Mi libro 'La fugacidad del color' ganó un International Latino Book 2020, categoría Best Collection of Short Stories, en Estados Unidos.

sábado, 27 de febrero de 2021

Alejandro Pérez Guillén: «La vida no siempre nos sigue la corriente»

 


Alejandro Pérez Guillen es de esos poetas que se dan por entero. Que no dosifican sus emociones y aman a contracorriente. Sin importar lo que suceda en el mundo exterior, los de su especie son intrépidos e intensos; soñadores y vulnerables. No  conciben ser de otro modo.  Y  el vate andaluz no lo desmiente: «Voy de cabeza, sin freno».

Por estos días el poeta promociona Arroparte o el arte de caminar sin ropa (Ediciones Alfar), una obra donde permite que le miremos por dentro. 

En tu poemario Arroparte o el arte de caminar sin ropa, te descalzas,  muerdes, caminas, te desnudas y exhibes la piel de los latidos, ¿en qué momentos se te ocurre exponerte de ese modo tan personal? Porque eres tú y nadie más que tú a lo largo de esas 269 páginas.

Uno tiene la rara cualidad de ser el mismo en todos los escenarios posibles. No estoy afirmando que haya un paralelismo entre la vida y la literatura, porque estaría aceptando que ambos mundos no se tocan. Y no es cierto. Es el mismo espacio. Es un modo de interpretar el camino. Exponer significa poner hacia afuera, colocar a la vista. Y yo miro hacia adentro. Ahí es donde me desnudo. Ahí es donde le arranco la piel a las emociones. Ahí es donde el corazón campa a sus anchas. Los escudos nos impiden ver el interior de las personas. No seré yo quien ponga un muro por delante. Me decanto por un canto a los abrazos.

El poeta no concibe la vida sin amor


El libro está dividido en cinco partes, en las cuales, pese a la división, no puedes evitar referirte al amor, la sensualidad, tu filosofía de vida y el entorno donde te desenvuelves en cada uno de ellos, si así es, ¿cuáles son las razones de este orden o unión de poemas?

Arroparte o el arte de caminar sin ropa arranca con un homenaje al libro en una composición de amor donde uno se deshace entre las páginas o se construye en ese laberinto de emociones. Uno pretende hacerse nido entre las manos de la amada, sembrar latidos en la soledad del folio en blanco. Descalzos es el primer apartado del libro en esa sensación de ponerse cómodo ante la vida, de sentir bajo los pies la huella agigantada de sus pasos. Mordeduras es un manifiesto de andar por casa, una concepción vital en la que predomina la pasión, un modo intenso de agarrarse al cuello de la esperanza. Ya estamos dispuestos para salir a la calle, para asomarnos a la intemperie. Para seguir nuestra propia senda. El camino es un presente que uno recorre mediante la sonrisa. Desnudos no puede estar más claro. El alma no se viste. Se quita la ropa y los complejos. Son textos muy breves. Son textos tremendamente profundos. Como un faro en la noche. Como un relámpago en la oscuridad de la tormenta. Como una caricia en la piel. Como una sacudida en la conciencia. La última parte se titula La piel de los latidos en la que el hombre ama sin medida. No soy un romántico al estilo de las novelas clásicas. Soy un romántico en el sentido de que hay que entregarse a fondo, sacarle todo el jugo a la vida.

¿Te juegas el corazón en cada letra? ¿Es eso cierto?

No concibo la vida sin amor. Uno pone en juego el corazón en todo lo que hace y no solemos darnos cuenta. Cuando renegamos de nuestra capacidad de amar, establecemos una distancia insalvable entre el mundo y nosotros. Yo quiero estar próximo a la caricia. Quiero sentir de cerca el mundo que vivimos. Incluso cuando juego al fútbol sala, el portero que defiende los tres palos se entrega sin reservas. Tengo la consigna de darlo todo. Hasta en la caída. Hasta la carcajada.

Te refieres a tu hijo en varios de tus poemas, pero hay uno especial donde le agradeces que, aunque no le guste el fútbol,  te acompañe a verlo. ¿Una significativa demostración de amor?

Afirma que quiere sentir de cerca el mundo en que vivimos

En una ocasión dije que los niños nos regalan dos vidas: la del presente que compartimos a su lado y la de la infancia a la que volvemos de su mano. Quien siente en sus carnes el amor de un hijo no tiene más remedio que darle las gracias al amor. A mí no me entusiasma la música, pero iría a todos los conciertos del mundo con tal de contemplar la cara de felicidad de quien ama la canción de la vida.

¿Cómo llegaste a la conclusión de que la vida se vive dos veces? Háblanos de esa experiencia.

Yo no soy de esos escritores que se complacen en la desgracia. En ocasiones la literatura la concibo como terapia, como un modo de atar con palabras los fantasmas que nos acechan. Yo disfruto componiendo instantes de luz, aquellos en los que he gozado de forma extraordinaria. En esos momentos acudo al papel, busco la soledad de un bolígrafo, agito la memoria con satisfacción, lanzo las piezas sobre la mesa y compongo un corazón a mi medida. Dejo que se enfríe en un cajón. Lo abro al cabo del tiempo. Y solo hace falta echarle una mirada a los recuerdos para darle vida a la emoción que encierran.

Aseguras que hay miradas que te reconcilian con la vida, lo afirmas en uno de tus poemas del apartado Descalzos, ¿cuáles son esas? ¿Dónde las encontramos?

La vida no siempre nos sigue la corriente. Pero nada es eterno. Ni siquiera la tristeza. Yo he descubierto que los ojos sonríen, que hay miradas en llamas que borran todas las nostalgias, que hay gestos capaces de reconciliarte con la belleza. He visto el baile de una hoja al desprenderse del árbol y la misma danza en la ternura de un niño que te mira con asombro. He estado distraído en el sofá y, al girarme, el amor se ha tropezado con el calor de unas pupilas que te aman. Y mis ojos se rinden al fuego y a la magia.  

Reflexionas sobre el presente y le responsabilizas de impedir el gozo del instante, ¿te sucede a menudo?  ¿Crees que nos ocurre a todos?

Reclama el ejercicio de la pausa 

Denuncio el vértigo con el que afrontamos el día a día, porque nos impide gozar del presente. Reclamo el ejercicio de la pausa. Huir de la prisa. Aprender a saborear el instante sin más metas que nos distraigan. Cerrar los ojos y que la vida se detenga.

Te quejas de los ruidos porque no te permiten escuchar los silencios, lo expresas en  uno de tus poemas del apartado Mordeduras. ¿Son los ruidos más nuestros que el de los otros?

Vivimos en una sociedad en la que la razón la lleva quien impone el grito por encima de la lógica. Así no hay forma de escuchar el silencio. Así no hay forma de que tenga sentido la palabra.

También te ocupas de la política, lo dejas claro en  el poema Elecciones, donde te ocupas de los comicios en Estados Unidos y Trump. Es el único de esa índole en tu obra, ¿qué te condujo a incluirlo en tu poemario?

No me gusta mezclar la política con la literatura. De hecho siempre he pensado que discutir sobre estos temas, al igual que sobre el fútbol o la religión, lo único que consigue es quedarte sin energías. Yo no vengo a convencer a nadie. Procuro estar informado y forjar mis ideas en torno a una sensibilidad que me acerque al corazón de la gente. Intento arrancarle las malas hierbas al campo. Desnudar con las letras la belleza con la que nos tropezamos cada mañana. Esa que está ahí, a nuestros pies, y nos empeñamos en no verla. El texto al que te refieres es un juego de palabras, un homenaje a mi padre, un canto hacia un comportamiento más humano. La ironía derramada en el papel.

Cumplir 43 años te marcó de sobremanera, así lo dejaste saber en el poema Cifras. ¿Qué aprendizaje encierra dicha edad?

