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lunes, 10 de febrero de 2014

Ricardo Guadalupe: “Se abrieron las latas y los unicornios salieron desbocados"

Su retorno es filosófico e intimista, y es más poeta que nunca en su discurso. Ahora que el escritor Ricardo Guadalupe  ha encontrado su voz y misión recorre toda España diciéndoles a los escritores que “pongan palabras al desencanto y despierten conciencias”, sin embargo, su foco de atención está en sus lectores con los que ha establecido una perfecta comunicación de almas.

Vuelve a la escritura, pero de una manera poética, filosófica e introspectiva. Y al respecto el escritor Ginés Vera manifiesta, en un comentario sobre Relatos con abrelatas, que provisto de más de una voz. ¿Hay alguien además de usted en esta obra que pone al alcance de sus lectores?  Suena algo misterioso, ¿no lo cree?

Sí que espero que haya alguien más ahí: el otro. Trato de arrastrar al lector hasta las páginas del libro. De conseguirlo, el lector se convertiría en “el tercer hombre”, puesto que ya hay dos en cada relato. Lo cual, es cierto, es misterioso.

Manifiesta que su obra también
es una especie de testamento musical
Foto: Marián Lucas Rodríguez
Vemos algo innovador en su nueva obra y es el del doble trabajo que ejecuta: el de narrador y comentarista. ¿Quiso de alguna forma asegurarse que el lector entendiera bien el mensaje de su relato?

Quise tender un puente de la ficción a la realidad, hacer un viaje de vuelta a los sentidos. Para que la fantasía tomara cuerpo y el desnudo fuera completo.

Pero Relatos con abrelatas no es solo un libro de relatos es también una propuesta poética, ¿cómo definiría a esta su nueva publicación?

Hay algunos poemas al final del libro, el canto del cisne del momento vital en el que lo escribí. Una especie de testamento musical, que en la escritura corresponde realizar con versos.

Algunos de sus relatos fueron publicados en algunas webs de literatura con gran éxito, ¿qué lo condujo a llevarlos al papel?

La forma también debía tomar cuerpo, en este caso de lo virtual al papel. Me gusta cuando me cuentan que lo tienen a la cabecera de la cama para frecuentar su lectura. La relación con una página web es distinta.

E incluso uno tiene un audio con su voz, ¿piensa,  quizá,  más adelante editar un disco con estos textos?

Soy narrador oral, formo parte del grupo personas-libro. Grabarlo fue mi manera de homenajearlos, y también de aprovecharme de mi amistad con el productor musical Ximo Gimeno, que hizo de ese audio una obra artística.

Luces de bohemia ocupa un lugar especial en sus lecturas preferidas, y no podemos dejar de
Durante su presentación en Valencia 
percibirlo en su libro, ¿qué nos quiere mostrar o demostrar con esa especie de homenaje o tributo que hemos hallado?

Aconsejo a todos pasearse de vez en cuando por el “callejón del Gato” de Luces de Bohemia y enfrentarse al espejo cóncavo y al convexo. Esta metáfora del esperpento que deforma lo que vemos nos da algunas de las claves de lo que habitualmente no somos capaces de ver.

Cuéntenos un poco qué criterios empleó en la selección de los relatos y poemas, ¿están ligados, tal vez, a un momento emocional específico que estuvo experimentando durante ese proceso?

Decía Giorgio Bassani que en la vida hay que morir por lo menos una vez antes de morir. Y que mejor hacerlo de joven, cuando aún queda tiempo para levantarse y resucitar. Relatos con abrelatas son la narración de mi otra vida.

¿La poesía es un género que siempre lo atrajo o es una seducción que tiene poco tiempo en sus preferencias?

“La poesía es algo que anda por las calles”, decía Lorca. Para mí es una manera de vivir más que de escribir.

¿Cómo asume o define su poesía?  ¿Tiene una misión distinta a la de su prosa?

La poesía, por definición, es más íntima. Y si no que se lo pregunten a los que me han escuchado leer en público mis poemas y han percibido cómo me cambia la voz.

El escritor considera que la vida es como una peonza
Foto: Marián Lucas Rodríguez
Su poema RCR-E-29 tiene que ver con su experiencia personal, con un momento frágil de su vida, ¿no es lo mismo ser un meteorito que una vulgar piedra? ¿Es algo así como bajar de categoría? Un duro golpe al ego de cualquiera, ¿no le parece? 

La piedra ni siente ni padece, el meteorito al menos sabe lo que es volar. Tal como me encontraba entonces mi único alivio era creer que mi origen era el de un meteorito extraterrestre.

¿La vida es una peonza?  ¿Lo cree así?

El amor es una peonza. “Cuando se para, se cae”. Y la vida tiene mucho que ver con el amor.

Explique esa teoría suya en torno a ‘la literatura en capas’. Creo que podría ser un aporte de especial significación para nuestros lectores.

Se trata simplemente de que un texto satisfaga tanto al que se quede en la superficie de la historia como al que busque ahondar más en ella. Se trata de tener en cuenta los diferentes estómagos de los lectores.

Su prologuista Lola Sanabria nos dice “Ricardo Guadalupe nos da su palabra”, pero nosotros creemos que se da por entero, ¿es fácil quitarse las vestiduras espirituales delante de los lectores?

Ser verdad es lo más difícil. Porque te expones y expones a las personas que ineludiblemente van unidas a uno. Pero exponerse es dar, y mejor nos iría si fuéramos todos un poco más generosos.

Ha manifestado que un escritor debe estar comprometido con su tiempo, ¿considera que la gran
Con la autora de la nota
mayoría no lo está? ¿Cuál cree que es su papel en estos tiempos que corren?

En unos tiempos en los que se toma al pueblo español por idiota, es necesario que los escritores pongan palabras al desencanto y despierten conciencias. Es la hora de los valientes.

Su empeño por difundir su obra lo ha llevado por diversos puntos del país, ¿con qué temas se identifica más la gente y qué comentarios recibe de su obra?

Suele impresionar la entrega de quien lo ha escrito. Por momentos me siento como un gimnasta olímpico al que se le reconoce su esfuerzo. Quiero pensar que además esa entrega pueda ser contagiosa.

¿En qué momento de su desarrollo creativo-literario considera que se halla?

Ahora estoy recogiendo lo sembrado con Relatos con abrelatas, pero sin dejar de sembrar nuevas obras. Una vez que la peonza literaria se puso en marcha no hay vuelta atrás. Esto no se para.

Una palabra o un conjunto de palabras para resumir la experiencia que está viviendo con Relatos con abrelatas. 

Se abrieron las latas y los unicornios salieron desbocados.




