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sábado, 27 de febrero de 2021

Alejandro Pérez Guillén: «La vida no siempre nos sigue la corriente»

 


Alejandro Pérez Guillen es de esos poetas que se dan por entero. Que no dosifican sus emociones y aman a contracorriente. Sin importar lo que suceda en el mundo exterior, los de su especie son intrépidos e intensos; soñadores y vulnerables. No  conciben ser de otro modo.  Y  el vate andaluz no lo desmiente: «Voy de cabeza, sin freno».

Por estos días el poeta promociona Arroparte o el arte de caminar sin ropa (Ediciones Alfar), una obra donde permite que le miremos por dentro. 

En tu poemario Arroparte o el arte de caminar sin ropa, te descalzas,  muerdes, caminas, te desnudas y exhibes la piel de los latidos, ¿en qué momentos se te ocurre exponerte de ese modo tan personal? Porque eres tú y nadie más que tú a lo largo de esas 269 páginas.

Uno tiene la rara cualidad de ser el mismo en todos los escenarios posibles. No estoy afirmando que haya un paralelismo entre la vida y la literatura, porque estaría aceptando que ambos mundos no se tocan. Y no es cierto. Es el mismo espacio. Es un modo de interpretar el camino. Exponer significa poner hacia afuera, colocar a la vista. Y yo miro hacia adentro. Ahí es donde me desnudo. Ahí es donde le arranco la piel a las emociones. Ahí es donde el corazón campa a sus anchas. Los escudos nos impiden ver el interior de las personas. No seré yo quien ponga un muro por delante. Me decanto por un canto a los abrazos.

El poeta no concibe la vida sin amor


El libro está dividido en cinco partes, en las cuales, pese a la división, no puedes evitar referirte al amor, la sensualidad, tu filosofía de vida y el entorno donde te desenvuelves en cada uno de ellos, si así es, ¿cuáles son las razones de este orden o unión de poemas?

Arroparte o el arte de caminar sin ropa arranca con un homenaje al libro en una composición de amor donde uno se deshace entre las páginas o se construye en ese laberinto de emociones. Uno pretende hacerse nido entre las manos de la amada, sembrar latidos en la soledad del folio en blanco. Descalzos es el primer apartado del libro en esa sensación de ponerse cómodo ante la vida, de sentir bajo los pies la huella agigantada de sus pasos. Mordeduras es un manifiesto de andar por casa, una concepción vital en la que predomina la pasión, un modo intenso de agarrarse al cuello de la esperanza. Ya estamos dispuestos para salir a la calle, para asomarnos a la intemperie. Para seguir nuestra propia senda. El camino es un presente que uno recorre mediante la sonrisa. Desnudos no puede estar más claro. El alma no se viste. Se quita la ropa y los complejos. Son textos muy breves. Son textos tremendamente profundos. Como un faro en la noche. Como un relámpago en la oscuridad de la tormenta. Como una caricia en la piel. Como una sacudida en la conciencia. La última parte se titula La piel de los latidos en la que el hombre ama sin medida. No soy un romántico al estilo de las novelas clásicas. Soy un romántico en el sentido de que hay que entregarse a fondo, sacarle todo el jugo a la vida.

¿Te juegas el corazón en cada letra? ¿Es eso cierto?

No concibo la vida sin amor. Uno pone en juego el corazón en todo lo que hace y no solemos darnos cuenta. Cuando renegamos de nuestra capacidad de amar, establecemos una distancia insalvable entre el mundo y nosotros. Yo quiero estar próximo a la caricia. Quiero sentir de cerca el mundo que vivimos. Incluso cuando juego al fútbol sala, el portero que defiende los tres palos se entrega sin reservas. Tengo la consigna de darlo todo. Hasta en la caída. Hasta la carcajada.

Te refieres a tu hijo en varios de tus poemas, pero hay uno especial donde le agradeces que, aunque no le guste el fútbol,  te acompañe a verlo. ¿Una significativa demostración de amor?

Afirma que quiere sentir de cerca el mundo en que vivimos

En una ocasión dije que los niños nos regalan dos vidas: la del presente que compartimos a su lado y la de la infancia a la que volvemos de su mano. Quien siente en sus carnes el amor de un hijo no tiene más remedio que darle las gracias al amor. A mí no me entusiasma la música, pero iría a todos los conciertos del mundo con tal de contemplar la cara de felicidad de quien ama la canción de la vida.