Me viene a la memoria un texto escrito con humor para responderte a esta pregunta. Esta mañana he roto un plato en el desayuno. ¿Quiere significar este hecho que por fin estoy madurando? Yo he sido una persona muy tímida. He perdido la vergüenza con el tiempo. Me ha costado darme cuenta de lo valioso que soy. Tenía muchos miedos y muchas dudas. He acudido a la literatura para salvar ese exceso de sensibilidad. Me separé. El mundo se me vino abajo. Y lo he construido mediante la palabra. Me gusto como soy. Siempre ha sido así. Ahora, a mis 47 años, soy capaz de tomar mis decisiones sin que me tiemble el pulso. He estado muy pendiente de los demás. Ahora persigo mis sueños pensando que se pueden hacer realidad. Ahora me atrevo a ser yo mismo. A sacar a relucir facetas desconocidas en mí. Y me divierto.

En Corro precipitadamente rindes homenaje al librero Manuel de Falla de Cádiz y con él a sus compañeros y a las librerías, en general. Padeciste su partida con hondo dolor por la persona que fue y por el papel que jugó en tu infancia, ¿no es verdad?

Dice que va de cabeza por
la vida 

Descubrí la librería Manuel de Falla a la mayoría de edad. Era un estudiante en Cádiz que admiraba los libros. Un día vi en el interior a Fernando Quiñones y me quedé asombrado. Llamaba por teléfono, aunque no fui capaz de decirle nada. Así pasaron los cinco años de Universidad con visitas esporádicas a ese entrañable lugar. Empecé a trabajar como responsable de la biblioteca de mi pueblo. Volví de nuevo a la librería. Solía hacer las compras allí. Poco a poco se fue fraguando una amistad inquebrantable con los propietarios. Empecé a publicar mis libros. Juan Manuel le daba un espacio privilegiado a mis obras. Con el mismo mimo con el que las abuelas amasaban el pan, fuimos intimando hasta el punto de que son una familia, ese paraíso perdido de mi juventud donde siempre encuentro el calor de un abrazo. En uno de esos encuentros me enteré del fallecimiento de Manuel. Me conmovió tanto la noticia que escribí el texto Corro precipitadamente. Lo leí en la presentación de Re-flexiones: ejercicios para el corazón en el Baluarte de la Candelaria. Era un texto recién escrito con el que arranqué el acto. Aparece publicado en Arroparte o el arte de caminar sin ropa.

Afirmas que las palabras le tienen pánico a la soledad, y que por eso no andan solas. Lo expones en un poema del apartado En el camino. Sin embargo los poetas suelen andar solos o es que me equivoco y solo les basta y sobra la compañía de esas letras.

Es un concepto de la literatura como diálogo del autor consigo mismo, del autor con el mundo, del autor con el lector. La escritura no tiene sentido si no cuenta con un destinatario. Y el poeta observa todo lo que hay a su alrededor. Está acompañado. Necesita sus momentos de soledad y esos instantes para compartir. No establezco diferencia entre el poeta y la persona.    

 También en tu libro te refieres al maridaje entre literatura y existencia, en tu caso han ido de la mano siempre, ¿no es así?

Revela que solo se podría arrepentir de lo que no ha hecho

No concibo al Alejandro persona sin su faceta de escritor. No sería el mismo. No concibo al Alejandro escritor sin la vida que lleva a cuestas. No escribiría de la misma forma.

En Me gusta la navidad te refieres a tu abuela y afirmas que por ella aprendiste a vivir desde el cariño. ¿Cuáles fueron esas lecciones? ¿Cómo se aprende a serlo?

Yo guardo un cariño infinito por mis dos abuelas. Ramona era la bondad personificada. Una mujer abnegada. Me encantaba quedarme en su casa cuando era pequeño. Me faltó tiempo para estar a su lado, pero el Alzheimer me la arrebató. De mi abuela María conservo más recuerdos. Sencillamente porque sobrepasó los 90 años. Era muy cariñosa. Parecía que no quería molestar. Me la imagino leyendo un libro en la soledad de su mundo. Bajo el ruido de los nietos y los bisnietos. En el encuentro familiar de todas las navidades. Nos traía, a pesar de la edad, una bolsa gigante de gominolas para cada uno. Era un ritual. Una manifestación de su dulzura. ¿Qué aprendí con ellas? Todo. Pero, fundamentalmente, me enseñaron a amar sin freno.

En el apartado Desnudos te muestras romántico, optimista y enamorado del todo. Aquí dejas el pudor a un lado y te das por entero, ¿hubo algún tipo de arrepentimiento posterior?

Uno solo se puede arrepentir de lo que no ha hecho. No puede arrepentirse de aquello que ha llevado a cabo con el corazón entre los dedos. Escribo desde el optimismo. Si no estoy en el mejor momento, la literatura me sirve como refugio ante las heridas. Y si estoy a gusto con mi vida, la pongo por escrito en esa fe ante el contagio. No sirvo para darme a medias. Es como ver la lluvia sin mojarte. Yo busco empaparme, bailar bajo la lluvia. Con el amor cogido de la mano.

Admites que todavía caminas a ciegas por el sendero de la vida en el apartado de La piel de los latidos, nos pasa a muchos, pero cuesta decirlo en voz alta, ¿no crees?

Confiesa que no le da miedo mostrarse
vulnerable 

Más que a ciegas voy de cabeza, sin frenos. Ahora soy más osado. Me lanzo sin ningún atisbo de duda hacia lo que quiero. Camino por el alambre de la incertidumbre. Tengo instantes de sombra. Espero a que salga el sol. No me da miedo mostrarme vulnerable. Es una virtud. Una forma de afrontar el futuro con optimismo. Un modo de conocerte mejor. De llegar ahí donde el amor se queda para siempre. ¿Acaso hay un modo más hermoso que vivir con las alas extendidas, con las puertas abiertas?

Te has definido como cursi, empalagoso y pasional en otro de tus poemas, ¿crees que son tus puntos débiles o, por el contrario, los consideras tus fortalezas?

Indudablemente son mis fortalezas. Quiero vivir la vida intensamente. Sentirla por cada poro de mi piel. Atravesar la carne. Exprimirle el jugo. Y sacarle un poema o una sonrisa.

Has dicho que te gusta creer que el amor es algo sencillo, ¿jamás resulta de ese modo?

Yo creo que somos nosotros quienes lo hacemos difícil. El amor se siente o no se siente. Pero olvidamos que estamos en una época contraria al compromiso. Olvidamos que hay que mimarlo cada día, como esa semilla que necesita de una caricia de agua y un buche de sol. Olvidamos el valor que adquieren las palabras. Olvidamos la importancia de los gestos cotidianos. Yo me lanzo al vacío. A la sensación de que la vida es hermosa si dejamos que los latidos se entiendan.

Evidencias mucha nostalgia por tu infancia, ¿vuelves a menudo a ella a través del recuerdo o los sueños?

He llevado una infancia sin más traumas que mis inseguridades, sin más sobresaltos que mi falta de madurez. Arropado, lleno de cariño. Pero también demasiado cuajado. Sin saber cómo tomar las riendas. Y retorno a esa época en los pasos de mi hijo. Un modo de vivir el presente y decirle al niño que me habita que nunca es tarde para desmelenarse. Ahora me deleito con el adulto y con esa niñez que me invita a arrojarme a locuras agradables. 

En su libro le arranca la piel a las emociones

Revelas preocupación por la ecología en los poemas Que solo nos queme el amor y Arde la montaña. Sentiste profundo  pesar e impotencia  por los incendios en Galicia y Canarias, y la forma de dejarlo patente fueron estos escritos, ¿no es cierto?

