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miércoles, 17 de junio de 2020

Antonio Arbeloa: «Escribo para no enfermar»


Antonio Arbeloa posee una mente inquieta. En constante creación. Las historias se le presentan y sucumbe a ellas sin remedio. Y esta pasada época de cuarentena le ha resultado prolífica, pues ya tiene entre manos una rica producción literaria. Unas ya se encuentran listas para publicar, y otras  tantas que, en breve, pondrá punto final.
El también dramaturgo, actor y conductor de Quadern en blanc (Teve4) hoy charla conmigo de su libro Después vino la vida (1968 Ediciones), novela con la que cierra su trilogía sobre la pasión y la condición humana. 

Los secretos, son veneno, que tarde o temprano, hay que expulsar de alguna manera, como en el caso de tu protagonista que lo realiza a través de un escrito, ¿crees que de ese modo renunciaba a seguir siendo cómplice o se limpiaba un poco de la culpa?

Quizá más lo primero. Para el protagonista, este supuesto escrito de la historia, este diario del diario de su padre, no es sino la manera de ahuyentar sus miedos, sus fantasmas. Ha estado callado toda su vida, viviendo sus vicios en secreto y cargando con un juramento de silencio sobre lo poco que vio cuando era niño. Al enfrentarse al cadáver asesinado de su progenitor entra en un largo monólogo interior para descubrir toda la historia a saltos temporales al lector. Una historia que a él se le revela completa con el propio Diario y las guías de viaje anotadas. Se libera pues de esa carga, aunque su cobardía es tal, que como él mismo dice al final, romperá todo lo escrito para que no quede expuesta tanta miseria al escarnio de la sociedad. Aunque ya es tarde. El lector ya la conoce.

El protagonista  refiere que, en el preciso instante en que acepta guardarle el secreto a su padre, pierde la inocencia. No es raro que muchos padres involucren a sus hijos en sus infidelidades, a costa de su salud emocional, ¿qué conduce a un padre a correr ese riesgo?


Es cierto. Cuando revelamos un secreto a un menor que convive con nosotros, o este lo descubre por sí mismo, y le exigimos silencio, le ponemos en una tesitura que una personalidad aún no formada del todo no puede asimilar fácilmente. Mi protagonista se ve tan afectado, que al conocer a los doce años la extraña relación de su padre con la funcionaria de los objetos perdidos, decide por sí mismo adelantar su madurez. Esa noche resuelve afeitarse por primera vez la pelusilla de su bigote incipiente. En el caso de mi novela, lo que conduce a su padre a exigirle el juramento de silencio, es su desesperado amor por una mujer casi imposible para él. Está ciego, y no calcula el daño que puede hacer a su hijo.

La hijas de este padre adúltero, cuando mayores, le dan la espalda y rompen su relación con él, sin embargo, su hijo varón continúa viéndole, aunque este le ignore, ¿por qué este hombre no alberga odio como sus hermanas? ¿Qué le impulsa a frecuentarlo luego de haber atentado contra su familia y abandonado a sus vástagos?

Creo que el ansia de saber. Precisamente saber por qué su padre les abandona y les da la espalda. Por qué su madre se ha suicidado. Él le visita porque carece de información, una información que tendrá completa solo tras la última cita, el asesinato de su padre, y el extraño legado del diario y las guías. A diferencia de sus hermanas, él canaliza su odio también por una enfermiza admiración, una envidia incluso, por lo emocionante que le parece la vida de su padre en comparación con la suya.

Otro aspecto inexplicable de la psicología de tu protagonista es la admiración que le profesa a su progenitor, al extremo de comparar su vida con la de él, y concluir que la suya fue más emocionante por atreverse a amar y vivir. Es sin duda, un hombre dañado, teniendo en cuenta que es una víctima del egoísmo de su padre, ¿no te parece?

Por supuesto, el daño que su padre le causa es de una magnitud incalculable. Una noche, con unos amigos y medio en broma, uno de ellos me dijo que cuando la vida de tu padre es más emocionante que la tuya, te sientes un fracasado, y esa frase se me quedó grabada, hasta el punto que la anoté, y tras leerla varias veces pensé que tenía que escribir una novela con semejante inicio. La novela puede definirse como el estudio comparado de dos vidas. La del padre es una historia de egoísmo, la del hijo de sumisión a los convencionalismos y del miedo al qué dirán.

