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martes, 23 de junio de 2015

Nieves Vargas: “Escribo sin impedimento y por placer”


Es libre de manifestarse en el campo que le apetezca. No se pone límites y dice que sigue siendo la misma chica que llegó a Madrid a la conquista de sueños.  Así es Nieves Vargas, actriz, poeta, compositora y hoy narradora, que muy segura de sus posibilidades presenta su primera novela Esperando la noche.
Te conocí como actriz, luego incursionaste en la poesía, prueba de ello es el libro Poemas desgajados de la vida, ahora das el salto a la narrativa con tu novela  Esperando la noche,  ¿cuándo te sentiste lista para expresarte en prosa?  ¿La actuación estuvo antes, iba paralela a la escritura o estuvieron siempre allí y se turnaron para salir?
Como bien dices, nos conocimos cuando me  inicié en el teatro; buscando oportunidades como todos en los noventa. Recuerdo perfectamente cuando me dijo el presidente de la ANEA (Asociación Nacional de Escritores y Artistas del Perú) de ese entonces, José Castro Pozo: “Nieves, tienes que conocer a una gran poeta y escritora”.
Me haces regresar al pasado y miro mis inicios en el teatro. Por aquel entonces, tenía el impulso propio de una joven. Fue una época maravillosa de la cual tengo grandes vivencias.  Sin embargo, con el tiempo he adquirido experiencias nuevas, por supuesto.
Vengo de una familia aficionada desde siempre a la actuación, amantes del buen teatro. Ellos han actuado en mi pueblo toda la vida. Lo anecdótico es que yo jamás actué ahí.
Mi infancia estuvo inundada de la melodía de una vieja guitarra que hacía sonar mi abuelo. Él y mi hermano fueron autodidactas. Mi abuelita cantaba y mi madre heredó su timbre de voz. Como te darás cuenta, lo que hoy expreso, en un campo u en otro, lo he heredado a través de los genes.

Durante una actuación con sus excompañeros de la ANEA
¿Qué diferencias encuentras a la hora de expresarte en narrativa? ¿Cómo se da el proceso de creación en cada uno de los casos?
La poesía nace sola en un determinado momento de la vida, cuando atraviesas situaciones casi siempre difíciles. La narrativa es un suceso real o imaginario; son procesos totalmente diferentes, opuestos; en uno interviene el alma, en el otro la imaginación para dar forma a lo que se narra.

Sé que antes de decidirte por Esperando la noche descartaste un par de novelas, ¿por qué? ¿Qué querías expresar que no te daban aquellas historias? ¿Tendrán alguna oportunidad esas que dejaste de lado?
Efectivamente, porque no era su momento de salir a la luz. A todo autor le sucede, selecciona sus creaciones, las va sacando  de una a una.  El orden no cambia su contenido.

Esperando la noche está basada en la historia de alguien que conoces, según entiendo, ¿nos puedes contar qué fue lo que te impactó de ese personaje de la vida real para que lo llevaras al papel? 
Esperando la noche es una historia real. Puede parecer la simple vida de una joven, pero va más allá, es profunda y humana. Me impactó conocer a un ser humano tierno, dulce, pacífico con una vida llena de hechos terribles, casi imborrables.

¿Con qué te gustaría que se quedaran tus lectores al finalizar la lectura de tu novela?  ¿Buscas solo entretener o invitas a la reflexión?
Obviamente con la ternura, con un mensaje de amistad.  Lo resalto porque en  estos tiempos que vivimos se ha perdido la lealtad a los amigos. El sexo se consigue fácil, pero es difícil encontrar el amor. Con esto quiero decirte que invito a la reflexión individual.

Desarrollando en Madrid una sus facetas: la actuación 
¿Eres una actriz que escribe o escritora que actúa? ¿Cómo te ves a ti misma en cada una de tus facetas o roles?
Soy simplemente un pasajero de la vida que lleva consigo un bagaje de sueños. Cada papel que he desempeñado en estos años significaron momentos que me han dado grandes satisfacciones personales; he conocido maravillosas personas, las cuales con el correr del tiempo se convirtieron en grandes amigos.

¿La poeta Nieves Vargas seguirá escribiendo? ¿Qué aprendiste con la publicación de Poemas desgajados de la vida? ¿La poesía es más exigente que la narrativa?
Nieves Vargas sigue escribiendo poemas aunque no sé si llegue a publicar.  Déjame decirte que con ellos aprendí algo muy importante. Pese a que vivimos rodeado de tantas cosas mecánicas, hay buen porcentaje de personas que aman este arte (escribir poesía)  y lo acunan como a un niño. Yo me alegro que sea así, porque los poemas son un homenaje a la ternura olvidada.
No es que sea más exigente, la poesía es escribir con el corazón, los sentimientos del alma,  y una historia es darle forma a la vida de otros jugando con la imaginación.

