que quería contar en este libro para las que sentía que el modo realista no me alcanzaba. Escribía de una prisionera sometida a 23 horas al día de confinamiento solitario, torturaba para que se aniquilara su subjetividad, y pensaba que el género del horror me daba mejores elementos para enfrentarme a ese tema que la literatura realista; escribía de la nueva ética de la guerra, del uso de drones en el presente, y sentía que la ciencia ficción era ideal para trabajar ese tema, ese espacio. Por supuesto, otros escritores podían haber alcanzado conclusiones diferentes y tocar esos temas a partir del realismo puro y duro, pero desde mis lecturas de Borges, de Kafka, de Cortázar en los años del colegio que he aprendido que los géneros populares nos pueden ayudar a tener una mirada distorsionada sobre las cosas que, paradójicamente, nos permita verlas mejor. 
En este libro has creado un universo completo e incluso con un idioma propio, entiendo que te ha costado dos años de escritura, pero lo venías gestando casi desde el inicio de tu carrera. Iris es un mundo en caos, en guerra, donde hay torturadores y víctimas, y la población hace esfuerzos por sobrevivir, al margen de las visiones que padecen tus personajes, ¿es el día a día que experimentan (y sufren)  muchos pueblos en el mundo real en los tiempos actuales?
Lo que hace la ciencia ficción que me interesa es precisamente eso: aparenta estar interesada en hablar del futuro, hasta que de repente algo hace click y descubres que en realidad está hablando de tu presente. Varios cuentos de Las visiones nacen de artículos leídos en periódicos, son narraciones del presente desplazadas al futuro para que esa desfamiliarización me permita ver el presente con más claridad.
No le interesa la moraleja como parte de una historia
¿Qué has buscado o buscas alcanzar con Las visiones? ¿Lleva un mensaje o enseñanza dentro de sí?  ¿Tus historias tienen una intención siempre o es que los lectores acaban viendo una moraleja donde no la hay?
No me interesa la moraleja como parte de una historia, aunque sin duda algo se puede extraer o aprender de los textos que leemos. Con Las visiones yo buscaba escribir un contrapunto de Iris: si antes había escrito una novela de guerra, ahora quería algo más centrado en el día a día de la ocupación de una región; si antes la perspectiva era de los colonizadores, del imperio, ahora quería que predominara la mirada de la gente del lugar, los que hacen pactos con el imperio para sobrevivir, los que se rebelan a este y buscan su liberación. A la vez, quería que los cuentos de Las visiones pudieran leerse como textos independientes de la novela.
¿De dónde emergen tus ideas para las historias? ¿Vienen repente o las buscas?
Cuando comencé a escribir, las buscaba conscientemente. Con los años, con la práctica, uno va desarrollando un instinto para captar dónde hay una historia. A mí me vienen muchas de repente, lo que no quiere decir que las escriba todas. A veces escucho o leo algo y lo primero que me digo es “ahí hay una historia”. Luego viene un proceso raro, que puede durar meses, en el que esos múltiples big bangs se quedan ahí, flotando, hasta que de pronto emerge uno que está listo para ser escrito.
Buscas reinventarte continuamente, ¿cómo es ser otro sin dejar de ser tú siempre?
Hay pulsiones, hay obsesiones que se imponen por más que hagamos todos por esconderlas. Lo que hago es buscar nuevos disfraces sabiendo que algo invariable se las ingeniará para persistir en medio de todos los cambios.
Durante una de sus tantas presentaciones
Has saltado de los relatos a la novela sin dificultad alguna y en ellos siempre has brillado y logrado tus objetivos, ¿cuándo sabes que una historia debe ser contada en tal o cual registro? ¿Te has equivocado en la elección alguna vez?
Después de escribir Iris quise escribir una precuela. Llegué a las setenta páginas y me di cuenta que me estaba repitiendo. Y sin embargo, me quedaban cosas para explorar del mundo de Iris. Ahí se me ocurrió que lo mejor era explorarlas a través de cuentos y no de una nueva novela.
Eres una de la voces narrativas consideradas imprescindibles dentro la narrativa hispanoamericana contemporánea, todo un privilegio, pero ¿has cumplido con todas tus metas? ¿Todos tus sueños de escritor  se han cumplido?
Por suerte no me considero imprescindible y eso, entre otras cosas, me mantiene vivo e inquieto. Me falta mucho por cumplir, en eso estoy. 
¿Cuál sería el fin práctico de la literatura? Si lo tiene...
No sé si hay algo más práctico que releer una noche Pedro Páramo y sentirte en plenitud, con los sentidos aguzados, con una conciencia enorme de la maravilla estética y complejidad del lenguaje.
¿Treinta años no son nada? ¿Qué es lo más valioso de cumplirlos escribiendo?
Que tienes lecturas y escrituras que te acompañan, que has explorado muchos caminos, y eso te permite tener varios registros para abordar determinado proyecto. Que te das cuenta más rápidamente de cuando te estás equivocando. 


Si desean saber más del autor o sus obras
pueden pinchar
los siguientes enlaces:
https://es.wikipedia.org/wiki/Edmundo_Paz_Sold%C3%A1n
http://elpais.com/autor/edmundo_paz_soldan/a
http://paginasdeespuma.com/catalogo/las-visiones/





domingo, 4 de septiembre de 2016

Heberto de Sysmo: "Prefiero pensar que es imposible no hallar la poesía en alguna parte"


Si firma como José Antonio Olmedo López-Amor o Heberto de Sysmo qué más da. Lo importante es lo que comunica a través de la poesía, la música o la pintura. Lo viene haciendo hace más de dos décadas con fluidez y solvencia pero aún cierta gente no entiende esta supuesta dualidad. Donde algunos ven cierta contradicción, ambigüedad o complicación a la hora de definirse o distinguirse, él y su otro yo, lo asumen como una doble oportunidad de ser, estar y crear, aunque no duda en afirmar que se identifica más con su parte inventada.  "Considero a mi seudónimo como mi verdadera identidad, o al menos esa parte de uno mismo más artística, honesta y comprometida que la mundana y aspira a no dejarse corromper por el entorno", resalta.
