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sábado, 21 de abril de 2018

Gilma Arévalo: "Mi selva camina conmigo"


Cuando no estaba cerca de su nieta hablaba con ella en su mente en la vigilia e incluso en sueños para no perder tiempo. Era una forma de estar conectada a su pequeña Sofía a la distancia, para no dejar de sentirla y seguir escuchando su voz,  pues no quería perderse ningún momento de esa infancia que se va en un abrir y cerrar de ojos. Esas charlas reales, junto a su pequeña en Miami,  y las que ella imaginaba  en su casa de España,  la escritora Gilma Arévalo escribió un libro de relatos titulado Hablando con Sofía, un testimonio de su amor de abuela que vence distancias. 
Ahora vives a caballo entre Barcelona y Miami, porque necesitas el contacto de Sofía, tu nieta. Te resulta imposible estar mucho tiempo lejos de ella.  Justamente de ese ‘echar de menos’  nace tu nuevo libro, donde abandonas por un instante la poesía para adentrarte en la narrativa. Complicado tener el corazón repartido, ¿no es así, Gilma?
Quien goza del privilegio de tener nietos, sabe lo que ellos llegan a significar para sus abuelos. La vida, generosamente, me ha brindado dos preciosas nietas, que aún son niñas. La pequeña aún no lee, pero la mayor sí, tanto en inglés como en español y es una niña cuya madurez está por encima de la edad que tiene. Es cierto, este libro  surge de la añoranza, de ese sabor agridulce -a veces más agrio que dulce-  que puede llegar a tener la distancia; nace  de la necesidad insoslayable de compartir con ellas el tiempo, de disfrutar de esa niñez que pronto pasa y cuando ha marchado tan solo queda en la memoria de quienes pudieron compartirla.  Es verdad,  la distancia a veces puede ser una cruel hoguera calcinando los sueños. 