¿Cómo llegaste a la conclusión de que la vida se vive dos veces? Háblanos de esa experiencia.

Yo no soy de esos escritores que se complacen en la desgracia. En ocasiones la literatura la concibo como terapia, como un modo de atar con palabras los fantasmas que nos acechan. Yo disfruto componiendo instantes de luz, aquellos en los que he gozado de forma extraordinaria. En esos momentos acudo al papel, busco la soledad de un bolígrafo, agito la memoria con satisfacción, lanzo las piezas sobre la mesa y compongo un corazón a mi medida. Dejo que se enfríe en un cajón. Lo abro al cabo del tiempo. Y solo hace falta echarle una mirada a los recuerdos para darle vida a la emoción que encierran.

Aseguras que hay miradas que te reconcilian con la vida, lo afirmas en uno de tus poemas del apartado Descalzos, ¿cuáles son esas? ¿Dónde las encontramos?

La vida no siempre nos sigue la corriente. Pero nada es eterno. Ni siquiera la tristeza. Yo he descubierto que los ojos sonríen, que hay miradas en llamas que borran todas las nostalgias, que hay gestos capaces de reconciliarte con la belleza. He visto el baile de una hoja al desprenderse del árbol y la misma danza en la ternura de un niño que te mira con asombro. He estado distraído en el sofá y, al girarme, el amor se ha tropezado con el calor de unas pupilas que te aman. Y mis ojos se rinden al fuego y a la magia.  

Reflexionas sobre el presente y le responsabilizas de impedir el gozo del instante, ¿te sucede a menudo?  ¿Crees que nos ocurre a todos?

Reclama el ejercicio de la pausa 

Denuncio el vértigo con el que afrontamos el día a día, porque nos impide gozar del presente. Reclamo el ejercicio de la pausa. Huir de la prisa. Aprender a saborear el instante sin más metas que nos distraigan. Cerrar los ojos y que la vida se detenga.

Te quejas de los ruidos porque no te permiten escuchar los silencios, lo expresas en  uno de tus poemas del apartado Mordeduras. ¿Son los ruidos más nuestros que el de los otros?

Vivimos en una sociedad en la que la razón la lleva quien impone el grito por encima de la lógica. Así no hay forma de escuchar el silencio. Así no hay forma de que tenga sentido la palabra.

También te ocupas de la política, lo dejas claro en  el poema Elecciones, donde te ocupas de los comicios en Estados Unidos y Trump. Es el único de esa índole en tu obra, ¿qué te condujo a incluirlo en tu poemario?

No me gusta mezclar la política con la literatura. De hecho siempre he pensado que discutir sobre estos temas, al igual que sobre el fútbol o la religión, lo único que consigue es quedarte sin energías. Yo no vengo a convencer a nadie. Procuro estar informado y forjar mis ideas en torno a una sensibilidad que me acerque al corazón de la gente. Intento arrancarle las malas hierbas al campo. Desnudar con las letras la belleza con la que nos tropezamos cada mañana. Esa que está ahí, a nuestros pies, y nos empeñamos en no verla. El texto al que te refieres es un juego de palabras, un homenaje a mi padre, un canto hacia un comportamiento más humano. La ironía derramada en el papel.

Cumplir 43 años te marcó de sobremanera, así lo dejaste saber en el poema Cifras. ¿Qué aprendizaje encierra dicha edad?

Me viene a la memoria un texto escrito con humor para responderte a esta pregunta. Esta mañana he roto un plato en el desayuno. ¿Quiere significar este hecho que por fin estoy madurando? Yo he sido una persona muy tímida. He perdido la vergüenza con el tiempo. Me ha costado darme cuenta de lo valioso que soy. Tenía muchos miedos y muchas dudas. He acudido a la literatura para salvar ese exceso de sensibilidad. Me separé. El mundo se me vino abajo. Y lo he construido mediante la palabra. Me gusto como soy. Siempre ha sido así. Ahora, a mis 47 años, soy capaz de tomar mis decisiones sin que me tiemble el pulso. He estado muy pendiente de los demás. Ahora persigo mis sueños pensando que se pueden hacer realidad. Ahora me atrevo a ser yo mismo. A sacar a relucir facetas desconocidas en mí. Y me divierto.