Por su parte, el padre apostó todo por una mujer que no le correspondió, que admitió su compañía por vanidad, con la que solo se acostó una vez,  y a la que dejó de ver abruptamente por decisión de terceros, ¿qué hace que un hombre enloquezca por una mujer a sabiendas que jamás va a ser suya?

La segunda entrega 
La pasión. No hay otra explicación. Ciertas personas aman lo que les apasiona. O confunden esa pasión con el auténtico amor. Muchos lectores y lectoras, sobre todo lectoras, me han comentado que si ese hombre hubiese conseguido a esa funcionaria de los objetos perdidos y se hubieran convertido en marido y mujer, no hubiesen tardado en separarse. Creo que lo que le enloquece de ella es que no sea suya. Que sea alguien a quien perseguir por media Europa para compartir no más el tiempo de un café y una breve charla. De hecho, el destino no quiere que hagan el amor más que una vez, y que ese momento coincida con el del drama familiar que desencadenará su separación casi definitiva hasta el momento de sus muertes.

El protagonista de tu novela denomina a su esposa 'el amor de su vida', sin embargo se masturba pensando en una amiga en común y mantiene relaciones sexuales con una prostituta fija, ¿es el retrato del hombre de mediana edad, resultado de la educación del siglo pasado, o dicha conducta  persiste y es muy actual en el grueso de los varones en estos tiempos?
No sé si persiste. Yo creo que para el protagonista Margarita es su esposa, es la verdadera mujer de su vida. Es su esposa, la compañera de sus días, y la que le hace vivir cómodamente de cara a la sociedad en su monotonía. Pero precisamente la envidiosa admiración por la vida de su padre, capaz de dejarlo todo por una pasión incomprensible para él, es lo que le hace buscar sus válvulas de escape. Pero creo que hasta eso le sale mal. Convierte a la mujer de un amigo en la imagen de sus masturbaciones recalcitrantes, y sus visitas al burdel en una más que extraña relación de dependencia y miedo con una mujer mayor que él. Pero no creo que se trate de una cuestión de varones. Todo el mundo, hombres y mujeres, liberan sus mentes en la intimidad. La mente es libre. Todo el mundo puede hacer algo pensando en otra cosa. Y en el sexo más todavía. Yo en eso no critico al protagonista. Quizá sí en lo de la prostitución, pero bueno, bien que lo paga el pobre, porque hasta eso no le sale como él quería.

Es duro admitir que la vida, a decir de tu protagonista, no sea con la que se sueña, pero, más aún, que por pereza no realices el menor intento por tornarla diferente. Entonces, hay gente que es infeliz a propósito, ¿coincides conmigo, Antonio?

Por supuesto. Todos lo somos en mayor o menor medida. La educación, la religión, el miedo a perder la estabilidad, los hijos, el temor reverencial a los padres y a la sociedad, nos hacen mantenernos muchas veces en situaciones que somos incapaces de romper. Un matrimonio o una relación acabada, un trabajo que no nos gusta, un círculo social que no es el nuestro, etc. No sé si a propósito, pero sí debido a los factores que te he comentado.

El autor durante la presentación de su novela
¿Qué motivaciones te condujeron a escribir esta tu tercera novela? ¿Hay poco, mucho o nada de tus vivencias personales en la historia?

Después vino la vida es una crónica del Castellón de los años sesenta hasta nuestros días. Están las calles y los sitios en los que me crié. Obviamente hay vivencias personales que se plasman en la novela. Pero afortunadamente el grueso argumental de la misma nada tiene que ver ni con mi vida ni con la de mi padre. Algunas anécdotas y costumbres sí que son personales. Uno escribe con lo que ha vivido a cuestas. Eso sirve para hacer también más real la historia. Si no, escribes de oído, y eso se nota.
En cuanto a las motivaciones, bueno, con Después vino la vida cierro un ciclo de tres novelas sobre la pasión y la condición humana, tras El amor a deshora y Los alrededores del olvido. Es un especie de trilogía sin serlo de novelas independientes y reflexivas. Noto cierto cambio para lo próximo. Necesito salir de las mentes de mis personajes y centrarme en las acciones. Pero en general, más que escribir por motivación, lo hago por necesidad. Necesito sacar de mí un montón de historias que asaltan mi cerebro. Siempre es igual. Escribo para no enfermar. Te diré que solo en estos días de aislamiento por el dichoso virus he acabado de pulir una obra de teatro, he escrito el borrador de otra, he arrancado mi siguiente novela y he diseñado el guión de un corto. Creo que en general esta soledad va a dar muchos frutos.