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miércoles, 22 de enero de 2014

Oswaldo Mejía: “La demencia es ese atrevimiento para ir contra la corriente”

Si unos cuantos más padecieran del tipo de locura que ‘aqueja’ a Oswaldo Mejía, ¡qué distinto sería el mundo!  Este demente, que así se describe a sí mismo,  es el arte personificado. Y si hubiese nacido en la época del Renacimiento, no tenemos dudas que habría sido encumbrado a la categoría de creador excepcional. La razón es simple: cultiva casi todo y lo hace con una originalidad sorprendente: es artista plástico, ilustrador, diseñador, historietista, poeta, narrador, músico, letrista, comunicador, etc., y por estos días, se atreve a desnudar su alma ante el mundo, sin ningún pudor ni preocupación por el qué dirán, con una autobiografía no convencional que lleva por título “Como se gesta un demente”.

Les invito a conocer al ser humano y al artista. No lo dejará indiferente. Siempre da de qué hablar. Por nada la balanza entre sus seguidores y detractores raras veces se equilibra. No busca la polémica. Tan solo se muestra tal cual es.
 ¿Se ha definido a sí mismo como creador de mundos y no un artista plástico, y ahora que ha incursionado en la narrativa cómo quiere que lo perciban sus seguidores y los lectores en general? 

Siempre estuve inmerso en la narrativa. Desde mi niñez solía escribir historias cortas, prosas y poesía. Aunque mi primer cuento con propuesta personal, titulada “Hambruna”, lo realicé a los quince años, y luego lo utilicé como guión para una historieta de dos páginas. No sé cómo me perciben quienes siguen mi obra mixta (Ilustración y texto), pero debo decirles que me valgo de ambas formas de expresión para facilitar, por medio de ellas, llaves que les permitan abrir el portal hacia los mundos que propongo.

 
Es un artista que está convencido de
que tiene mucho que decir
¿Qué pasa por la cabeza de un creador de mundos? ¿Se ve acaso como un dios?

Ni por asomo me atrevería a adjudicarme un título divino, pero sí estoy convencido de ser una especie de antena receptora de mensajes e inspiración que proviene del Gran Orden Universal. En ello seré tajante: No soy quien emite los mensajes, sólo soy quien los plasma.

Su novela “Cómo se gesta un demente” es autobiográfica y en ella se ha desnudado en todos los sentidos y ha huido de la autocensura, ¿por qué esta necesidad de hacerlo? ¿Qué lo llevó tomar tal determinación?

En mi novela “Cómo se gesta un demente” desnudo muchos aspectos íntimos de mi vida, pero lo que queda más expuesto son mis percepciones, cómo desde mi subconsciente deletreaba lo que en mi vida física acontecía, y para ello ameritaba desprenderme de todo rezago de autocensura; debía ser honesto conmigo mismo ya que era un llamado catártico. Escribir el libro fue excavar en mi subconsciente, buscando liberarme de mis propios demonios, fobias y traumas.

¿Qué es más peligroso: desnudar el cuerpo o el alma?

En un mundo tan deshumanizado como el nuestro, ambos desprendimientos pueden ser peligrosos, pero ello no me causa temor. Asumo a cabalidad mi rol de mensajero sin importarme los dardos de los intolerantes. Tengo mucho que decir y mi arte me confiere las armas para hacerlo, aunque mis detractores se rasguen las vestiduras y se revuelquen en sus ansias por silenciarme.

¿Le importa que sus admiradores puedan modificar el concepto que tienen de usted a partir de la lectura de biografía?

La verdad es que me tiene sin cuidado si alguien modifica el concepto sobre mi persona. Escribí mi autobiografía para fabricar luz; quienes no perciban esa luminosidad, será por que mi luz no se hizo para ellos.

"Huellas sobre lo dormido"
Manifiesta que su paso por la escuela de arte fue frustrante y casi estéril, por tanto se declara autodidacta, ¿lo es también en la escritura? 

Lo explico en mi autobiografía. Mi paso por la Escuela de arte me sirvió de poco o nada. Fui construyendo mis conceptos, mis técnicas y mi oficio a mi propio pulso. Nunca vi una obra de quienes allí fungían de profesores, jamás escuche de ninguno de ellos ni media palabra de su magia. Igualmente fue con la escritura. Soy por naturaleza un narrador, y leyendo a García Márquez, Hermann Hesse, Alan Poe y otros narradores fantásticos, fui forjando mi forma de narrar y escribir.

¿Considera que algunos artistas no tienen necesidad de ir a clases, porque por naturaleza están completos, y que para desarrollarse solo tienen que hurgar en su interior?

No creo estar capacitado para aseverar eso, es más, creo que todos necesitamos un o unos modelos que nos influyan para recorrer el camino, pero no tiene por que ser imperante la búsqueda de ello en las escuelas… Al menos, eso no sirvió para mí.

¿El dolor es más fructífero que la alegría o la estabilidad psicoemocional para el artista o creador?

Desde los catorce años soy un maníaco depresivo, y usé mis estados depresivos como fuente recurrente para crear, siendo estos estados generosamente fértiles, aunque ahora suelo crear con frecuencia inspirado por la musa del amor sublime.

Ya antes de incursionar en la novela, acompañaban escritos a sus pinturas y dibujos, a los que
Junto a Myriam Jara, su editora, representante y pareja
sentimental durante una de sus presentaciones 

denominó ‘binomios’. Explíquenos lo que son.

Cada una de mis ilustraciones las presento  de manera indivisible con una prosa o un poema, a esa indivisibilidad es lo que llamo binomios. Muchos de quienes se hallan frente a uno de estos binomios por primera vez, se sienten intrigados ante la aparente relación ilógica entre ilustración, título de la obra y la prosa. Los más acuciosos, que luego serán mis seguidores, pronto se ubican, y a su manera se dan cuenta que cada uno de estos elementos tienen vida propia pero que a la vez son parte de un todo que da vida a mis mundos.

Miguel Ángel de Bernardi, el prologuista de su libro, manifiesta que usted es producto de sus obsesiones, filias y fobias, ¿está de acuerdo?

Indudablemente, el Sr. Miguel Ángel de Bernardi fue muy acertado al describirme así. Si optáramos por extraer de mi subconsciente esas escamas llamadas obsesiones, filias y fobias, evidentemente no quedaría nada del Oswaldo Mejía artista.

En su libro manifiesta que no está seguro que sus recuerdos sean realmente tales, y que tal vez se traten de “fantasías mitomaníacas”, esos necesarios soportes psicológicos que le ayudaron a seguir adelante con su vida. Entonces, ¿qué tipo de lectura nos sugiere hacer de su biografía?

Le repito: mi autobiografía no es una biografía convencional. Lo que narro en mi novela es cómo yo percibía, interpretaba y visionaba lo que ocurría en el mundo fuera de mí. Hubo cosas que iban hacia la derecha, pero yo las interpretaba deslizándose a la izquierda, y eso era lo valedero para mí, puesto que era lo que determinaba mi esencia. El lector debe leerla sin ningún condicionamiento, conforme vaya entrando en mí, irá, hallando sus propios espejos.