Haces unos meses aparcaste la actuación, sin embargo, me ha llegado la noticia de que volverás haciendo algo novedoso, ¿nos puedes adelantar algo?
¿Cómo haces para enterarte de mis nuevos retos? (ríe). Bueno, es un proyecto por estudiar, me plantearon volver a los escenarios, pero nada concreto aún. Yo lo tomo como lo que es: sólo una propuesta.

Apenas llegaste a Madrid te integraste a un grupo de teatro y nunca paraste de trabajar, ¿qué lecciones has aprendido? ¿Cómo es el ambiente de trabajo, qué te aportaron los compañeros que tuviste y a qué tipo de público te enfrentaste?
Tuve suerte. Es difícil expresarlo, uno se llena de muchos sentimientos encontrados. Pues, te diré que fue un ambiente muy agradable. Un grupo receptivo y colaborador. Los compañeros se volvieron mis amigos, confidentes. Son como mi familia en Madrid.
En cuanto al público, es gratificante hacer teatro porque los tienes ahí, cerca, dando sus energías. Eso no tiene precio.

Su primer poemario publicado en España
¿Ser una artista inmigrante te acarreó problemas a la hora de conseguir una oportunidad en el mundo de la actuación?
No. Para nada, yo me he sentido como en casa.
¿Es más complicado abrirse campo como actriz o escritor o es exactamente lo mismo?
Son diferentes. Pero siempre hay público para todos. Sin embargo, puedo decir que todo proyecto que se realiza encuentra piedras en el camino. Si todo se obtiene fácil no tendría razón de ser.  El luchar por lograr un nombre en la vida, es lo realmente valioso. Lo importante es que tus metas se hagan realidad y no se queden frustradas las aspiraciones.

¿Vas encontrando tu camino en la literatura? ¿Tienes metas precisas en este campo?
Pienso que he dado mis primeros pasos. El tiempo lo dirá. Como dice el refrán: “Nada está dicho en esta vida”.
Hablar de metas es un camino lejano, por ahora tengo el placer de ir de la mano con Esperando la Noche.

Escribir es una actividad solitaria, todo lo contrario que la actuación, ¿eres una creadora que disfruta más de su soledad que de sus momentos de interacción con la gente o te da exactamente igual? 
Para mí todo está entrelazado: la gente y cuanto me rodea es el complemento de inspiración secreta. Lógicamente se requiere soledad al escribir, justamente es ahí el momento sublime que fluyen los relatos, la poesía o una composición. Nada es igual. Una cosa lleva a la otra, como cada persona es un mundo por descubrir.

Tu creatividad no tiene límites, lo digo porque además, de la actuación y la literatura, has
Con la autora de la nota tras la presentación de la obra
ingresado a otro ámbito que es la composición. ¿Desde cuándo te hallas esta actividad?  ¿Qué tipo de canciones escribes y sobre qué temas?  ¿Es cierto que pronto grabarán tus canciones?
Te confieso en secreto para que nadie se entere (risas) que lo primero que escribí en mi vida, fue una canción para mi abuelita. Escribo desde siempre.  No me he centrado en nada que  limite libertades. Soy una hija de Succhurán (Cajamarca, Perú) y he nacido en libertad recorriendo aquel hermoso valle.
Está la propuesta. Solamente espero la respuesta de la cantante.

Has apuntado muy alto y quieres que en algún momento David Bisbal grabe tus canciones. ¿Él lo sabe?  ¿Qué temas tienes preparados para su estilo?
Sí que me lo has puesto difícil. Eso para mí es un reto. Es un sueño, y claro sería un privilegio. Él no lo sabe. Ni que existo. Son baladas para todo aquel que cante ese género, pero también tengo valses, marineras, mulizas y huaynos.

Si tuvieras que escoger ¿con cuál de tus facetas te quedarías y por qué?
No escojo. Soy libre. Escribo sin impedimento y por placer. No quiero ser como el pez que vive sólo en el agua. Sigo el consejo de mi madre: “Ve por los caminos sin descansar, hasta alcanzar la cima del cerro más alto. Cuando estés ahí arriba contempla la belleza del paisaje que te rodea, sin olvidar tus raíces”.

¿Tus sueños van cumpliéndose o algunos se están resistiendo?
Los llevo de la mano.

¿Qué tanto queda de la chica que salió de Perú en busca de oportunidades?

No he cambiado, soy la misma. Solamente he aprendido a expresarlo.


