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martes, 27 de octubre de 2020

Oswaldo Estrada: «La literatura me abrió las puertas a otros mundos»

 

 


Oswaldo Estrada es hijo de la intuición y la creatividad, conoce la sabiduría del tiempo y fluye con él. La literatura se presentó -dice- por casualidad, pero era parte de su destino, y ahora está aquí entregado a lo que vino a hacer: crear historias mediante su escritura.  La vida cada día le confirma esa misión, y la suya es una tarea que asume con completa libertad y en silencio, sin prisas ni forzando a la inspiración, porque sus musas detestan la rutina y huyen de los horarios preestablecidos. «No hay que apurar la creación. Sale cuando tiene que salir. Cuando estás verdaderamente listo para lanzarte al ruedo», afirma contundente el premiado escritor.

Quizá ese sea el secreto de su éxito, solo basta ver los tres premios a los que se ha hecho acreedor en lo que va del presente año: el Primer Premio de Testimonio de la Feria Internacional del Libro Latino y Latinoamericano en Tufts 2020 (Boston) por su obra Las locas ilusiones y otros relatos de migración, y dos International Latino Book Awards, en las categorías Mejor Antología Colectiva por Incurables (Primer puesto), y Mejor Libro de relatos (Segundo puesto) por Luces de emergencia. Sin duda este 2020 le ha favorecido. 

Te enamoraste de la escritura y la literatura por completo durante tus estudios universitarios y han formado un equipo al que le va desde siempre muy bien, ¿qué me puedes decir de este amor que se ha ido asentando a través de los tiempos?

Llegué a la literatura de casualidad, Elga. Yo fui a la universidad pensando que estudiaría química, biología, algo que me preparara para una carrera en medicina. Todo el mundo se ríe cuando cuento esto (porque no me imaginan como médico… y la verdad yo tampoco me veo con una bata blanca), pero es la verdad. La literatura me abrió las puertas a otros mundos y cuando comencé a tomar clases de literatura latinoamericana me sentí en casa otra vez, en mi lengua, en mi entorno, aun estando a miles de kilómetros de Lima. Recuerdo mucho esos primeros momentos de descubrimiento literario. Me sentaba en el sofá, en la cama, en el suelo y leía por horas con un gusto enorme, cosa que nunca me había pasado con las clases de ciencias en la universidad.

Afirma que llegó a la literatura por casualidad

Cuando terminé la carrera no dudé ni un segundo en seguir con una maestría en literatura, con un doctorado y seguí por ese camino. Aunque yo había escrito algunos relatos y sobre todo muchos poemas (seguramente muy malos), escribí mi primer cuento a los veintidós años, mi primer año en el posgrado. Felizmente, no lo publiqué porque era un remedo de todo lo que había leído hasta entonces. Pero guardé la idea original y años después, cuando me sentí dueño de una voz propia, salió a la luz. En aquellos años también escribí relatos en inglés, poemas en inglés que se publicaron en algunas revistas locales. Parte de mi dilema era no saber en qué lengua escribir. Hasta que entendí que escribir en español era volver a casa, una especie de reencuentro conmigo mismo.

Al terminar el doctorado, e incluso antes (para conseguir trabajo), me dediqué en cuerpo y alma a la investigación académica. Porque eso era lo que me iba a dar de comer. Sabía que mis artículos y mis libros me asegurarían la permanencia laboral, y es lo que más deseamos los que nos movemos en este medio. Que quede claro que no lo hacía ni lo hago como un trabajo, como una obligación. Puedo decir con total honestidad que me gusta investigar, pasar horas y horas leyendo, escribiendo, para producir un artículo de crítica literaria, cultural.

Nunca dejé la escritura creativa. La gente que me conoce sabe que he aprovechado todas las oportunidades posibles para compartir con otros amigos escritores mis textos de ficción, para pulirlos, tomando en cuenta sus comentarios, sus observaciones. En todos esos años de intensa producción crítico-literaria publiqué un manojo de cuentos que a lo mejor nadie leyó y seguí trabajando en silencio, volviendo a mis textos una y otra vez, tratando de encontrar mi voz, la forma de narrar algo. Muchos de los cuentos que han salido a la luz los últimos dos, tres años los escribí hace diez o quince. O escribí el comienzo, el final, parte de un diálogo que quedó en mi cajón hasta nuevo aviso. Yo creo mucho en eso. No hay que apurar la creación. Sale cuando tiene que salir. Cuando estás verdaderamente listo para lanzarte al ruedo. Si una idea es buena te va a perseguir este mes y el mes entrante. El próximo año. Lo difícil, claro, es darle la forma, encontrar el tono apropiado, pero una vez que oyes la voz narrativa del cuento, ya no hay marcha atrás. Y tienes que dejar lo que estás haciendo y ponerte a escribir donde sea. En el autobús, de camino al trabajo, en el salón de clase, en la cocina. No creo en el cuarto propio ni en el espacio perfecto. Nunca lo he tenido. No sé lo que es eso.