¿La fotografía de la portada tiene que ver contigo? Para tu protagonista es muy importante, viaja de continuo a ese momento a lo largo de su narración. Y siempre va hallando nuevos detalles en esa imagen.
Cuando murió mi padre saqué de una antigua caja de Colacao esa foto y la colgué de la puerta de mi nevera. Carlos Tosca, mi editor, (Ediciones1968), tenía previstas dos portadas posibles. Yo dejé que me las enseñara y solo después le mostré la foto. Al momento me dijo que nada superaría esa imagen de la que tanto se habla en la novela y que él no sabía que existía. Obviamente al tratarse de una fotografía personal de 1969, (somos mi padre y yo en realidad), mucha gente puede pensar al leer la novela que se trata de una autobiografía, pero no es así como ya te he explicado.
En cuanto a la foto como recurso literario, me encanta ese permanente viaje a esa imagen, que hace que el lector abandone el texto para revisarla cada vez que el protagonista se refiere a ella. Creo que es una portada espectacular. Para el protagonista es importante porque durante muchos años es lo único que conserva de un padre que, en el momento de ser tomada esa fotografía, aún lo era en el pleno sentido de la palabra.

¿En qué circunstancias es posible pronunciar ‘después vino la vida', Antonio.
En realidad siempre que logramos salir de lo artificioso de nuestra existencia. Quién es feliz lo hace cada vez que llega a casa y puede besar a sus seres queridos. También vendrá la vida después de esta pandemia, cuando podamos despedir a los que se fueron como lo merecen, y espero que por entonces hayamos aprendido a vivir más despacio y más cercanos los unos de los otros. La novela acaba con un te quiero. Cuando esas dos palabras son sinceras, después viene la vida.

Si quieren saber más del autor o su obra 
pueden pinchar 
los siguiente enlaces:




 

miércoles, 3 de junio de 2020

'Círculo trivial', el libro de Vicente García Valero





Ayudar desde el futuro



En el interior de una montaña artificial un par de científicos se ponen a divagar sobre la vida y costumbres de la gente del pasado. Hablan sobre una civilización que se erigía en los terrenos que ahora ocupan, y que alrededor del siglo XXI padecía su peor crisis económica y de valores. Según sus investigaciones aquellos seres padecían grandes males emocionales y psíquicos. Demasiadas carencias por cubrir, lo que les tornaba autodestructivos y letales para los demás.  Sufrían por lo que aspiraban ser y no eran. Se deprimían con facilidad. Y les estresaba la realidad externa, afrontar sus relaciones con los otros, su poder adquisitivo y los devaneos en la política. Por donde se mirará compleja, competitiva y voraz. Alguien se quedaba con el trozo de alguien en la boca en dicha interacción. Sin variar. Los científicos a través de su compleja tecnología son capaces de recuperar esa vida que se fue. Poseen un gran archivo dónde espectar a voluntad  la existencia 'vivida'.  Se han sentido comprometidos a ayudar. Aunque no sean muy emocionales, empatizan con el dolor. Una arcaica huella de su primitiva humanidad. A velocidad pasan por sus circulares ojos la historia vital de sus ancestros. No efectúan pausas innecesarias. Tampoco muestran preferencias. La búsqueda se da un poco al azar. Al parpadeo. Son millones. Su atención ha detectado 12 vivencias que pueden servir para satisfacer esa necesidad de ponerse en el lugar del otro y de ayudarle a sanar, aunque con un retraso de miles de años luz, pero en  su mismo presente (pasado). 

Esta es la recreación de la propuesta de la novela Círculo trivial, cuyo autor es Vicente García Valero, un maestro jubilado en Pedagogía terapéutica, audición y lenguaje,  quien en los últimos años se ha dedicado a trabajar con niños con trastorno del espectro autista (TEA)

Apóyalo a publicar su obra. Pincha aquí:




miércoles, 20 de mayo de 2020

Sandra Díaz: «Hay cosas que solo puede explicar el destino»







Sandra Díaz es médica. También escritora. Pero sobre todo artista. Empezó trazando dibujos en la más absoluta intimidad. Luego vinieron las historias que creyó no importarían a nadie. Más tarde por otras razones, que mantiene en reserva, escogió la medicina.  Y su especialidad en cirugía mamaria es un compromiso con Laura, su amiga que falleció víctima del cáncer, y las pacientes oncológicas.