En Corro precipitadamente rindes homenaje al librero Manuel de Falla de Cádiz y con él a sus compañeros y a las librerías, en general. Padeciste su partida con hondo dolor por la persona que fue y por el papel que jugó en tu infancia, ¿no es verdad?

Dice que va de cabeza por
la vida 

Descubrí la librería Manuel de Falla a la mayoría de edad. Era un estudiante en Cádiz que admiraba los libros. Un día vi en el interior a Fernando Quiñones y me quedé asombrado. Llamaba por teléfono, aunque no fui capaz de decirle nada. Así pasaron los cinco años de Universidad con visitas esporádicas a ese entrañable lugar. Empecé a trabajar como responsable de la biblioteca de mi pueblo. Volví de nuevo a la librería. Solía hacer las compras allí. Poco a poco se fue fraguando una amistad inquebrantable con los propietarios. Empecé a publicar mis libros. Juan Manuel le daba un espacio privilegiado a mis obras. Con el mismo mimo con el que las abuelas amasaban el pan, fuimos intimando hasta el punto de que son una familia, ese paraíso perdido de mi juventud donde siempre encuentro el calor de un abrazo. En uno de esos encuentros me enteré del fallecimiento de Manuel. Me conmovió tanto la noticia que escribí el texto Corro precipitadamente. Lo leí en la presentación de Re-flexiones: ejercicios para el corazón en el Baluarte de la Candelaria. Era un texto recién escrito con el que arranqué el acto. Aparece publicado en Arroparte o el arte de caminar sin ropa.

Afirmas que las palabras le tienen pánico a la soledad, y que por eso no andan solas. Lo expones en un poema del apartado En el camino. Sin embargo los poetas suelen andar solos o es que me equivoco y solo les basta y sobra la compañía de esas letras.

Es un concepto de la literatura como diálogo del autor consigo mismo, del autor con el mundo, del autor con el lector. La escritura no tiene sentido si no cuenta con un destinatario. Y el poeta observa todo lo que hay a su alrededor. Está acompañado. Necesita sus momentos de soledad y esos instantes para compartir. No establezco diferencia entre el poeta y la persona.    

 También en tu libro te refieres al maridaje entre literatura y existencia, en tu caso han ido de la mano siempre, ¿no es así?

Revela que solo se podría arrepentir de lo que no ha hecho

No concibo al Alejandro persona sin su faceta de escritor. No sería el mismo. No concibo al Alejandro escritor sin la vida que lleva a cuestas. No escribiría de la misma forma.

En Me gusta la navidad te refieres a tu abuela y afirmas que por ella aprendiste a vivir desde el cariño. ¿Cuáles fueron esas lecciones? ¿Cómo se aprende a serlo?

Yo guardo un cariño infinito por mis dos abuelas. Ramona era la bondad personificada. Una mujer abnegada. Me encantaba quedarme en su casa cuando era pequeño. Me faltó tiempo para estar a su lado, pero el Alzheimer me la arrebató. De mi abuela María conservo más recuerdos. Sencillamente porque sobrepasó los 90 años. Era muy cariñosa. Parecía que no quería molestar. Me la imagino leyendo un libro en la soledad de su mundo. Bajo el ruido de los nietos y los bisnietos. En el encuentro familiar de todas las navidades. Nos traía, a pesar de la edad, una bolsa gigante de gominolas para cada uno. Era un ritual. Una manifestación de su dulzura. ¿Qué aprendí con ellas? Todo. Pero, fundamentalmente, me enseñaron a amar sin freno.

En el apartado Desnudos te muestras romántico, optimista y enamorado del todo. Aquí dejas el pudor a un lado y te das por entero, ¿hubo algún tipo de arrepentimiento posterior?

Uno solo se puede arrepentir de lo que no ha hecho. No puede arrepentirse de aquello que ha llevado a cabo con el corazón entre los dedos. Escribo desde el optimismo. Si no estoy en el mejor momento, la literatura me sirve como refugio ante las heridas. Y si estoy a gusto con mi vida, la pongo por escrito en esa fe ante el contagio. No sirvo para darme a medias. Es como ver la lluvia sin mojarte. Yo busco empaparme, bailar bajo la lluvia. Con el amor cogido de la mano.