Pocos saben que las mieles del éxito no son nuevas para ti, pues  como alumno y maestro universitario recibiste una serie de reconocimientos y galardones. ¿Esas victorias te pillaron por sorpresa tanto como tus dos  International  Latino Book Awards 2020?

Declara nunca dejó de lado
su trabajo creativo 
 

Siempre es una sorpresa recibir un premio. En mi carrera como docente universitario he recibido, como dices, varias distinciones, desde mis años en el posgrado. Como maestro, como profesor, siempre trato de dar lo mejor a mis estudiantes. Pero hay miles y miles igual que yo, en la misma situación. Así que recibir un premio a nivel institucional, una nominación por mi trabajo como mentor de nuevas generaciones, siempre es un regalo invaluable. Llevarte los aplausos en una ceremonia de premiación donde dicen cosas bonitas de ti, saber que te han elegido por algo especial de tu persona, por tu dedicación y entrega es lo máximo. Lo aprecio muchísimo. Y en definitiva es un gran aliciente para seguir trabajando con la misma entrega, el mismo tesón.  

Eres de origen peruano, residiste hasta los 14 años en Perú y tus raíces permanecen  firmes, ¿cómo hiciste para no dejarte absorber por la cultura predominante y por el medio en que te desenvuelves?

Los inmigrantes ya no somos los mismos que dejamos la casa, el hogar, el país de origen. Aunque quieras seguir siendo peruano, mexicano, cubano, la cultura dominante te absorbe con su lengua y sus costumbres, con sus comidas, sus medios culturales, sus tradiciones, etc. Es lo normal. En mi casa, sin embargo, nunca dejamos de hablar español ni de ver la televisión en español ni de juntarnos con otros inmigrantes como nosotros. Por supuesto que en la secundaria y en la universidad tuve amigos de este mundo, de este lugar, y viví gran parte de mi vida en inglés, a un nivel íntimo, personal, pero mi español, mi peruanidad, mi latinoamericanidad siempre estuvo ahí, presente, dispuesta a presentarse en cualquier momento.

¿Es verdad que tuviste que reaprender el español? ¿Constituye una continua lucha su práctica?

La obra que le ha dado grandes 
satisfacciones

No. Yo no tuve que reaprender el español porque nunca lo perdí, ni dejé de usarlo. Lo que sí te puedo decir es que tenía alguna que otra falta ortográfica porque salí del Perú a los catorce años y dejé de usar el español formalmente por varios años. No es lo mismo escribir cartas a tu familia que escribir un trabajo académico para entregárselo a tu profesor. Esto es algo que nos pasa a muchos hispanohablantes en los Estados Unidos, más cuando la misión principal es aprender el inglés. En la universidad me pasaba que al escribir algo, un trabajo académico o un texto de creación, recordaba alguna expresión coloquial, algún dicho, pero no del todo, no en su totalidad, y entonces tenía que preguntarle a mi madre o a mi abuela sobre esa palabra, sobre esa expresión y su uso, que por supuesto no estaba en ningún diccionario. Todo esto, claro, antes de que existiera internet. Ni hablar ni escribir en español constituyen una lucha para mí. Todo lo contrario. Es lo más natural del mundo. Solo cuando hablo y escribo en español me siento en mi salsa. Y mira que el inglés lo hablo y escribo desde la adolescencia. Pero no es lo mismo. La lengua madre tiene un lugar privilegiado. Y nuestro español es tan rico en modismos, dobles sentidos, expresiones coloquiales, regionales, que no tiene comparación con el inglés (aunque seguramente un angloparlante diría lo mismo del inglés, precisamente, porque es su lengua dominante).

Aceptas tu condición de inmigrante y, como muchos en tu condición,  vives con el corazón dividido, repartido entre dos tierras, sin embargo has sabido canalizar esa nostalgia perenne en tus trabajos de investigación y en la ficción de tus libros, ¿cuándo te decidiste a hacerlo y cuál fue la respuesta a esas iniciativas?