Nunca ha tenido problemas con Heberto
de Sysmo
Discurres por la escena literaria con dos identidades: Heberto de Sysmo y José Antonio Olmedo López-Amor, ¿esto te genera alguna dificultad a la hora de presentar tus obras o de cara al público? ¿De dónde la necesidad de crearte un pseudónimo?
Quiero pensar que por la escena literaria discurro como Heberto de Sysmo, esa es la idea. En cuanto a la primera pregunta, nunca me he planteado su respuesta. Aunque parezca mentira, nunca he pensado en la opinión de los demás sobre este asunto, lo he vivido como algo natural, de hecho, considero a mi seudónimo como mi verdadera identidad, o al menos esa parte de uno mismo más artística, honesta y comprometida que la mundana y aspira a no dejarse corromper por el entorno.
La verdad es que el hecho de firmar mis obras con un seudónimo, algo que llevo haciendo durante más de dos décadas, es algo que siempre ha llamado la atención a otras personas. Lo que comenzó siendo una simbólica rebelión juvenil, de convicciones morales, se ha ido transformando con el paso del tiempo en una razón de ser. El hecho de necesitar separar —aunque en el fondo no sea más que distinguir— el yo —al que creía únicamente— lírico del yo mundano, me ha demostrado que las preocupaciones que hoy en día tengo sobre la belleza, el arte, el ser y el lenguaje, siempre estuvieron ahí.
¿Quiénes son Heberto y José Antonio? ¿En qué se diferencian uno del otro? ¿Qué terrenos le son propios?
Como he dicho antes, son univitelinos, una misma conciencia imposible de escindir  que como resultado de su inquietud y de su compromiso moral con el arte trata de diferenciarse a sí misma —artísticamente hablando— de sus múltiples voces.
Comencé firmando con seudónimo mis poesías de adolescente. Más tarde, también algún relato. Después, estampé la misma firma en mis cuadros, e incluso en un disco compuesto por ocho melodías a piano que compuse y grabé —pero no edité— a los veinte años. Así que lo que empezó como una signatura lírica ha abierto su arco a múltiples facetas artísticas.
Firmo con mi nombre y apellidos todo lo demás: artículos, ensayos, crónicas, entrevistas. Siempre se ha dicho que somos nosotros mismos cuando estamos solos; mi soledad es la palabra y pretendo reconocerme en la poesía, que no es poco.
Retrato hecho por Isabel Alamar
Eres narrador, poeta, crítico literario y cinematográfico, ensayista, cronista, articulista y divulgador científico, sin duda alguna, podrías haber nacido en el Renacimiento, ¿qué te conduce a desenvolverte en tantas áreas?  ¿Es vital para mantener todas las vías de expresión abiertas?
Supongo que ser inquieto creativamente es algo innato. Uno no decide pintar un cuadro, componer una melodía o escribir un poemario de la nada. Puede haber móviles económicos o de cualquier otra índole para hacerlo, en mi caso, diversificar ese decir artístico es algo intuitivo, siento que debo hacerlo así.
También considero que cada disciplina artística posee su propio lenguaje y por tanto, su propia área de expresión, y eso determina en ocasiones el formato que adquirirá esa expresión artística que pretende manifestarse. Prefiero considerarme un artista-canal que un artista-caudal. El caudal nos es dado, nadie ha descifrado todavía los mecanismos de la inspiración, por tanto, ser un autor que trata de satisfacer sus necesidades, que trata de encontrarse y reafirmarse en lo que hace dejó de ser algo meritorio para mí, no encuentro nada extraordinario en ello. Para mí escribir, pintar o cualquier otra expresión artística es algo vital.
Tu espíritu inquieto te ha llevado a colaborar con una treintena de publicaciones impresas y digitales, tanto nacionales como internacionales, ¿cómo repartes tu tiempo entre tantas ocupaciones? ¿Cuáles son tus prioridades?
La verdad es que uno va adquiriendo compromisos y llega un punto en que ya no es consciente de si el tiempo disponible hará posible llegar a todos ellos. Trato de ser disciplinado y ordenado, la organización es la clave. Es imprescindible anotar las fechas de entrega de los textos y en base a ello administrar el tiempo de trabajo.
Lamentablemente hay ocasiones en que no puede llegarse a todo, muchas veces se aplazan las lecturas, las reseñas, pero siempre por circunstancias, no por voluntad. Trato de llevar una rutina en la escritura que alterne con la lectura, el estudio, la asistencia a eventos y todo lo imaginable. Me tomo muy en serio lo que hago, y en cuestión de crítica, por ejemplo, prefiero aplazar la entrega a llevarla a cabo sin dedicarle el tiempo que merece.
Durante su participación en un recital
poético en Alfafar
Tu terreno por excelencia es la poesía, ¿en qué momentos la descubres y cómo se ha dado la relación con ella en todo este tiempo?  ¿Te acompaña siempre o a veces se marcha?
Yo descubro la poesía a los catorce años. En mi primer año de instituto participé en un concurso de poesía y tuve la suerte de ganar el primer premio. Yo era muy imaginativo entonces, muy fantástico, y ganar aquel microscópico certamen supuso para mí una importante afirmación. Aunque mis lecturas previas fueron de narrativa y ciencia ficción, participé en aquel evento presentando un pequeño poema escrito sin referentes. El premio consistía en un trofeo y un lote de libros, y en dicho lote descubrí a Pablo Neruda. Veinte poemas de amor y una canción desesperada me hizo comprender que en las palabras había mucho más de lo que jamás había sospechado. Neruda me llevó a Bécquer, Bécquer a Salinas, empecé por poetas románticos e hispanos para más tarde ir descubriendo el resto, lo que supuso para mí un hallazgo determinante a la hora de canalizar mi tiempo libre.