"Las nubes no son para todos"
Su infancia transcurrió feliz hasta la desaparición física de su hermano Carlos Miguel. Con el se fueron la inocencia, su fe en el amor y su confianza en las mujeres, y se recluyó entre cuatro paredes sin más compañía que su dibujos y pintura, ¿en qué momento decide salir y adoptar una nueva identidad?

Fue a raíz de ver a mi madre y mi padre sumirse en un doble dolor que el mío: ellos, al igual que yo, habían perdido a un ser querido, pero al verme atrapado en ese remolino su dolor se duplicaba, pues sentían que estaban perdiendo a otro más. Es entonces que decido salir, ponerme una careta sonriente, ocultar mi dolor y salir a mentirles a ellos y al mundo de afuera que era un niño feliz.

¿En qué momento los que llamaba “los de afuera” reciben la autorización de ver y apreciar ese mundo fantástico que albergaba su mente? 

Esto no fue deliberado ni preconcebido. En un principio sólo fue mi necesidad de hablar, necesitaba gritar sobre la existencia de los mundos a los que tenía licencia de ver en mi interior… sólo eso.

Habla de que tenía la necesidad de ‘parir sus visiones’ y que el resto se enterara de estas, y lo hizo sin medirse, con honestidad, espontaneidad y plena libertad, y muchos no han terminado de entenderlo, ¿no es así?

Es cierto, muchos no me entienden y muchísimos no me entenderán nunca. Los seres humanos somos muy heterogéneos en lo conceptual, más ello no es una traba para que yo continúe vociferando sobre lo que se alberga en mi mente.

Cierta crítica denomina a lo que hace “Arte demencial”, ¿qué le sugiere este calificativo? 
"Pat agujereó mi alma"

Muchos de mis detractores, que en su mayoría se dicen artistas, guiados por su intolerancia y el temor a lo que no logran entender, me han tildado de loco, y a mi arte como demencial. Pero yo no estoy en el mundo para hacer entender nada a quienes no desean entenderme y mucho menos para agradarle a quienes no les agrado. Bastante trabajo tengo con mi rol de mensajero.

Y otros que lo califican de inmoral, machista y hasta pervertido sexual, y lo persiguen incluso en las redes sociales porque les afecta lo que hace, ¿nos puede decir cuál es, a su parecer, la verdadera razón de esta actitud y comportamiento hacia su arte?

Para ser sincero, creo que esta actitud de intolerancia se da, en la mayoría de los casos, entre personas reprimidas que temen verse reflejados en mis obras-espejos y descubrir su propia inmundicia, y también en colegas artistas que se motivan en la envidia hacia mi libertad de poder expresarme sin temores ni tapujos ¡Soy un ente sexual y lo asumo con orgullo y honestidad ante todos!

La mujer es el tema recurrente de sus obras, ¿por qué?  Y, algo más, ¿cómo se lleva en la actualidad con el sexo opuesto?

En mi percepción, la mujer es metáfora y simbología de belleza, delicadeza, ternura, amor y también contradicción sublime. Sé que ella es diferente, más, necesariamente complementaria. Necesito a la mujer para amarla, para cantarle, para que me ame y me cante… Para vivir a su lado.

"Destructureica para Bardo"
¿Cuándo le da una nueva oportunidad a Dios en su vida?  ¿Es vital creer en algo superior? ¿Qué le pasó al agnóstico que había en usted?

Dios siempre estuvo presente en mí, pero fue mi soberbia injustificada lo que me hizo caer en un abismo, y fue Él quien me dio una y otra nueva oportunidad. El agnosticismo no fue más que esa posición nimrodiana en la que muchos caemos cuando empezamos a creernos autosuficientes para desafiar designios cuya potestad sólo está en manos del Gran Orden Universal.

 ¿Qué rol juega Myriam Jara en la producción de su novela?

La escritora Myriam Jara es mi editora, mi amiga, mi cómplice, mi socia, mi manager, mi musa, mi compañera de viaje por este polvoriento mundo. Ella fue mi estimulo para escribir “Cómo se gesta un demente”, pues hacerlo fue agotador y muy doloroso, he removido pus de heridas muy antiguas para tentar la sanación de recuerdos terribles, y ella estuvo a mi lado en cada línea, ella fue secando las heridas. Hemos llegado a un punto de conexión tan profunda que escribimos a dúo pero resulta casi imposible descubrir qué parte del texto pertenece a cada uno.

¿El escritor y el artista plástico o viceversa que habitan en usted  se necesitan  para crear?

No sé si ellos se necesiten, pero yo sí necesito de ambos para seguir pariendo estos mundos que constantemente embarazan mi mente.

¿Qué es la demencia fuera del ámbito psiquiátrico?

En mi modesto criterio, la demencia es ese atrevimiento para ir contra la corriente, para ser diferente y consecuente si creemos en nuestros principios y convicciones.

Bimonio
 
"Las botas de Baco viajaban en círculos"
 ¡NO QUIERO VEEEEER!
Sopla el viento, necio es su poder.
Esferas de cristales, fluyen en tropel.

Si matan al talento, no quiero ver.
Si matan al talento, caerá el corcel.

El Rey es ciego y de cerdos su ley.
No sé a quién orar ¿Porqué lo voy a hacer?

Si matan al talento, no quiero ver.
Si matan al talento, caerá el corcel.

Mis alas han volado donde se muere la luz.
Lascivas mariposas, han hurtado el mar azul.

No quiero ver caer al corcel
vociferando:
¡EXISTOOOOOO!

 
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omejiachumpitaz@yahoo.es

lunes, 6 de enero de 2014

Carlos Meneses Nebot: “En las tripas de uno se refleja la realidad cotidiana”