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sábado, 13 de junio de 2015

Isabel Allende: “He obtenido más premios de los que merezco”

Confiesa que es más o menos la misma, aunque, “menos impulsiva”, aclara. Así se ve ahora. Sin embargo, para sus lectores Isabel Allende sigue siendo aquella voz que los cautiva o ‘hechiza’ desde siempre. Los años no se han llevado la esencia de la joven periodista y escritora chilena que todo lo enfrentaba con humor, cariño y mucho trabajo. Pero dice aún más, que se la puede descubrir entrelíneas en sus obras, pues lo que es, piensa y siente está ahí. Y para completar estás revelaciones me dice con absoluta naturalidad que no hace esfuerzo alguno por ponerse en la piel de otros, porque sabe que “sencillamente los seres humanos somos parecidos”. Es probable que ese sea el secreto de su éxito.

Comparto con ustedes esta corta pero enriquecedora entrevista que me concedió quien es considerada la escritora viva de lengua española más leída del mundo, a su paso por España. 

¿Qué tanto ha cambiado la escritora Isabel Allende desde su primera novela La casa de los espíritus hasta la actualidad en que nos presenta su nueva obra El amante japonés? ¿Hay una correspondencia clara entre la autora y su universo humano?

Creo en treinta y tantos años de ejercer este solitario oficio de la escritura he aprendido a no repetir los mismos errores y he adquirido más confianza en mí misma. Antes pensaba que cada libro es un regalo del cielo y que ese milagro no volvería a repetirse, así es que enfrentaba el proceso medio muerta de susto. Sin embargo, tengo la misma disciplina de antes, escribo el mismo número de horas, corrijo y reviso con el mismo ahínco. Los temas se repiten: amor, muerte, violencia, relaciones, mujeres fuertes, padres ausentes, etc. En El Amante Japonés hay un ingrediente nuevo: la vejez.

Como un  ritual todos los 8 de enero empieza una nueva obra
Sé que tiene una rutina para empezar a escribir sus libros, cada año, en una misma fecha, ¿siempre se encuentra en condiciones de hacerlo? ¿Le anima la superstición o su disciplina?

Mi fecha mágica – parte superstición y parte disciplina – es el 8 de enero. Con esa fecha en mente puedo organizar mi año y mi vida, que son bastante complicados. Debo dejar libre varios meses al comienzo del año para encerrarme como ermitaña a plasmar la historia. Una vez que la tengo en la computadora y puedo imprimirla, me siento segura para volver a una vida normal, mientras corrijo, reviso y completo la investigación necesaria.  No siempre me siento inspirada el 8 de enero, pero sé que si voy a mi estudio a diario, pacientemente, en algún momento la musa caprichosa vendrá a visitarme.

¿De dónde vienen las ideas para sus libros? ¿Hay un momento de revelación o quizá es una experiencia mágica o espiritual?

A menudo mis generosos lectores ofrecen contarme sus vidas para que yo las escriba, pero no puedo hacerlo. La idea para una novela es como una de muchas semillas en mi vientre. De pronto una de esas semillas empieza a crecer y crecer, ocupa mi mente y mi corazón, interviene en mis sueños y no me deja en paz hasta que decido escribirla. Entonces investigo el tiempo y el lugar donde supuestamente ocurre la historia. Eso me da mucho material para establecer el teatro donde se moverán mis personajes. Por fin me siento a escribir (8 de enero). Las primeras semanas escribo por disciplina, como entrenamiento, pero los personajes permanecen mudos y casi invisibles; nada de ese material me servirá para el libro. No importa. Sé por experiencia que con algo de paciencia lograré atraer a los espíritus del libro. El momento mágico es cuando por fin los veo y los oigo, cuando la narración fluye sin mucho esfuerzo.

Sigue siendo introvertida, enamoradiza y amante
de los animales
Es una de las autoras latinoamericanas más queridas y respetadas, y así se ha mantenido a lo largo de los tiempos, sobre todo, enfrentando a sus detractores, ¿sueña con ganar algún día el premio Nobel de Literatura? ¿Considera que ya es ahora de obtenerlo?
He obtenido más premios de los que merezco. El premio más grandioso es el número creciente de mis lectores y el entusiasmo con que me escriben. Me siento conectada por luminosos filamentos con millones de lectores en treinta y cinco idiomas. ¿Qué más puedo desear?

Con el tiempo, las personas se afianzan en sus creencias o las abandonan por resultar obsoletas, ¿qué mantiene o ha dejado atrás en lo personal y material?
Creo que no he cambiado mucho, soy más o menos la misma persona que era en mi juventud, aunque menos impulsiva. Sigo siendo feminista, enamoradiza, trabajadora, cariñosa, amante de los animales en general y los perros en particular, introvertida y poco sociable.  Ahora tengo más recursos y mi voz alcanza a más gente, por eso me siento más responsable.  
        
El amante japonés tiene todos los ingredientes para ser, si ya no lo es, un rotundo éxito, ¿se considera  una autora que conoce bien cómo funcionan los sentimientos y emociones y eso siempre ha sido una ventaja en su labor literaria?  ¿La empatía o ponerse en la piel del otro le ha ayudado a conectar a la perfección con sus lectores?