Admites que todavía caminas a ciegas por el sendero de la vida en el apartado de La piel de los latidos, nos pasa a muchos, pero cuesta decirlo en voz alta, ¿no crees?

Confiesa que no le da miedo mostrarse
vulnerable 

Más que a ciegas voy de cabeza, sin frenos. Ahora soy más osado. Me lanzo sin ningún atisbo de duda hacia lo que quiero. Camino por el alambre de la incertidumbre. Tengo instantes de sombra. Espero a que salga el sol. No me da miedo mostrarme vulnerable. Es una virtud. Una forma de afrontar el futuro con optimismo. Un modo de conocerte mejor. De llegar ahí donde el amor se queda para siempre. ¿Acaso hay un modo más hermoso que vivir con las alas extendidas, con las puertas abiertas?

Te has definido como cursi, empalagoso y pasional en otro de tus poemas, ¿crees que son tus puntos débiles o, por el contrario, los consideras tus fortalezas?

Indudablemente son mis fortalezas. Quiero vivir la vida intensamente. Sentirla por cada poro de mi piel. Atravesar la carne. Exprimirle el jugo. Y sacarle un poema o una sonrisa.

Has dicho que te gusta creer que el amor es algo sencillo, ¿jamás resulta de ese modo?

Yo creo que somos nosotros quienes lo hacemos difícil. El amor se siente o no se siente. Pero olvidamos que estamos en una época contraria al compromiso. Olvidamos que hay que mimarlo cada día, como esa semilla que necesita de una caricia de agua y un buche de sol. Olvidamos el valor que adquieren las palabras. Olvidamos la importancia de los gestos cotidianos. Yo me lanzo al vacío. A la sensación de que la vida es hermosa si dejamos que los latidos se entiendan.

Evidencias mucha nostalgia por tu infancia, ¿vuelves a menudo a ella a través del recuerdo o los sueños?

He llevado una infancia sin más traumas que mis inseguridades, sin más sobresaltos que mi falta de madurez. Arropado, lleno de cariño. Pero también demasiado cuajado. Sin saber cómo tomar las riendas. Y retorno a esa época en los pasos de mi hijo. Un modo de vivir el presente y decirle al niño que me habita que nunca es tarde para desmelenarse. Ahora me deleito con el adulto y con esa niñez que me invita a arrojarme a locuras agradables. 

En su libro le arranca la piel a las emociones

Revelas preocupación por la ecología en los poemas Que solo nos queme el amor y Arde la montaña. Sentiste profundo  pesar e impotencia  por los incendios en Galicia y Canarias, y la forma de dejarlo patente fueron estos escritos, ¿no es cierto?

Hay algo que no comprendo del ser humano: su capacidad para la destrucción. No entiendo ese comportamiento, la actitud egoísta de mirarse constantemente el ombligo. No me extraña que el mundo se les haga tan pequeño. Yo lo quiero sin límites, sin fronteras. Cuando me llegue el momento, me gustaría pensar que he contribuido a coserle algunos hilos a la belleza.

El libro culmina con el poema Arrópame de Eva María Márquez Roldán, ¿por qué cerrar con un escrito que no te pertenece? ¿Cómo se gestó esta colaboración?

Eva Márquez es la mujer de la que estoy enamorado. Es una persona profundamente sensible. Un milagro con el que me he tropezado en el camino. Después de más de un año sigo sintiendo su magia. Me pongo inquieto todavía cuando voy a verla. Quizás sea arriesgado. Un modo de levantar las cartas. Una manera de abrirme en canal. Una forma de integrarla en mi mundo. Le gusta la literatura. Le pone el corazón a la vida. Coincidimos en ese propósito. Arroparte o el arte de caminar sin ropa empieza y termina con un poema suyo. Como un abrazo. Como una declaración de intenciones. Ha conseguido que el amor siga despierto en la conciencia. En ese paréntesis que es la vida la quiero conmigo. Tenemos en mente varios proyectos literarios.

¿Hay corazones que no se apagan nunca, Alejandro?

Yo haré todo lo posible porque siga con vida. Es el impulso que nos mantiene vivos.