Es rebelde, y los  personajes malditos ejercen sobre él una extraña fascinación que linda con la  sensualidad. Le seducen los actos políticamente incorrectos, y es el poeta que  mejor interpreta la calle pero no lo sabe. Se deja la piel y la sangre en sus  historias, y como nadie comprende la complejidad de la naturaleza humana. Esto y aún más, es el escritor Carlos Meneses Nebot que hoy por hoy presenta su  libro de relatos “El día que murió Amy Winehouse”, personaje que ha calado profundamente  en sus fibras  sensibles por diversos motivos.
Les invito a conocerlo. Vale la pena hacerlo.
Usted se mueve con suma comodidad entre el relato y la  novela, y los intercala con una soltura que sorprende,  y hoy nuevamente le tocó el turno a los  relatos, dejando descansar por instante a su otra pasión, ¿es así o puede  escribir en simultáneo y es cuestión de prioridades a la hora de publicar?
Me es indiferente  escribir novela o relato.  Tal vez debería  señalar que mis novelas no son largas, me muevo mejor en la novela corta.  Tal vez, porque yo mismo soy muy nervioso, procuro atajar al máximo, esforzándome en que el resultado sea “pura fibra  muscular libre de grasa”.  Últimamente mis relatos no son cortos, lo cual puede sonar contradictorio, si no más bien  largos.  Con lo que algunos acaban con  apariencia de novela corta o nouvelles.
Su libros siempre tienen buena
crítica 
Ha logrado sorprender a la crítica y cosechar numerosos  lectores por sus contenidos audaces y peculiar forma de materializar en el papel sus historias, por ejemplo el crítico Antoni Serra que lo ha seguido desde sus inicios lo califica como “un narrador sin complejos de modernidad, atrevido, valiente, libre por el  lenguaje y la forma expresiva”. En medio de  estos conceptos, ¿cómo se ve realmente a sí  mismo como escritor?
Ahora mismo me veo mucho  más aposentado que antes.  Calibrando mejor lo que deseo transmitir. Ordenando mejor mis historias y realizando una corrección mayor del resultado final.  Antaño, me da la impresión, era mucho más espontáneo y, quizás, fresco, pero, sospecho, que también a medida que maduras tu estilo se va definiendo con  mayor nitidez.
Es usted también periodista, ¿fue su carrera la que lo  condujo a  la literatura o se dio al revés?  ¿Se registra una lucha interna entre ambos por ganar el protagonismo a la hora de expresarse?
Lo que me interesa  realmente es escribir mis relatos y mis novelas.  Mis historias en general.  El campo de la columna periodística lo he  cultivado un poco forzoso.  Sé que tal vez ahí gane en sentido del humor, ironía tal vez, pero lo que me llena es, por  ejemplo, rematar un relato.
Uno de sus grandes logros
literarios
¿Qué le ha aportado el periodismo a la hora de buscar temas para sus historias y al momento crucial de la escritura?
La actualidad siempre te aporta, el saber qué acaece ahí afuera es crucial para mí.  En el caso de la novela policiaca, siempre he dicho que es un fiel reflejo de la turbiedad que nos asola, aparte de lo que pueda haber de invención por parte del autor.  Uno no debería escribir si no es con las tripas, y en las tripas de uno se refleja la realidad cotidiana.
Ha manifestado que se inició en la literatura como una forma de explicar su entorno, pero también ha confesado con decepción que no lo ha conseguido, sin embargo, estos acontecimientos le han servido como fuente de inspiración para sus historias, ¿el acto de escribir le produce sufrimiento?  ¿Cómo maneja su sensibilidad?
El acto de escribir no me  produce el gozo que suponen algunos.  Es una necesidad de primer orden en mi caso.  No sé estar sin sacar afuera esos fantasmas que asolan mi cráneo y  preciso de liberarme de ellos.  Es una  especie de defensa que pasa al ataque.  Y  ayuda a exorcizar los demonios que lo corroen a uno.
Admite que antes era más espontáneo a la hora de contar
sus historias
La escritura también le sirve como terapia, lo digo por su libro “No te lamentes mucho, Carlitos” que tiene que ver con su experiencia personal. A propósito ¿se ha lamentado de haber incursionado en la literatura? ¿Ha encontrado en ella lo que esperaba?
En cierto modo sí, lo he lamentado.  Mi nivel de adicción a escribir se ha desarrollado de tal manera que no concibo el día a día sin meterle mano a un teclado.  En cierta manera, sufro la tiranía de la escritura, lo cual puede repercutir en el resto de tu vida cotidiana. Y no precisamente para bien, aunque en este punto se podría debatir y mucho.  Respecto a la segunda pregunta, no, no he encontrado aún el “orgasmo” literario… aunque lo sigo persiguiendo.
La novela negra se ha puesto de moda. Ahora muchos quieren convertirse en figuras de dicho género. ¿Esto le afecta de algún modo? ¿Considera que han invadido su terreno?
Estoy de acuerdo en que se ha puesto de moda.  Pero no la veo “negra” si no que pienso que se convertirá en “histórica” porque es la que mejor refleja el mundo de a pie.  En todo caso, el que invadió el terreno fui yo.  Siempre deseé compartir catálogo con los grandes del género negro: Dashiell Hammett, Raymond Chandler o Walter Mosley, por poner ejemplos.  Y aún mantengo el deseo inconscientemente.
Sostiene que para escribir novela negra hay que
conocer las "reglas de juego"
En auténtico escritor de novela negra debe cumplir con ciertos requisitos de carácter o personalidad, ¿hay que ser muy oscuro?
No estoy seguro.  Más bien pienso que ha de “conocer las reglas” del juego.  El saber crear un “suspense” hasta el final no es sencillo.  Se debe leer mucho y rellenar muchos folios que se pueden ir a la papelera.  La empatía también es crucial.  Meterte en el pellejo de un criminal es fundamental, aunque te resulte detestable.
Su pareja influyó de sobremanera en su forma de expresión, ¿ciertas personas que lo rodean producen ese efecto en usted o se trató de un caso excepcional?
Hay más personas que me producen ese efecto.  Me nutro de mis propias experiencias y de las cercanas e, incluso, de las lejanas pero que conozco.  Sin embargo, sí, es cierto que mi pareja sentimental fue fundamental para que mi narrativa madurara.  No sé si para bien o para mal, no sé si en calidad literario o no.  Pero sí que se produjo un cambio.
¿Cuál es la relación que tiene con sus obras una vez publicadas? Cuando las revisa se siente conforme o tal vez, concluye convencido que debió hacer más por tal o cual personaje o precisar o ampliar tal cual situación.
Creo que a todos los que acabamos una historia y la releemos nos sucede que la encontramos inferior a lo que nos había parecido al ir desarrollándola. Me parece inevitable. Por lo general, una vez publicada la obra no la suelo a volver a releer, un cierto pudor a encontrar relativos fallos o que realmente me quedé corto, me invade.  Me dedico más bien a “matar” manuscritos.  Una vez escritos y publicados, “asesinados”, me olvido de ellos.
Durante su trabajo creativo acostumbra a pedir la opinión a sus amigos o
Otra de sus obras
colegas sobre un determinado personaje o hecho que está desarrollando, o ¿todo lo resuelve solo?
Sólo le pido la opinión a uno.  Su nombre es Alfonso Dicenta Quiroga y me ha acompañado en mi introducción en el campo literario desde mi primera obra, “Vuélate la tapa de los sesos”.  Él las lee y me aconseja.  Tal vez le haga caso o tal vez no, pero siempre le escucho.
¿Es sumamente crítico consigo? ¿Es de aquellos que desechan continuamente lo avanzado por no estar satisfecho? ¿Su humor cambia del todo cuando está escribiendo? ¿Se aleja del mundo cuando las musas lo visitan?
Sí a las tres preguntas.  Me irrita no poder “desatascarme” cuando estoy escribiendo, hallar un obstáculo y no hallar manera de salvarlo.  Sí, en ocasiones, lo dejo, tal vez porque no vea salida o, tal vez, porque otra historia se ha colado en mi mollera.  Es verdad, que cuando una historia me “colapsa” me alejo, me distancio.  O, si estoy rodeado de gente, estoy ausente, en la inopia.  No creo que sea positivo socialmente pero me resulta inevitable.
“El día que murió Amy Winehouse”  es el título de su nuevo libro de relatos, y ha declarado que con esta publicación no solo quiere rendirle un homenaje a la desaparecida cantante, sino al mismo tiempo, reivindicar su imagen, ¿qué lo llevó a fijarse en un personaje como ella, sobre todo, cuando todos hacían leña del árbol caído?  ¿Tal vez algo de empatía?
Pues dos puntos.  El primero la fascinación que tenía por ella mi pareja sentimental, que falleció al igual que Amy.  Y el segundo la inevitable atracción que he sentido siempre por aquellos personajes que teniéndolo todo al alcance de su mano lo tiran por la borda. 
Posando con su nuevo hijo literario
Imagen by  Últimahora.es 
¿Le llaman la atención los personajes atormentados, malditos?  ¿Por qué en algunas personas ejercen una especie de fascinación?  ¿Se puede hallar belleza en la tragedia, en el dolor?
Sí, me llaman a gritos. Hay una cierta sensualidad en la autodestrucción.  Incluso un grito de libertad políticamente incorrecto que me seduce.  Un aire de rebeldía, a sabiendas de lo que provoca en su interior, que me parece de una hermosura etérea y superior. 
¿También ha querido rendirle algún tipo tributo a Bukowski, Kerouac, Burroughs y Fante haciéndolos parte de ese todo que es su libro de relatos?  ¿Qué papel cumplen en su literatura cada uno de estos escritores?  O tal vez sería mejor preguntar si existe algún tipo de identificación con ellos a nivel de las emociones y sentimientos, es decir, en el aspecto meramente humano.
Siempre cuento que cuando tenía 16 años me fracturé el tobillo justo antes de partir de viaje de estudios.  En casa me aburría muchísimo tratando de caminar con muletas. Revisando los muchos libros de la extensa librería de mi padre, hallé “La senda del perdedor” de Charles Bukowski.  Me la zampé en una noche, sorprendido de que un tipo que me sacaba 40 años de edad, “hablara” como yo.  Esa especie de empatía la hallé en Kerouac o Burroughs. Y, más adelante, en John Fante.  Forman parte de mi escritura porque, al igual, que el género negro me atrajeron profundamente.  Y son las inevitables las referencias.
¿Cuál es la meta que se ha fijado con este nuevo trabajo?
Mi meta, cuando se ha publicado un libro, es que los posibles lectores pasen un rato entretenidos.  Pienso que lo único prohibido al escribir es aburrir.
¿Cree en el éxito? ¿Se ve como uno de sus elegidos?
Creo en el éxito de ventas pero no en el mío.  Es evidente que existe, basta repasar las listas, pero no creo que lo que yo haga forme parte de ello.  Para eso se deberían conjugar muchos factores como estar “en el momento de la actualidad oportuno” o contar con el respaldo de un mecenas que te lance.  Cosas que veo complicadísimas. 
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lunes, 23 de diciembre de 2013

