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sábado, 1 de diciembre de 2018

Irma López Chumbe: “Para aprender necesitamos humildad”



Cuando viajó a la capital para estudiar en la universidad se dio cuenta con estupor que sus profesores no sabían nada respecto a la riqueza literaria de su región. Es más ni eran capaces de ubicar en el mapa su natal Yurimaguas (Loreto, Perú). La profesora y escritora amazónica Irma López Chumbe hastiada de tanta ignorancia y desdén, se atrevió a encarar a una eximia arqueóloga, al finalizar su sesgada exposición, diciéndole ofendida que estaba en un error, que en su tierra  la cultura se asemejaba al caudal de sus ríos, y que incluso su gente poseía una tradición oral  exuberante como su selva. A esto la pseudo experta respondió apática: “Escribe, y lo leeré”. Años después  la buscó para obsequiarle una copia de su investigación. La catedrática volvió a contestar displicente: “Lo leeré”. Jamás lo hizo. 
Estás orgullosa de tus raíces y la cultura de tu tierra, por eso estudiaste lengua y literatura en la universidad, realizaste una maestría en docencia y obtuviste un doctorado en educación,  es decir, enfilaste todos tus conocimientos a la enseñanza, porque querías tener la oportunidad de preservar y trasmitir la sabiduría ancestral de los tuyos a través de la narrativa, la poesía y la tradición oral, ¿cuándo germinó en ti la idea de investigar, rescatar y enseñar el patrimonio literario y artístico de tu gente?
Junto a su directiva en pleno trabajo de promoción de su cultura
Me encanta  el aire puro que se respira aquí. Somos dueños del tiempo. No nos interesa el reloj. Caminamos recibiendo las energías positivas de las plantas, de las  flores. El suelo es gredoso y fresco.  Escuchamos el canto de los pájaros. La selva es maravillosa y sorprendente.  Y su gente también lo es.  Todavía me sigue asombrando, cuando me adentro en el bosque, que unas cabezas se asomen  entre el arbusto y me saluden en su lengua. Sin duda mi tierra tiene mucho que decir, pero no se la toma en cuenta.  Durante mis estudios en la universidad, me llamaba la atención  una arqueóloga que  hablaba de una forma admirable sobre la  historia del Perú.  Se trataba de una eminencia en el tema al parecer, sin embargo luego descubrí que sus conocimientos eran muy limitados. Finalizado el curso, me aproximé  a hacerle unas preguntas respecto a la cultura de la región selvática.  Su respuesta fue tajante: “De la selva poco o nada había que rescatar”. Me sentí dolida. La insté a referirse a la selva, asegurándole que estaba en un error, pero ella  con una sonrisa complaciente me contestó: “Escribe, y voy a leerte”. Y se marchó.
Después de algunos años, la invité a leer una investigación de mi autoría sobre la educación en Yurimaguas, sin embargo con la misma sonrisa volvió a responder. “Lo leeré”.  Entonces repliqué: “Ahora ya no diga  que no hay nada que leer de la selva”. Fue un hecho novedoso para mí.  Empecé a querer y valorar más a mi región. El entorno me sirvió de inspiración, sobre todo fijé mi atención en los medios de transporte: canoas, botes, deslizadores. Los viajes por los ríos Cachiyacu, Marañón y  Huallaga alimentaron mi imaginación.  También los que realicé por la carretera de Yurimaguas -Tarapoto. Se presentaban diversos  temas para escribir mis historias.
Algunas de su exalumnas de la tribu shawi 
Trabajaste en un programa de interculturalidad bilingüe con los nativos shawis, en su mayoría conformada por mujeres, ¿qué pudiste aprender de ellas? ¿Cuál es su visión del mundo? ¿De los otros? ¿El de las mujeres? ¿Qué concepto tienen de sí mismas?
Gracias por recordarme esa experiencia. No sabes cuánto admiro a sus mujeres. Las conocí primero cuando me desempeñaba como maestra de lenguaje  en un colegio de secundaria por el río Cachiyacu. Desde el inicio observé que  intentaban salir adelante; se esforzaban en comunicarse en castellano. Usaban la arcilla para elaborar sus mochahuas (vasijas). También hacían  collares de cuentas coloridas. Además  hilaban el algodón para tejer sus pampanillas (taparrabos) y luego pintarlas con mezclas de tierras o tinte de hojas de plantas. Después de 16 años de preparación, ellas tenían pensamientos progresistas respecto a su futuro.   Aproximadamente el  60  por cierto ejercían de  profesoras en su comunidad.  Los niños debían primero aprender en lengua originaria para después recibir la enseñanza en castellano. En consecuencia,  las jóvenes shawis, con sus niños amamantando, podían estudiar educación inicial. Fue una gran noticia para ellas, no solo ‘servirían’  para criar a los hijos y  preparar el masato (bebida a base de yuca).  Además acababan con  la resistencia de los  maridos celosos. Por fin, podían estudiar y sacar adelante a sus familias.
Los shawis  han adoptado un comportamiento pacífico. Durante  el siglo XVII, fueron dominados por los belicosos  aguarunas.  Fueron ellos los que les obligaron a abandonar sus dominios  y dispersarse por el monte. Para un nativo aguaruna los shawis eran brujos por practicar el chamanismo, es lo que  cuenta Aldo Fuentes. Mi experiencia como maestra con las mujeres, me permite decir que van con la verdad por delante.  Hablan sin tapujos.
Se les pide a las shawis ser buenas madres. Es su obligación cuidar con celo de su prole. Son inteligentes, aprenden rápido.  Por eso pueden ejercer de  maestras en las escuelas  de sus comunidades. Ellas son las que velan por la enseñanza en su lengua. También la apoyan y fomentan la educación en castellano, pese a la oposición de sus paisanos. Su  papel está ligado a la educación, pero por lo demás deben obedecer a su marido. Carecen de otras atribuciones.
Cualquier lugar le sirve para disfrutar de la lectura 
Eres fundadora y presidenta de la Asociación cultural Embrujo Amazónico-Yurimaguas  (ACEAY), la cual  agrupa a escritores y artistas plásticos de Yurimaguas (Loreto, Perú), y declaras que tu  misión es  ‘embrujar’ al mundo para que se interese por el talento y trabajo de sus miembros. ¿Lo estás consiguiendo? ¿Con qué dificultades se encuentra un escritor o artista de tu región a la hora de promocionar sus obras?
La fundación de ACEAY nació en respuesta a un clamor unánime: los loretanos tenemos que  reconocer primero lo nuestro. Lo estamos consiguiendo a pasos lentos, a pesar de la indiferencia de las autoridades.  Ellos  no apuestan por la cultura literaria. Siguen pensando que los de afuera son los más importantes. Nos hemos cansado de tocar a sus puertas.  Dejamos de quejarnos y aprendimos a marketearnos. Algunos colegios alientan  a sus alumnos a leer autores de la zona, pero aún son pocos. Por eso, nosotros hemos asumido la tarea de promocionar el arte y  la literatura en nuestra región. Organizamos recitales, presentaciones, exposiciones, todo lo que se nos ocurra para dar a conocer a nuestros cultores de las letras y las artes. Los artistas son poco considerados todavía, de allí que organizamos encuentros titulados “Lápices y pinceles”. Sin embargo en otras regiones, como San Martín, los adoran. Pienso que tenemos el gran reto de continuar con lo que nos gusta hacer y eso nos hace felices. Somos creativos y romperemos barreras.