Si deseas saber más sobre el poeta o su obra
puedes pinchar los siguientes
enlaces:
https://alejandroperezguillen.es/
https://www.edicionesalfar.es/es/producto/arroparte-o-el-arte-de-caminar-sin-ropa/


lunes, 8 de febrero de 2021

Juan Ramón Barat: «Creo que llevo el gen creador en mis huesos»

 


Juan Ramón Barat está a pleno rendimiento. Ahora dispone de todo el día y la noche para crear. Ha nacido para contar historias sea en verso o en prosa. Para niños, jóvenes y adultos, sin distinción alguna. No se limita. Confiesa que no le tiene miedo a ningún género, aunque revela que siente debilidad por la poesía.

De cara a la primavera espera la publicación de seis obras, de diverso género y para un público, variado, entre las destacan: Cuento contigo para mejorar el mundo (cuento infantil), La cripta negra (novela juvenil), Si preguntan por mí (poesía para adultos) y Jaque al emperador (novela histórica).

Eres un infatigable escritor, tocas todos los géneros y tu mente se halla en constante proceso creativo, así lo demuestra la larga cola de libros que esperan publicación a lo largo de este 2021, ¿los temas para estas obras surgieron durante el confinamiento o aprovechaste la reclusión para desarrollar con soltura las ideas que ya tenías?

Es un escritor que cree en el trabajo
Reconozco que soy un trabajador compulsivo. Escribo continuamente porque es lo que me gusta y porque, además, me lo tomo como un oficio. Pienso que un escritor debe ser metódico, riguroso y comprometido con su trabajo. Otra cosa es la inspiración. A veces llega y a veces cuesta más dar con ella, pero si uno es constante en su labor antes o después aparece la musa. El confinamiento me ha venido de perlas para recluirme en mi celda solitaria y reencontrarme conmigo. Ahora dispongo de las 24 horas del día para escribir.  Desde el punto de vista del rendimiento literario no me puedo quejar: estoy en mi salsa. Hay varios libros  míos que van a aparecer durante 2021. Al menos, seis. No todos ellos son frutos del confinamiento. Algunos de ellos ya estaban en el “cajón” desde mucho tiempo atrás. Lo que ha sucedido ha sido una conjunción astral. No todo lo que escribo se publica de inmediato. A veces, los manuscritos deben esperar hasta que llegue su momento. En esta ocasión se da la circunstancia de que varias editoriales han coincidido en el tiempo para dar salida a algunas de mis obras inéditas.

Los libros que verán la luz este año pertenecen a diferentes géneros, y no solo eso, su público difiere en edad, ¿se te dio por escribir varias historias en paralelo? ¿Cómo haces para salir de un género y entrar en otro?

La literatura me gusta en todas sus fórmulas, por eso escribo narrativa, poesía, piezas teatrales, reseñas o artículos sobre libros.  Creo, sinceramente, que un escritor de verdad no debe tener miedo a ningún género. Ahí están los ejemplos de miles de grandes autores: Víctor Hugo, Shakespeare, Cervantes, Oscar Wilde, García Lorca, Valle Inclán, etc. Todos ellos cultivaron diversos géneros y lo hicieron francamente bien. No hay ningún problema en alternar la prosa con el verso. Las historias que transformo en materia literaria bajo cualquiera de los formatos posibles (cuentos, novelas, obras teatrales, poesía…) surgen de las maneras más insospechadas. A veces se me ocurren a mí y a veces se les ocurren a otras personas. En concreto, a las editoriales con las que publico. Es habitual que un editor me llame y me diga: “Oye, JR, tengo una idea para un libro, tal vez te pueda interesar…”. Y esa “idea brillante” puede ser cualquier cosa: un libro de relatos para primeros lectores, la vida de un personaje real que vivió durante la guerra de Cuba, una pieza teatral para niños de educación primaria… Normalmente digo que sí y me pongo a trabajar en ello. Cualquier propuesta se puede convertir en una buena obra literaria. Hay que marcarse plazos de entrega, ritmo de escritura, etc. Y a trabajar. Admito que muchos de mis libros existen gracias al encargo de una editorial. Pero ¿qué pintor, escritor, músico, escultor, arquitecto o cineasta no ha trabajado por encargo? Fidias lo hacía, Mozart lo hacía, Velázquez lo hacía, Lope de Vega lo hacía, John Houston lo hacía… Las grandes catedrales góticas se hacían por encargo.

En tu producción literaria, como ya he apuntado, hallamos casi todos los géneros: novela histórica, poesía infantil y para adultos, cuentos juveniles, teatro, narrativa de misterio, entre otros, ¿cómo sabes que es el momento de expresarte en prosa o en verso? ¿Cada historia se presenta con su respectivo género?