Hay algo que no comprendo del ser humano: su capacidad para la destrucción. No entiendo ese comportamiento, la actitud egoísta de mirarse constantemente el ombligo. No me extraña que el mundo se les haga tan pequeño. Yo lo quiero sin límites, sin fronteras. Cuando me llegue el momento, me gustaría pensar que he contribuido a coserle algunos hilos a la belleza.

El libro culmina con el poema Arrópame de Eva María Márquez Roldán, ¿por qué cerrar con un escrito que no te pertenece? ¿Cómo se gestó esta colaboración?

Eva Márquez es la mujer de la que estoy enamorado. Es una persona profundamente sensible. Un milagro con el que me he tropezado en el camino. Después de más de un año sigo sintiendo su magia. Me pongo inquieto todavía cuando voy a verla. Quizás sea arriesgado. Un modo de levantar las cartas. Una manera de abrirme en canal. Una forma de integrarla en mi mundo. Le gusta la literatura. Le pone el corazón a la vida. Coincidimos en ese propósito. Arroparte o el arte de caminar sin ropa empieza y termina con un poema suyo. Como un abrazo. Como una declaración de intenciones. Ha conseguido que el amor siga despierto en la conciencia. En ese paréntesis que es la vida la quiero conmigo. Tenemos en mente varios proyectos literarios.

¿Hay corazones que no se apagan nunca, Alejandro?

Yo haré todo lo posible porque siga con vida. Es el impulso que nos mantiene vivos.

Si deseas saber más sobre el poeta o su obra
puedes pinchar los siguientes
enlaces:
https://alejandroperezguillen.es/
https://www.edicionesalfar.es/es/producto/arroparte-o-el-arte-de-caminar-sin-ropa/


lunes, 8 de febrero de 2021

Juan Ramón Barat: «Creo que llevo el gen creador en mis huesos»

 


Juan Ramón Barat está a pleno rendimiento. Ahora dispone de todo el día y la noche para crear. Ha nacido para contar historias sea en verso o en prosa. Para niños, jóvenes y adultos, sin distinción alguna. No se limita. Confiesa que no le tiene miedo a ningún género, aunque revela que siente debilidad por la poesía.

De cara a la primavera espera la publicación de seis obras, de diverso género y para un público, variado, entre las destacan: Cuento contigo para mejorar el mundo (cuento infantil), La cripta negra (novela juvenil), Si preguntan por mí (poesía para adultos) y Jaque al emperador (novela histórica).

Eres un infatigable escritor, tocas todos los géneros y tu mente se halla en constante proceso creativo, así lo demuestra la larga cola de libros que esperan publicación a lo largo de este 2021, ¿los temas para estas obras surgieron durante el confinamiento o aprovechaste la reclusión para desarrollar con soltura las ideas que ya tenías?

Es un escritor que cree en el trabajo
Reconozco que soy un trabajador compulsivo. Escribo continuamente porque es lo que me gusta y porque, además, me lo tomo como un oficio. Pienso que un escritor debe ser metódico, riguroso y comprometido con su trabajo. Otra cosa es la inspiración. A veces llega y a veces cuesta más dar con ella, pero si uno es constante en su labor antes o después aparece la musa. El confinamiento me ha venido de perlas para recluirme en mi celda solitaria y reencontrarme conmigo. Ahora dispongo de las 24 horas del día para escribir.  Desde el punto de vista del rendimiento literario no me puedo quejar: estoy en mi salsa. Hay varios libros  míos que van a aparecer durante 2021. Al menos, seis. No todos ellos son frutos del confinamiento. Algunos de ellos ya estaban en el “cajón” desde mucho tiempo atrás. Lo que ha sucedido ha sido una conjunción astral. No todo lo que escribo se publica de inmediato. A veces, los manuscritos deben esperar hasta que llegue su momento. En esta ocasión se da la circunstancia de que varias editoriales han coincidido en el tiempo para dar salida a algunas de mis obras inéditas.

Los libros que verán la luz este año pertenecen a diferentes géneros, y no solo eso, su público difiere en edad, ¿se te dio por escribir varias historias en paralelo? ¿Cómo haces para salir de un género y entrar en otro?

La literatura me gusta en todas sus fórmulas, por eso escribo narrativa, poesía, piezas teatrales, reseñas o artículos sobre libros.  Creo, sinceramente, que un escritor de verdad no debe tener miedo a ningún género. Ahí están los ejemplos de miles de grandes autores: Víctor Hugo, Shakespeare, Cervantes, Oscar Wilde, García Lorca, Valle Inclán, etc. Todos ellos cultivaron diversos géneros y lo hicieron francamente bien. No hay ningún problema en alternar la prosa con el verso. Las historias que transformo en materia literaria bajo cualquiera de los formatos posibles (cuentos, novelas, obras teatrales, poesía…) surgen de las maneras más insospechadas. A veces se me ocurren a mí y a veces se les ocurren a otras personas. En concreto, a las editoriales con las que publico. Es habitual que un editor me llame y me diga: “Oye, JR, tengo una idea para un libro, tal vez te pueda interesar…”. Y esa “idea brillante” puede ser cualquier cosa: un libro de relatos para primeros lectores, la vida de un personaje real que vivió durante la guerra de Cuba, una pieza teatral para niños de educación primaria… Normalmente digo que sí y me pongo a trabajar en ello. Cualquier propuesta se puede convertir en una buena obra literaria. Hay que marcarse plazos de entrega, ritmo de escritura, etc. Y a trabajar. Admito que muchos de mis libros existen gracias al encargo de una editorial. Pero ¿qué pintor, escritor, músico, escultor, arquitecto o cineasta no ha trabajado por encargo? Fidias lo hacía, Mozart lo hacía, Velázquez lo hacía, Lope de Vega lo hacía, John Houston lo hacía… Las grandes catedrales góticas se hacían por encargo.

En tu producción literaria, como ya he apuntado, hallamos casi todos los géneros: novela histórica, poesía infantil y para adultos, cuentos juveniles, teatro, narrativa de misterio, entre otros, ¿cómo sabes que es el momento de expresarte en prosa o en verso? ¿Cada historia se presenta con su respectivo género?

De niño le fascinaban los cuentos
Supongo que mi formación ha tenido mucho que ver en mi manera de  acometer un proyecto. Antes de convertirme en hombre, fui niño. Un niño fascinado por los cuentos infantiles, los tebeos, las novelas románticas, las de aventuras, las escenificaciones teatrales y la poesía de Bécquer, Machado o Juan Ramón Jiménez. Mi madre me narraba miles de cuentos al calor de la lumbre. En mi casa había siempre tebeos, que yo leía una y otra vez. A veces leía el mismo tebeo unas veinte veces, hasta aprendérmelo de memoria: Roberto Alcázar y Pedrín, Hazañas bélicas, El guerrero del Antifaz, El capitán Trueno, Pumby, TBO… Ya en la adolescencia ingresé en un grupo teatral que había en mi pueblo (Borbotó, una pedanía de Valencia) y ahí subí por primera vez a un escenario. Hice teatro durante varios años. Con este grupo de amigos aprendí cómo funciona una obra teatral: qué son los actos, las escenas, las bambalinas, los apuntadores, los decorados, las acotaciones… Luego vino la formación académica. Estudié Filología Clásica e Hispánica, así que me empapé de todos los autores griegos, latinos, españoles y latinoamericanos que salían a mi encuentro con verdadera devoción. Leí poesía de Anaximandro, Catulo, Ovidio, Horacio, Virgilio, San Juan de la Cruz, Garcilaso…, pero también leí teatro de Plauto, Terencio, Lope de Vega, Calderón, Shakespeare, Alejandro Casona, Buero Vallejo… Y en cuanto a la prosa, creo que no hay rincón de la historia que no haya husmeado… ¿Por qué digo todo esto? Pues porque para mí la literatura ha sido siempre una especie de cueva de Alí Babá, llena de tesoros. Podría estar hablando horas y horas de todas las joyas que me deslumbraron en mi incesante búsqueda de la emoción. Todo eso está en mí, y creo que explica mi amor por todos los géneros literarios, sin distinción. También queda explicado, supongo, que sigo siendo aquel niño que leía una y otra vez el mismo cuento, y que ese temblor regresa a mi corazón cada vez que inicio un proyecto tanto para público adulto como para niños o adolescentes.