Miremos en retrospectiva ¿qué fue primero tu amor por la escritura o la medicina? ¿O quizá nacieron en paralelo?

Primero, sin duda, mi amor por el arte. He escrito y dibujado desde que me alcanza la memoria. Recuerdo que mi vocación de médico surgió en un momento dado, como de la nada, de una forma inesperada. En aquel instante, tal vez, podría haber decidido ser periodista. Pero algo inexplicable por aquel entonces me llevó a escoger la Medicina. Años más tarde, creando Nadie dijo desde dónde, me daría cuenta de que hay cosas que solo puede explicar el destino.

Su opera prima: Nadie dijo desde dónde 
Posees escritos guardados en un cajón, sin embargo las que has publicado,  no formaron parte de esos, ¿por qué no les diste una oportunidad de salir a la luz?

Porque la locura de publicar comenzó con Nadie dijo desde dónde. Antes, ni siquiera pensé que lo que yo escribía podía tener trascendencia. Cuando fui consciente de las fronteras que traspasó mi primer libro fue cuando empecé a creer que, quizá, tenía muchas cosas que decir y, lo más impresionante, que había mucha gente que las quería escuchar.

Tu primer libro Nadie dijo desde dónde es una historia  autobiográfica, que escribiste tras vivir la experiencia del cáncer de tu amiga. Lo hiciste para ella, pero también para el resto de mujeres que padecen esta enfermedad y sus familias. ¿Es complicado escribir desde el dolor, de inmediato, o dejaste que pasara un tiempo para tocar el tema?

Mientras Laura vivía le escribí cartas muy frecuentemente. Hasta llegué a escribirle un libro a mano del que no guardo ninguna copia —se lo entregué a ella y ahora lo guarda su madre— que titulé “Retales de un año imperfecto”, cuando hizo un año de su diagnóstico inicial. Cuando murió, intenté contar nuestra historia de mil maneras diferentes pero en todas tropezaba con una inmensa pared blanca y me bloqueaba. Pasaron seis años hasta que, de repente, un día, empecé a dibujar —hacía años que no lo hacía— una especie de fotogramas que parecían contar nuestra vida. Me gustaron. Me hicieron sentir cómoda. Después me di cuenta de dos cosas: una, que como la historia ya estaba escrita solo tenía que contarla lo mejor que supiese y, dos, que todo había empezado dibujando porque una experta ilustradora, sita en una dimensión que yo no alcanzaba a ver pero sí a sentir, había guiado mis manos para que así fuera.

Nadie dijo desde dónde está concebido para romper los prejuicios respecto al cáncer, pues muchas no sabemos cómo tratar a quien lo padece ni de qué manera ordenar la vida familiar a partir de ese suceso, ¿no es así, Sandra?

Sí. De hecho, este libro está concebido para acompañar a los que acompañan. En este proceso es tan importante el enfermo como las personas que tiene (realmente) a su alrededor. El cáncer, como antiguos estigmas del pasado, no es más que otra condición que la vida nos pone delante y a la que hay que mirar de frente. Y, es más, me atrevería a decir que nos sirve en bandeja un gran aprendizaje que podemos considerar en su parte positiva.

Durante una de las presentaciones de su libro
Laura cambió tu vida en muchos sentidos, no solo porque te inspiró a escribir este libro sino también en cuanto a la elección de tu especialidad, porque eres cirujana mamaria, ¿qué te condujo realmente a decidirte? ¿Qué idea se apoderó de ti?  

Desde que supe el diagnóstico de Laura quise saber más sobre su enfermedad, el cáncer de mama. Me informé sobre qué especialidad médica se dedicaba a su diagnóstico y tratamiento, busqué el hospital que mejor podía satisfacer mis necesidades como futura especialista e hice la residencia allí. Le prometí a mi amiga muchas veces que dedicaría mi vida profesional a acompañar a pacientes con su misma enfermedad.

 ¿Ese ‘dónde’  del título qué lugar exacto es?

Ese “dónde” hace referencia, en mi caso, a la Tierra, el lugar en el que he habitado siempre y, gracias a Laura, se convirtió en un lugar mejor y, en el caso de ella, se refiere a un lugar especial que solo puedo describirte si cierro los ojos. Se trata de un sitio que ella, antes de partir, me definió como “un lugar infinitamente mejor al que conocemos”, donde cada noche, en sueños, nos volvemos a encontrar. Dejaría de ser mágico si pudiese situarlo en un mapa.