No creo que haya decidido escribir conscientemente sobre los inmigrantes, sobre la nostalgia que siente el inmigrante en tierra extraña, sobre su perenne otredad. Creo más bien que esos temas me han buscado a mí porque yo he vivido y sigo viviendo todos los días de mi vida la experiencia del inmigrante en los Estados Unidos. Hablo inglés. Nací en este país (aunque viví en el Perú desde los cuatro meses de nacido). Tengo una vida aquí. Y sin embargo, en demasiadas ocasiones algo me recuerda mi no pertenencia, mi extranjería. Esa palabra que jamás podré pronunciar en inglés, aunque lleve aquí tantos años, mi forma de ver el mundo, que es también la de mucha gente que pasado por experiencias similares. Creo que soy más auténtico como escritor cuando dejo que estos temas deambulen libremente por mi escritura, sin que yo tenga una agenda específica, sin que me lo haya propuesto desde que empiezo a escribir la primera línea.

Me preguntas por la respuesta a estos temas presentes en mi escritura. Lo único que te puedo decir es que me conmueve profundamente leer alguno de mis textos en una clase, en un salón universitario, en una presentación, ya sea en una librería o en un bar, o como hacemos ahora, por Zoom, y que alguien del público se acerque a mí, o comente delante de todos, que se siente muy identificado con lo que acabo de leer. Porque él o ella conoce a alguien que ha pasado por esto. Hace unos días un estudiante universitario en México trataba de comentar, frente a sus compañeros, el efecto que había tenido en él leer un cuento mío —hablaba del cuento Assisted Living— y no podía hablar sin emocionarse. Te juro que ese es el mejor premio que puede tener uno como escritor. Que lo que tú escribes llegue al corazón de alguien.   

Se puede decir que este 2020 ha sido tu año, pues también tu libro Las locas ilusiones y otros relatos de migración (Axiara, 2020) ganó el Primer Premio de Testimonio de la Feria Internacional del Libro Latino y Latinoamericano en Tufts 2020 (Boston), ¿consideras que tu fuerte son los relatos? ¿Qué te aporta este género?

El libro que dio inicio a su año 
de éxitos 

Digamos que me siento muy a gusto con el género del cuento, aunque haya incursionado en otros géneros. Siempre es un reto mayor tratar de escribir un cuento de pocas páginas. Pero me gusta trabajar dentro de esos parámetros, tratar de contar en breve espacio una historia mayor, con unas cuantas pinceladas que te dejen pensando mucho después de haber concluido la lectura. A Las locas ilusiones le tengo mucho cariño porque reúno ahí varios cuentos y un relato testimonial. Todos los textos de este libro tienen que ver con la experiencia de los inmigrantes en los Estados Unidos. Hablan niños, hombres, mujeres, adolescentes sobre lo que es trabajar aquí, vivir indocumentado, estar siempre con un pie aquí y otro allá, vivir entre el arraigo y el desarraigo permanente. Parece fácil escribir un cuento. Escribir unas cuantas páginas y ya. Pero en realidad hay tanto bagaje que debe sostener la armazón del cuento, desde la primera línea hasta el final. Si tú comienzas a leer un cuento y no te gusta, lo dejas sin pensarlo dos segundos. No merece tu tiempo. Con la novela tendemos a ser más pacientes, le damos al autor una segunda oportunidad. Lees las primeras páginas y no te enganchas, pero sigues leyendo esperando que de pronto te sorprenda.

Como autor y editor te has preocupado mucho por el tema de la mujer, lo has trabajado, y el fruto de ese empeño en contribuir a su visibilidad son las obras Ser mujer y estar presente. Disidencias de género en la literatura mexicana contemporánea (UNAM, 2014) y Troubled Memories: Iconic Mexican Women and the Traps of Representation (SUNY, 2018), ¿el problema de la violencia de género es más profundo y preocupante en nuestros pueblos que en otras latitudes (incluido Estados Unidos) o esa diferencia no existe?