¿Es verdad que de un tiempo a esta parte están siendo víctimas de apropiación cultural no solo en la literatura sino en lo que respecta al arte? Se comenta que, además de ser  plagiados por foráneos (escritores, artistas y empresas textiles), también lo son por gente de otras ciudades del país que se aproxima a ustedes con el pretexto de aprender o inspirarse. 
Posando con una obra de Shapingo, notable pintor de su tierra
Es cierto,  nos visitan con oscuras intenciones.  No vienen a aprender,  lo que  buscan al acercarse a nuestras tierras amazónicas peruanas no es inspiración, simplemente se llevan lo que es nuestro sin pedir permiso ni nada.  Declaran como suyo lo que les corresponde a nuestros escritores y  artistas. E incluso con las imágenes de la gente y el paisaje.  Hacen negocio redondo con ellas.  Nuestros paisanos casi no son conscientes de las  fotos.  Ignoran que los que vienen de afuera  lo hacen con fines lucrativos.  Las  dichosas ONG que se aprovechan de la pobreza de mi gente para enriquecerse. Felizmente mi  pueblo crece y aprende. Ya no se deja engañar con facilidad.  Hemos tenido muchas decepciones, sin embargo, aún así no dejamos de lado nuestra cortesía: mi pueblo saluda, sabe decir gracias, tenemos sencillez, sabemos ofrecer un plato de comida a cambio de nada.  Es nuestra cultura. El contacto con la naturaleza nos hace ser positivos.
Actualmente laboras en un Instituto Tecnológico Amazonas-Yurimaguas y eres catedrática en la Universidad Autónoma de Alto Amazonas, ¿es fácil trabajar con los jóvenes en cuanto a la valoración de su patrimonio cultura autóctono? ¿Se muestran interesados en su riqueza cultural o evidencias algún tipo de alienación debido a la incursión de conductas o formas culturales que viene de fuera?
Pues no ha sido fácil ‘embrujar a los jóvenes ‘ para que se aficionen en lectura de nuestra literatura autóctona . Desde el colegio se les ha enseñado a leer obras literarias de autores quechuas -sin que este deje de ser importante-, pero en ningún colegio se ha enseñado a valorar lo nuestro a través de la literaturaGracias a mi perseverancia como maestra de lenguaje-literatura,  y tener trayectoria en la docencia, hemos podido sensibilizar a los profesores para que conozcan  nuestra identidad en la literatura amazónica y,  a su vez,  que hagan de  efecto multiplicador en los estudiantes. Pero aún quedan jóvenes reacios en las universidades de nuestra localidad, quienes rechazan leer lo autóctono.  Algunos prefieren los clásicos y no la narrativa contemporánea nuestra. Claro que hay alienación,  docentes provenientes de otras regiones  que dan relevancia a lo suyo en desmedro de lo local.  Pero tampoco gusta lo propio, y con tristeza digo que  hay estudiantes que desdeñan nuestra cultura.
Le gusta enseñar y sus alumnas lo valoran 
Sé que tu padre adoptivo te inculcó el amor por los libros y la tradición oral, ¿es cierto que desde pequeña te llevaba a las fiestas donde era normal que los invitados salieran a declamar? ¿Te atreviste a hacerlo en algún momento?
Sí, me alegra recordar a mi papá Fernando. Me obsequiaba libros de poesía. Él soñaba con que yo aprendiera a recitar. Todavía rememoro uno que aprendí para complacerle: “Los versos de Laura y Beatriz”. Sin embargo,  lo que más me gustaba eran los cuentos.  Leía y releía muchos.  Pero por ahí siempre estaba la poesía haciéndose presente. Cierta vez en el cumpleaños de la amiga de mis padres,  nos quedamos boquiabiertos escuchando  declamar a su esposo. Ni bien acabó, mi padre me susurró al oído: “Así quiero que recites”. Memoricé entusiasta otro poema. Quería sorprender a papá.  Iba al río para repasarlo gritando, pero no fue suficiente tanto ensayo.  Cuando llegó el momento, en plena declamación, olvidé lo que seguía.  De nervios mi mandíbula comenzó a temblar. Me puse roja de vergüenza. Todos se reían.  No volví a intentarlo.  Mi miedo prevaleció hasta la fecha.
A los nueve años comenzaste a dibujar e intentabas hacer historietas, imitando aquellas que te obsequiaba tu padre Fernando y que tanto te gustaban, ¿qué recuerdas de aquella época?
Lo hacía sobre unos cuadernos de dibujo que pedían en la escuela.  Me atrapaba la narrativa. En una ocasión, luego de leer  Lirio blanco dibujé con crayolas a los personajes.  Les puse diálogos. Ellos hablaban y yo, soñaba. Luego dibujé  los personajes de un cuento inventado por mí a lo largo de las paredes del pasillo que me conducía a mi habitación.  Mi papá Fernando no hizo más que sonreír. Quedó en sueños. Inconcluso.
Te sumergiste en la poesía, y eso te transformó en una niña introvertida y soñadora, ¿por qué?
Solo  leía poesía, sin embargo, por esa época, se gestó  mi pasión por la narrativa.  Mi refugio era la lectura.  Soy la mayor de mis hermanos, y en ese entonces, los mayores nos encargábamos de los menores. Únicamente podían liberarme del cuidado de estos, si estudiaba.  Entonces yo me entregaba a la lectura  no por estudio, sino porque me gustaba.
Una actividad que se ha convertido en un referente literario en la región 
A los 13 años te fuiste a vivir con tu padre biológico, y el panorama cambió, si bien te compraba los libros que le pedías, se sentía desplazado por que le dabas más importancia a la lectura que a él, ¿no es así?
Sí, me  fui a vivir con mi padre en Yurimaguas. Me trataba con cariño,  pero hubiera preferido que papá Fernando fuera el verdadero, porque  no me dejaba salir.  Entonces le condicionaba pidiéndole libros.  Pese a que  estaba molesto por mis demandas, le alcancé  una lista de siete libros originales.  “¿Tantos?”, protestó, pero igual me los compró.  Yo  entraba en mutismo.  Solo leía.  Por más que mi padre pasaba y repasaba cerca de mí, no daba cuenta de él.  Me sumergía en mis lecturas al completo. Eso le ponía celoso. A veces alcanzaba a escucharle murmurar: “A la hora del almuerzo me dirás algo”. Era todo.
Las tradiciones peruanas de don Ricardo Palma marcaron un antes y un después en tu afición lectora, y fuiste a por más, ¿qué descubriste luego?
Leer a Ricardo Palma era fascinante.  Me reía mucho en su compañía.  Cuenta interesantes  momentos de la Lima que se fue.  También hace referencia a  algunos pueblitos de la sierra. Cada vez que terminaba de leer alguna historia,  me decía: “Quizá también yo pueda contar como él las costumbres de mi selva embrujadora”.
Declaras que lo que te animó a escribir fue el escaso o nulo conocimiento que tenían los catedráticos de la universidad capitalina donde te formaste, ¿qué reflexión hiciste del panorama que hallaste? ¿Les preguntaste las razones de esta indiferencia o descuido?
Sí, la selva en la capital era desconocida, y Yurimaguas para ellos, ni en el mapa existía. A mí no me identificaban con la selva, ni siquiera por mi acento. Me daba pena.  Pregunté y repregunté,  y la respuesta se repetía incesante: “No hay nada escrito”.
¿Qué es la narrativa amazónica? ¿Cuáles son sus características y peculiaridades?