Luego publicaste Cayetana y el guardián de las estrellas, un libro dirigido al público infantil con la finalidad de ayudar a los niños a afrontar la muerte. ¿En el fondo seguimos sin aceptar ese proceso y se lo queremos transmitir a nuestros hijos? Lo peor es que la vemos con violencia en la tele, sin embargo la negamos en la realidad.

Lo que Sandra es y hace
La muerte es un proceso que no se acepta nunca. Solo pasa el tiempo y aprendes a vivir con esa circunstancia que un día te trajo la vida. Tanto con mi primer libro como con el segundo, he pretendido dejar ver que cada cosa que nos pasa se convierte en esencial si aprendemos de ella. Yo he aprendido mucho de la enfermedad y de la muerte y así he querido transmitirlo a quien quiera leerme. Dirigirme a los niños, en especial a mi hija Cayetana, responde a una necesidad y a ser consciente de que cuanto antes integre algo tan inherente a la vida como es la muerte, más fácil será toparse con ella en el camino cuando quiera aparecer.

Eres también diseñadora de carteles, portadas de libros y revistas para terceros, pero desde el anonimato, ¿por qué te negabas a mostrar tu identidad?

Como he dicho, nunca pensé —antes de Nadie dijo desde dónde— que lo que yo era capaz de crear podía tener trascendencia. Así que, simplemente, me dejaba llevar por los trabajos como algo natural, algo que disfrutaba muchísimo, pero no los reivindicaba.

Su participación en una mesa de autores 
Tengo entendido que, en estos momentos, te encuentras preparando tu primera novela que será de naturaleza gráfica, ¿qué nos puedes adelantar al respecto?

Sí, estoy preparando mi próxima novela. Es un proyecto al que estoy dando forma desde hace ahora un año, aunque llevaba mucho más tiempo con él en la cabeza. Cuento la historia de cinco mujeres con vidas separadas y un denominador común, que las entrelazará sin ellas saberlo. Hace relativamente poco, además, decidí ilustrarla para que la potencia de las imágenes fuese vector de transmisión de todos los sentimientos que se cuecen en sus páginas. Son historias reales, de mujeres reales, que merecen que alguien les dé voz.

Has manifestado que se dejan huellas solo cuando se pisa fuerte, ¿las estás dejando, Sandra?

Ésta es una pregunta que, quizá, no debería contestar yo sino las personas por las que han pasado mis obras. Pero lo cierto es que haber dado el paso de publicarlas me hace sentir muy satisfecha. Conmigo misma y con el compromiso que he adquirido, porque he querido, con el resto del mundo: dejarles un ratito mis ojos, por si quieren asomarse.

Si quieres saber más de la autora y sus creaciones
puedes pinchar aquí:
https://www.sandradiazsierra.com/




 


miércoles, 22 de abril de 2020

Amparo Santana: «A mí me preocupa dejar huella mientras esté viva»



Ella no se hace problemas con la inspiración. Se mantiene dispuesta y los poemas surgen. Aunque haya demorado en publicar, nada tiene que ver en esto, su enorme capacidad para entregarse a la tarea de manifestar emociones que le son propias o que son fruto de esa mirada sensible que traduce el sentimiento ajeno.
Hoy la poeta vuelve con La mirada deshabitada (La Bella Araña Editorial, 2019), un poemario donde deja clara su postura como poeta y reafirma con contundencia su poética.

Seis años después de alzarte con el Premio Gerardo Diego por tu obra Línea Helicoidal, que se constituyó en tu primera publicación, retornas con un nuevo poemario, de título La mirada deshabitada, ¿sobre qué temas o sentimientos has querido reflexionar y hacerlos tuyos?

A priori no quería reflexionar en algo muy concreto y entonces me fueron saliendo esos poemas de dolor y yo no sabía que estaban ahí. Bueno, todos no son de dolor y alguno es una exageración pretendiendo dar una visión dramática como ocurre en “El dolor es insaciable”. Pero me iban saliendo así a medida que escribía.
De todas maneras una cosa que me pasa mucho es sentir la angustia existencial, el vacío que crea la mirada deshabitada. También están los recuerdos no siempre bien hallados, la huida, los muertos.
Pero quisiera añadir que no necesariamente el poeta expresa lo que ha vivido, también somos los libros que hemos leído, las películas que hemos visto, las personas que hemos conocido y en ese sentido lo expresado en el poemario viene de muchos sitios.