Entre los libros que pronto verán la luz abundan los títulos dirigidos al público juvenil, ¿cuál de ellos es tu preferido y por qué?

Siento especial debilidad por la poesía, sobre todo cuando escribo para los pequeños. Me parece muy divertido jugar con las rimas, la métrica y las metáforas. Saco de dentro de mí al gamberro que llevo en el alma, el personaje optimista y luminoso que me acompaña siempre, y que es una herencia de mi madre. De ella aprendí a tomarme la vida con alegría y buen humor. Me encanta crear personajes divertidos. Un ejemplo de ello, puede ser Historias estrafalarias, veinte relatos breves en verso sobre los tipos más excéntricos que podamos imaginar: un fantasma miedoso, un lobo vegetariano, una sirena que no sabía nadar… Los libros para los niños también te permiten explorar otros campos, como la imaginación. En Lindaluna y el bosque encantado se conjugan la fantasía, el humor y la música en una obra teatral realmente deliciosa. En el libro Cuento contigo para mejorar el mundo, así como en Cómo ser genial con valores y emociones trabajo temas que son necesarios como la ternura, la solidaridad, la empatía, la bondad… Y esto me lleva al punto clave: la literatura infantil y juvenil ha de tener siempre un fondo didáctico o pedagógico, porque los niños son el futuro de la sociedad y es nuestro deber educar y formar ciudadanos buenos. Por lo que respecta a La Cofradía de la Luna Roja y La cripta negra, se trata de dos obras de magia y misterio, para adolescentes. Creo que una novela para gente de diez, doce o catorce años ha de tocar también estos temas. ¿Quién no se ha sentido cautivado por una buena historia de suspense a los catorce años? No olvidemos que hemos de intentar ganar adeptos a la literatura, y que este tipo de libros son los que demanda un lector a esas edades. A la pregunta de cuál es mi preferido de entre todos estos libros, no puedo responder. Todos mis libros son hijos míos y a todos los amo por igual. Al menos, están “elaborados” con el mismo cariño.

Uno de los libros que saldrá
en primavera 

Muchos críticos consideran que Juan Ramón Barat es, sobre todo, un magnífico escritor de narrativa juvenil, ¿crees que es tu fuerte? ¿Te sientes más cómodo en dicho género?  ¿O crees que eres efectivo en todos los géneros?

No estoy demasiado de acuerdo con esa teoría. Lo que ocurre es que mis novelas juveniles cuentan con miles de lectores por el simple hecho de que se leen en cientos de colegios e institutos. En los centros escolares se estudian muy poco la poesía y el teatro. Los profesores no recomiendan la lectura de poemarios o de piezas dramáticas. Lo normal es que prescriban novelas adolescentes. Por esa razón se venden mucho más mis novelas juveniles. La diferencia es abismal. Sin embargo, yo creo que un libro de versos como Poesía para gorriones, o una comedia como Una de indios no tienen nada que envidiar a alguna de mis novelas, pongamos por caso Deja en paz a los muertos. La prueba está en que allá donde van atrapan el corazón tanto de los profesores como de los alumnos.

Hace muy poco has sumado un nuevo galardón a tu lista de premios y reconocimientos, ¿recibes uno nuevo con la misma ilusión del primero o es un sentimiento diferente el que te embarga?

Los premios siempre se reciben con alegría. Son un estímulo y un acicate en la carrera de cualquier escritor. Significa que lo que tú has escrito tiene algún valor literario. Que cinco o seis personas que no te conocen de nada elijan tu obra de entre un montón de aspirantes hace feliz al más frío de los mortales. Más objetividad es imposible. Hasta la fecha todos mis premios han sido otorgados por jurados desconocidos para mí. El día que me dé el galardón un jurado compuesto por amigos míos comenzaré a preocuparme.

Has obtenido  el premio de la  IV edición del Premio Nacional de Poesía Feria de Los Palacios y Villafranca con tu obra Autorretrato en 3D, ¿supongo que este premio posee una gran significación para ti teniendo en cuenta los tiempos que corren?  ¿Cuál es la historia de este poemario? ¿El autorretrato es el tuyo?

Revela que desconoce el secreto 
de su éxito entre los jóvenes

El premio al que te refieres es de ámbito nacional, por lo que concurrían poetas de todo el país. Solamente había que presentar un trabajo poético de entre 30 y 100 versos. Decidí presentar algo de lo que estoy escribiendo últimamente. La poesía es un género muy generoso. Mientras estás enfrascado en una novela o en un libro de relatos, puedes de vez en cuando hacer un alto en el camino y escribir unos versos… Eso es lo que hago. Siempre voy con una pequeña libreta y un bolígrafo en los bolsillos: cuando voy a la compra, cuando salgo a caminar por la huerta, cuando ando arreglando enchufes por la casa… De vez en cuando se me ocurren un par de versos y tengo que apuntarlos, para que no se me olviden. Por esa razón siempre estoy escribiendo versos. Los paso a limpio en un archivo que llamo ‘Todopoesía’ y poco a poco le voy dando forma… El caso es que decidí presentar algo en Los Palacios y Villafranca, como decía. Reuní tres poemas que tenían entre sí un mismo hilo conductor. Los tres hablaban de mí pero desde distintas ópticas. Lo titulé Autorretrato en 3 D. El hecho de presentarme a este certamen, como a veces a otros, más que nada tenía la finalidad de comprobar si lo que estaba escribiendo podía tener algún mérito… Y… ¡zas! Me llaman por teléfono y me dicen que se han presentado 420 obras y que la mía ha resultado la ganadora… Como se comprenderá, no se trata de una alegría económica, pues no es un premio de una gran cuantía, pero sí tiene para mí un gran valor emocional. Los tres poemas presentados en este minipoemario son una breve muestra de cuál es la poesía que estoy escribiendo y que pronto verá la luz en la editorial Renacimiento bajo el título genérico de Si preguntan por mí. Como se ve, por el título, es una especie de autorretrato.

Mantienes una fluida comunicación con tus lectores jóvenes, ellos te escriben para saludarte o para opinar sobre tus libros, ¿por qué crees que tus libros gustan tanto? ¿Cuál es el secreto de tu éxito?

A Barat acompañado de su lectores y su amada guitarra

Visito cientos de centros escolares, tanto de primaria como de secundaria, públicos, concertados y privados. Y no solo de España. Hace un año y medio estuve recorriendo México. La pandemia evitó que viajara a Marruecos. En mis charlas con los alumnos hablo, lógicamente, de mis libros, que son los que ellos leen y trabajan en las aulas. En todas partes percibo la misma agitación y entusiasmo hacia mis historias. Algunos de mis personajes son tan famosos que circulan por las redes. Incluso, hay en marcha un proyecto cinematográfico para llevar a la gran pantalla las aventuras de Daniel Villena, el protagonista de la serie que comienza con Deja en paz a los muertos, cuya quinta entrega sale publicada esta primavera bajo el título de La cripta negra. Hay miles de niños y niñas que se han presentado a un casting para figurar en la película. Algunos alumnos que leen mis libros suelen dejar sus comentarios en el Club Lector de mi página web (www.jrbarat.es) o en cualquiera de las redes sociales en las que participo. Los más osados me escriben directamente un correo o me mandan un wasap. Muchos de ellos sienten inquietudes literarias y me piden consejo. Lógicamente trato de ayudarlos a todos. ¿A qué se debe el éxito de algunos de mis libros? No existe una fórmula mágica. Lo único que debe hacer un escritor de novelas juveniles es estar en contacto con los adolescentes, conocer sus gustos, sus aficiones, su mundo, lo que les interesa… A mí me ha servido mucho ser profesor y tratar con ellos diariamente.