Viendo los avances del mural del artista David Cronwell en una calle principal 
La narrativa amazónica es el viaje a lugares desconocidos de la selva peruana y  a su identidad cultural, la encontramos en cada contenido conceptual de los autores que recrean con su imaginación; buscando en los lectores personas parecidas a él.  Es la complicidad entre autor y lector.  También es el estupor por los hombres valientes y emprendedores del Alto Amazonas; además que  es de considerable utilidad para prolongar y fortalecer el reconocimiento por lo propio. Buscamos  profundizar  en la identificación de los escritores que luchan por revalorar las costumbres existentes en los grupos indígenas, quienes cuentan, de acorde a su  peculiaridad, las manifestaciones culturales de cuyo legado y memoria se desconoce, porque no hay mayor importancia por reconocer los elementos propios.
Creo que la gente de mi generación solo se acuerda de Francisco Izquierdo Ríos y su cuento El Bagrecico porque estaba en los libros de lectura o de literatura de secundaria, pero hubo  cultores importantes antes y luego de él, sin embargo poco se sabe de ellos, ¿qué nos puedes contar de las nuevas generaciones de escritores amazónicos tanto en narrativa como en poesía?
Hugo Guzmán Valles, notable autor amazónico 
Hay un boom de escritores jóvenes en Yurimaguas. Nacieron con ACEAY, aunque hay  otros provenientes de otros lugares que se han asentado en nuestra región. Hemos desarrollado también muchos eventos en el Tecnológico Amazonas- Yurimaguas.  
En la poesía estos jóvenes talentos  encuentran el cielo azul  de la selva,  la contemplación del hombre a la  orilla del río o el hermoso ocaso del sol.  Aquí destaca Henry Zamora Núnez y su poemario Meditaciones de un ente primario.   En cuanto a nuestros  narradores, ellos se refieren en sus libros a la mitología amazónica. Entre sus páginas están  los  yacurunas (espíritus masculinos del agua), la Sachamama (serpiente gigantesca, considerada también una diosa de la tierra) o  el chullachaqui (duende con pie desigual que adopta apariencia humana para engañar a la gente y hacer que se extravíen en la espesura de la selva). En este tipo de literatura tenemos a Piterson Piña y su novela El perdido y Flor de Amasisa de Julio César Linares Nava.
También nuestros autores tocan temas sociales como lo hizo  el profesor  Luis Alejandro Capuena Grández y su obra Patacala (niños de la calle, los que van descalzos) o  sobre la extrema pobreza en los Asentamiento Humanos que lo retrató muy bien Hugo Guzmán Valles en su libro de relatos El desalojo.
Empezaste tu camino con Crónica de un desaparecido, un libro de cuentos,  luego publicaste Colorada y morocha, del mismo género, te costó lanzarte al ruedo literario, ¿por qué tenías tantos reparos? 
Tenía temor a las críticas, porque yo también lo había hecho de los libros que había leído y pensaba que iban a ser implacables conmigo.  Al final, me decidí y publiqué.  Me cayó de todo (risas).
¿Es cierto que tienes en tu haber otras obras que pronto verán la luz? ¿Serán en narrativa o quizá en poesía?
Tengo obras escritas en tres agendas.  Algunas ya se hallan en edición. Todas pertenecen al género  narrativo. En ellas conoceremos la manera de defenderse de una adolescente, la tradición que había de enviar a los varones al ejército y que luego, estos, pedían su baja  en el mes de junio para la tradicional fiesta de  San Juan,  entre otras historias que por ahora no quiero adelantar.
Tengo entendido que eres una cazatalentos, que siempre estás al pendiente de artistas que canten o pinten bien, ¿cómo realizas tu búsqueda? ¿Cuántos has encontrado?
Sí, sobre todo en las clases de arte.  Es un momento de gozo.  Se pide a  los que saben cantar o tocar un instrumento que salgan enfrente y nos muestren su talento.  De igual manera a los que tienen cualidades para pintar o actuar. También prestamos atención al talento que existe  entre los docentes.  A muchos de ellos luego  los invitamos a participar en las  presentaciones de nuestros libros.
Explícame tu teoría de la grandeza profesional.
Creo que poseo  grandeza profesional, porque siempre aprendo.  No lo sé todo.  No me siento diferente a los demás. Para  aprender necesitamos humildad.
Si desean saber más de la autora o la asociación que preside
pueden escribir al siguiente correo:
irmalopezchumbe062@hotmail.com

miércoles, 11 de julio de 2018

Elid Rafael Brindis: “Escribir poesía, para mí, es como volar”




Desde niño ha atendido a su necesidad de volar. Primero lo hizo a través de su imaginación, luego con la ayuda de sus lecturas, más tarde con la escritura. Quiso ser piloto de avión, pero le ganó el periodismo. Sin embargo fueron los viajes físicos como reportero los que le devolvieron a su esencia fundamental: la de expresarse mediante la poesía. 
Elid Rafael Brindis es un periodista y poeta mexicano que reside en Perú no solo enamorado de Carmen, una destacada editora hija de esa tierra, sino del melancólico cielo limeño, del cual distingue cuarenta y ocho tonalidades de gris. Y pensar que cada vez que retorno a la capital peruana en invierno y  miro hacia arriba,  solo veo ese tristísimo color panza de burro de siempre
Leer es un acto que se gestó en tu más tierna infancia y sé que en la escuela te fascinaba sumergirte en la lectura de los clásicos griegos adaptados para niños,  ¿qué recuerdas de esos primeros años de descubrimiento? ¿Quién te introdujo en el mundo de la lectura y los libros?
Hizo realidad su sueño de ser poeta fuera de México 
En realidad fueron tres las fuentes de inducción: la primera fue mi madre. Recuerdo que mientras hacía sus quehaceres me contaba pequeñas historias, algunos mitos que, en su infancia, también solían contarle los abuelos; estos mitos empezaron a despertar mi mundo lúdico, sobre todo por la forma en que me los narraba y yo, prácticamente, los vivía. La segunda fuente fue mi padre, quien casi todas las noches, después de las duras jornadas laborales se daba tiempo para leernos, a mis hermanos y a mí, algunas páginas de los pocos libros que tenía en casa, antes de dormir; y la tercera fuente fue mi maestra, que nos leía cuentos infantiles y mientras los contaba afloraba mi curiosidad, porque no se parecían a las historias de mi madre ni a los textos que leía mi padre; pero todo hacía volar mi imaginación. Todas esas experiencias escuchadas se combinaban en mi mente y me hacían viajar a mundos fantásticos, que me dejaban absorto, embelesado. Por cierto, aparte de todo eso, otro de los gratos recuerdos que conservo e intento que no lo borre el tiempo es que, cuando ingresé a la escuela, al final del primer día ya le estaba ayudando a la profesora a enseñar a algunos de mis compañeros a escribir las vocales, que yo había aprendido con avidez desde el inicio de la clase.
Por esa época también fue que comenzaste a escribir tus primeros poemas, los cuales eran  alusivos a la patria,  a la bandera, a los héroes, entre otros, para las actuaciones de los lunes. Sin embargo no los leías tú, sino tus compañeros. Es curioso que el amor que te motivara a escribir en verso no fuera el inspirado por una chica, como casi siempre ocurre.