Has declarado que La mirada deshabitada te demandó escribir a herida abierta, ¿es recomendable hacerlo cuando la emoción se halla desbordada o es preferible aguardar a que sea recuerdo y no afecte tanto?

Poemario con el que ganó el Premio
Gerardo Diego en 2014
Lo de escribir a herida abierta o cerrada no lo sé e ignoro lo que es mejor. Seguramente la respuesta es ‘depende’. No hay formulas. Lo más importante es escribir, en cualquier caso, y luego analizar lo escrito, y ver lo que queremos transmitir.

Cuando eliges el título  La mirada deshabitada para darle nombre a tu libro, ¿lo hiciste pensando en la tuya  o en la de los otros? ¿Quiénes poseen una mirada de ese tipo?

La mirada deshabitada para mí es el vacío existencial, pero como ocurre con toda escritura para cada uno puede ser una cosa distinta.

Tu poemario tiene dos apartados denominados: Una poética e Insomnios. A mi parecer, el primero, es una declaración contundente de tu postura como poeta, y el segundo, expresa tu manera de sentir y las emociones que más te conmueven, ¿estoy algo en lo cierto?

Sí, estás en lo cierto, la primera es una declaración de intenciones sobre la poesía y la segunda parte son mis sentimientos y emociones vividas o relatadas de libros, películas, otras experiencias que he hecho mías.

Una constante en los temas de La mirada deshabitada es el sentido de trascendencia, y lo noto manifiesto en tu poema “Replicantes”, los últimos versos son indiscutibles en ese sentido: «Los objetos /nos sobreviven/con la memoria intacta/ igual que los libros». ¿Te preocupa no dejar huella o se tergiverse quién fuiste?

A mí me preocupa dejar huella mientras esté viva, cuando me haya muerto me da igual. Debe ser agradable dejar huella buena, pero esto es para muy pocos.
El sentido de trascendencia que tú has visto en este poema ni me lo había planteado, pero me gusta que tú lo hayas visto

La poeta durante un recital organizado por Clave
Otro tema de igual reiteración es la búsqueda, y uno de los poemas que lo contiene es el dedicado a tu padre, “La soledad de los buques”. «En cubierta/unos pocos miran/ el cielo para descubrir/planetas donde mudarse». A veces es tanta la desolación que fantaseamos con la posibilidad de la existencia de un lugar, más amable, adonde marchar, ¿no es así, Amparo?

De nuevo ves cosas en mis poemas que no las he escrito conscientemente, pero si tú las percibes están ahí.  Pero sí,  se manifiesta el sentido de búsqueda y también la huida de lo que no queremos.

Un libro cuando sale a la luz está sujeto a una serie de lecturas o interpretaciones, que es muy probable que ni por asomo,  tengan alguna relación con lo que quisiste ‘contar’ (o versar), ¿qué no te gustaría que se diga sobre tu poemario?

Sobre qué no me gustaría que se dijera de mi poemario, pues para empezar que no gustara, algo que es inevitable, somos todos diferentes. Otra cosa es que se interpretara como algo personal, aunque ya he aclarado que nuestras emociones y experiencias vienen de muchos sitios. No pienso en una determinada situación para escribirlos, excepto en los puramente descriptivos, como el dedicado a mi padre y a mi madre, que se refieren a lugares concretos. En general los poemas surgen y ya está.

Demoraste en publicar, ¿luego del éxito de tu poemario se hizo complicado volver a hacerlo? ¿Cuáles fueron tus temores?

Mis temores en el mundo editorial se han cumplido todos: demora en la publicación, tener que pagar, etc. Son muchas las editoriales, pero si no tienes un amigo en alguna o no eres alguien conocido no te publica nadie; a menos que pagues, pero aún así hay dificultades.

Ahora te dedicas por entero a escribir, ¿aceptas la posibilidad de probar con la narrativa o quieres seguir expresándote solo como poeta?

¿Probar con la narrativa? Creo que se me da mejor la poesía. Escribir una novela, por ejemplo, es de largo recorrido, un maratón, y el relato corto nunca me ha llamado mucho. No sé por qué.

El libro se puede adquirir  aquí:
http://tienda.aranyaeditorial.com/101-la-mirada-deshabitada.html







domingo, 23 de febrero de 2020