Nadie puede predecir el éxito de un libro; todavía no existe un dispositivo en el celular para señalar el camino del éxito. Yo he tenido mucha suerte, porque he conseguido conectarme con mis lectores a un nivel visceral. Cuando escribo los tengo en mente, procuro no aburrirlos y entregarles una historia en la forma más clara y honesta posible.  Es fácil adivinar entre líneas quien soy, en qué creo, cómo es mi vida. No hay trucos en esto. No manipulo sentimientos; los tengo. No invento emociones; las siento. No hago un esfuerzo por ponerme en la piel de otros, porque sé que los seres humanos somos parecidos; yo siento lo mismo que millones de otras personas. Al ponerme en la piel de mis personajes, me pongo también en la de mis lectores. Mientras pueda escribir con el corazón en la mano, creo que estaré conectada a mis lectores.

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miércoles, 10 de junio de 2015

Fernando Morote: “La ciudad de Nueva York es mucho más sórdida de lo que todo el mundo ve”

Ha logrado reflejar con toda su complejidad y dolor un drama social que se da en muchas partes del mundo, aunque en su libro solo se refiera a dos lugares: un barrio situado en Nueva York y otro, en Lima.  La inmigración duele y falta de pertenencia flagela,  pero también tiene lo suyo quedarse en el lugar de origen cuando todo es adverso, pues fecunda un sentimiento de fracaso, de cobardía ante el riesgo, de castigo ante las oportunidades.  Miles o millones saben que es una agonía constante vivir en un país que no te ofrece nada y condena a una existencia sin futuro. Peor es cuando te repudia e ignora por patear las reglas de juego y ser un marginal. Mucho que decir del libro de relatos La cocina del infierno de Fernando Morote que acaba de publicarse en Nueva York. 
Has logrado componer una obra descarnada, contundente y dolorosa, en el contenido, y muy arriesgada en la forma: con un lenguaje que varía, según la historia, que puede ser críptico, poético y hasta coloquial, pero en general, es un libro no apto para sensibles. El escenario es Lima y también Nueva York, ¿cómo ideaste tu libro de relatos  La cocina del infierno (relatos de un mundo inhóspito)?  ¿Echaste mano de los recuerdos o tuviste que documentarte para referirte a varios hechos que se dieron por aquellos años de los 70, 80 y 90?   Y, ¿qué me dices
Tomó el nombre de un viejo barrio neoyorquino
para dar título a su libro de relatos
de la forma de contar?
Originalmente iba a ser un libro de tres relatos sin conexión deliberada entre ellos. Luego se me ocurrió agregar otros dos que surgieron en el proceso. Pero más tarde los descarté porque me di cuenta de que los primeros tenían un denominador común: las historias pertenecían a un mundo inhóspito, de allí el subtítulo. Además giraban en torno al fenómeno de la emigración o inmigración, según el ángulo de donde se vea. Entonces reconocí que entre esos relatos existía un fuerte lazo de unidad, por lo tanto los nuevos quedaron eliminados por muerte natural.
Los recuerdos están basados en hechos que sacudieron al Perú en diferentes épocas. Llevaba bastante tiempo queriendo escribir cuentos con ellos como marco de fondo porque esos eventos también me impactaron en lo personal. En la etapa de planeación de Comando Meón descubrí que ellos podían ayudarme a describir a mis personajes, entonces me documenté, busqué noticias y revisé reportajes periodísticos, incluso vídeos, y después de ensayar algunas fórmulas los transformé en piezas narrativas a mi estilo.
Empleé un formato diferente para cada relato porque quería transmitir sensaciones distintas y la variedad de aproximaciones me permitió manejar el tono y el ritmo en ellos.
¿Cómo se realizó el proceso de redacción una vez que tuviste claro lo que plasmar en tu obra?  Lo remarco porque aparentemente el relato La cocina del infierno, que da nombre al total de la obra, está desligado de la primera o segunda historia, pero lo que se narra podría haberle ocurrido al Narizón, uno de tus personaje durante sus años en Estados Unidos. ¿Todo fue concebido de manera integral? Aclárame las dudas.
En principio la idea era contar historias independientes. Pero en el proceso ellas solas se fueron uniendo. Y encontré que se trataba más bien de una secuencia. Para Los Ingobernables elegí capítulos híper breves combinados con otros más extensos, en los que describo el estilo de vida de un grupo de jóvenes limeños. Para La Cocina del Infierno, cuyo protagonista efectivamente puede ser cualquiera de los ingobernables, utilicé un método basado en la pintura de Jackson Pollock, su técnica de goteo y chorreo; en este caso apelando a una serie de frases cortas y largas, colocadas en posición vertical para crear una atmosfera violenta a través de una lectura vertiginosa, marcada por la puntuación agresiva. Y para Comando Meón, en el que cuatro de los ingobernables se reúnen de nuevo, dividí el texto en tres secciones: los antecedentes de cada personaje delineando su temperamento y actitudes, el reencuentro en Lima y la puesta en ejecución de un proyecto conjunto.
Así luce en la actualidad el barrio que inspiró Pompeya,
el hábitat de Los Ingobernables
El Narizón, el Doctor, el Conde y el Champero, tus protagonistas, que  conforman un grupo de limeños “haraganes por vocación”, como los calificas, ¿fueron sacados de la realidad? ¿Conociste gente así?  ¿Todavía hay  jóvenes que se comportan de esa forma?