Elid junto a la destacada poeta Rosina Valcárcel, su gran amiga 
Sería en el segundo o tercer año de primaria. Todos los lunes, durante los homenajes a la bandera, casi siempre declamaban los mismos compañeros y repetían los mismos poemas. Entonces ya había aprendido a leer más o menos bien, y en los libros que nos daba la Secretaría de Educación venían algunas lecturas breves y poemas sencillos; estos me sirvieron de modelo para intentar escribir mis propios poemas, casi por imitación. No fue fácil, pero esta influencia empezó a marcar también mis primeras rimas… obviamente, con miedo a no hacerlo bien porque, además, empezaba a tener noción de la métrica, mas no sabía cómo se aplicaba. Desde luego, yo escribía poemas patrios porque la educación infantil se basaba más en el civismo y en las normas morales que excluían a la mujer. Además, no podía inspirarme en ninguna chica debido a que era un niño muy tímido, y a esa edad, en ese tiempo, era un tabú y por lo cual, los padres castigaban.
Tu alma de poeta no se nutrió al íntegro leyendo, sino más bien del contacto pleno y total con la naturaleza que te rodeaba en aquellos años, ¿no es así, Elid?
Tras recibir el título de hijo adoptivo en la tierra de Vallejo
Efectivamente, la naturaleza es la sabia conductora de mis letras. En Chiapas hay dos estaciones muy marcadas: la seca y la de lluvias. En la estación seca tenía elementos para inspirarme, como el polvo de los caminos, los árboles sin hojas, los cerros amarillentos, el sol cayendo a plomo, la tranquilidad que se sentía cuando las aves del campo dormitaban por efecto del calor, y muchos etcéteras. En la estación de lluvias estaban a mi alcance la propia lluvia, los rayos, las tormentas, los arroyos boyantes, la vida vegetal reverdeciendo, la siembra de los campos; las aves, las abejas; en fin, haría falta más espacio para describir poéticamente todo lo que se puede contemplar de la naturaleza en cada una de estas estaciones. En verdad, todo eso es poesía y, por eso, Chiapas, mi tierra, siempre está presente en mis poemas; incluso, describo una mínima parte de mi niñez en el poema «El Chiapas de mi infancia», en el que las estrellas de la madrugada también son parte elemental de la inspiración, porque se siente mucha nostalgia cuando caminas a la luz de las estrellas en un campo abierto, sin ruidos más que el de los grillos cortejando a sus parejas.
La poesía te dio alas y te dejaste llevar por ella de manera natural y espontánea, ¿cuándo te viste como poeta y cómo decidiste conducir tu vocación?
Antes de su participación en Punta del Este  (Uruguay)
Para mí la verdadera poeta es la naturaleza. Yo, aún no me veo como poeta, sino como un intérprete de todas esas manifestaciones, a las que ahora incluyo el aspecto social, que es otro fenómeno, y de todo lo cual ya se ha dicho mucho pero aún queda muchísimo más por escribir; admito que no la conduzco, sino que ella me lleva a través de los momentos de inspiración, porque no puedo decir: «hoy voy a escribir sobre esto» cuando, en realidad, la inspiración me marca otra cosa; pienso que conducirla sería tanto como escribir por encargo. Recuerdo que fue en la secundaria cuando realmente empecé a escribir poemas más profundos en versos libres, porque todo lo anterior que escribí, lo hice en rima; creo que fue ahí cuando ya me vi como poeta, y, además, empecé a escribir historias, cuentos breves, como «El árbol de cacahuates» (el cacahuate o maní es una almendra que se produce bajo tierra, no en árboles); en fin, pero el «yo poético» ya hablada de mí, porque la adolescencia es bastante complicada y con eso ya podía exorcizar mis demonios. Además, fueron apareciendo los primeros versos de amor, ahora sí, inspirados en alguna chica que llamara mi atención.
Luego fuiste detrás de otra tus pasiones: los aviones. ¿A qué parte de tu alma querías complacer aprendiendo a pilotar este tipo de naves?
Junto a Carmen, la mujer de su vida 
¡Ah, los aviones! Si bien el escribir es una forma de volar, tenía la curiosidad de saber cómo se veía el mundo desde arriba. Quizá quería liberarme de la prisión de la timidez y experimentar la sensación de libertad, porque una parte del vuelo te lo da el campo abierto a través de la imaginación y la otra te la da la realidad física, y esa era la que quería experimentar; pero me llegó esa oportunidad cuando estudié turismo, lo que me dio acceso a participar en eventos y convenciones, para lo cual viajaba como representante de una agencia de viajes; o volaba en aviones pequeños a los centros turísticos como guía de visitantes, y veía desde arriba la selva chiapaneca como una inmensa alfombra verde; en pocas palabras, esto cambió realmente mi visión, pues empecé a conocer mi propio estado, es decir, Chiapas, lo que me llevó a admirar las otras caras de un mismo pueblo, a palpar directamente el contraste entre los que tienen poder adquisitivo y los que carecen de todo. A esta realidad social es a la que me refería al inicio.
Dices que la aeronavegación es la responsable de tu incursión en el periodismo. ¿Cómo así?
Conocer el Chiapas profundo, las naciones indígenas, la pobreza, provocó que, por circunstancias del destino, mi vida diera un giro inesperado y, como no pude ser piloto, mi otra pasión, la de leer y escribir, me abrió las puertas del periodismo, por lo que opté por apartarme del turismo y estudiar periodismo. De alguna manera, el periodismo también es como volar porque, aparte de que tienes que ir ahí donde se produce la noticia, uno viaja imaginariamente al lugar donde se generan los hechos, los recrea, trata de vivirlos y a partir de ahí debes escribir para los demás lo que está sucediendo en tal o cual lugar; o también tenía la oportunidad de escribir sobre temas culturales y en eso dejas volar tu imaginación. 
Le entregaste más de 20 años de tu vida al diario Expreso Chiapas, donde ejerciste los cargos de editor y subdirector, ¿qué aprendiste del oficio y de tu país durante ese tiempo?
Acompañado de la poeta Ana María Intili y el editor Germán Atoche
La experiencia como periodista es vasta, desde situaciones simples y cotidianas hasta las de alto riesgo; todo se resume en experiencia. Además, el campo de la investigación te conduce a otros mundos que no te imaginas que existen. Después de todo, lo que te queda es la satisfacción de enseñar a otros lo que funcionó para ti en su momento. Iniciarme en la mesa de redacción del periódico puso ante mí otro panorama, pues eran los reporteros los que me traían las noticias y era un doble ejercicio de revisión e interpretación de cada nota. Luego, como editor asumí otra responsabilidad puesto que tenía a mi cargo revisar y jerarquizar las notas, los artículos de opinión, análisis, críticas: un tamiz para conservar la ética del diario, además de estar pendiente de la impresión. Después, como subdirector debía supervisar el trabajo del editor, además de asistir a la directora, concertar entrevistas, en fin, cada vez mayor responsabilidad. En resumen, en estos casi veinte años caí en la cuenta de que el trabajo que había empezado como guía de turistas se había complementado con el de periodista, pues colocó ante mí el panorama de la riqueza y la pobreza de las distintas regiones, lo que me ayudó conocer al Chiapas profundo, sus avances y retrocesos, sus logros y sus conflictos sociales. ¿Dime si esta no es otra forma de volar, como había deseado hacerlo cuando quería ser piloto?
En simultáneo por ese entonces, tenías a tu cargo la supervisión de todos los textos académicos de la Universidad Autónoma de Chiapas. Según entiendo se trataba de una actividad que disfrutabas mucho, ¿lo confirmas, Elid?