Mi relación con la poesía hasta el año 2011 fue personal y podríamos decir que terapéutica. Guardo muchísimos folios escritos para el cajón, incluso libros encuadernados que jamás publicaré. Muchas han sido las satisfacciones que me proporcionó la escritura hasta ese año, hasta que di el salto a la publicación en diciembre de 2011 con Luces de antimonio, y empecé entonces una etapa en la que ya sin dubitaciones, decido dedicar mi vida a la escritura —siempre en la medida de lo posible— de manera intensa, enriquecedora y evolucionista. Hasta ahora siempre me ha acompañado y espero que así sea.

¿El ser poeta está integrado en tu personalidad o es una especie de ropaje que puedes quitarte a tu antojo?
Ser poeta es una forma de vida y una forma de ser y estar en ella, no es algo que te puedas poner o quitar a tu antojo. Aunque afirmar que soy poeta me resulte algo todavía desproporcionado, sí considero que vivo la poesía como una fuerte vocación.
¿Has sentido en alguna ocasión que tu condición de poeta es una pesada carga y pensaste en aparcarla por un tiempo o quizá dejarla por completo? ¿Hay momentos de ese tipo?
El testamento de la rosa,
una de sus obras que le trajo muchas alegrías
No sé si una pesada carga, pero sí conlleva una responsabilidad —en tanto a que aquello que escribimos se hace público—, un arduo trabajo en la sombra que pocos reconocen y lamentablemente un desencuentro constante con un sector muy amplio de la sociedad. La exigencia personal de cada cual determina la presión a la que puede someterte la escritura, como también la autocrítica o la crítica ajena: por el momento, incluyendo el desasosiego que conlleva escribir un poemario utilizando un talento limitado, y un sistema incompleto de signos, como lo es el lenguaje, a mí me ha compensado el esfuerzo y jamás he pensado en dejarlo.
Tras ser elegido uno de los 12 poetas jóvenes más destacados de Valencia, ¿pensaste que buena parte de tu camino literario estaba hecho y que en adelante todo sería más sencillo? ¿Consideras que ya cuentas con un lugar en la escena poética?
Participar en Cartografías de Orfeo (Isla Negra Editores, 2014), la antología a la que aludes, fue uno de esos regalos inesperados que te depara la vida. La apuesta de Sergio Arlandis como antólogo me incluye entre una nómina de poetas a los que sigo y admiro y no puedo estar más que agradecido. Por supuesto que no pensé en ningún momento que buena parte de mi camino estaba hecho, al contrario, saber que un referente como Sergio apostaba por mí fue un estímulo más para seguir creciendo y aprendiendo y, de alguna manera, poder refrendar con trabajo y esfuerzo, esa confianza depositada. Soy consciente de que tengo mucho que aprender y este tipo de logros animan a seguir trabajando. Como dijo Freud: he tenido una gran suerte en la vida, nada me ha resultado fácil.
La pintura es otra de sus grandes manifestaciones artísticas
En cuanto a si tengo un lugar en la escena poética valenciana, humildemente te contestaría que no, y no sería un ejercicio de falsa modestia. Creo que mi trayectoria como poeta es más que discreta, no busco protagonismo, no he publicado en grandes editoriales ni he ganado grandes premios. Trabajo a mi ritmo y hago lo que puedo dentro de mis posibilidades. No siento tener un lugar en este escenario, tampoco lo busco; supongo que todo volumen ocupa un espacio, pero creo que esa pregunta deberían responderla los demás.
¿Has sido crítico y exigente con tu obra poética? ¿Cómo evalúas tu poesía? ¿Cuáles son sus fortalezas?
Por supuesto. Faltaría saber si la crítica ha ido bien encaminada, pero la ha habido. Es algo necesario y recomendable. El lector activo y el tiempo son los mejores jueces.
No la evalúo ni creo que deba hacerlo. Creo que esa es una de las tareas del crítico. Como autor, siento la poesía intrínsecamente ligada a la vida, y por tanto, inmersa en un proceso de transformación que está influenciado —entre otras cosas— por la emoción y el instante. Trato de expresar lo que necesito transmitir y lo hago como puedo.
En cuanto a sus fortalezas, ignoro si las tiene, pero puedo hablarte de sus constantes.
Junto al gran poeta Jaime Siles y su hermano de letras, Gregorio Muelas
Cada uno de mis libros es diferente del anterior, en todos hay indagación, reflexión, emoción. Valoro el verso trabajado métricamente, si es necesario, recurro a la rima. Me gusta el verso libre con cadencia, no me gusta describir paisajes. Me inclino últimamente por un estilo culturalista. Me gusta el neologismo; el irracionalismo en pinceladas. En cuanto a la extensión de los poemas, me he ido apocando con el tiempo. Me gusta resolver en los dos últimos versos, o ser más contundente en ellos. Intento evitar hablar de amor, pero no lo consigo. El inconformismo y los conflictos interiores se manifiestan en mi poesía a través de una tensión en el lenguaje.
¿Cómo manejas tu ego en un ambiente tan competitivo como es el de la poesía? ¿Sueles compararte con el resto? ¿Te asaltan las inseguridades?
Trato de estar donde se me valora, donde cuentan conmigo. El proceso de selección natural —al que todos estamos sometidos— es tan inevitable como necesario.
Valencia es tierra de artistas. Tenemos y hemos tenido grandes poetas, jamás tendría la ocurrencia de compararme con ellos.
Estoy muy seguro de mí mismo. Seguro de esforzarme, de aprender, de crecer buscando siempre la orientación apropiada, seguro de buscar puntos de unión entre el fondo y la forma; seguro de que tengo muchas cosas que decir y de que tarde o temprano las terminaré diciendo.
En plena comunicación con el piano
¿La mala poesía es más frecuente que la buena?  ¿Cuándo es de baja calidad? ¿Y por qué algunas supuestamente malas tienen tanto éxito entre la gente? ¿Solo es cuestión de gustos?