Los personajes de los tres relatos son absolutamente reales. Muchos jóvenes se comportan hoy en día como Los ingobernables porque los problemas de fondo son los mismos de siempre, sólo cambian los exteriores.
Una urbanización como Pompeya, el escenario de la vida de Los Ingobernables, puede hallarse en cualquier parte del mundo, al igual que sus habitantes ¿no es así?   ¿Puedes responder por qué algunos muchachos se comportan como lo hacen tus protagonistas? ¿A qué imperativos responden?
Pompeya puede existir en cualquier parte del mundo, con sus naturales matices culturales. Los protagonistas de mis historias actúan como lo hacen porque perdieron la dirección o quizás nunca la tuvieron. Ante el vacío que provoca el desconcierto, o debido al desconcierto que produce el vacío, buscan un escape. En un tiempo para ellos fueron las drogas. En otro, el cambio geográfico.
Tres de tus cuatro personajes, deciden salir del país, dos rumbo a Estados y Unidos y uno realiza un periplo por varios países de Sudamérica, ¿por esos años la única salida a tanto atraso y desgracia era solo emprender rumbo a otra parte?
Quizás había otras opciones, otras formas de enfrentar y superar el desafío que planteaba esa realidad. Para Los Ingobernables, no.
Sin embargo, llegar a esos lugares no hacía más que incrementar el dolor y falta de pertenencia. Así lo dejas patente en tu relato La cocina del Infierno. Y a propósito, ¿a qué hace referencia el título?
Para idear su técnica narrativa se inspiró en el pintor
Jackson Pollock
El título de La Cocina del Infierno lo tomé del nombre de un antiguo barrio de los bajos fondos de Nueva York. Barrio que sigue existiendo, pero completamente rescatado y renovado. A principios del siglo XX, en cambio, era nido y cuna de maleantes y mafiosos, la mayoría de ellos inmigrantes europeos, algunos pocos latinoamericanos. En el libro no quería referirme a Nueva York como la clásica ciudad de los rascacielos o la gran manzana. De hecho, ni siquiera la menciono de manera expresa para evitar lo obvio. La ciudad de Nueva York es mucho más sórdida de lo que todo el mundo ve. La Cocina del Infierno es para mí una denominación más acorde con la realidad.
En ese sentido, lo que cuentas a manera de reflexiones, estados de ánimo, que pueden ser microrrelatos dentro del relato o hasta versos, ¿tienen que ver contigo?, ¿con tu propia experiencia?
Cuando leí Lima, Hora Cero de Enrique Congrains Martin y Pobre gente de París  de Sebastián Salazar Bondy, dos clásicos de la literatura peruana, me sentí muy impresionado por la forma que ellos narran la experiencia de los inmigrantes: uno dentro de su propio país, el otro en el extranjero. Por mucho tiempo vi eso como algo lejano, distante y remoto. Hasta que de pronto un día terminé viviéndolo en carne propia.
En el último relato, Comando Meón tu prosa cambia radicalmente, más no, el lenguaje, porque tus personajes siguen usando el léxico del barrio, pese a que la mayoría de ellos vivió fuera. Han cambiado, son distintos, pero vuelven al lugar que los acogió alguna vez y la amistad continúa como si el tiempo no hubiese pasado, ¿esta reconexión con la vida que tuvimos y con los seres que dejamos atrás alguna vez se da con frecuencia en la realidad?
Lo que sucede con Los Ingobernables es que, pese a haber pasado años viviendo en otros países, desenvolviéndose en otras culturas, no han perdido su identidad. Siguen sintiéndose parte de ese barrio donde se conocieron, crecieron y se perdieron juntos. Hablar como lo hacían entonces es una forma de decirse a sí mismos y entre ellos que nunca se fueron en realidad.
Confundidos en el grupo, los auténticos 'ingobernables'
Sucede con frecuencia que al volver a nuestros países de origen es como si nunca hubiésemos marchado, ¿qué te dice tu experiencia?
Desde que salí del Perú todavía no he vuelto. No sé si algún día lo haga.
Por otro lado, entre los que vuelven, creo que en una gran mayoría, se da aquello de querer reproducir algo positivo que hemos visto donde estuvimos. En el  caso de tus personajes, el de crear un grupo que salvaguarda las buenas costumbres. ¿Cómo has hecho para no perder las palabras propias de tu tierra? Es como dije antes, como si jamás te hubieses ido.
El lenguaje conecta con las raíces. Aquí, en Estados Unidos, forzosamente tengo que hablar en inglés, por mi trabajo sobre todo, pero hay veces que ni yo mismo entiendo lo que digo. Por otro lado cuando quiero explayarme en algo, me quedo irremediablemente corto. Las palabras en inglés se me quedan atravesadas en la garganta. Hablo, pienso y sueño en español. Leo libros, escucho música y veo películas en inglés. Pero no dejo de seguir las noticias del Perú por la televisión y converso por teléfono con mis amigos peruanos.
¿Qué es lo que más destacas de tu obra?  ¿Estás conforme con el resultado?
Siempre pienso que pude haberlo hecho mejor.
¿Qué emociones transitaron por tu ser en pleno proceso creativo?
Me divertí mucho, especialmente con Los Ingobernables y Comando Meón. La Cocina del Infierno fue una introspección que me permitió comprobar que la herida estaba cerrada.
¿Tú también fuiste un chico de barrio? ¿Con qué soñabas por aquella época?
Fui un chico de esquina. Lo sigo siendo, aunque ya convertido en pájaro madrugador. En esa época soñaba con ser abogado y hacerme millonario, pero no quería estudiar ni trabajar.
Estados Unidos, ¿puede ser un mundo más inhóspito que Perú?
En ciertos aspectos lo es.
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jueves, 4 de junio de 2015