De niño le fascinaban los cuentos
Supongo que mi formación ha tenido mucho que ver en mi manera de  acometer un proyecto. Antes de convertirme en hombre, fui niño. Un niño fascinado por los cuentos infantiles, los tebeos, las novelas románticas, las de aventuras, las escenificaciones teatrales y la poesía de Bécquer, Machado o Juan Ramón Jiménez. Mi madre me narraba miles de cuentos al calor de la lumbre. En mi casa había siempre tebeos, que yo leía una y otra vez. A veces leía el mismo tebeo unas veinte veces, hasta aprendérmelo de memoria: Roberto Alcázar y Pedrín, Hazañas bélicas, El guerrero del Antifaz, El capitán Trueno, Pumby, TBO… Ya en la adolescencia ingresé en un grupo teatral que había en mi pueblo (Borbotó, una pedanía de Valencia) y ahí subí por primera vez a un escenario. Hice teatro durante varios años. Con este grupo de amigos aprendí cómo funciona una obra teatral: qué son los actos, las escenas, las bambalinas, los apuntadores, los decorados, las acotaciones… Luego vino la formación académica. Estudié Filología Clásica e Hispánica, así que me empapé de todos los autores griegos, latinos, españoles y latinoamericanos que salían a mi encuentro con verdadera devoción. Leí poesía de Anaximandro, Catulo, Ovidio, Horacio, Virgilio, San Juan de la Cruz, Garcilaso…, pero también leí teatro de Plauto, Terencio, Lope de Vega, Calderón, Shakespeare, Alejandro Casona, Buero Vallejo… Y en cuanto a la prosa, creo que no hay rincón de la historia que no haya husmeado… ¿Por qué digo todo esto? Pues porque para mí la literatura ha sido siempre una especie de cueva de Alí Babá, llena de tesoros. Podría estar hablando horas y horas de todas las joyas que me deslumbraron en mi incesante búsqueda de la emoción. Todo eso está en mí, y creo que explica mi amor por todos los géneros literarios, sin distinción. También queda explicado, supongo, que sigo siendo aquel niño que leía una y otra vez el mismo cuento, y que ese temblor regresa a mi corazón cada vez que inicio un proyecto tanto para público adulto como para niños o adolescentes.

Entre los libros que pronto verán la luz abundan los títulos dirigidos al público juvenil, ¿cuál de ellos es tu preferido y por qué?

Siento especial debilidad por la poesía, sobre todo cuando escribo para los pequeños. Me parece muy divertido jugar con las rimas, la métrica y las metáforas. Saco de dentro de mí al gamberro que llevo en el alma, el personaje optimista y luminoso que me acompaña siempre, y que es una herencia de mi madre. De ella aprendí a tomarme la vida con alegría y buen humor. Me encanta crear personajes divertidos. Un ejemplo de ello, puede ser Historias estrafalarias, veinte relatos breves en verso sobre los tipos más excéntricos que podamos imaginar: un fantasma miedoso, un lobo vegetariano, una sirena que no sabía nadar… Los libros para los niños también te permiten explorar otros campos, como la imaginación. En Lindaluna y el bosque encantado se conjugan la fantasía, el humor y la música en una obra teatral realmente deliciosa. En el libro Cuento contigo para mejorar el mundo, así como en Cómo ser genial con valores y emociones trabajo temas que son necesarios como la ternura, la solidaridad, la empatía, la bondad… Y esto me lleva al punto clave: la literatura infantil y juvenil ha de tener siempre un fondo didáctico o pedagógico, porque los niños son el futuro de la sociedad y es nuestro deber educar y formar ciudadanos buenos. Por lo que respecta a La Cofradía de la Luna Roja y La cripta negra, se trata de dos obras de magia y misterio, para adolescentes. Creo que una novela para gente de diez, doce o catorce años ha de tocar también estos temas. ¿Quién no se ha sentido cautivado por una buena historia de suspense a los catorce años? No olvidemos que hemos de intentar ganar adeptos a la literatura, y que este tipo de libros son los que demanda un lector a esas edades. A la pregunta de cuál es mi preferido de entre todos estos libros, no puedo responder. Todos mis libros son hijos míos y a todos los amo por igual. Al menos, están “elaborados” con el mismo cariño.