Me gusta decir que en cuestión de arte no hay obras malas o buenas, creo que así debería ser; si tienes hambre o sueño y lo manifiestas no puedes equivocarte. Pero lamentablemente, todo se enjuicia en esta sociedad de etiquetas. La genialidad es siempre menos frecuente que lo vulgar o mediocre, si a eso te refieres.
Dejando a un lado si la poesía es mala o buena, para mí es de baja calidad, o no me interesa cuando: transita lugares comunes de formas comunes; no rompe clichés ni lo intenta; no transmite emoción ni reflexión; cuando no le encuentro qué tiene de poesía. Cuando carece de imágenes, metáforas, de rupturas gramaticales, cuando no crea, cuando abusa de la retórica o no sabe naturalizar el trabajo.
Parece inexplicable el hecho —como tú bien dices— de que algunas poéticas discutibles tengan  éxito entre la gente. Supongo que varios factores influirán en ello. Si tenemos en cuenta los intereses generales de la sociedad española, los contenidos de los programas líderes de audiencia en televisión, la depreciación de las humanidades, el analfabetismo inducido al que los diferentes medios someten al ciudadano, parece que la masa general de la sociedad no quiere calentarse mucho la cabeza con lecturas complicadas, sus compras van dirigidas al estereotipo, tradicionalismo, sentimentalismo o entretenimiento. Pese a todo, el verdadero artista seguirá creando aunque carezca de público.
¿Hacia dónde debe encaminarse la poesía? ¿Cuáles son sus retos actuales?
Con Gregorio Muelas en una entrevista radiofónica 
La poesía debe mirar a todas partes, debe ser plural, universal, libre y cercana, debe ilustrar, golpear, deslumbrar la conciencia, pero también todo lo contrario. En cualquier caso, ninguna disciplina artística debe oxidarse con el tiempo y debe ir admitiendo pequeñas innovaciones, ciertos cambios que tonifiquen sus músculos así como también debe llegar cada vez a más y más personas. En momentos socio-económico-culturales convulsos, todo artista debería crear —una obra al menos— influenciada al respecto. Cuando la injusticia ocupa las primeras planas, cuando la violencia se vuelve trivial por la costumbre, cuando el débil sufre y disfrutar de un pequeño placer nos hace sentir incómodos tras conocer la realidad, significa que debemos ponernos en marcha y no permanecer inmunes. Antes que artistas somos personas, la poesía no tiene porqué ser social o solidaria, el artista sí.
En cuanto a retos actuales, la poesía siempre ha sido un género minoritario en cuanto a ventas se refiere, un reto para ella es mantenerse, pero creo que no debería renunciar a hacerse más viral aprovechando las nuevas tecnologías. En todas las épocas ha habido y habrá poesía para todos los gustos, un reto actual sería convencer a la clase política de que la poesía, como cultura, no es un entretenimiento y merece invertir en su protección, divulgación y enseñanza.
Cultivas también el Haiku, y hace poco junto a Gregorio Muelas publicaste La soledad encendida, ¿cómo se dio el trabajo? ¿Primaron más los acuerdos que las discrepancias? ¿Fue una buena experiencia?

Uno de sus importantes galardones 
Gregorio Muelas es mi hermano de letras, junto a él he crecido literariamente y he vivido algunos de los mejores momentos que me ha deparado la escritura. La soledad encendida, libro que publicamos en 2015, fue un desafío —creemos, superado— literal y personal para nosotros. Creíamos tener una idea de lo que era el haiku pero ser alumnos de Vicente Haya en la Fundación Centro de Poesía José Hierro de Getafe nos abrió los ojos a la verdadera naturaleza de esta forma poética japonesa.
Por supuesto, primaron más los acuerdos que las discrepancias, ambos estamos en sintonía, tenemos muchas cosas en común y nos alegra el resultado final, un libro de poesía escrita por dos autores en el que el lector desconoce la autoría de cada poema.
Fue una experiencia extraordinaria a todos los niveles. De hecho, no descartamos repetir y compartir autoría en futuros proyectos poéticos.
¿Por qué últimamente hay tanto interés por el aprendizaje y el cultivo del Haiku? ¿Es verdad que constituye un viaje interior muy revelador? ¿Cuánto has descubierto de novedoso en ti a través de su conocimiento y manejo?
Tuve la suerte de hacerme esta pregunta hace tiempo. Uno de los motivos de este interés actual por el haiku lo encuentro en la prisa con la que vivimos. Este escenario de las grandes ciudades industrializadas, el estrés, invita a escapar al campo y meditar para evadir el alma. El haiku cumple taxativamente ese aspecto, además de ser breve. Nadie tiene tiempo para lo que de verdad importa. Otro factor influyente son las nuevas tecnologías, los ciento cuarenta caracteres, los mensajes instantáneos, inducen a decir mucho en pocas palabras, algo que ha revitalizado no sólo el haiku, sino también el aforismo.
Firmando libros tras un acto literario
Tan revelador es el viaje interior que propone, que en Japón, el haiku verdadero está considerado una vía espiritual.
Aunque parezca mentira, hasta la fecha yo nunca había escrito un poema de tres versos, mi concepción poética era casi epistolar. Ahormar la sensibilidad artística a un molde tan escueto supuso un gran descubrimiento para mí. Conceptualmente, ha sido mi máximo acercamiento a la poesía pura. Me interesa el tratamiento que en el haiku debe hacerse con el yo del autor. Hemos crecido en el imperio del yo y este pequeño gran formato japonés nos enseña a ver la vida y sus maravillas de otra manera. El haiku ha supuesto para mí una increíble síntesis de lo monumental, teniendo en cuenta que su foco de atención va dirigido a lo mínimo, y que ese mínimo es el fractal que representa al todo.
Acabas de publicar La flor de la vida: Elogio a la geometría sagrada, ¿cómo debemos acercarnos a este poemario? ¿Está escrito para todos? ¿Es de fácil comprensión?