El problema de la violencia de género existe en todas partes, incluso aquí en los Estados Unidos, donde supuestamente una mujer tiene mayores recursos para denunciar lo que le pasa en casa, la desigualdad, el maltrato físico, psicológico. La colonialidad de nuestros países agrava la situación. Porque es todo un sistema, toda una sociedad la que permite este tipo de violencia. ¿Cuántos feminicidios no han sucedido en México en los últimos años? Miles y miles de mujeres han sido asesinadas. Por no haber hecho la comida a tiempo. Por maquillarse. Por darle celos al novio, al marido. ¿Y qué hacen las autoridades? Absolutamente nada. Estamos hablando de una violencia sistémica, que viene desde arriba. Que pone a la mujer en segundo plano, aunque vivamos en el siglo XXI, independientemente de los muchos avances que ha logrado el feminismo. Pongo a México como ejemplo, pero podemos hablar del resto de América Latina. Piensa en las miles de mujeres violentadas en el Perú de los ochenta y noventa. En las violaciones, los atropellos impunes. La mujer siempre lleva las de perder en sociedades tan machistas como las nuestras, aunque tengamos mujeres presidentas, congresistas, escritoras, abogadas, profesionales de todo tipo. 

¿Consideras que realmente hay intenciones firmes por parte de investigadores, críticos literarios y escritores, en general, de darle a la mujer el lugar que le corresponde dentro la literatura y en los libros? ¿Por qué crees que, de una u otra manera, es tratada con condescendencia?

Su labor literaria es libre y espontánea 

Creo que desde hace tiempo muchas investigadoras, críticas literarias y escritoras  buscan de una y otra forma darle a la mujer escritora el lugar que le corresponde en el mundo de las letras. Pocos, sin embargo, son los hombres que siguen este ejemplo. Si tú ves las encuestas, si lees entrevistas, si ves programas de televisión, podcasts, en muy pocas ocasiones los críticos y escritores recomiendan a alguna mujer escritora. En las antologías literarias, casi siempre ganan en número los hombres. Y todavía, valga el recordatorio, existe la literatura a secas (escrita por hombres) y la literatura escrita por mujeres. Es una situación injusta. Esto está cambiado pero muy lentamente. Así es como opera la violencia de género. En el ninguneo de una mujer escritora. En la necesidad de crear un premio para ella que raras veces tiene los mismos beneficios que el premio que reciben los escritores. Esto no quiere decir que no tengamos grandes escritoras reconocidas, renombradas, importantes, dentro y fuera de América Latina. Pero ten por seguro que le ha costado más llegar a la cima. Que en el camino ha encontrado mayores trabas que sus compañeros de oficio. 

También eres  autor de un libro para niños, El secreto de los trenes (UAM, 2018), basado en El guardagujas de Juan José Arreola, ¿qué retos asumiste escribiéndolo?

Juan José Arreola es uno de los grandes de nuestra literatura latinoamericana y El guardagujas es un cuento complejo, maravilloso, de muchas capas. No fue nada fácil escribir una versión para jóvenes lectores de un clásico. El reto mayor para mí fue retener la esencia de Arreola en una narrativa que fuera más accesible para los niños. Así que leí y releí varias veces el texto original para crear un mundo parecido, con sus pautas, sus modismos, pero escrito desde mi perspectiva, con mis palabras, mi forma fragmentada de escribir, mis quiebres abruptos para crear una pausa.

Una docena de libros de crítica literaria y cultural avalan tu carrera, amas lo que haces, pero en adelante vas a privilegiar tu creación, contar tus historias, el alma te lo pide, ¿no es así?

El libro que obtuvo el primer puesto
en la categoría Mejor Antología Colectiva
en los International Latino Book 
Awards 2020
Soy el tipo de persona que necesita hacer varias cosas a la vez. Si te acercaras a mi escritorio en este momento verías a un costado una ruma de libros que necesito para un trabajo pendiente. Al otro lado, tengo unos cuantos más para terminar la introducción de un volumen crítico. Escribo a mano las ideas que se me ocurren para el próximo cuento y sigo, sigo escribiendo en la computadora, lo que podría ser mi nuevo libro de creación. Sí, Elga, tú lo has dicho mejor que yo. Siento que el cuerpo me lo pide. Que ya no puedo dejar a un lado mi creación. Y estoy feliz haciéndolo, corrigiendo mis oraciones, inventando esta situación, o borrando esto y aquello para terminar con un producto más pulido, mejor.  

Sé que te apasiona enseñar, y piensas que no podrías desempeñar otra actividad distinta, ¿qué es lo que aporta impartir clase y el contacto con tus alumnos?