Ama a todos sus libros por igual 

No has renunciado a los encuentros con tus lectores, te mantienes vigente y ahora lo realizas de forma virtual, ¿cómo te manejas en las plataformas? ¿Te resultó difícil al comienzo?

Hasta hace poco, lo normal eran los encuentros de autor en directo, en los centros escolares, cara a cara con los chicos. A mí me gustaba mucho esa fórmula. Poder hablar con ellos, bromear, escuchar sus comentarios en sus propias bocas, ver sus reacciones a mis palabras, cuando les explicaba cómo había inventado una historia, la manera en que me documentaba, de qué forma construía un personaje o una trama… Siempre me gustó interactuar con los jóvenes, de los que he aprendido mucho. Son espontáneos, directos, transgresores… y eso te ayuda a replantearte continuamente tu forma de entender el mundo. Ahora hay que resignarse a las plataformas virtuales, tipo Skype o Meet, pero más vale eso que nada. No es una mala solución. Estoy haciendo videoconferencias con muchos centros de esta manera. Me manejo bien. He habilitado un “rincón literario” en mi casa para este fin. Aislado del resto de la casa, sin ruidos, sin sobresaltos, con una decoración de libros al fondo, buena luz…  Mientras dure el confinamiento, seguiré haciendo encuentros virtuales. Sin problemas.

Siendo, como eres un escritor muy imaginativo y trabajador, ¿ya estás pensando en tus próximas historias?  ¿Es verdad que escribes en sueños?

Siempre estoy pergeñando nuevos proyectos. El día que deje de soñar y tramar historias estaré perdido. Y sí que es verdad que escribo y compongo música mientras sueño. Lo juro. A veces me despierto con un endecasílabo perfecto entre los labios. O con una melodía maravillosa sonando en mi cerebro. Creo que llevo el gen creador en mis huesos. En la mesita de noche, junto a los libros que estoy leyendo, siempre hay una libreta y un bolígrafo. Es habitual que me despierte en mitad de la noche y escriba algo. No hay nada más horrible que no tomar nota de estas extrañas “apariciones” en mitad del sueño porque lo lógico es que por la mañana se te haya olvidado lo que te conmovió hasta las lágrimas. Sí. He dicho bien: hasta las lágrimas. A veces, la belleza de la música que yo imagino mientras duermo me resulta embriagadora. Bueno, creo que debería recordar en este punto que también toco la guitarra y que compongo la música con la que canto mis propios poemas. Cuando me preguntan qué me hubiera gustado ser, de no ser escritor, siempre respondo lo mismo: compositor musical. Por suerte, uno de mis hijos, Ángel, lo ha hecho por mí.

Si desean saber más del autor,
sus obras publicadas
o sus próximos libros
pueden pinchar 
aquí:
https://jrbarat.es/


La ardilla literaria 


domingo, 27 de diciembre de 2020

Miguel Romaguera: «Sin humanidad no hay poesía».

 


Desde muy joven solo quiso ser poeta, esa ilusión le animaba. Por esa razón Miguel Romaguera buscó refugió en sí mismo  y  trabajó en su poesía convencido de que llegaría a convertirse en el poeta que anhelaba ser. Y  lo consiguió.  

Hoy el respetado vate nos sorprende con la publicación de Póetica, un exquisito libro en el que efectúa una  honesta y lúcida reflexión crítica sobre  la esencia de la poesía y las razones de su existencia. En otras palabras, Romaguera intenta responderse (y responder) a las clásicas interrogantes ¿Qué es la poesía y para qué sirve? 

Tu vida fluye sobre el cauce de la poesía, le has dedicado tu tiempo y varios libros, ¿dónde la conociste?  ¿Cómo ha sido tu relación con ella?

Mi primera relación con la poesía se produjo siendo yo muy joven. Por circunstancias que no vienen al caso, mi madre me  incitó  a  la lectura desde niño. Así fue que empecé por familiarizarme con el mundo de los cuentos: Andersen, Grimm. . . Y un poco más  tarde conocí a los dioses y héroes griegos y romanos. Leía mucho  y disfrutaba con pasión de mis lecturas. Durante mi adolescencia ya leía a Platón, Herodoto, Shakespeare, Tolstoi y Balzac entre otros. Pero  con lo que más disfrutaba era con la poesía épica.

Has publicado seis libros de poesía, siendo el primero de ellos Síntesis, que en su tercera edición cambió de título a Semillas, ¿cómo era el poeta de aquel libro?  ¿Qué le animaba a publicar?  ¿Cuál fue la razón que te condujo a escoger otro nombre para tu obra?

Síntesis, su brillante opera prima
Mi primer libro, Síntesis, ha tenido muchas variaciones a lo largo de los años. Lleva dos ediciones y otra online, esta última con el título de Semillas (Síntesis). La razón por la que esta última lleva ese título es la siguiente: soy un buen lector de la poesía de Juan Ramón Jiménez y un día, leyendo uno de sus libros, me di cuenta de que una de sus partes llevaba como título Síntesis. Ya conocemos la afición del poeta de Moguer por la poesía breve. ¿Qué hacer entonces? En principio, lo más normal parecía cambiar el título pero, más recientemente, he decidido mantener el título original. De hecho, para el próximo año he pensado hacer otra reimpresión ya definitiva de ese libro que muchos, sobre todo los más jóvenes, no conocen, un libro que fue publicado por primera vez en 1977. Y lo que animó a publicarlo fue que la editorial me lo pidió porque querían un poeta joven y yo asentí.

El jardín de ida, tu tercer poemario, obtiene el Premio Ciudad de Valencia en 1984, ¿qué recuerdos tienes de ese logro? ¿Cuáles crees que son las ventajas y desventajas de un galardón literario?  En tu caso particular, ¿resultó un aliciente para tu creatividad o no registraste ninguna diferencia?

El Jardín de Ida fue Premio Ciudad de Valencia en 1984. Supuso una inflexión en mi poética y aprendí mucho de la poesía durante la escritura de esa obra. Prácticamente, es casi el único premio al que me he presentado. Además, tardé mucho hasta volver a publicar otro libro ya que me costó mucha reflexión y lecturas escribir otro libro que no desmereciera a ese. Los galardones literarios no hacen al poeta, pero sirven quizá para encauzarlo en su camino con más ilusión.

También publicaste Tierra y  cielo, un libro de reflexiones, ¿qué te motivó a escribirlo?  ¿Eres un tanto filósofo a la hora de observar la vida y sus eventos?  ¿Lo es también el poeta en cierto modo?

Este libro, más quizá que otros, busca indagar en la poesía  como método de conocimiento. Sí, me encanta la filosofía, sobre todo  la clásica, también la moderna. Claro, sobre todo en la filosofía clásica universal hay excelentes muestras de poemas filosóficos de gran envergadura y me siento influido por ellos como pensador y como poeta. Por otra parte, pero vinculado a la pregunta, escribí Tierra y cielo, hace ya muchos años, un conjunto de poemas proyectados a veces hacia una expresión orientalizante. No existe, en realidad, libro como  tal. Todos esos poemas  han ido a completar otros poemarios.

Declaras que tu obra poética se halla gobernada por el verso libre, sin embargo, El amor es su nombre,  es una rara avis  en tu bibliografía, ¿por qué decides escribirla de otra manera? ¿El tema, quizá, lo exigía?

La obra que se alzó con el Premio
Ciudad de Valencia 1984

Ciertamente es un libro atípico en mi trayectoria literaria. Repentinamente, escribí unos cuantos sonetos, inspirados tal vez por el tema. El resto de poemas me costaron mucho de escribir. Y, claro, yo no soy escritor de sonetos pero, paulatinamente, a lo largo del tiempo, uno de ellos hoy, otro al cabo de tres o cuatro meses, fui trabajando hasta que se completó el ciclo. Añadiría que, entretanto, estuve ocupado en la elaboración  de otros escritos.