Montserrat Cano: “Escribir es siempre un acto de responsabilidad”

Escucharla nos obliga a detenernos y a abrir nuestros oídos. Lo que dice, sin quererlo, pone a trabajar nuestro cerebro. Su habla subyuga y sus ideas nos motivan a repasar nuestros conceptos. Sabe combinar bien los roles de emisor y receptor. Es una magnífica conversadora. ¿A quién nos estamos refiriendo?  Déjenos contarle que ese don o talento lo posee la escritora Montserrat Cano que definiéndose de muchas maneras, le faltó agregar que es sumamente reflexiva y sensible,  sino que lo digan sus palabras: “Tal vez la función de la literatura, de todo el arte en general, sea extraer lo más valioso del ser humano, creando algo mejor que nosotros mismos, algo que pueda representar la cultura esencial, la que no está en los libros ni en los museos, para llevarla precisamente a esos ámbitos, pero no con el afán de crear élites sino para ponerla a disposición de la humanidad”.
Lo invito a conocer a esta autora que por estos días presenta su obra “Moriscos, el linaje perdido” en España.

La autora nos insta a recordar el valor de las ideas
Cuánto daño continúan provocando los prejuicios a las sociedades y a los individuos. De hecho el ver al otro como una molestia, amenaza o atentado contra nuestra estabilidad e intereses es un mal que ha estado presente a lo largo de toda nuestra historia humana. Y lo más triste es que estamos a años-luz de erradicarlos. Deberíamos estar avergonzados, ¿no le parece?

Depende   de cómo  nos veamos a nosotros mismos, me refiero a los seres humanos como especie. Por una parte, es cierto que estamos muy lejos de alcanzar niveles de  verdadera igualdad, de percibirnos como un todo en lugar de enfrentarnos por intereses que, generalmente, solo son de unos pocos. Pero por otra, hay que reconocer  que vamos avanzando, aunque sea despacio y con periodos de retroceso. Baste  como ejemplo el concepto de Derechos Humanos, algo muy reciente pero de lo que  ya ninguna sociedad puede prescindir a pesar de que se conculquen con demasiada frecuencia. Creo que es importante que recordemos la importancia de las ideas  porque, en realidad, son las que transforman el mundo. Una de las labores de los escritores, me parece, es precisamente divulgar aquellas que creemos  necesarias y justas. No todos consideramos valiosas las mismas pero tengo la impresión de que el arte –el auténtico- acostumbra a reflejar en la mayoría de los casos las formas de pensamiento más avanzadas de cada época, tal vez porque  algunas de sus características principales son la mirada crítica, la reflexión  y la representación estética del espíritu de cada espacio y cada tiempo. Creo  que la literatura, en concreto y en cualquiera de sus formas, sigue teniendo un papel muy importante en la difusión de las ideas más innovadoras. De modo que, para centrarme en su pregunta, sí, tenemos muchos motivos para sentirnos avergonzados –quienes escribimos y quienes no– pero también tenemos que enorgullecernos de lo que hemos creado y continuar en la brecha para mejorar el mundo, cada uno en la medida de nuestras posibilidades. Al final, las utopías dejan de serlo cuando las hacemos realidad.

Lo sucedido a los moriscos es tan solo una muestra de la forma tan cruel en que puede proceder una cultura o sociedad sobre otra. La expulsión o el destierro es una experiencia determinante en la vida de un individuo o una población, pues levantar cabeza en esas circunstancias es toda una hazaña o un acto de heroísmo.