Desde luego que sí. La universidad no educa, imparte conocimiento, y ese conocimiento pasaba por mis manos en forma de libros, como resultado de investigaciones y experimentos que se generan en el seno de la universidad. Y esta situación te exige estar actualizado en casi todas las ciencias para poder comprender los contenidos. Por lo tanto, puedo decir que, más que un trabajo, para mí significaba disfrutar de la lectura de libros temáticos que, aun cuando aparentemente no tienen relación con la literatura, te enseñan a interpretar las situaciones cotidianas en otro lenguaje, y que puedes traducirlas en forma poética. Me explico: reviso un libro temático y, a la vez que trabajo, aprendo un lenguaje nuevo que puedo aplicar en la poesía en términos medios, o sea sin tecnicismos pero, a la vez, sin el lenguaje cotidiano. Entonces, lo que para otros resulta tedioso, para mí significa sumergirme en las páginas que me van descubriendo un mundo nuevo, interesante.
Fuiste asesor congresal en la Cámara de Diputados al Congreso del Estado de Chiapas en la década de los noventa, ¿cómo viviste esa experiencia? ¿Pudiste ver de cerca la podredumbre de algunos políticos? ¿La cosa ha empeorado en los últimos tiempos?
Confiesa que siempre tiene tiempo para todo
La década del noventa fue bastante difícil en materia política como consecuencia del surgimiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), y, aunque este movimiento se suscitó en Chiapas, tuvo repercusiones a nivel nacional, e incluso internacional. En  política, los actores cambian pero no la consigna «si no estás conmigo estás contra mí» y, aunque escasos, aún quedan políticos honestos, con vocación de servicio, y a mí me tocó esa suerte. Por supuesto, en los tiempos actuales la situación ha empeorado en forma drástica y prueba de ello es el problema económico por el que atraviesa el país, resultado de combinar las malas políticas aplicadas, con las buenas políticas no aplicadas. Cuando tienes este tipo de oportunidades quieres hacer más, sobre todo en cultura, educación, contra la ignorancia pero, lamentablemente, si no puedes o si no te dejan hacer las cosas, eso te genera frustración e impotencia, más aún cuando sabes que tus ideas se pueden aplicar con buenos resultados para ayudar a la gente a salir de su marasmo y no sean víctimas de la ignorancia.
Eres un todoterreno, además de desarrollarte como escritor, editorialista, articulista, analista político, crítico literario y ensayista en entidades afiliadas al Consejo Estatal para las Culturas y las Artes de Chiapas (Coneculta), también escribes reportajes e investigaciones para revistas de corte científico y cultural, ¿de qué manera concilias tu vida familiar con todas estas actividades?  ¿Hay tiempo solo para Elid?
Definitivamente, hay tiempo para todo. Por fortuna, uno aprende a priorizar las cosas: relaciones, situaciones… y siempre queda tiempo. Gracias a la magia de la tecnología puedes diversificar tus actividades, por ejemplo, encajar las actividades para las revistas de corte científico o cultural y, aunque a veces no se consiga, siempre surge la magia, porque la información y la experiencia están ahí y solo tienes que procesarlas para lograr esa combinación perfecta. Al fin que la vida, por sí misma, es una magia diaria que empieza al amanecer y continúa al empezar a soñar.
Hace casi una década dejaste  una rica y exitosa vida profesional en Chiapas para viajar a Lima en busca de la realización de un sueño. ¿Quieres compartir esa historia?
Le ha costado hacerse un lugar en el medio literario peruano 
Desde niño, siempre tuve curiosidad por saber qué había más allá de lo que conocía, además de que también me ha atraído el sur, aunque aún desconozco la razón. Déjame comentarte que cuando llegó a mis oídos por primera vez la música de «El cóndor pasa», se despertó en mí el deseo de conocer el vuelo de esa ave, su territorio, el cielo, las montañas, la nieve de la que habla, aparte de conocer las culturas, las formas de vida; en pocas palabras, todo lo relacionado con los Andes y sus maravillas. Te cuento que cuando recorrí Lima por primera vez, lo primero que hice fue imaginar cómo habrían vivido los antepasados, sobre todo, durante la época colonial, ya que en mi adolescencia tuve la oportunidad de leer relatos limeños de la Colonia. Como te decía, también me atraían los paisajes andinos, el sol en diciembre, la música, en fin, tantas y tantas cosas que me siguen atrayendo del Perú y que ahora tengo la ocasión de disfrutar al máximo. Comparto contigo una anécdota: cuando en una ocasión recorría el jirón Ucayali rumbo a la cancillería, observé casi perplejo un lugar que me pareció familiar, me quedé paralizado durante unos segundos porque sentía que ese lugar ya lo conocía, que ya había yo estado ahí, fue algo realmente sorprendente. Como verás, mi querida Elga, en mi vida casi siempre está presente esa sensación de volar.
En Lima has sabido echar raíces y desarrollarte en el plano laboral con éxito. Eres editor del Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, corrector de textos del Fondo Editorial del Congreso de la República, Ministerio de Defensa del Perú y del Banco Interamericano de Desarrollo (BID),  ¿cómo se hace para empezar de cero en un país distinto al tuyo? ¿Los comienzos siempre son complicados como se suele escuchar a menudo?
Departiendo con el prestigioso crítico literario  Ricardo González Vigil 
En efecto, todo principio es difícil. Pero a fuerza de empeño, trabajo y esfuerzo te vas abriendo paso, tocando puertas. La parte más difícil es empezar a darte a conocer, mostrar tu trabajo y que este sea aceptado, considerando que cada país tiene sus particularidades y sus propias formas de decir las cosas. A pesar de que Perú y México son los países que más se parecen en casi todo, menos en cómo se dicen las cosas, tuve que aprender a usar el lenguaje peruano, pues a pesar de que el español es el mismo a nivel latinoamericano y siempre me baso en la Real Academia Española para todo, la interpretación de las palabras es diferente en cada lugar; es cierto, me costó mucho desaprender el lenguaje mexicano para empezar a aprender el español peruano. Sin embargo, uno de los secretos es la constancia: estar ahí, insistir y, después, cuando eres aceptado, trabajar más duro, dar lo mejor de ti, y cuando te empiezan a recomendar comprendes que ya te están integrando a la sociedad peruana; por eso agradezco al Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos la oportunidad que me dio de mostrar mi trabajo profesional y, a la vez, conocer a tantos autores y ayudarlos a publicar sus conocimientos, pues estos no se deben quedar en la mente, sino compartirlos con quienes tienen el deseo de saber más.
En el aspecto literario también has conseguido importantes reconocimientos y lauros. Uno de ellos es hacerte acreedor del Trilce de Oro en 2013. Luego,  en mayo de 2017 fuiste nombrado Hijo Adoptivo de Santiago de Chuco recibiendo tal distinción de parte de la Municipalidad Provincial de Santiago de Chuco durante el XVIII Encuentro Internacional Itinerante Capulí, Vallejo y su Tierra. Todo un privilegio tratándose de la tierra de César Vallejo, sin duda alguna, Elid.