Debemos acercarnos a él con el entusiasmo de quien quiere ser sorprendido en la lectura por aspectos de la vida en los que no había reparado. Con esa ingenuidad y entrega me gustaría que el lector se acercase al libro.
Si ningún libro está escrito para todos, este quizá lo esté menos. Confieso que no pensé en satisfacer a nadie al escribir este poemario, salvo a mí mismo. El tema me apasionó sobremanera y lo intenté desarrollar de forma coherente dentro de la obsesión y el caos que supone abstraerse en un escenario como el que propone el libro.
Ya una vez alumbrado y dado por terminado el trabajo, consideré necesaria la aportación de algunos colaboradores, como son en este caso David Acebes Sampedro, poeta vallisoletano encargado del análisis y notas a pie de página y Vanesa Torres, pintora madrileña que ha sabido dar forma a lo informe con sus pinturas. A ambos tengo que agradecerles su aportación, un trabajo encomiable que, sin duda, acerca el libro a los lectores y lo revaloriza. A ello hay que sumar mi introducción al libro, un texto en el que expreso mis fuentes y motivaciones, ese proceso de atracción a la idea generadora y en el que trato de invitar a leer, pero también a reflexionar e investigar por cuenta propia, a aquellos lectores menos conservadores y más inquietos y abiertos a los posibles nuevos conocimientos. Cada libro aspira a encontrar a su lector, me encantaría que este libro llegase  a mucha gente.
¿Por qué escogiste como tema la geometría sagrada? ¿Qué tienes que ver con ella? ¿Posee algún sentido místico para ti?
Al lado de David Acebes durante su presentación en Valladolid
Detrás de este libro hay una serie de apuntes y estudios que podrían constituir una tesis sobre la geometría sagrada. A cada paso que mi curiosidad e intelecto se adentraban en una materia a priori tan enrevesada o acientífica, advertía que todo era mucho más sencillo y real de lo que parecía. La geometría sagrada no es ningún tipo nuevo de geometría relacionado con divinidades, ni nada que se le parezca, es una forma diferente de ver la geometría clásica, una interpretación que la descubre intrínsecamente ligada a la vida y la estructura del universo. Me pareció un tema apasionante con múltiples lecturas y analogías con nuestra forma de vivir y nuestras preocupaciones. El magnífico espectáculo de la naturaleza, unas veces evidente, otras casi imperceptible, nos está manifestando un mensaje que estamos aprendiendo a descifrar.
Bajo mi punto de vista, todos tenemos algo que ver con la geometría sagrada. Como seres vivos que somos, ya adultos y maduros, estamos diseñados corporalmente con medidas y proporciones áureas: la morfología de nuestros dedos, desde el nudillo hasta sus articulaciones; la distancia de la nariz a la barbilla respecto del óvalo del rostro; la distancia desde los pies al ombligo respecto a la altura total. Ese patrón que también se encuentra en el crecimiento vegetal, en la estructura de cristales naturales, en la fisonomía de uñas, cuernos y pelambre animal, se ajusta a los números de Fibonacci. Parece que la razón áurea propone una belleza armónica que los antiguos ya conocían y quisieron trasladar al arte a través de la pintura, escultura y arquitectura.
Participando con sus obras en una exposición de pintura colectiva
Más que un sentido místico, yo diría filosófico, por ser más real que religioso. Si la geometría es la armonía y el equilibrio, si todas las personas se comportasen de forma geométrica no habría hambre en el mundo, no se maltrataría a los animales ni se incendiarían los bosques. Nuestra conducta padece la entropía de su propio sistema y es asimétrica. Uno de los poemas reza: hacer aquello / para lo que nacimos: / geometría. Galileo dijo que las matemáticas son el lenguaje en el que está escrito el universo, sin embargo, a nuestros hijos en las escuelas les enseñan el significado más pobre de los números: son cifras que expresan cantidad. Johannes Kepler, uno de los científicos que más admiro, dijo: donde hay materia, hay geometría, y casi cuatrocientos años después la ciencia sigue buscando la supersimetría de las partículas como la hipótesis más probable que relacionaría las propiedades de los bosones con los fermiones, resolvería problemas teóricos como el que representa la jerarquía y propondría candidatos adicionales para explicar la materia oscura.
Me impactó el poema El ángulo de Dios, "No hay pesebre, ni tumba, no hay vestigios, sólo un manual de vanas esperanzas". Muy duro, ¿no?  Seguimos buscándolo fuera. A propósito, ¿cuál es tu relación con Dios?
Juan Bedins comentando la obra de la dupla Muelas-De Sysmo
Puede resultar descorazonador tomado al pie de la letra, tienes razón. Pero no es más que una interpretación laica de ese silencio milenario que algunos tratan de manipular para controlar a las masas.
Mi relación con Dios es asintótica. Me inculcaron la religión católica, pero actualmente nada me empuja a rezar ni practicar fe alguna. Pienso que la ciencia, de no haber sido perseguida y manipulada, habría refutado hace tiempo muchas doctrinas. Respeto todas las creencias, me gustaría creer en algo sin temor a equivocarme, de momento sigo investigando y abierto a todas las posibilidades. Literariamente es distinto, recurro a Dios y su iconografía como recurso semiótico. Prefiero estudiar, experimentar, teorizar en busca de esa incógnita que decantarme a loar un mito que probablemente tenga una explicación más humana que divina.
También veo que rindes tributo, si vale la expresión, a la Teoría de Cuerdas,  con poemas de tres versos, por favor, cuéntanos al respecto.
Esto queda bien explicado en uno de los comentarios que David Acebes hace en el libro. De hecho, esa analogía de la fisonomía del haiku japonés (escrito de arriba a abajo) en comparación con la estructura de una cuerda y su consiguiente vibración en un sistema de once dimensiones, (el bloque de tercetos se encuentra entre bloques de versos endecasílabos), fue algo que yo hice de manera inconsciente y que él supo ver y reflejar en su magnífica aportación. Este hecho, como muchos otros en el libro, tienden a consumar una de mis preocupaciones líricas: aunar el fondo y la forma en un todo armonioso.