En el libro Tan ignoto como relampagueante te expresas en prosa poética para dar a conocer tu cosmovisión y tu búsqueda de un lenguaje más expresivo,  ¿de qué está hecho ese tu mundo y cómo lo compatibilizas con el denominado real?  ¿Has conseguido ser más expresivo en tu lenguaje o continúas en su búsqueda?

Este libro también es un poco atípico en mi obra. Sus prosas, que no relatos, pero, aun teniendo componente poético, aunque no tanto comparado con otras prosas poéticas mías, me han servido para intentar desarrollar una escritura distante de mi poesía que, frecuentemente, es muy lírica. De modo que quién sabe si algún día, a partir de prosas como estas, me sentiré llevado a una visión de la realidad cuya cosmovisión sea más amplia que la de la armonía poética y síntesis de la poesía. Eso me haría feliz y me completaría como escritor. Lo real y lo irreal son elementos que tienen una función en  el pensamiento filosófico muy importante desde tiempos antiguos. La especulación sobre estos elementos es el punto de partida de muchos modos de pensamiento. Yo sigo en la búsqueda de la verdad.

Has efectuado un largo recorrido como poeta, ¿has sido siempre consciente de tus etapas y hasta dónde has querido llegar? 

He sido consciente de mis etapas casi a posteriori, es decir, después de un cierto tiempo, cuando he reflexionado sobre ello y de mi intento de hacer una obra que, como un divertimento para mí, fuera lo más fascinante posible, desde el punto de vista de mis distintas fases como ser humano. En cuanto a dónde he querido llegar, debo decir que no tengo demasiadas ambiciones. Mi ilusión, desde muy joven, ha sido la de ser un poeta simplemente, cultivar mi espíritu, vivir la poesía. Y armonizarme con ella. Las cuestiones relativas al éxito literario han sido secundarias para mí, aunque me siento feliz cuando otras personas sienten o piensan que estoy materializando bien mi sueño de ser poeta,  es decir, sentir la vida poéticamente.

Desde el inicio hasta ahora, ¿cuánto cambiaste como poeta y en tu poesía?  ¿Eres el poeta que quisiste ser?

Sí, soy el poeta que he querido ser. En cuanto a mis cambiantes etapas he de decir que no soy una mente que se influye a sí misma. He decidido, antes de seguir una línea uniforme temática y retóricamente, modificar mi visión de la realidad y ofrecer modos de acercamiento a mi literatura que mostrara, desde distintos puntos de vista, mi realidad y completara, a través de otras facetas, mi escritura.

También ejerciste la crítica literaria, ¿solías ser muy exigente con el material que te llegaba o, quizá, preferías buscarle el lado amable, aunque no te gustara?

El poeta no le da mucha importancia
a los premios literarios

Sí, me gusta mucho la crítica literaria pero es, sobre todo, desde hace unos cuantos años, cuando más interés me está suscitando. Tengo escribiendo al menos dos libros críticos, pero seguramente me llevará algún tiempo hasta que pueda completarlos. Entretanto, escribí ya hace años Claros de luz, un poemario muy lírico donde el objetivo era la búsqueda de la belleza en sí misma a través de lo puramente estético en el sentido de la sensibilidad. Imágenes, sugestivas metáforas, predominio del color y, por lo dicho, sujeto en muchas cosas a la poética imaginista. Por otra parte, he decir que he tenido que leer mucho hasta decidir cuáles eran los materiales más afines a mí.

Acabas de publicar Poética, una joya de obra que consiste en un análisis minucioso y exquisito  y,  al mismo tiempo, una  honesta y lúcida reflexión crítica sobre el ser de la poesía. Sin duda, la poesía te seduce no solo como creador sino como un insaciable investigador de  sus orígenes, desarrollo  y manifestaciones, ¿qué demandas internas has satisfecho escribiendo este libro? ¿Cuál fue el compromiso asumido de tu parte?

Podría llevar el título  de ¿Qué  es la poesía y para  qué sirve? Para mí esa pregunta que tanta gente se cuestiona, he querido, al modo  culto, responderla desde el ámbito de mis lecturas de crítica literaria y teoría de la literatura, favoritas, quizá un poco alejadas de la poética materialista.

Hay gran cantidad de poetas jóvenes que comparten sus escritos en las redes sociales y se abren encendidos debates en cuanto a la calidad de sus obras, ¿tienes alguna postura al respecto?

Confiesa ser el poeta en que quería
convertirse

Intento estar al día de lo que se hace, sobre todo en Valencia (España). Es natural querer saber lo más posible en lo relativo a la poesía más joven. Creo que hay mucha diversidad y que las polémicas que se suscitan en las redes sociales son muy interesantes. En cualquier caso, yo sigo las últimas producciones leyéndolos en formato de libro físico. Y me parece que hay elementos muy valiosos en unos poetas que, como siempre ha sido, van a la búsqueda de la novedad y, a veces, de la innovación, como hemos hecho todos.

¿En qué momento alguien se convierte en poeta?  ¿Hay requisitos para serlo? 

En realidad, y sin entrar en la cuestión de si el poeta nace o se hace, creo que hay algo inherente al ser humano que le lleva, desde edades muy tempranas, a elegir paulatinamente lo que desea hacer con su vida. Pues, claro, hay una consciencia más adulta y una especie de revelación íntima que te va definiendo. Obviamente, las sucesivas decisiones de los hombres los van condicionando en un sentido o en otro. El poeta no es un hombre superior a los demás, es quizá diferente por su amor al arte que, por otra parte y en mayor o menor medida, es consustancial a todo el mundo. Es el hecho de que en todo hombre o mujer yace una sensibilidad que lo impele hacia lo bello y eso está en todos, del mismo modo que todos participamos de los sentimientos y pensamientos del conjunto de los hombres. Sin humanidad no hay poesía.

¿Miguel Romaguera se desdobla para ser poeta? ¿Lo separas del ser humano?   

Miguel Romaguera, ciertamente, se desdobla al escribir. Creo, aunque no absolutamente, en la inspiración, aunque la disciplina y el trabajo de corrección y composición también son muy importantes. Pero lo básico y esencial es ese momento en el que entras en  una especie de trance o posesión en el que te dejas llevar por una fuerza que te incita a crear. La creación es un proceso difícil de definir pues intervienen en ella muchos factores tanto intelectuales como sensitivos, pero  las  grandes  obras tienen causas misteriosas en el sentido de estar escritas desde enigmáticas fuentes.

Si desean saber más 
del autor o su obra 
pueden pinchar
los siguientes enlaces:


sábado, 21 de noviembre de 2020

José Vicente Bayarri: «Me gusta pensar aunque no escriba»

La exigencia de sus estudios lo condujeron aislarse y en esa soledad obligada halló compañía en los libros.  Leía sin parar. Sin orientación u consejo. Solo guiado por su intuición adolescente. La poesía enamoró, desde el primer instante, a José Vicente Bayarri, y la incorporó a su ser y a sus expresiones artísticas. Por esa razón no concibe la pintura exenta de un lenguaje poético. Es un creador que expresa lirismo en su labor pictórica, de ida y de vuelta como pintor y poeta, en un diálogo abierto que se nutre y retroalimenta por igual.

Por estos días, el autor se prepara para anunciar la publicación de su libro 56 poemas del amor consumado, la segunda entrega de su trilogía poética que se inició con la obra titulada 32 poemas del amor breve (Olé Libros).

De una u otra forma desde siempre has estado vinculado  a la poesía, y se observa con nitidez en tu labor pictórica y todo lo que la rodea, ¿existe una diferencia sustancial entre el poeta presente en tus pinturas y el que escribe poemas?  