En un alto del Encuentro de Escritores en Punta del Este (Uruguay)
Definitivamente, es un verdadero privilegio, sobre todo el hecho de poder estar en contacto con el suelo que pisó, con los objetos que tuvo a la mano y bajo el mismo techo que lo cobijó, en fin, todos aquellos elementos que le habrán inspirado para descubrir su vocación de poeta; máxime, cuando el pueblo en sí mismo es poesía viviente. Todo me conmovió y es por eso que Santiago de Chuco tiene un lugar muy especial en mí, porque por fin pude ver el panorama andino que siempre había deseado cuando escuché la canción «El cóndor pasa», ¿recuerdas? Incluso, en el viaje que hicimos en bus todos los escritores que fuimos al encuentro, antes de llegar al pueblo tuve la sensación de que se podían tocar las nubes con las manos; literalmente, me sentí cerca del cielo, era como estar volando. En esos momentos, como una reminiscencia, llegaron a mi mente las letras de Carlos Fuentes, el escritor mexicano, y su novela La región más transparente, porque así me sentía, como en un lugar privilegiado por la naturaleza, en la región más transparente del aire.
En 2016 y 2017 participaste en el Encuentro Internacional de Poetas y Narradores de las Dos Orillas y Congreso Americano de Literatura en Punta del Este (Uruguay), en los cuales cosechaste excelentes críticas a tu trabajo literario, ¿es esta la mejor época de Elid como poeta?
Con su amiga la poeta y promotora cultural Ruth Hurtado 
Gracias a la invitación de los organizadores del encuentro y del congreso, pude viajar a Uruguay para nutrirme de las experiencias de los otros poetas que participaron. Definitivamente, no puedo, o, mejor dicho, no quiero hablar de épocas porque aún no alcanzo a conocer todo mi potencial, dicho esto sin pecar de falsa modestia, ya que por ahora el tiempo es mi mayor tirano y realmente necesito darme un tiempo sabático para encontrarme conmigo mismo, para que puedan nacer los poemas que están latentes, algunos están en mis cuadernos, blocks de notas, en la PC, en hojas sueltas, en la mente, y aún no cobran vida. Tengo varias ideas rondando la cabeza que todavía no he podido plasmar, aunque la esencia ya está en la memoria. Lo que quiero decir es que me falta experimentar con mis propias letras para superar los convencionalismos. Mi mejor época creo que es la que está por venir, porque mi meta es dar ese gran salto.
En Lima publicaste Poemas del autoexilio,  tu primer libro de poemas, y  lo presentaste en julio de 2017, en el marco de la feria del libro de dicho país, donde México fue el país invitado de honor. Resultó un rotundo éxito: lleno total de la sala, gente que quedó afuera y ejemplares agotados. ¿Qué has hecho para ganarte el aprecio de los lectores?
Quedé sorprendido con el éxito inesperado de mi primer poemario y sí, fue sala llena y tuve la oportunidad de que me invitara la embajada de México en Perú, a través de la Secretaría de Cultural federal, a una segunda presentación en el pabellón, con gran éxito, donde se vendió casi el sesenta por ciento de la producción. Creo que uno de los factores más importantes fue la presencia de los amigos, quienes, además, me ayudaron en la difusión de la presentación. Tengo la dicha de contar con muchas amistades, y, por otro lado, considero que otra característica es que mis poemas encajan en la vida cotidiana, son de fácil lectura y prácticos de entender. Creo que el factor sentimental también es un valor importante en la amistad y, por si fuera poco, está el hecho de que México y Perú sean países hermanos; este valor, que considero histórico, nos ayuda como latinos a identificarnos. Por cierto, a manera de anécdota de la presentación en el pabellón de México, al final se acercó una española y pidió los últimos tres libros que quedaban para llevarlos a su tierra; entonces le dije que me permitiera quitar las marcas que había puesto en las páginas seleccionadas y me respondió: «No; los quiero tal como están, porque eso le da más valor al libro». Eso me conmovió y le entregué, junto con un gran abrazo, los tres últimos libros que quedaban sobre la mesa.
Participando en un recital poético en Lima  
Tu libro Poemas del autoexilio fue prologado por la prestigiosa poeta Rosina Valcárcel y la carátula pertenece al famoso pintor Carlos Ostolaza Ramírez, ¿cómo conseguiste el apoyo de tan ilustres personajes?
La historia de mi amistad con la poeta y el pintor es un poco larga, pero se abrevia porque la familia Valcárcel Carnero (su papá Gustavo, su mamá Violeta, ella y sus tres hermanos) vivió el exilio en México en la década de los cincuenta. Cuando llegué a Lima, mi primer contacto fue con Marcel Valcárcel, ya que, como investigador de la Pontificia Universidad Católica del Perú, hizo algunos trabajos para la Universidad Autónoma de Chiapas. Y fue a través de Marcel que conocí a Rosina, y, por ella, a su esposo Carlos Ostolaza. La amistad surgió desde el primer momento, por afinidad. Con el tiempo fuimos organizando reuniones para hablar sobre México y Perú, y desde entonces ella me incentivaba a que publicara; sin embargo, tuve que esperar varios años antes de tomar la decisión. Decidí hacerlo en el 2017 porque el país invitado a la Feria Internacional del Libro de Lima era México, y tanto Rosina como Carlos coincidieron en que era el momento de hacerlo. Cuando le di a leer a Rosina mis poemas le pedí que escribiera el prólogo y aceptó gustosa. Coincidentemente, Carlos Ostolaza estaba organizando una exposición de su pintura en La Casona de San Marcos; él llevaba unas pinturas y dije «Esta pintura está bien para la portada de mi poemario, porque se parece mucho a los parachicos (personajes tradicionales de Chiapa de Corzo, que danzan durante la fiesta de enero) de Chiapas» y me dijo: «Te la regalo», así, sin más. Entonces, fue el universo el que conspiró para que el 2017 fuera el año de nacimiento de mi primer poemario. Como verás, todo encajó perfectamente.
Manifiestas que Poemas del autoexilio es una aproximación a la poesía que refleja los picos extremos de dos distancias, pero además es un viaje de un confín a otro donde aparecen soles, lunas, nubes, relámpagos, días y noches, ¿quieres explicar qué significa todo esto?
La nostalgia por su tierra está presente 
Desde luego, todo es un aparente sentido figurado, porque en verdad tiene mucho de autobiográfica; aunque siempre me ha atraído escribir sobre dos grandes misterios: el universo y la muerte, en ese orden. Pero en este poemario se entrelazan dos extremos: México y Perú como vértices; la familia como idea tangible, y los recuerdos como punto de enlace entre esos vértices. Las demás figuras implican, en estado subconsciente, las penas y alegrías, las situaciones por las que el «yo poético» ha pasado, y, en estado consciente, todo lo físico, lo real, el motivo o inspiración que me han acompañado. Además, como dije casi al inicio, la naturaleza es la cómplice perfecta que me dicta lo que tengo que escribir.
Estás preparando la salida de Poemas del autoexilio II, ¿qué pretendes compartir en esta segunda parte?  ¿Habrá alguna sorpresa?
La segunda parte, por llamarla de alguna manera, todavía está en proyecto, estoy preparando las bases para su construcción. De hecho, hay un poema muy breve que, de ser posible, le dará nombre al libro: periplo; o sea, todo el recorrido poético que me ha tocado vivir en Perú, parte de Uruguay y, sobre todo, México. Una de las gratas sorpresas es que quien prologará el libro es… bueno, ya contaré en su momento el porqué, pues primero debo afianzar la base para que pueda colocar la estructura.
Dices que tu segundo amor es el Perú, el primero Carmen, sin embargo, te has enamorado sin remedio del cielo limeño, ¿no temes ser un limeño más sometido al influjo de su tristeza?