Uno de los libros que saldrá
en primavera 

Muchos críticos consideran que Juan Ramón Barat es, sobre todo, un magnífico escritor de narrativa juvenil, ¿crees que es tu fuerte? ¿Te sientes más cómodo en dicho género?  ¿O crees que eres efectivo en todos los géneros?

No estoy demasiado de acuerdo con esa teoría. Lo que ocurre es que mis novelas juveniles cuentan con miles de lectores por el simple hecho de que se leen en cientos de colegios e institutos. En los centros escolares se estudian muy poco la poesía y el teatro. Los profesores no recomiendan la lectura de poemarios o de piezas dramáticas. Lo normal es que prescriban novelas adolescentes. Por esa razón se venden mucho más mis novelas juveniles. La diferencia es abismal. Sin embargo, yo creo que un libro de versos como Poesía para gorriones, o una comedia como Una de indios no tienen nada que envidiar a alguna de mis novelas, pongamos por caso Deja en paz a los muertos. La prueba está en que allá donde van atrapan el corazón tanto de los profesores como de los alumnos.

Hace muy poco has sumado un nuevo galardón a tu lista de premios y reconocimientos, ¿recibes uno nuevo con la misma ilusión del primero o es un sentimiento diferente el que te embarga?

Los premios siempre se reciben con alegría. Son un estímulo y un acicate en la carrera de cualquier escritor. Significa que lo que tú has escrito tiene algún valor literario. Que cinco o seis personas que no te conocen de nada elijan tu obra de entre un montón de aspirantes hace feliz al más frío de los mortales. Más objetividad es imposible. Hasta la fecha todos mis premios han sido otorgados por jurados desconocidos para mí. El día que me dé el galardón un jurado compuesto por amigos míos comenzaré a preocuparme.

Has obtenido  el premio de la  IV edición del Premio Nacional de Poesía Feria de Los Palacios y Villafranca con tu obra Autorretrato en 3D, ¿supongo que este premio posee una gran significación para ti teniendo en cuenta los tiempos que corren?  ¿Cuál es la historia de este poemario? ¿El autorretrato es el tuyo?

Revela que desconoce el secreto 
de su éxito entre los jóvenes

El premio al que te refieres es de ámbito nacional, por lo que concurrían poetas de todo el país. Solamente había que presentar un trabajo poético de entre 30 y 100 versos. Decidí presentar algo de lo que estoy escribiendo últimamente. La poesía es un género muy generoso. Mientras estás enfrascado en una novela o en un libro de relatos, puedes de vez en cuando hacer un alto en el camino y escribir unos versos… Eso es lo que hago. Siempre voy con una pequeña libreta y un bolígrafo en los bolsillos: cuando voy a la compra, cuando salgo a caminar por la huerta, cuando ando arreglando enchufes por la casa… De vez en cuando se me ocurren un par de versos y tengo que apuntarlos, para que no se me olviden. Por esa razón siempre estoy escribiendo versos. Los paso a limpio en un archivo que llamo ‘Todopoesía’ y poco a poco le voy dando forma… El caso es que decidí presentar algo en Los Palacios y Villafranca, como decía. Reuní tres poemas que tenían entre sí un mismo hilo conductor. Los tres hablaban de mí pero desde distintas ópticas. Lo titulé Autorretrato en 3 D. El hecho de presentarme a este certamen, como a veces a otros, más que nada tenía la finalidad de comprobar si lo que estaba escribiendo podía tener algún mérito… Y… ¡zas! Me llaman por teléfono y me dicen que se han presentado 420 obras y que la mía ha resultado la ganadora… Como se comprenderá, no se trata de una alegría económica, pues no es un premio de una gran cuantía, pero sí tiene para mí un gran valor emocional. Los tres poemas presentados en este minipoemario son una breve muestra de cuál es la poesía que estoy escribiendo y que pronto verá la luz en la editorial Renacimiento bajo el título genérico de Si preguntan por mí. Como se ve, por el título, es una especie de autorretrato.

Mantienes una fluida comunicación con tus lectores jóvenes, ellos te escriben para saludarte o para opinar sobre tus libros, ¿por qué crees que tus libros gustan tanto? ¿Cuál es el secreto de tu éxito?