Jorge Eduardo Benavides: “De alguna forma vivir en España es volver”

Partió rumbo a España a finales de los ochenta con la idea de convertirse en escritor y lo ha conseguido de una manera rotunda. Hoy por hoy Jorge  Eduardo Benavides es uno de los escritores peruanos con mayor prestigio y cuyo trabajo es sinónimo de máxima calidad.Y no solo eso, obtiene premios un sí y otro también y puede permitirse el lujo de vivir de la literatura. Su éxito es producto del trabajo constante y férrea disciplina. Así se lo planteó desde el comienzo y ahora puede decir que valió la pena.  Una prueba de ello es su más reciente galardón, el  XXV Premio Torrente Ballester por su obra El enigma del convento.
Por lo que veo, tu vocación no estaba en el Derecho, ¿cómo  fue tu tránsito hacia la literatura? ¿En qué momento viste claro que ese y no otro sería tu camino?
A mitad de mi carrera de Derecho entendí que lo que realmente me interesaba por sobre todas las cosas, era escribir, hacer literatura. De manera que acabé mi carrera y me vine a España para buscarme un camino como escritor.
Se ha forjado una brillante carrera  con
mucho trabajo y disciplina
¿Qué le ha aportado el periodismo a tu carrera literaria? ¿Los escritores forjados en esta cantera o que han pasado por una redacción  de prensa  tienen mayores ventajas que lo otros?
No, no creo que tengan mayores ventajas, salvo que sean escritores de crónicas y reportajes, en cuyo caso su profesión se alimenta de la literatura y viceversa.  En el caso de haber sido un “plumilla”, un redactor o editor, salvo excepciones, esto resulta más bien un peligro: uno se vuelve tópico, escribe a toda prisa y termina por valorar más la inmediatez.
¿En qué momento incursionas en los talleres de literatura? ¿También pasaste por uno de ellos?  ¿Para quién o quiénes son recomendables?
Llevo talleres de literatura desde fines de los años ochenta. Los empecé en Lima, en el Museo de Arte de allí y después los llevé en Tenerife y en Madrid. Y en realidad, por todo el mundo, tanto para universidades como para diversas instituciones. Los talleres indudablemente sirven para alguien que quiere dedicarse a escribir. Escribir es un oficio no una profesión: no se enseñan en la universidad, pero se debe aprender el oficio. Leyendo, escribiendo y analizando los textos que uno lee. No son imprescindibles, pero sí son útiles. Nadie se suele preguntar si los talleres son necesarios para los pintores, por ejemplo.
¿Todos los que llegan a un taller literario están en condiciones de convertirse en escritores? Cuando se presenta uno que no reúne las condiciones necesarias, ¿eres capaz de disuadirlo  de sus pretensiones?
El único que está en condiciones de convertirse en escritor es quien está dispuesto a organizar toda su vida en torno al hecho de escribir. Sin desalientos y sin desfallecimientos.  Ahora bien, al taller llega gente con más “talento” que otros. Pero sobre todo destacan las personas que trabajan su talento. Porque el talento se trabaja. Y ellos y ellas sí están publicando. Vanessa Montfort, por ejemplo, que pasó un buen tiempo en mi taller y ahora publica con bastante éxito.
Ofreces servicio de asesoría para novelistas, que denominas coaching, ¿en qué consiste?
El servicio de coaching es más o menos el trabajo que haría un editor: corrige, orienta, reorganiza y revisa el trabajo de un novelista. Y es a lo que más me dedico ahora mismo.
La novela que le aconsejaron no
publicar 
Tu producción literaria está marcada por los acontecimientos acaecidos en tu país en  los  años ochenta, época de crisis económicas y violencia terrorista, ¿se podría decir que tu obra es hija de tus circunstancias externas? ¿Cómo maneja un escritor su historia cuando ha sido testigo o, quizá, protagonista de ella?
Todos los escritores somos producto de nuestras vivencias, querámoslo o no. Pero nuestras vivencias también son nuestras lecturas, nuestra época y las experiencias personales. A mí, como a otros escritores, me tocó vivir ese momento concreto, de manera que sí, se puede decir que mi literatura es producto de todo ello. Sobre todo porque fueron momentos muy especiales, dolorosos y difíciles de sortear.