Hace un momento hablé de vértices: Carmen es, precisamente, el vértice, el pilar fundamental y fundacional de lo que soy en Perú, y, por supuesto, ella es parte del cielo limeño que le da color a las cuarenta y ocho tonalidades de gris de este cielo: el verde de los jardines, el ocre del desierto cercano, el mar, las alas del cóndor, la nieve andina, el motivo principal de mis vuelos imaginarios… Entonces, no hay temor porque, de esta manera, el influjo no es solo de tristeza, que también tiene su lugar en la poesía, conjuntamente con la nostalgia, que es algo que me atrajo, en contraste con el cielo de Chiapas, siempre soleado. Déjame decirte un secreto: me gusta ese influjo, me inspira, pero sobre todo, me seduce. Al final, esa tristeza es pasajera, se disipa con los primeros rayos del sol de verano y se transforma en espectaculares atardeceres. Lima, para mí, es, sobre todo, un privilegio por su inspiración profunda, absoluta: es volar junto a Carmen.


Si desean saber más del autor o su obra
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http://www.cuartopoder.mx/poemas-del-autoexilio-de-elid-rafael-brindis-228834.html
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domingo, 10 de junio de 2018

Marita Troiano: “Escribir poesía me resulta una función vital”



Coraje es el adjetivo que define bien a Marita Troiano, pues esta escritora se ha dejado la piel no solo por sacar adelante su carrera literaria sino por darle  la oportunidad a otras poetas de mostrar su trabajo en un medio que reacciona de manera hostil o indiferente, según le convenga, ante la incursión de nuevas voces  que no sean del sexo masculino.
La también guionista y dramaturga consiguió posicionar el concurso de poesía Scriptura, convirtiéndolo en un referente literario en el Perú casi sin ayuda,  además, empeñosa como es, ha logrado que el PEN del Perú sea uno de los más activos de Latinoamérica.
En este momento se halla en plena promoción de Mi mundo raro, poemario con el que cierra un ciclo de vida personal y poético. 
A propósito del título de tu más reciente poemario Un mundo raro, ¿qué tan extraño es el  de Marita Troiano? Una creadora que comparte su tiempo entre sus quehaceres propios con el de promotora literaria  y más de sus colegas de oficio. 
Además de sentirme ajena y como una forastera en este mundo, mi mundo personal,  el más íntimo,  definitivamente,  lo considero raro. Raro por lo distinto e inexplicable incluso para mí misma. Y se ha ido forjando con una serie de singularidades y sorprendentes hechos  desde la infancia. Es un mundo creado, tal vez sin proponérmelo,  paralelo a este, a partir de plantearme desde niña un sinfín de preguntas. Un mundo de intuiciones, de acontecimientos y experiencias  difíciles de creer. Al fin de cuentas, este  mi mundo raro,  es aquel que la poesía corona y revitaliza, fortaleciendo  sus vectores que están muy lejos de cualquier bizarría y banalidad.
La criaron y educaron mujeres fuertes
Eres una luchadora incansable y todo lo que has ganado, te lo debes a ti misma, ¿cómo es sacar adelante una carrera literaria en un medio donde escasean las oportunidades para las escritoras? ¿A qué tuviste que enfrentarte?
Me crié con mi familia materna. Abuela, madre y tías luchadoras. Trabajadoras y estoicas. Ellas han sido mi mejor ejemplo y guía para vencer obstáculos, para alcanzar metas sin necesidad de hipotecas de conciencia ni favores personales. Sin temor.  En una sociedad como la nuestra donde como, bien dices, escasean las oportunidades para las escritoras, tuve que librar el camino de piedras y de espinas que algunas veces eran producto de la inseguridad de algunas personas de este rubro. He sorteado, pues, muchos obstáculos gracias a mi convicción de ser escritora, a la seguridad en mí misma y  tirándome a la espalda todo aquello que busca detenernos. Siempre tengo presente aquello que reza: “El águila no caza moscas”.
Te has dejado la piel en tu tarea en defensa de la mujer y la infancia a la par que en tu  empeño por dar visibilidad a las poetas peruanas, ¿has estado sola en estas acciones o siempre te has sentido acompañada de otras mujeres?  ¿Tus colegas varones alguna vez se ofrecieron a colaborar o  apoyar  estas iniciativas?
Desde hace 11 años dirijo la Comisión de Escritoras del PEN del Perú. Pero ya en el año 1996 empecé a difundir la poesía de las mujeres peruanas a través de encuentros y festivales literarios. Asimismo en 1996 publiqué una antología de poetas peruanas titulada Mujer y Poesía. Luego he continuado con estas tareas desde la Directiva del PEN conformada desde sus inicios por importantísimas y solidarias escritoras. Definitivamente nuestro empeño ha dado excelentes frutos y la Comisión de Escritoras del PEN Perú es una de las más activas en Latinoamérica. Sin embargo debo decir que en esta labor - que realizo ad honorem-, no he recibido expresiones de mucho entusiasmo por parte de los varones, aunque sí rescato algunos nombres que han expresado su apoyo. Sobre todo al momento de llevar a cabo importantes acciones como es la de realizar la convocatoria al Concurso nacional de poesía de mujeres Scriptura que ha cumplido seis exitosas versiones.
Su aporte literario a Save the children
Prueba de tu compromiso con la infancia fue la publicación de tu libro Las increíbles de Rafo, Mati,  Nico y Esperanza, ¿cómo fue tu experiencia con Save the Childen-Suecia?
Las increíbles aventuras de Rafo,  Nico y Esperanza, una novela para niñas y niños entre 7 y 12 años de edad, fue una obra que me encargó escribir Save the Children en apoyo y defensa de los Derechos de la Infancia, y gracias a ello, pude plasmar todas mis preocupaciones por transmitir una serie de valiosos temas como, por ejemplo, la lucha contra la discriminación racial,  y como socióloga desarrollé una narrativa donde  los roles tradicionales que, por lo general, adjudica a priori la sociedad por raza, condición social o género fueran absolutamente distintos. Además este libro que,  fue presentado por Save the Children en todos los países donde la organización estaba presente, es la primera novela para niñas y niños que sobre este tema se ha escrito,  procurando sea de una lectura amena, divertida, que despierte la conciencia sobre los Derechos de la Infancia.  Fue un trabajo muy importante y de mucha responsabilidad. De pleno compromiso. De volver a sentir como una niña al escribir cada página. Sin duda una invalorable experiencia.
Como suele ocurrir se valoró tu trabajo primero fuera, de allí el reconocimiento que te tributaron en Nueva York en 2006, concediéndote el título de una de las mujeres más importantes de Hispanoamérica.  Tuvo que pasar mucho tiempo para que las autoridades de tu país  posaran  sus ojos en ti y  el Congreso de la República de Perú, te homenajeara como se debe. Las jóvenes peruanas tienen poco ejemplos femeninos genuinos  a seguir en los tiempos actuales en Perú, ¿no es así, Marita?

Su carta de presentación poética
Tú sabes cómo son las cosas respecto a aquello del reconocimiento por lo que haces. Siempre entran en juego factores que intentan bloquear cualquier muestra de reconocimiento. Juegan  parejo la envidia y el tratar de invisibilizar las cosas valiosas que lleves a cabo. Pero eso no pueden hacerlo todo el tiempo. Si tu labor como escritora -o en la ocupación que tengas y destaques- está bien hecha, estas formas de lastimosa mediocridad no van más. Y creo que coincidiremos en afirmar que si bien escribimos porque es nuestra vocación, nuestra  forma de vivir y lo hacemos en absoluta libertad y sin esperar medallas o prebendas, pecaría de una falsa humildad si no reconozco que este tipo de reconocimientos alientan en gran forma seguir adelante con nuestras actividades. Para mí tienen mucho valor estas premiaciones que mencionas, pero más me enorgullece, el reconocimiento honesto y espontáneo de quienes me leen.