La identidad del poeta pintor y del poeta escritor es la misma, en esencia y en sustancia es la misma pero la imagen que proporciona es absolutamente diferente. Medios de expresión diferentes, metodologías diferentes, resultados diferentes.

Como pintor, poseo una trayectoria larga, la poesía está en mi pintura primero de una manera inconsciente, después de una forma conceptual, y más tarde formando parte de mi poética plástica con absoluta voluntariedad y consciencia, sobre todo en la inversión de planos y objetivos entre lo representado y su representante.

El autor durante la presentación de su primer poemario

Has dicho que conociste a tu ‘familia literal’, entre ellos filósofos y literatos, mientras cursabas el bachillerato, ¿cómo se efectuó ese primer encuentro y qué huella dejaron en tu alma?

Remontándonos a los primeros recuerdos me contemplo como estudiante de aquel Bachillerato de 6 cursos, que iniciábamos a los 10-11años, una formación decimonónica, académica y disciplinada.

Recuerdo que eran estudios de gran exigencia, al menos para mí. Debía aprobar el curso y sacar una media superior a 7 para obtener una beca que nos permitía continuar. Los profesores no te regalaban nada pero, aun sin medios, observaban gran dedicación y entusiasmo en la transmisión de sus materias.

Desde casa, estaba absolutamente concienciado para el sacrificio, ello suponía muchas horas de estudio, reducir las relaciones con los amigos e iniciar una etapa de progresivo aislamiento del entorno.

Soy consciente que en otros compañeros de clase la situación era diferente y sin embargo eran tan o más brillantes que yo en los estudios.

El aislamiento que en principio fue un imperativo del estudio, más tarde se convirtió en una actitud vocacional. En los libros encontré mentes privilegiadas que tenían algo que decir, sus palabras y pensamientos eran el escaparate a través del cual no sólo veía el mundo sino que hacía, experimentaba mundo, viajaba en el espacio y en el tiempo, pensaba, leía, leía, leía. El mundo estaba en los libros y disfrutaba pensando en la grandeza de aquellas mentes que me dejaban lo mejor de su vida en papel impreso.

No disponía de un gran criterio selectivo de lecturas, pero sí sé que me entusiasmaba casi todo. Me impresionó sobremanera cuando Ulises le responde a Polifemo que se llamaba “Nadie”. En el suceso encontré marcado para siempre y para la historia una de las raíces de lo que yo denomino el nihilismo ontológico. Cuando lo recuerdo hoy, aún me emociona y, cuando lo descontextualizo, me pregunto ¿de qué forma ha marcado mi existencia?

Creo que a los 13-14 años comencé a escribir poesía. Mala, mala, mala, posteriormente mejoró un poquito y en 6º de Bachillerato gané el primer premio de poesía del Instituto Benlliure. Algunos compañeros empezaron a llamarme “el poeta de la clase” pero esto no siempre me sonaba bien.

Su primer libro pictórico con aroma poético 

En 2003, por vez primera,  publicas  un libro acompañado de poemas titulado Caras y más-caras de Laura, ¿qué te animó a expresarte también a través de poemas? ¿Era la aparición casi formal del poeta?

Tengo que indicar primero que en la década de los 80, con dos licenciaturas en B.B.A.A. (Bellas Artes) unas oposiciones ganadas como profesor de Dibujo en Institutos de Bachillerato y conseguidos algunos primeros premios en certámenes y bienales de Pintura a nivel Nacional, es la década en la que tomo decisiones determinantes en mi trayectoria como pintor. El trabajo me llevó a estudiar y replantearme la historia de la pintura y su relación con el lenguaje plástico, los istmos de las vanguardias históricas y el alcance de sus propuestas, estudiar su lenguaje en profundidad y sus manifiestos y, cuando en la década de los 90 abrumado por la dispersión de propuestas vuelvo sobre mi individualidad, repliego mi ego, y me digo “basta ya”. A partir de entonces empieza a surgir la poesía en la pintura y como pintura, y la pintura empiezo a ser “yo”, y tomo conciencia de ese hecho.

En mi catálogo de pintura de la exposición “Flores de la Modernidad nostálgica” aparecen 10 poemas conceptuales, Poemas-manifiesto. 1998.

En 1999, en el catálogo de la exposición “Flores de perfil esquivo” aparece bajo del título “pinturas y palabras” Los 10 poemas no son tan conceptuales como los del catálogo anterior y, aunque acompañen a las pinturas, tienen un grado mayor de autonomía estética y de dicción.

En 2003, aparece mi primer libro de pintura Caras y más-caras de  Laura. Mis pinturas en la bisagra de la Modernidad/Posmodernidad. Versa sobre tres momentos de mi pintura, posee unas colaboraciones teóricas por parte del Catedrático de Estética y posterior presidente de la Real Academia de B.B.A.A. de san Carlos D. Román de la Calle, así como del pintor D. Joaquín Michavila y 17 poemas propios de un capitulo denominado Sueños. Fue presentado en la Galería de Arte CC22 “Claudio Coello 22” de Madrid, pero no supuso la aparición formal de ningún poeta. Creo.

Tres años después aparece  el libro 20 pinturas de amor y una flor desesperada con poemas de Pablo Neruda y tres de tu autoría, ¿buscaste inspiración en el vate chileno para pintar y escribir  o fue al revés?

Aquí el original de uno de sus poemas

El 2004 fue el centenario del nacimiento de Pablo Neruda. Un domingo, estaba en Granada y, en el kiosco, el periódico El País iniciaba una colección de literatura con Los 20 Poemas de amor y una canción desesperada.

A la sazón, yo estaba pintando y pensando en ¿qué sucedía con la individualidad cuando se tropezaba con el amor? ¿Qué pasa a partir de ese momento con las dos individualidades que se aman?

El poemario de Pablo  Neruda entraba de lleno en esa misma temática y, además, poseía el mar de fondo, de ahí decidí acompañar sus poemas con mis pinturas.

Los tres poemas míos incluidos son de corte Nerudiano, muy afectados por su influencia.

Hay dos cosas a destacar, por primera vez este poemario, uno de los más famosos del mundo, lleva una obra pictórica desarrollada alrededor de su temática  (no son ilustraciones), y el libro con una edición única de mil ejemplares numerados y firmados a mano por el autor se plantea como si fuera un objeto artístico.

En 2018 publicas  32 poemas del amor breve (Olé Libros), poemario que abre tu trilogía, ¿el número de poemas posee algún significado? ¿Tu tema favorito es el amor para escribir poesía?

Sí, el tres es el de la trilogía, y el dos son los dos libros que faltan para completarla. El uno, no está porque supuestamente seria el libro publicado.

El amor en la historia de la poesía no es un monotema, abarca también su contrario, el desamor, y es enamoramiento. Y el amor muchas veces no es amor, es deseo, es pasión, es querer, es compañía, es soledad, es ausencia, es un péndulo oscilante, es una actitud, es un tiempo, etc.

El amor así, en toda su amplitud, es el tema en el que estoy inmerso.

Al amor se llega de rebote, en el origen está el tema de la identidad, de la conciencia de que existes, pero esa existencia está sometida al paso del tiempo, existencia entre pautas y sobre las pautas. Luego a la identidad le sobreviene un arrebato, el enamoramiento, el “no ser sin el otro”, la autonegación como identidad porque tu alma no está en ti, está poseída.

Pero estamos viviendo la Modernidad en la Posmodernidad, todas las cosas presentan fecha de caducidad en el envase, los intereses mutan velozmente. ¿Qué es la fugacidad del color sino una ausencia de lustre de los valores?

Estamos atrapados en una encrucijada, en un laberinto del que no tenemos muy claro cómo salir. Solo cuando el pensamiento tiene una visión panorámica y cenital empieza a sopesar realmente su situación porque sabe determinar con coordenadas el lugar donde se encuentra cultural y socialmente.