A Barat acompañado de su lectores y su amada guitarra

Visito cientos de centros escolares, tanto de primaria como de secundaria, públicos, concertados y privados. Y no solo de España. Hace un año y medio estuve recorriendo México. La pandemia evitó que viajara a Marruecos. En mis charlas con los alumnos hablo, lógicamente, de mis libros, que son los que ellos leen y trabajan en las aulas. En todas partes percibo la misma agitación y entusiasmo hacia mis historias. Algunos de mis personajes son tan famosos que circulan por las redes. Incluso, hay en marcha un proyecto cinematográfico para llevar a la gran pantalla las aventuras de Daniel Villena, el protagonista de la serie que comienza con Deja en paz a los muertos, cuya quinta entrega sale publicada esta primavera bajo el título de La cripta negra. Hay miles de niños y niñas que se han presentado a un casting para figurar en la película. Algunos alumnos que leen mis libros suelen dejar sus comentarios en el Club Lector de mi página web (www.jrbarat.es) o en cualquiera de las redes sociales en las que participo. Los más osados me escriben directamente un correo o me mandan un wasap. Muchos de ellos sienten inquietudes literarias y me piden consejo. Lógicamente trato de ayudarlos a todos. ¿A qué se debe el éxito de algunos de mis libros? No existe una fórmula mágica. Lo único que debe hacer un escritor de novelas juveniles es estar en contacto con los adolescentes, conocer sus gustos, sus aficiones, su mundo, lo que les interesa… A mí me ha servido mucho ser profesor y tratar con ellos diariamente.

Ama a todos sus libros por igual 

No has renunciado a los encuentros con tus lectores, te mantienes vigente y ahora lo realizas de forma virtual, ¿cómo te manejas en las plataformas? ¿Te resultó difícil al comienzo?

Hasta hace poco, lo normal eran los encuentros de autor en directo, en los centros escolares, cara a cara con los chicos. A mí me gustaba mucho esa fórmula. Poder hablar con ellos, bromear, escuchar sus comentarios en sus propias bocas, ver sus reacciones a mis palabras, cuando les explicaba cómo había inventado una historia, la manera en que me documentaba, de qué forma construía un personaje o una trama… Siempre me gustó interactuar con los jóvenes, de los que he aprendido mucho. Son espontáneos, directos, transgresores… y eso te ayuda a replantearte continuamente tu forma de entender el mundo. Ahora hay que resignarse a las plataformas virtuales, tipo Skype o Meet, pero más vale eso que nada. No es una mala solución. Estoy haciendo videoconferencias con muchos centros de esta manera. Me manejo bien. He habilitado un “rincón literario” en mi casa para este fin. Aislado del resto de la casa, sin ruidos, sin sobresaltos, con una decoración de libros al fondo, buena luz…  Mientras dure el confinamiento, seguiré haciendo encuentros virtuales. Sin problemas.

Siendo, como eres un escritor muy imaginativo y trabajador, ¿ya estás pensando en tus próximas historias?  ¿Es verdad que escribes en sueños?

Siempre estoy pergeñando nuevos proyectos. El día que deje de soñar y tramar historias estaré perdido. Y sí que es verdad que escribo y compongo música mientras sueño. Lo juro. A veces me despierto con un endecasílabo perfecto entre los labios. O con una melodía maravillosa sonando en mi cerebro. Creo que llevo el gen creador en mis huesos. En la mesita de noche, junto a los libros que estoy leyendo, siempre hay una libreta y un bolígrafo. Es habitual que me despierte en mitad de la noche y escriba algo. No hay nada más horrible que no tomar nota de estas extrañas “apariciones” en mitad del sueño porque lo lógico es que por la mañana se te haya olvidado lo que te conmovió hasta las lágrimas. Sí. He dicho bien: hasta las lágrimas. A veces, la belleza de la música que yo imagino mientras duermo me resulta embriagadora. Bueno, creo que debería recordar en este punto que también toco la guitarra y que compongo la música con la que canto mis propios poemas. Cuando me preguntan qué me hubiera gustado ser, de no ser escritor, siempre respondo lo mismo: compositor musical. Por suerte, uno de mis hijos, Ángel, lo ha hecho por mí.

Si desean saber más del autor,
sus obras publicadas
o sus próximos libros
pueden pinchar 
aquí:
https://jrbarat.es/


La ardilla literaria