¿Todavía hay mucho que decir sobre lo ocurrido en esa década? ¿Existe un compromiso de tu parte para seguir indagando en ella?
Supongo que sí, que hay todavía mucho que decir sobre esa época violenta, terrible y desoladora que vivimos en el país, y corresponderá a otros escritores contarla, literaturizarla, darle un soplo estético a ese cuestionamiento ético. Por mi parte no tengo más interés literario en la época. Otra cosa es mi interés como ciudadano.
 ¿Cómo interpretas o evalúas tu quehacer literario en la actualidad? ¿Sobre qué ejes se mueven tus demandas literarias? 
En realidad, es algo que no lo sé a ciencia cierta. Después de mis novelas políticas y peruanas, escribí un novela en forma de diario, otra novela de viajes y de amor, y finalmente estoy dedicado a una segunda novela de corte histórico a la que me he visto lastrado por El enigma del convento, fascinado por esa época de la historia española que es el romanticismo. Pero no sé qué escribiré después.
Uno de tus referentes es Julio Cortázar y se compara tu técnica narrativa con la del Premio Nobel Mario Vargas Llosa, ¿eso quiere decir que cuidas más la forma dejando en segunda instancia el fondo? ¿Cuál es tu metodología de trabajo?
Es bastante sencillo. Para contar bien un fondo, una historia, hay que conocer el oficio y sus recovecos. Y eso se consigue trabajando con toda la disciplina posible. Yo suelo escribir en la biblioteca nacional desde que vivo en Madrid. Por las mañanas, siempre que los viajes me dejan hacerlo. Y si mi instalo más de una semana en alguna ciudad, busco la biblioteca para continuar con mi rutina. Nada más.
Recorriendo Tokio junto a Mario Vargas Llosa 
Tu carrera ha ido viento en popa desde el comienzo, fuiste reconocido en tu país casi de inmediato, ¿de qué manera planteaste tu trabajo literario?  ¿Cuáles fueron tus herramientas o estrategias para alcanzar tus metas?
Como te digo, para mí escribir es mi vocación, mi trabajo, mi oficio. Y procuro que todo lo que hago en la vida pivote en torno a tener tiempo para leer y escribir. Siempre me plantee el trabajo literario de esta manera: sabiendo que demanda mucho esfuerzo, mucha disciplina y mucha perseverancia. Saber que siempre puedes hacerlo mejor.
Aquí, en España, te está yendo también estupendamente, has conseguido muchos galardones, entre ellos, el más recientes es  el  XXV Premio Torrente Ballester por tu obra El enigma del convento, ¿a qué se compromete un autor cuando obtiene una victoria en su campo?  ¿Son mayores las exigencias en calidad? ¿Comienza a competir consigo por la excelencia?
La competencia con uno mismo, ya digo, es la misma de siempre. Soy más exigente ahora, pero no por los premios o el reconocimiento, sino porque son más viejo y conozco mejor mis debilidades, mis fallos a la hora de componer una historia, mis pifias. Y eso me hace más cuidadoso con todo.
La crítica española y de otras partes,  ha destacado tu talento y la calidad de tus obras, ¿cuán pendiente estás de lo que dicen de ti?  ¿Te preocupa que en algún momento no les guste algo que publiques?
Claro que me aflige si lo que escribo no gusta. Pero también sabemos hace mucho ya, que nunca le vas a gustar a todo el mundo. Ni mucho menos. Pero nunca he permitido que eso sea lo que oriente mi trabajo literario. Mira, escribí Un millón de soles, la tercera novela de mi trilogía política, advertido por muchos amigos, por mi agente, por mi propia editora, de que otra novela política peruana podía no interesar en el mercado español –que es al fin y al cabo en donde me muevo-. Y así fue. Pero yo quería escribirla, tenía necesidad de contar esa parte. De manera que a estas alturas no me condiciona nada que no sea escribir la historia que yo quiero escribir. Y si no funciona… pues no funciona. Nunca olvido que el que apuesta por necesidad pierde por obligación.