Reunidos con la escritora Patricia Cuenca poniéndose de
acuerdo en proyectos futuros
El poemario se compone de siete bloques, de manera que el bloque central está dedicado a estos tercetos que son el núcleo del sistema  y eje sintético del mismo, por lo que podemos dividir el libro en dos mitades simétricas, no sólo en el número de bloques, sino métricamente, ya que los bloques 2 y 3 están escritos en endecasílabos, al igual que los bloques 5 y 6, reservando el primer y último bloque a un representativo verso libre que introduce y clausura el viaje, como si los extremos del libro se disolviesen ad infinitum. Los tercetos y los endecasílabos no han sido elegidos al azar, ambos tienen simetría axial, y el número de poemas de todo el libro es 69. Así que he conseguido que la estructura del poemario a todos los niveles sea fractal, incluyendo los versos del tercer bloque, cuya ordenación responde a los números de la sucesión de Fibonacci.
El pintor y el músico que habitan en ti acompañan al poeta que eres, ¿eres capaz de convertir en poesía cualquier faceta de tu vida? ¿Dónde es imposible hallarla? 
Lo más cercano a eso que conozco es lo que hizo Gerardo Diego, poeta admirado. Cada vez que tengo entre mis manos sus obras completas siento palpar la vida entretejida a esas hojas, cada vivencia, cada emoción, suceso o pensamiento dejó en la poesía de Gerardo una huella indeleble. Prolífico como pocos, admiro su gesta pero no deseo parecerme en ese sentido. El tiempo es un bien escaso para mí. Las obligaciones y servidumbres obligan a priorizar los proyectos y he llegado al convencimiento de que para ser en el lenguaje primero hay que Ser fuera de él. Prefiero sentir el imperativo deseo de experimentar que el irrefrenable impulso de crear, ambos se complementan, se necesitan, pero cada uno a su tiempo.
En cuanto a la pregunta de dónde es imposible hallar la poesía, siguiendo la opinión de otro poeta admirado y ya desaparecido, Ignacio Caparrós, la poesía puede hallarse en todas partes y debemos poetizar sobre cualquier cosa, por nimia que nos parezca. Nada es ajeno a la belleza, entre otras cosas, porque todo depende del punto de vista de quien la observa. En poesía, tan importante es el qué como el cómo. Cada conciencia viviente es una probabilidad de manifestar y entender la vida y el arte de forma novedosa. Prefiero pensar que es imposible no hallar la poesía en alguna parte, pues qué sería de este mundo sin los artistas.

Pueden informarse más sobre el autor y su obra
pinchando
los siguientes enlaces:
https://www.facebook.com/joseantonio.olmedolopezamor
https://www.facebook.com/poesia.hebertodesysmo?fref=ts
https://acropolisdelapalabra.wordpress.com/
https://editorialultramarina.com/autores-ultramarinos/heberto-de-sysmo/
https://thebooksmovie.com/heberto-de-sysmo/
http://lastura.es/?p=1435



viernes, 5 de agosto de 2016

Alicia Muñoz Alabau:"La superación de un duelo es siempre relativa"




Alicia Muñoz Alabau es una escritora emocional desde la raíz hasta  la punta de su hoja más tierna. A ella podemos acercarnos para abrirle muestro corazón porque sabemos que no solo va a llorar con nosotros sino que también nos ayudará a levantarnos y alentará a seguir.  Si así es la autora, su literatura no podía ser distinta. Sus historias siempre están protagonizadas por mujeres fuertes, nutricias y provistas de un alto sentido de tolerancia y compresión. Por eso De dolientes y duelos es un libro de relatos que aborda la denominada literatura de duelo con otro talante y  no duda en encararnos a dramas tan humanos, donde nos reconocemos todos.  La autora vuelve a habitar otros seres y vidas, poniéndose en la piel y sentimientos de gente que padece pérdidas no solo físicas sino emocionales, esas que a veces no se hallan incluidas en la categoría de decesos como tal porque la muerte ocurre dentro de nuestra alma a partir de  la ruptura, la separación o el abandono. 

Cuando la pérdida, la ausencia o la muerte nos deja abatidos en cuerpo y alma, sin saber qué hacer o pensar, ¿solo nos queda la literatura para buscar identificación con el padecimiento de otros (que no solo nos pasa a nosotros), o quizá si tenemos un poco de facilidad para expresarnos plasmar por escrito lo que nos pasa por dentro? ¿Nos hace sentirnos acompañados en este tipo de emociones la llamada literatura del duelo?
Creo que la literatura ayuda, sin duda. En mi caso siempre ha funcionado como terapia y los momentos importantes de mi vida han quedado de una u otra forma plasmados por escrito. Necesito vaciarme de esa manera, poner en palabras lo que siento y tratar de interpretarlo. Y también es reconfortante encontrar todas esas emociones confusas y convulsas contadas por otros, de esa forma conseguimos no sentirnos tan solos y además sabemos que lo que nos ocurre no es tan inusual. En situaciones extremadamente duras, necesitamos sentirnos acompañados  y como a veces despreciamos la presencia física porque estamos demasiado atormentados, una lectura puede ser una buena opción.
La novela que le trajo grandes alegrías
De dolientes y duelos tu más reciente obra consistente en 17 relatos que abarcan toda una complejidad de situaciones  relativas a estas emociones y sentimientos que nos embargan ( y estamos expuestos) a lo largo de nuestra existencia, ¿qué te condujo  a escribir sobre este amplio tema?  Supongo que algunos te miraron con sorpresa ante tu decisión de escribir algo así, teniendo en cuenta que a un amplio sector le resulta morboso este tema o simplemente pasa o huye de él.