La escritura es muy solitaria. Tú lo sabes. Y si bien me encanta pasar horas y horas tratando de producir algo, enseñar, estar con los estudiantes, discutir nuestras inquietudes, me llena de vida. Te puedo decir con toda honestidad que en el salón de clases me siento como si estuviera en casa. Hay gente que adopta una actitud distinta a la hora de enseñar. Yo sigo siendo el mismo. Me equivoco, meto la pata. Digo alguna tontería. Los hago reír. Comparto cosas personales con mis estudiantes, de mi vida, de mi familia, de mis propios miedos e inseguridades con la escritura. Yo creo que sólo así, mostrándote totalmente humano, siendo tú, puedes llegar al corazón de los estudiantes universitarios. Sobre todo ahora que podrían estar viendo una serie de Netflix, escuchando un podcast, viendo una película, entretenidos con un videojuego, mandándose un mensaje de texto. Mi labor es mostrarles que la literatura puede ser maravillosa, que estudiar mi cultura tiene un valor único, que aunque el mundo sea un caos de injusticia, discriminación, desigualdad y violencia, hay que hacer todo lo posible por que sea un poco mejor.

¿Qué has sacado en limpio o de lección al alzarte con dos premios International  Latino Book?  ¿Tuviste algún pálpito mientras los escribías?

Hay que dar lo mejor de uno en todo momento. Uno no escribe pensando que va a ganar un premio. No lo creo. Pero sí debes escribir, o me lo digo a mí mismo, con alma, corazón y vida. Pienso en ese famoso vals nuestro, pero sobre todo en que escribir por escribir no tiene ningún sentido. Hay que ponerle mucho esfuerzo a la escritura. Tratar de contar algo que sólo tú podrías contar. Porque en el momento en que publicas algo, ese texto deja de ser tuyo y se va por ahí a conquistar a otras y otros.

¿Es verdad que te gusta cantar, que lo haces todo el tiempo, y no puedes evitar lanzarte con alguna canción en las reuniones familiares? ¿Por qué prefieres los boleros y rancheras?

El destacado escritor con la autora de la entrevista 

Me gusta cantar, sí. Yo siempre digo que en un mundo ideal me hubiera gustado ser cantante. Pero soy asmático. Y ya podrás imaginar lo que eso significa. No siempre tengo los pulmones para poder cantar. No sólo me gustan los boleros y las rancheras, también los tangos, las cumbias, los valses. Creo que con la música me pasa lo mismo que con la escritura. En las letras de esas canciones me hallo, me encuentro. En esas declaraciones de amor hiperbólicas, tan típicas de los latinoamericanos, en el sentimiento trágico de los boleros, en el dramatismo de un tango. Para mí son lo máximo. Y mi debilidad son los valses peruanos. Los escuché mucho de niño en casa de mis abuelos y siempre me acompañan, con su tonadita pegajosa. Y los huaynos, los festejos que ahora le enseño a mi hija de cinco años. Cantarlos, supongo, es un modo de volver a casa.

Tengo entendido que te encanta cocinar.  Dicen que te salen muy bien los platos criollos peruanos y has aprendido mucho de gastronomía española porque estás casado con una valenciana, ¿qué es lo que te pide la familia o los amigos cuando te ven en la cocina? ¿Cuáles son tus platos estrella?

¡Qué bien enterada estás! Me encanta cocinar. No me pidas que barra ni que trapee ni que quite el polvo de la casa porque te inventaré cualquier excusa para no hacerlo. Pero cocinar me divierte, tanto como cantar diría yo. De mi suegra aprendí a hacer muchos platos españoles que he incorporado a la carta familiar, pero más preparo cebiches, tiraditos, causas limeñas. De vez en cuando un lomo saltado, una carapulcra. Hasta hago tamales envueltos en hojas de plátano y humitas. Empanadas de carne, de pollo. Y papas rellenas, papas a la huancaína, un buen seco. ¿Qué quieres que te prepare?

Has dicho que tu filosofía es hacer el bien y que sabes distinguir la mala vibra de la gente y los grupos humanos, ¿abunda esa energía tóxica en el medio literario?

Yo creo que en todas partes uno puede sentir eso que dices, energía negativa, tóxica. Pero no hay que dejar que eso te afecte. En el medio literario también existe esto, pero es tonto. ¿De qué te sirve compararte con esta persona o esta otra, pensar que tú mereces más que él o ella? Lo mejor es seguir trabajando, como hormiguita, haciendo lo tuyo, apostar por tu propia literatura. A veces, en el camino uno encuentra a un grupo de interlocutores, amigos, compañeros de oficio con los que compartes un poco de creación y de vida. Eso es muy bonito y hay que cuidarlo. Pero si sientes que esta persona a tu lado, un escritor, un compañero de trabajo, no te valora, simplemente mira para otro lado. Invéntate otra ruta. Y no te amargues.

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