El enamoramiento es un cataclismo, un maravilloso y necesario cataclismo y el enamoramiento llevado al unísono entre dos personas es el paraíso, lo más próximo al paraíso. Y de vez en cuando se alcanza, se toca la utopía.

En breve saldrá a la luz la segunda entrega de tu trilogía, ¿qué vamos a hallar en el libro?  ¿Es cierto  que esta saga abarca las fases del amor? ¿Esta, quizá, sea la del apogeo amoroso?

El poeta valenciano dando detalles sobre su libro 

Sí, la vida amorosa, incluso en su desvivirse es, ante todo, vida.  Y la vida, la existencia, se desenvuelve con multitud de facetas que son arrastradas a las fases amorosas, esos aspectos, aun en segundo plano, operan sobre la vida amorosa, forman parte de su maleta, y crean vicisitudes, cuando no, confrontaciones y disparidades.

Tal es el tránsito hacia el apogeo amoroso, para mí no es llegar a la cumbre, sino transitar en la cumbre, discurrir en ella, consumarse, consumirse en la cúspide o, al menos en el altiplano. Por ahí andarían los poemas de la segunda entrega.

Hace muy poco declaraste que “El paso del tiempo, como factor determinante, va marcando las pautas”, ¿de qué manera lo has vivido en tu labor artística y literaria?

El paso del tiempo es el que nos hace superar la infancia, el que nos lleva a la pubertad, el que nos hace alcanzar la madurez y el que, irremediablemente, nos arrastra al declive.

En la historia del arte, para mí, existe una obra que expresa de forma magistral el paso del tiempo, lo que sucede es que no lo hace de forma explícita, es el tema de Las tres Gracias. Tema desarrollado por bastantes pintores y escultores.

Concebir los tres libros de poemas sobre el amor como una trilogía es como una especie de homenaje al “paso del tiempo” contenido en Las tres Gracias.

Manifiestas que ahora las pinturas acompañan a los poemas, ¿cómo se dio este cambio de papeles? ¿Fue algo que ocurrió espontáneamente o hubo una decisión expresa?

“Los poemas ocurren cuando ocurren y se escriben cuando se dejan" como decía el poeta José Hierro, pero una vez escritos, corregidos, sentados, etc. el autor decide orden y clasificación.

Cuando los poemarios estuvieron hechos, elegí unas pinturas para que acompañaran a los poemas, quería hacer presente la estética de la pintura con la poesía, razón por la cual se incluyen ojos en la parte superior de cada poema con caracteres de imprenta y se acompaña con el poema manuscrito. Es decir, pensar el libro como pequeña obra de arte,

Sin embargo yo no hablaría de cambio de papeles sino que la faceta de escritor del pintor va ganando peso y autonomía. Si desde hace más de 30 años mi  pintura tiene deudas con la poesía, el crecimiento de aquella está también mediatizado por aquella. Pintura y poesía discurren en paralelo, con conexiones pero con expresiones y decires autónomos.

Convertiste el lenguaje plástico pictórico también en poético, ¿cómo lo logras? Y, ¿qué haces para que el otro, el lector, lo perciba?

Bayarri afirma que estamos en una 
encrucijada en este instante

Cuando se habla de poética en pintura nos estamos refiriendo a la actitud, al posicionamiento del pintor respecto a su propio quehacer.

Para mí, es impensable pintura sin poética. Incluso en el todo vale, todo no vale. En poesía me pasa lo mismo, todo no me vale.

El lector de una pintura no tiene por qué ser el mismo que el lector de un poema. Su lectura no acciona los mismos mecanismos perceptivos, en algunos casos pueden complementarse. Pueden tener buen maridaje como la danza y la música pero la calidad va por separado. 

Sé que te aferras a un  principio que denominas ‘ecología del pensamiento’, ¿en qué consiste? ¿Cómo llegaste a él? ¿De qué manera se halla en tu trabajo poético?

En estos tiempos la ecología debe presidir toda acción humana y a nivel planetario, de nada nos sirve reciclar  mil toneladas de basura y ensuciar el planeta con cien mil toneladas de contaminantes o arrasar las zonas verdes del planeta.

La intoxicación llega a las noticias a los mass media, no podemos poner parches, nuestro pensamiento tiene que ser global, tiene que operar en una dirección y no en su contra.

Es imposible sobrevivir a la implosión a la que está sometido el ser humano si no es capaz de abstraerse y situarse en un plano superior que le dé la perspectiva adecuada de lo que le sucede, de lo contrario está a merced de multitud de mininoticias y relatos que lo marean, lo tergiversan y lo rebasan.

Se llega a la ecología del pensamiento cuando uno toma conciencia de los múltiples planos en los que está siendo acosado. Los filósofos actuales diagnostican pero no resuelven.

La ecología del pensamiento es lo que me permite poseer una visión personal del mundo y de la existencia, colectiva e individual. Es lo que me permite moverme en la axiología de una ética razonable, y de ello se benefician indirectamente y, en pequeños detalles, mis actividades plásticas y escritas.

Primero fue, como ya hemos visto, la poesía en tus pinturas, pero ¿cómo crees que se percibe y siente tus poemas de forma individual, al margen de sus compañeras?

No lo sé, es pronto para saberlo, cuando la trilogía esté publicada, quizás tenga alguna referencia más valiosa.

No tengo objetivos ambiciosos, me gustaría que mi poesía alcanzara a alguien y me dijera que el libro ha estado algún tiempo en su mesilla de noche o que determinados versos los ha leído más de una vez. Quizá eso ya sea muy ambicioso. Solo las personas que leen pueden ser influenciables. Mis pinturas y mis poemas no tratan de crear más problemas, ya tenemos suficientes.

¿Es posible aislar al poeta del pintor?

Bayarri afirma que es imposible la pintura
sin poética 

Yo pienso que sí puedo aislarlos. Los demás, difícilmente, so pena de solapar a uno  o al otro. Por otra parte es un absurdo tratar de conocer a alguien en su totalidad.

¿Suele hacer José Vicente Bayarri autocrítica de sus poemas?

Por supuesto, la crítica tiene que formar parte del proceso de elaboración, y cuando se vuelve a leer un poema, pasados unos días, debes acudir con un cedazo más fino. No me gusta la brutalidad. En ninguno de sus órdenes.

¿A qué dedica su tiempo José Vicente Bayarri cuando no está en su taller de pintura o escribiendo?

Me gustaría decir que a mi casa y a mi familia en primer lugar, pero ahí soy muy deficiente.

Me gusta dibujar con carboncillo y con grafito, cosas pequeñas.

Me gusta leer a poetas que me tocan las emociones y me gusta expresárselo. Con algunos/as tengo conexión directa y llegan a ser mis amigos como Magda Villa, Greta Solís, Mar Bravo, Teresa Espasa, Blanca Villanueva, Blas Muñoz, etc. Otros también lo son, pero no saben que existo como Rafael Soler, Julio Llamazares, Dulce María Loynaz, etc. Son como mi segunda familia.

Me gusta el ajedrez, escuchar música, la de Montserrat Caballé, María  Callas, Lucía Pop, Luciano Pavarotti, Alfredo Kraus y más.

Me gusta estudiar chino y hacer caligrafía china, y viajar a China, y no entenderles, y observar cómo se esfuerzan por entenderme.

Y me gusta pasear solo, y pensar, me gusta pensar aunque no escriba.

Y me gusta pensar que pienso porque tengo manos.


Si desean saber más del poeta y artista plástico
pueden pinchar 
los siguientes enlaces:
https://www.facebook.com/jose.v.bayarri
https://olelibros.com/autores/artistas-plasticos,coleccion-imaginal,poesia/vicente-bayarry-de-la-paz/