En realidad no fue algo consciente el hecho de escribir sobre el duelo, no fue algo que me propuse expresamente. Escribo bastante, a temporadas prácticamente a diario, no porque tenga una intención determinada, o un objetivo, no siempre para publicar. Escribo porque lo necesito, como una pulsión vital que me ayuda a tomar aire y seguir adelante. De ese modo, me encontré con que, fruto de una serie de duelos acumulados, tenía toda una serie de relatos que tocaban, de una u otra forma, el mismo tema. Pensé que tenían la consistencia suficiente como para explorar en esa línea y me decidí a continuar incorporando historias más ficticias o basadas en experiencias no ya personales, pero sí cercanas. Creo que no deberíamos huir de lo que nos resulta desagradable o mirar simplemente hacia otro lado. Conviene tener algún tipo de preparación en este sentido, aunque resulte sin duda muy difícil. Hay que tener en cuenta que todos estamos expuestos a situaciones de pérdida dolorosa, que todos en algún momento habremos de hacer frente a estas situaciones.
¿Ves realmente tu obra como un ejemplo de literatura de duelo? ¿Estás de acuerdo con  la clasificación o la consideras dentro de otro contexto o género?
Hasta ahora, no sabía que podía hablarse de una 'literatura de duelo'. De características similares sólo había leído La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero y me encantó, pero porque me encanta la autora y porque soy muy sensible a la literatura que habla de emociones. Creo que es eso en realidad lo que intento, plasmar emociones, por muy intensas, difíciles, intrincadas o inconvenientes que sean. Mis textos surgen de lo más profundo, arrastran sentimientos e intentan producir empatía, que los lectores puedan reconocerse en ellos.
Durante la presentación de su libro en el Museo de la Ciudad
de Valencia
Si la muerte física se tiende a ocultar o se aborda de puntillas, ¿qué pasa con la de índole  emocional? ¿Cuando muere un amor o renunciamos a él, o vemos culminar una etapa por decisión propia o ajena? ¿Cómo tratamos o abordamos esas pérdidas que no se ven?
Ese es otro de los temas que me resultaba interesante explorar. Los duelos se asocian, normalmente, a la muerte física, pero hay otras muchas situaciones que producen un proceso de duelo y que a veces se entienden menos. Se ve normal el duelo ante la muerte porque es un acontecimiento extraordinario, único y último ante el que todo el mundo se conmueve y todos te comprenden. Sin embargo una pérdida emocional es, en ocasiones, más difícil de digerir, ya que la persona no ha desaparecido (aunque lo haya hecho de tu vida) y también se vive como un fracaso difícil de asumir y de reconocer.
La gente vive la pérdida y el dolor de diferente manera, a unos se les acaba el mundo,  otros, se quedan paralizados, y hay quienes se desconectan, ¿cómo ha sido tu experiencia escribiendo en primera, segunda y tercera persona? ¿Has podido mantener a raya tus emociones mientras estabas creando?
En absoluto se mantienen a raya las emociones escribiendo sobre estos temas. Me he puesto en la piel de cada uno de los personajes, con mayor o menor distancia, pero siempre intentando homenajearlos, en el sentido de dar un sentido a su sufrimiento, de darle un valor o un reconocimiento, de decirles “tranquilo, es normal lo que te está sucediendo, tienes derecho a estar así de mal”. Es lo que a mí me gustaba escuchar en los peores momentos, es lo que más me ha ayudado. Quería ponerme del lado de los que sufren y darles la mano, sufrir con ellos.
Es una autora dotada de una enorme sensibilidad
¿Por qué los seres tendemos a buscar vivir algo, por ejemplo, un amor a sabiendas que las circunstancias no están de nuestro lado o en el peor de los casos, vamos a salir perdiendo? Lo digo por tu relato Julio en Santiago, donde su protagonista es consciente del final y que vivirá por siempre con la sensación de que dejó ir algo importante sin luchar.
Porque a veces sentimos la necesidad de vivir simplemente el momento. Es difícil hacerlo, pero creo que nos libera. No importa lo que venga después. La experiencia de la pérdida nos pone en contacto con la finitud, cobramos conciencia de lo efímero que es todo y entonces puede que queramos vivir el presente, saborear un amor, por ejemplo, aun bajo la perspectiva de lo no duradero y abandonarnos así al disfrute de lo fugaz. Es un cambio de enfoque que puede sufrir el que acaba de atravesar un duelo. Ese tipo de cosas que nos puede hacer madurar o, de alguna manera, nos enriquecen.
Lo más triste de alguien que sobrevive a un ser querido es no haberle podido decir todo lo que quería por miedo, vergüenza o falta de valentía (desde confesiones amorosas, secretos, rencores, odios, etc.). De eso y más trata tu relato Para una amiga, ¿tiene que ver con una experiencia personal?
Para una amiga, parte, efectivamente de una experiencia personal y reflexiona sobre todas esas cosas que se quedan por decir,  flotando para siempre en el universo paralelo de las cosas nunca dichas. Es por eso que pienso que deberíamos tener una mejor preparación ante esas situaciones en las que nos habremos de enfrentar a la muerte de un ser querido. Deberíamos estar más serenos y lúcidos, deberíamos decir todo lo que queremos decir, dar todos los besos y abrazos que nos apetezca, aprovechar de verdad los últimos momentos. En vez de eso, disimulamos, actuamos como si nada ocurriera, hablamos de trivialidades, intentamos hacer ver que todo eso va a ser pasajero y que pronto volveremos a nuestras vidas de siempre, queremos esquivar lo que inevitablemente llegará y nos alcanzará provocando una hecatombe que nos pilla siempre desprevenidos.
Sostiene que la mujer posee más ventaja a la hora afrontar
el dolor
Otro de tus relatos conmovedores es Querido papá, realizado de manera epistolar, donde la protagonista mantiene comunicación con su padre fallecido. Ella no acepta que él ya no esté más a su lado, y su resistencia al nuevo estado de las cosas casi rompe con su cordura y  ligazón con la realidad. Un hecho que se da muy a menudo en la realidad, ¿no es así?