Desgraciadamente, tenemos demasiados ejemplos de los que usted afirma, y algunos muy recientes. Si miramos nuestro mundo actual, nos encontramos con grandes migraciones debidas a conflictos bélicos o a situaciones de extrema necesidad que podrían ser evitadas fácilmente si nuestro sistema económico no fuese tan terriblemente injusto. Pensemos en los campos de refugiados de Darfur, de Tinduf o los más recientes debidos a la guerra en Siria, a las personas haitianas en la República Dominicana, a las afganas en Pakistan… Pensemos en un caso contrario: el del pueblo palestino, que aún reclama que se le reconozca un territorio. Todo esto no es inevitable, solo es conveniente para los intereses de algunos estados y de muchas grandes empresas de ámbito mundial que se enriquecen gracias a la miseria y el sufrimiento de millones de personas. Claro que es muy difícil salir adelante en tiempos de hambruna o de guerra o de invasión y, además, el heroísmo de quien lo consigue siempre –o casi siempre- será anónimo.

La mayoría poco o nada sabe acerca de los moriscos, cuéntenos un poco sobre
Con esta obra obtuvo el
Premio de poesía Dionisia
García
ellos y díganos qué de malo hicieron para que los echaran de la península. Por qué la visión que se tenía de ellos cambió vertiginosamente y pasaron, de la noche a la mañana, a ser unos indeseables e incluso, más que eso, una amenaza.

En  términos generales, yo diría que nadie hace nada tan malo como para merecer ser expulsado de la tierra en la que han vivido sus antepasados durante generaciones, la que han cultivado, de la que se han alimentado y en la que han dejado parte de sí mismos. Además, si se tratase de merecimientos, tal vez ningún pueblo tuviese derecho a nada pues, si echamos un vistazo a la historia, todos hemos sido alguna vez conquistadores por la fuerza o la superioridad técnica, todos nos hemos impuesto a alguien. Quienes decidieron la expulsión de los moriscos y quienes, durante muchos años, la forzaron a base de lo que hoy llamaríamos propaganda, tenían muchas razones –si bien hoy es difícil considerarlas válidas- pero la principal, la que estaba en el origen de todas las demás, era la idea, extendida en realidad en toda Europa, de que a un estado había de corresponder una sola religión, una sola raza, una sola lengua, una corona única… Explicar de dónde surgió esto requeriría varios tratados, fue un proceso largo y complejo en el que mucho tuvieron que ver la posición de la Iglesia Católica, que se veía amenazada por la Reforma, la creación de muchos estados europeos en la forma que hoy los conocemos o muy similar, el paso de monarquías feudales a otras cada vez más centralizadas… A los moriscos se les acusó de connivencia con el imperio turco o con los piratas berberiscos, y seguramente fue cierto en pequeña medida, desde luego sin peligro real para España, pero habría que preguntarse por qué no se hizo nada serio para hacerlos sentirse españoles en lugar de forzarlos a considerarse extraños en su propio país. 

Las religiones se ha erigido en administradoras de "la
otra vida", afirma
La iglesia como formadora de conciencia cumplió un papel protagónico en los hechos,  y en ese sentido, nos animamos preguntarle por qué después de tanto desastre, les seguimos haciendo caso.

El comportamiento de la Iglesia Católica ha sido vergonzoso durante siglos, no solo en relación con los moriscos sino con los judíos, con la población nativa de América, con los miembros de las iglesias reformadas y, en general, con todos aquellos que no reconocieran totalmente su poder o que lo cuestionaran en algún aspecto. Sin embargo, no me parece que el problema básico sea esta religión, pues casi todas han cometido barbaridades similares –y aún las cometen– cuando lo han considerado necesario, sino el pensamiento religioso en sí mismo, sea cual sea. Lo que algunas personas oponemos al pensamiento religioso es el pensamiento racional, no un principio de fe a otro principio de fe. ¿Por qué las religiones siguen siendo protagonistas en nuestras sociedades? Creo que porque se han erigido en administradoras de “la otra vida”, de esa esperanza que alivia el miedo humano más profundo, el de la desaparición. Solo ellas conocen lo que Dios quiere y cómo lo quiere, solo ellas saben cómo conseguir que alguien disfrute de todos los bienes o todos los males en la vida eterna, y para ello inventan rituales que no tienen ningún valor en sí mismos pero que sirven para adiestrar las voluntades, para incrustar en nuestras mentes hábitos de obediencia incluso en los ámbitos más íntimos y más naturales de nuestra vida, como el pensamiento o el sexo.

Tenemos entendido que demoró dos años en concebir el libro “Moriscos, el linaje
Sostiene que España tiene la enorme fortuna
de ser un pueblo mezclado y remezclado
perdido”, ¿con qué dificultades se halló en su trabajo teniendo en cuenta la escasa o nula literatura que al respecto dejaron los cronistas, por decirlo de alguna forma, del bando ‘perdedor’?

En realidad, lo que escasea es la literatura de ficción. Documentación hay mucha, así como estudios históricos desde diversas perspectivas. Cuando comencé a investigar, creí que me llevaría poco tiempo porque, después de todo, lo que pretendía escribir era una novela, no un ensayo ni un libro de historia. Pero, a medida que iba leyendo y que una cosa me llevaba a otra, me encontré con un material rico y abundante y, sobre todo, con una situación de enorme interés en sí misma y por sus muchas similitudes con hechos de nuestra época. Lo más curioso es que la mayoría de los escritos que he manejado fueron escritos por las personas que apoyaban o justificaban la expulsión y, no obstante, me han servido para entender la injusticia que se hizo con ellos, porque las justificaciones y argumentos que manejaban explican perfectamente su fanatismo y sus sinrazones.

Sabemos que lo que le preocupaba era contar la intrahistoria, y que en su afán de ser lo más meticulosa posible caía en la crónica, por lo que tenía que desechar lo hecho, y volver a comenzar, ¿cuánto de ficción y realidad existe en los personajes y los sucesos narrados en su libro?

En efecto, el mayor riesgo al que me enfrenté fue no caer en la crónica, es decir, no limitarme a los hechos históricos, que eran muchos e interesantísimos. En tanto que ficción, me interesaba más intentar describir el sufrimiento de las personas comunes, las que no deciden sino soportan, aquellas cuya voz no figura en ningún documento. Eso, como es natural, tuve que imaginarlo, es la parte novelesca del libro. Los hechos generales son historia. Y la manera en que trato esos hechos es ideológica, responde a mi opinión acerca de lo ocurrido. En cuanto a los personajes, excepto los protagonistas, sus familias y amigos, todos los demás son reales, extraídos de documentos de la época, si bien a algunos de estos últimos los he situado en algunas ocasiones en lugares o momentos que no les corresponden, haciendo uso del privilegio del novelista, que no está sometido a la realidad sino a la verosimilitud.

Otra de sus obras premiadas
Hay en su trabajo una especial intención de mostrar cómo vivió la gente común y corriente esos hechos, sobre todo en los niños protagonistas a los que se les cambió la existencia por completo.