Imagino que entre todos los reconocimientos y premios a los cuales te has hecho acreedora, el que más valoras es el que te concedió tu tierra, Chincha (Departamento ubicado al sur de la capital peruana), ¿me equivoco?
Por supuesto. Recibir la Medalla de mi ciudad natal ha sido la de mayor valor en mi historia literaria.
Destacas en poesía, narrativa y ensayo, además eres guionista y fotógrafa, sin contar que cuentas con tu propia editorial Carpe Diem y desde hace once años ostentas el cargo de Directora de la Comisión del PEN Internacional del Perú, ¿de dónde sacas tiempo cumplir con tantas tareas? ¿Te cuesta decir no a la hora que demandan tu ayuda?
En uno de sus tantos recitales poéticos
Cada día ruego a Dios que dure más de 24 horas. El trabajo de promoción y difusión de escritoras peruanas a través del PEN es arduo. Tanto como mi labor editorial. En realidad, estoy ocupada todo el día, y ha habido temporadas en las que trabajaba casi 16 horas diarias. Una doble jornada que en lo posible me he propuesto evitar. Respecto a si me cuesta decir no a algunas solicitudes, he aprendido en los últimos años a decirlo sin pena alguna.
Tengo entendido que hace seis años el PEN del Perú organiza el  concurso de poesía  denominado Scriptura que ha tenido gran éxito y que su misión es dar a conocer poetas inéditas, ¿cómo se arreglan para sacarlo adelante teniendo en cuenta que no reciben subvención alguna? 
Cada convocatoria  -y ya vamos por la sexta-, demanda de un esfuerzo excepcional para conseguir el auspicio respectivo, para llegar a cada provincia del Perú con las bases, para solicitar  que la prensa nos apoye y para publicar el libro ganador y lograr presentarlo con los honores que merece. Hasta la cuarta versión contamos con el apoyo del Centro Cultural de España -apoyo  por su director de entonces, Ricardo Ramón-, un año nos quedamos sin auspicio pero igual salimos adelante congregando donaciones de dos empresas privadas, y el año pasado contamos con el incondicional apoyo de la Universidad Ricardo Palma. Scriptura es un certamen posicionado en nuestro medio como uno de los más importantes y ha permitido conocer a valiosísimas voces de la poesía peruana que se mantenían inéditas.
Tu primera obra publicada fue el poemario Mortal in puribus (1996), si bien te has expresado en narrativa y otros géneros, ¿retornas una y otra vez a la poesía? ¿Cómo evalúas tu andadura por la lírica? ¿En cada retorno te reconoces solo y solo como poeta?
Escribo poemas desde que era una niña. Escribir poesía me resulta algo así como una función vital. Ella ocupa un lugar especial en mi corazón y mi mente. Y aunque he publicado narrativa  -y voy a seguir haciéndolo, pues tengo tres obras pendientes-, siempre vuelvo a la poesía. O mejor dicho sigo de su mano. Porque mi estilo narrativo tiene mucho de poesía.
En el uso de la palabra cuando le rindieron homenaje
en su tierra
Tus lectores han tenido también la oportunidad de ver tus historias en escena, pues escribiste dos obras teatro: Medea unlimited  y Manos voladoras, que se exhibieron con enorme éxito en Lima y Buenos Aires. Te caracterizas por ser una creadora que asume retos, Marita.
Sí,  los retos me resultan muy atractivos. Siempre voy por más. Exigiéndome bastante para alcanzar objetivos que me gratifican como un ser humano que anhela un mundo mejor.
Sobre un  Mundo raro, el libro que acabas de publicar, has declarado que encierra tu filosofía de vida. En él  subrayas tus afectos y rescatas tu infancia,  pero también pones punto final a un ciclo de poesía.  ¿Es un libro de despedida y renacimiento, tal vez?  ¿Qué has dejado ir? ¿Lo que se rescata puede ser trasformado?
Has tocado un punto sustancial que aprecio y está referido a que, efectivamente, con Mi mundo raro cierro un primer ciclo de poesía conformado por nueve libros. Sin duda es un poemario donde expreso ese renacimiento que germinaba en mí desde hace varios años. Es decir desde hace seis años cuando publique Dando ansi por tu soy toda erranza (en castellano del Siglo de Oro).
“Que sean vivos el perdón y la piedad del corazón”, reza uno de los versos de tu poema   Día sétimo, perteneciente al  apartado Periplo interior de tu libro,  algunos podrían pensar que se les pide demasiado a los imperfectos seres humanos, ¿no te parece? 
Yo solo pido ese “demasiado” que me exijo a mí misma por una convivencia mas humanizada y menos violenta hipócrita y conflictuada  que es  la que tenemos.
Uno de sus grandes logros frente al PEN
Una curiosidad: ¿Alguna vez el tarot te recomendó visitar el circo? ¿Allí estaba la respuesta a tu interrogante?
No, el tarot siempre me avistaba rodeada de papeles. Y ya ves que no se equivocó. La referencia que une al tarot con una visita al circo en ese poema es pura imaginación lírica.
Coleccionas libros antiguos y ollas de barro, entre otras
cosas, ¿cuál es el ejemplar más valioso que posees en uno y otro? Sea material o sentimental.
 De libros,  una de las primeras ediciones de Las aventuras de Tom Sawyer y una publicación muy antigua del Quijote que compré hace años  a un vendedor ambulante en el centro de Lima. Y respecto a las ollas de barro, mi tesoro es una olla inmensa, bien chinchana que tengo desde que me casé. Hace ya como 40 años. Y en ella cocino en alguna ocasión especial y la cuido como si fuera de cristal.
Adoras los perros desde niña y los consideras parte de tu familia, ¿se puede llegar a interactuar mejor con un can que con un ser humano?  Hay mucha gente que se decanta por los animales por pura y dura decepción, Marita.
Son parte de mi familia. Con ellos se puede interactuar mejor que con la mayoría de la gente. Precisamente una de las situaciones que he vivido en este Mi mundo raro es llegar a dialogar con mi perro. Y a comunicarme con los pájaros. ¿De no creerlo verdad? Pero no soy la única con este don. Y eso me da cierta tranquilidad pues de tan increíble que me resulta, podría llegar a pensar que lo imagino o algo por el estilo.
En tu poema Piélago de preguntas, empiezas por una interrogante en mayúsculas que la siento muy urgente: “¿De dónde vienes poesía?”  ¿Logras que te responda? 
No responde. Solo llega a mí como una ola. Y me envuelve.
¿Es posible la existencia de Marita Troiano sin la poesía?  O ¿quién es Marita Troiano sin la poesía?
Marita Troiano es una mujer que se pregunta. Que camina con los ojos muy abiertos. Que va buscando verdades. Que se confronta a sí misma y cree en el poder de la palabra, en la necesidad de buscar la belleza expresiva y en compartir con sus congéneres todo aquello que la emociona. Que la sorprende. Que la toca medularmente. Si esto significa poesía, pues, iremos juntas siempre. Mi poesía y yo. Como siempre.

Si desean saber más de la autora o su obra
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