En compañía del notable escritor chileno
 Jorge Edwards
Tus historias siempre tienen que ver con tu país, y aunque no lo parezca, El enigma del convento, también, ¿qué te hace volver a  él?  ¿Existe un vínculo difícil de romper?
Supongo que algo de eso hay, aunque no lo he pensado mucho. Estoy en España la mitad de mi vida, pero sigo sintiéndome peruano y naturalmente es difícil romper con ciertos temas, con ciertos aspectos que nos dan vueltas en la cabeza y que forman parte de nuestra manera más arraigada de estar en el mundo.
Muchos peruanos que viven fuera  e,  incluso  los que residen en el país, mantiene una relación amor-odio con su tierra, ¿te pasa lo mismo? ¿Piensas alguna vez volver a vivir en Perú? 
La verdad que no encuentro ninguna otra relación sincera que no sea de amor-odio con el país de origen. En todo caso, inevitable. Y no sé si volveré a vivir en el Perú alguna vez. 
¿Cómo es la vida de un escritor inmigrante en España? ¿Todavía te sientes extranjero?  ¿A veces ser de fuera puede constituir una ventaja?
No, de ninguna manera me siento extranjero en España. Este también es mi país, ya te digo que llevo la mitad de mi vida asentado en este lugar. Aquí tuve oportunidades, amigos, posibilidades, aquí me han tratado y me tratan bien, formo parte activa de esta sociedad y me siento muy bien de mi parte “española”.  Te contaré además que vivo en la parte antigua de Madrid y he descubierto la casa de donde salió en 1618 mi antepasado. Y vivo al lado… de alguna forma vivir en España es volver.
 Tengo entendido que la mayoría de  escritores que salen del Perú rumbo a España con la idea de triunfo y reconocimiento, al llegar a Madrid recurren a ti en busca de consejo o ayuda, ¿qué es lo primero que les dices? ¿Son pocos los que consiguen sus objetivos? ¿Cuántos retornan desilusionados?
Les digo básicamente lo mismo: que es un camino difícil y que hay que  perseverar, ser disciplinado y trabajar mucho. Algunos retornan sí, pero otros no, y consiguen sus metas, como Sergio Galarza, Raúl Tola o José Luis Torres.
Junto a Raúl Tola, uno de los escritores peruanos jóvenes con
mayor proyección internacional
Foto: cortesía Daniel Mordszinski
Has llegado a convertirte, sin duda alguna, en unos de los exponentes más importantes de la narrativa peruana, ¿cómo adviertes la situación de los escritores en tu tierra? ¿Hay figuras nuevas de exportación? ¿Te atreves a dar nombres? 
La verdad, y me da pena decirlo, no conozco lo suficiente la literatura peruana actual. O no la conozco como me gustaría. Pero sí, creo que además de los tres mencionados, todos jóvenes menores de cuarenta, está Marco García Falcón, Jennifer Thorndike, Francisco Ángeles, Carlos Yushimito y Jeremías Gamboa. Muy buenos todos ellos.
Y ¿qué me dices de la literatura femenina en tu país? ¿Qué noticias recibes de lo que se está haciendo actualmente allá?
La que más me gusta es Jennifer Thorndike, sin duda alguna. Creo que siempre hemos tenido buenas poetas y narradoras, como Giovanna Pollarolo y Mariela Dreyfus, como Leyla Bartet y Carmen Ollé. Y sé que me falta leer a otras más jóvenes.
¿Cuán importante es la literatura peruana en el presente a nivel internacional?
Creo que hace ya unos años que pasa por un excelente momento con muchos nombres indiscutibles en la escena internacional como Alonso Cueto, Fernando Iwasaki y Santiago Roncagliolo, escritores todos ellos más que solventes y con una obra sólida, ampliamente conocida.
¿Te sientes satisfecho con lo que has conseguido hasta el momento? ¿Cuáles son tus metas a corto y mediano plazo?
Sí, me siento muy bien porque puedo dedicarme básicamente a lo que más me gusta, que es escribir. Vivo en una ciudad estupenda, que es Madrid, y todos mis trabajos tienen que ver con la literatura: conferencias, talleres, charlas. Mis metas son muy de aquí: escribir la próxima novela. Después ya se verá.

 
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