En efecto. Las gentes comunes de todas las épocas –tal vez esto está cambiando muy deprisa gracias a las nuevas tecnologías de comunicación- no hemos tenido voz. Conocemos lo que pasaba en los palacios pero no en las cabañas. La ficción nos permite darles a esas personas un lugar en la historia, aunque no sea exacto porque tenemos que suponerlo, cosa que podemos hacer mirándonos a nosotros mismos o a nuestro pasado más reciente. En cuanto a los niños o a las generaciones más jóvenes, no siempre son los que más sufren pero sí los que, siguiendo el principio bíblico, pagan por los errores de sus padres. Y en muchas ocasiones, no por error ninguno, sino porque el daño que se inflige a los padres tiene consecuencias terribles para las generaciones posteriores. Se trata de una injusticia más.

¿Qué la motivó a asumir el reto de escribir este libro?  ¿Quizá la necesidad de reivindicar la imagen y el aporte de los moriscos a la cultura española? 

Fue la editorial, Carena Editors, la que al principio me sugirió escribir sobre el tema. La idea me apasionó desde el primer momento, en parte, en efecto, porque me parecía importante recordar unos hechos que en los libros de texto apenas ocupan unas líneas pero que habían afectado a miles de personas (unas trescientas mil según algunos autores, sin contar con la población de cristianos viejos que igualmente se vio empobrecida indirectamente por la expulsión, al menos en los primeros años). También me interesaba entender las razones que habían llevado a las personas e instituciones más preparadas intelectualmente de la época a justificar de manera aparentemente racional un acto que solo pueden entenderse desde una distorsión fanática de la realidad. Y, por último, pretendía una reflexión implícita acerca del papel de una población que ha dejado tanto en nuestra cultura, desde el lenguaje a la economía rural o a un cierto concepto de familia que aún se mantienen vivos.

En mi tierra hay dicho que reza “Quien no tiene de inga tiene de mandinga” para
Durante una de sus últimas presentaciones 
dejar en claro que todos tenemos de todos, que somos un crisol de razas, le pasa lo mismo a los españoles, ¿no lo cree así?

Creo que lo mejor que tenemos en España es, precisamente, que por aquí han pasado muchos pueblos y que los que hoy nos llamamos españoles somos fruto de todos ellos. ¿Alguien se atrevería a decir hoy en día que los españoles somos los celtíberos? ¿Dónde quedan entonces los cartagineses, griegos, romanos, los diversos pueblos germánicos, los celtas, los visigodos, los judíos, los árabes, norteafricanos e incluso bizantinos? ¿Y el mestizaje con pueblos americanos y con europeos del norte y del sur?
Tenemos la inmensa fortuna de ser un pueblo mezclado y remezclado. Uno de los más graves errores de nuestra historia ha sido, quizá, identificar el concepto de español con el de católico puesto que, racialmente, no ha sido posible hacer distinción alguna desde la edad media hasta nuestros días.

Usted es una mujer y una escritora con ideas muy bien sentadas en torno a su persona y su tarea literaria. Por ejemplo, manifiesta que “la escritura tiene una finalidad ajena al propio autor”, ¿qué quiere decir con eso? Explíquenos, por favor.

Me refiero a que un libro, una vez publicado, se convierte en un objeto que, por el mero hecho de existir, es capaz de tener consecuencias. Umberto Eco lo explica muy bien en El Péndulo de Foucault: Más importante que si lo que decimos es verdad o mentira, si nos atenemos a lo cierto o inventamos, es que lo dicho –lo escrito, es decir, lo que se transmite – pasa al ámbito de lo existente y como tal puede modificar la realidad. Por eso, escribir es siempre un acto de responsabilidad, pues nuestra opinión personal se convierte en un ente susceptible de general otras manifestaciones, en materia para elaborar otras ideas. Además de que el arte, y la literatura de manera muy especial, tienen dos peligrosas cualidades: la credibilidad y el principio de autoridad. Cuando abrimos un libro, automática y generosamente concedemos al autor un crédito que debería responder siempre a las expectativas de integridad y exigencia que ha despertado. Aunque no nos demos cuenta –o tal vez precisamente por eso– aprendemos mucho de la literatura, nos formamos leyendo (o viendo obras de teatro o películas, también materiales literarios). Creo que es necesario que, en tanto que lectores, seamos siempre exigentes con las obras, y como escritores, muchísimo más.

Afirma que el arte y la literatura poseen dos cualidades
peligrosas: la credibilidad y el principio de autoridad
En verdad considera que solo los lectores comparten ese afán por la búsqueda del conocimiento, la estética, el conocimiento, etc., ¿qué pasa, entonces, con el resto de la humanidad a la cual no le interesa ni leer los tebeos (historietas, comics)?  ¿No podrán jamás alcanzar un nivel de cultura aceptable?  Claro que en esto entra a tallar lo que entendemos por cultura, ¿está de acuerdo?

Como lectora compulsiva me gustaría decir que leer es imprescindible, pero la verdad es que no lo creo. Es importante, gratificante, maravilloso, necesario… Pero imprescindible, lo que se dice imprescindible para la supervivencia apenas son la alimentación, la habitación, la salud y la transmisión de los conocimientos que tengan relación directa con lo anterior. Como usted señala, hay millones de personas en el mundo que no leen y sería inaceptable considerarlas inferiores por ello. Sé que esto que voy a decir es muy discutible pero creo que se puede constatar que la cultura (la que se enseña en los libros y las universidades) nos hace más cultos pero no necesariamente más sensatos ni mejores personas en el sentido ético. Antes afirmé, por ejemplo, que la expulsión de los moriscos de España fue diseñada, organizada y llevada a cabo por las mentes más cultas de aquel tiempo; los responsables nazis del genocidio judío eran personas extremadamente bien formadas intelectualmente; las armas que hoy forman parte del arsenal mundial, capaces de causar daños inimaginables, han sido creadas por grandes científicos… Y es de suponer, que todos ellos lectores en gran medida. No obstante, creo que quienes escribimos –no me refiero, por supuesto, a productos estrictamente comerciales que tienen otra función– intentamos en la medida de nuestro talento mejorar nuestro entorno, al menos denunciando lo que consideramos perverso.  Tal vez la función de la literatura, de todo el arte en general, sea extraer lo más valioso del ser humano, creando algo mejor que nosotros mismos, algo que pueda representar la cultura esencial, la que no está en los libros ni en los museos, para llevarla precisamente a esos ámbitos, pero no con el afán de crear élites sino para ponerla a disposición de la humanidad.

Se considera una ciudadana del mundo, para algunos es complicado entender
Considera que el mundo es de todos y para
todos
eso, por el amor al terruño, el apego a las costumbres, en fin, nuestro sentido patriótico (nacionalista), ¿cómo define ese sentimiento alguien que se siente de todas partes?