La negación es una de las fases del proceso de duelo y hay quienes se quedan anclados en ella desarrollando patologías cercanas a la locura. Es una muestra de lo complicado que resulta asumir una pérdida y de cuántas vivencias diferentes podemos encontrar en torno a esta circunstancia.  La soledad también aparece como un ingrediente más que puede agudizar la devastación que produce el duelo. Eso es especialmente cierto en el caso de los ancianos. La falta de compañía y de actividades cotidianas, además de la vivencia de esos duelos que, inevitablemente la vida les ha traído, pueden hacer que esas últimas etapas de la vida sean especialmente dolorosas.
La soledad es un doloroso drama que padece un gran número de ancianos hoy en día, apartados de los nuevos grupos familiares que conforman sus hijos o nietos, se refugian en sus recuerdos, malviven  sus días con hambre de afecto, y esperan resignados su final, tránsito que en cierta forma es una agonía progresiva, desesperadamente lenta. Lo retratas con excelencia en tu relato Pena sobre pena.
En cuanto a la cuestión de las vivencias de los duelos por parte de hombres y mujeres, no pretendo sentar cátedra, simplemente hablo desde la experiencia, desde la observación y desde lo que he encontrado a mi alrededor. Creo que las mujeres son emocionalmente más hábiles y en ese sentido cuentan con una ventaja a la hora de superar los duelos. Sin embargo, como también somos más sensibles, estos se viven con más intensidad y pueden contener momentos más álgidos. Si la mujer es madre, hay una fuerza añadida, porque sabe que tiene que sobreponerse por sus hijos, porque tiene una responsabilidad con ellos. Además contamos con la ayuda fundamental de otras mujeres. Sabemos comunicarnos y sabemos apoyarnos. Todo ello conforma una red que nos protege de las caídas y nos ayuda a levantarnos antes. Creo que los temas de la maternidad y el cuidado, asociados tradicionalmente a las mujeres, resultan claves también a la hora de abordar los duelos.
Sumergiéndose en su mundo creación 
La mujer es la protagonista por excelencia de De dolientes y duelos, ¿soporta mejor las pérdidas? ¿Se halla más preparada para el sufrimiento como sostienen algunos con cierta ironía? ¿De dónde emerge esa fuerza para secar sus lágrimas, tomar aliento y levantarse?
En cuanto a la cuestión de las vivencias de los duelos por parte de hombres y mujeres, no pretendo sentar cátedra, simplemente hablo desde la experiencia, desde la observación y desde lo que he encontrado a mi alrededor. Creo que las mujeres son emocionalmente más hábiles y en ese sentido cuentan con una ventaja a la hora de superar los duelos. Sin embargo, como también somos más sensibles, estos se viven con más intensidad y pueden contener momentos más álgidos. Si la mujer es madre, hay una fuerza añadida, porque sabe que tiene que sobreponerse por sus hijos, porque tiene una responsabilidad con ellos. Además contamos con la ayuda fundamental de otras mujeres. Sabemos comunicarnos y sabemos apoyarnos. Todo ello conforma una red que nos protege de las caídas y nos ayuda a levantarnos antes. Creo que los temas de la maternidad y el cuidado, asociados tradicionalmente a las mujeres, resultan claves también a la hora de abordar los duelos.
¿Y los hombres? ¿Enmudecen y se encierran cuando el dolor y el sufrimiento los supera? ¿Les cuesta sacar lecciones y sobreponerse?
Los hombres, ante la soledad que conlleva una pérdida, suelen quedarse más desorientados. Quizá son emocionalmente más dependientes y además más pudorosos a la hora de contar cómo se sienten.
Es honesta al decir que los duelos no desparecen nunca 
¿Superamos realmente un duelo? ¿Nos llegamos a adaptar a esas ausencias? ¿Es posible quedarnos en ese proceso y nunca recuperarnos aunque sigamos con la rutina de siempre?
La superación de un duelo es siempre relativa. Creo que se quedan trabados en nuestra piel, en nuestro corazón, en la manera en la que veremos la vida a partir de ese momento. Todos conocemos personas a las que describen sus duelos. Es frecuente escuchar: “es que se le murió un hijo a tal edad”, “su padre falleció siendo él muy joven”, “se divorció después de veinticinco años de casada”…, como explicación a por qué esa persona es de tal o cual forma o se comporta de tal o cual manera. Los duelos forman parte de nuestras vidas, nos modelan y es importante cómo los encaramos o asimilamos. En realidad, desaparecer, creo que no desaparecen nunca.
“El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional”, dijo Buda alguna vez, ¿estás de acuerdo?  ¿Podemos elegir no sufrir, no pasar por un experiencia de ese tipo?
No elegimos sufrir, es un peaje que hemos de pagar, que se nos impone como algo consustancial al proceso vital mismo. Tal vez nos ayude a madurar, a fortalecernos , pero sólo tal vez. Es complejo, porque a algunas personas acaba debilitándolas para siempre. Ojalá nunca tuviéramos que vivirlo.
¿Cuál es la dicha o la ventaja de vivir una existencia corta y mortal? Se lo pregunto a alguien que ha vivido muchas existencias no exentas de dolor y sufrimiento en su libro De dolientes y duelos.

Todos nos quejamos alguna vez de lo que nos ha tocado vivir. A veces, cuando me he quejado, he escuchado decir que, si no hubiera vivido todo lo que he vivido, no sería la persona que soy ahora y lo cierto es que creo que sí ha mejorado mi calidad humana. Las pérdidas nos hacen conscientes de lo verdaderamente importante, nos vuelven más humildes y tolerantes, más empáticos. Te das cuenta de lo que puede ocurrir en cualquier momento, de que nadie es realmente imprescindible y de lo absurdo que resulta preocuparnos por las nimiedades que conforman los problemas cotidianos. Optas por vivir más intensamente, por disfrutar de las pequeñas cosas. Tal vez esa sea la ventaja.

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