Pertenezco a la parte de una generación que se educó en la creencia de que las fronteras son artificios interesados que habría que abolir, que el mundo es de todos y para todos y que a las personas nos unen muchas más cosas de las que nos separan. Mientras digo esto, escucho a nuestro ministro del Interior justificar la instalación de cuchillas en la verja de Melilla y a varios comentaristas decir que lo comprenden. ¿Qué estamos protegiendo? ¿Nuestro bienestar adquirido a costa de la pobreza de otros, a quienes, además, mostramos nuestra prosperidad al mismo tiempo que les negamos el acceso a ella? ¿Podemos considerarnos demócratas o siquiera decentes tratando a nuestro prójimo con esa crueldad? Quizá convenga recordar que nuestro lugar de nacimiento no es mérito nuestro sino una circunstancia totalmente aleatoria, una casualidad que condicionará nuestras costumbres, nuestra cultura, nuestra forma de entender la existencia, nuestro acceso o no a todos los bienes imaginables, en definitiva, quienes seremos… pero que podría haber sido otra muy diferente. Partiendo de aquí, es fácil sentirse identificado en alguna medida con todos los lugares de mundo, todas las personas que los pueblan y las costumbres de cada una de ellas, que son importantes precisamente por ser diferentes y representar distintas maneras de interpretar la realidad. El contacto con hábitos variados nos enriquece y nos enseña a relativizar, a respetar lo ajeno y a entender que verdades absolutas hay muy pocas, apenas aquellas que se refieren a la supervivencia y a la dignidad. Desde el amor a lo propio es fácil amar lo ajeno. Apreciar solo lo que consideramos nuestro sería como querernos solo a nosotros mismos, cuando el auténtico amor va siempre dirigido al otro, al que está más allá de nuestra piel.

Ha viajado mucho y vivido en diversos lugares, actualmente reside en Lisboa, ¿allí echará raíces?  ¿Es su lugar ideal?

Tengo la fortuna de vivir por temporadas en Madrid, en una aldea de Portugal llamada Santa Catarina y en Vallehermoso, en La Gomera. En estos próximos tiempos estaré menos en Madrid, aunque lo considero mi verdadero hogar pues allí he pasado la mayor parte de mi vida. He nacido en Vilafranca del Penedés, en Barcelona, de modo que soy catalana y me gusta serlo, pero tengo raíces familiares en Teruel y en Almería. Vivo en Portugal porque es el país de mi compañero y porque me siento feliz aquí. Pero el lugar de mi elección, el que en este momento de mi vida siento más mío es Vallehermoso, en La Gomera, algo así como mi paraíso particular. Y, sin embargo, siento que podría estar a gusto en casi cualquier parte del mundo (exceptuando los lugares muy duros, claro, no soy tan valiente) porque todos los sitios que he visitado me han parecido interesantes. El mundo es grande y hermoso.

Junto a grandes amigos y colegas en el acto de presentación
su libro en Valencia 
Se define como una lectora compulsiva y escritora lenta, ¿de qué manera organiza sus dos grandes pasiones? 

Empecé a leer a los cuatro años y nunca he dejado de hacerlo. Les debo a los libros innumerables momentos de felicidad y, seguramente, ser como soy, para bien y para mal. Me atrevería a decir que soy casi un producto literario, porque de los libros he extraído la mayor parte de las cosas que he necesitado para enfrentarme a las circunstancias de mi vida. Actualmente tengo tiempo para leer y para escribir pero, en otros tiempos, cuando no lo he tenido, siempre he antepuesto la lectura a la escritura, tal vez porque sin ella me era imposible escribir después.

Una de sus amigas, la escritora Mila Villanueva, dijo de usted que es amante de la tertulia, que le encanta polemizar, que posee una gran memoria y que su sentido del humor es admirable. ¿Está de acuerdo con todo?

Mila fue muy generosa cuando dijo todo eso de mí. Es el problema de los amigos, que se fijan más en tus virtudes que en tus defectos. Bueno, no es un problema, es una suerte. Lo de que me encanta polemizar es cierto, soy una gran “discutidora” y tiendo a defender mis opiniones con pasión, a veces con demasiada, lo confieso. El sentido del humor lo aplico a mi vida sin ningún esfuerzo –a veces es la única manera de soportar ciertas cosas–pero no tengo la menor habilidad para incluirlo en mi escritura, y bien que me gustaría pero me siento dotada para ello. En cuanto a la memoria, he de reconocer que, en mi caso, es selectiva: solo me sirve para recordar cosas relacionadas con la literatura, el cine, los lugares que conozco, los amigos…En fin, las cosas que de verdad me interesan. Para otras, soy un desastre.

También agregó que es feminista, agnóstica y republicana...
 
Con la autora de la nota
Le faltó añadir marxista. Sí, soy todo eso y me siento orgullosa de serlo. No creo que sea mejor que ser justamente todo lo contrario pero me ha costado mucho trabajo construirme a mí misma de esta manera –porque no fui educada para nada de ello– y me gusta que, de algún modo, mi pensamiento se refleje en mis libros. Cuando escribo intento describir tanto mi posición como las demás que conozco pero, como es evidente, al final lo que prima es mi visión del mundo, mi interpretación de la realidad, basada en mi ideología. Y empleo esta palabra con la intención de reivindicarla. Creo que todos tenemos una ideología –unas ideas en función de las cuales actuamos–y que, quienes afirman no tenerla es porque han aceptado, tal vez sin darse cuenta, que lo ideológico es lo contrario al orden natural de las cosas y que ese orden es el del poder. No conozco a nadie que no tenga ideas y que, de uno u otro modo, incluso con las contradicciones inherentes a la naturaleza humana, no intente vivir de acuerdo con ellas. A menudo, lo difícil, en nuestro mundo y con la capacidad de alienación del sistema, es saber cuáles son verdaderamente las nuestras. La literatura debiera ser una herramienta para ayudar a saberlo, precisamente facilitando elementos de reflexión. No creo que sea importante estar de acuerdo con lo que se dice en un libro pero sí pensar en lo que expresa, para aceptarlo o negarlo.

¿Qué es lo último que piensa cuando se acuesta? Y al levantarse, ¿en quién o en qué posa primero sus pensamientos? 

La verdad es que suelo acostarme muy tarde y cansada, de modo que no pienso mucho antes de caer dormida, ya que suelo dormirme apenas he apoyado la cabeza en la almohada. Cuando me despierto suelo pensar en cómo estarán mis hijos (uno vive en Inglaterra y otro en Tailandia). Luego, depende: si estoy en Vallehermoso, subo a la terraza para disfrutar del magnífico paisaje que me rodea, y si estoy en Santa Catarina, calculo la cantidad de trabajo que tengo en el terrenito que rodea la casa para que algún día esté a mi gusto. En Madrid acostumbro a poner la radio o la televisión y enterarme de cómo va el mundo antes de empezar la jornada. En lo que estoy escribiendo suelo pensar el resto del día, mientras hago otras cosas y hasta que llega la noche y comienzo a trabajar.
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