En Miami, junto a su esposo Fernando y Sofía, la niña que inspiró su libro.
Entiendo que al lado de Sofía se acrecentó tu creatividad y haciendo acopio de historias que escuchaste de niña, elaboraste otras para contarle a tu nieta, sin embargo lo que más cultivaste es el diálogo con ella. Refieres que la niña es un alma vieja debido a su sabiduría y te ha dejado más de una vez sumida en la perplejidad.
Sofía es un alma vieja. Con ella puedo hablar casi de todo, y es que es una niña quiere saberlo todo. Con Sofía puedo hablar de muchas cosas que no lo haría con otra pequeña de su edad. Hace muchas preguntas y escucha las respuestas con verdadera atención. Alternando con ella y con la más chiquita, surge el deseo de escribir cuentos para niños. No sería nuevo para mí esta forma de escribir, pues ya tenía terminado un libro en narrativa: “Entre ondinas y violines”, inédito aún; así es como comienzo en diciembre del año pasado a crear cuentos infantiles que  serán publicados  cuando les llegue su oportunidad. Estos cuentos varían abismalmente de los que escuché en mi niñez. Yo nací y crecí en Morales, para entonces, pequeño pueblo de la provincia de San Martín (Selva Alta o Rupa rupa) donde poquita cosa pasaba. No había entonces ni agua corriente ni luz eléctrica. Los cuentos que escuché hasta que tuve seis años, hablaban de fantasmas: Yaana-pumas (tigres del demonio), Yacu-runas (hombres del río), runa mulas (mujer que es convertida en mula para expiar culpas), Chullachaqui (duende o diablillo de la selva). Historias que, por cierto, no me atrevería a contar a mis nietas y a ningún otro niño; pero, cada noche, ellas esperaban que les contara un cuento antes de dormir y así es como me veo impulsada a usar la fantasía para crear relatos infantiles.
Durante la presentación de su primera obra en Manresa
(Cataluña)
¿En qué momento decidiste escribir Hablando con Sofía? ¿Pensaste cada una de las historias o fueron brotando espontáneamente?
Comencé a escribir inmediatamente después del nacimiento de la más pequeña, hace cinco años, acontecimiento que tuve la dicha de presenciar. Fue poco el tiempo que compartimos entonces y partir no fue fácil.  Hablando con Sofía  nace del lacerante dolor de la distancia.  Sí, surge de los largos silencios, de los muchísimos encuentros imaginarios que tuve con ella y su hermanita, reuniones en las que juntas, cuidábamos de la más pequeña que comenzaba a crecer o envueltas en largas pláticas, hacíamos un recorrido por los senderos que anduve yo de niña, mientras le relataba mis experiencias infantiles. Hablando con Sofía es un intento desesperado de aplacar los sollozos del alma, ante la dura  ausencia de esos dos seres que son la prolongación de mi existencia y ocupan un precioso lugar en mi vida y mis afectos. Cada una de las historias son la consecuencia de espacios de reflexión, que he querido compartir con ella y con cuanta persona pueda tener acceso a este libro
Encontramos por doquier poesía en tu narrativa tanto como emociones al contacto con la naturaleza y el paisaje del cielo y sus habitantes, ¿evocaste tu selva para buscar inspiración?
Mi selva camina conmigo, ella está impresa en mi ADN, nutre mis  sentidos, me aprisiona con dulzura. Mi selva es fuente inagotable de  poesía, esta fluye a borbotones de entre sus estrechos y sinuosos senderos, de cada semillita que alegre se abre paso en el surco y se entrega a la vida, del seductor sonido del viento acariciando sutil el frondoso follaje, de sus amaneceres serenamente cálidos, de sus aquietados y lánguidos ocasos teñidos de melancolía, del  silencio abrasador de las altas montañas que diligentes vigilan todos los rincones. Yo, solo me entrego y percibo encantada sus voces, sus gestos, sus miradas, sus a veces imperceptibles señales.
Uno de lo tantos recitales que participa.
¿Sofía ya ha visto el libro?  ¿Qué te ha dicho?
No, no lo ha visto todavía. Sabe que este libro lleva su nombre y eso le produce una profunda emoción. Ella espera ansiosa a tenerlo entre sus manos.
Debo decirte que Hablando con Sofía no es un libro infantil, al menos no a imitación de los que estamos acostumbrados, ¿lo concebiste así o escapó de tus manos?
No, no lo es. No tuvo nunca la intención de serlo. Está escrito en lenguaje sencillo, hecho a la medida de Sofía. Está escrito para ella. Sé que cuando su hermanita vaya creciendo, compartirá la lectura de los cortos relatos contenidos en el mismo y le explicará el mensaje. No es un libro de cuentos. Es un libro que, en sus pequeños relatos, nos conduce sutilmente a las mansiones donde moran eufóricos, la gratitud, la armonía, la solidaridad, la autoestima, la humildad, el amor a la humanidad y a nosotros mismos. Sí, es un libro que entretejiendo una historia corta, se viste de valores e invita a la reflexión.
En esta publicación vemos la participación de Fernando, tu esposo, en las ilustraciones. Ignorábamos que era artista. ¿Lo animaste a involucrarse en el proyecto o fue iniciativa suya?
Él siempre me dijo que en su juventud disfrutaba mucho dibujando. Recuerdo que en múltiples oportunidades traté de animarle a retomar su afición; con muy poco éxito, claro. Menuda fue mi alegría cuando estando fuera, me dijera un día: “He comprado una mesa de dibujo y he decidido hacer yo las ilustraciones de tu libro”.  Inicialmente pensé que era una de sus tantas bromas, pues tiene espíritu jocoso; fue entonces que me mostró la mesa y ya había adquirido los materiales precisos para ponerse a trabajar. Celebro que haya decidido reencontrarse con esta afición suya y cultivarla. Confieso que me ha sorprendido gratamente ver la facilidad con que sus manos plasman las imágenes y por supuesto, es gratificante trabajar juntos en pos de un mismo objetivo.
El escritor peruano Jorge Varas presentó su libro en Barcelona
Hablando con Sofía a lo largo de la vida de tu nieta tendrá varias lecturas, descubrirá nuevas cosas cada vez que lo abra, ¿con qué lecciones te gustaría que se quedara de joven y de mayor?
Un corazón agradecido es un corazón pleno de amor humilde. Me gustaría verla ataviada de humildad, también me la imagino plena de  autoestima, cálida, dulce.
¿De qué modo viviste la gestación de Hablando con Sofía respecto a tu primer libro A la luz de la luna, aparte de que se trataba de poesía y que se publicó en Perú?
Fue una experiencia interesante. No era la primera vez que escribía en narrativa, como ya mencioné antes, pues además de Entre ondinas y violines  también había escrito ya una crónica, inéditos ambos; pero Hablando con Sofía es un contenido diferente. Escribir desde la melancolía, desde la añoranza, a veces desde el dolor y no plasmar esos sentimientos y, más bien dotar el contenido de un sentido constructivo, gratificante, ataviarlo de luz, de ternura, ha sido realmente un magnífico reto. Considero que la humanidad se merece lo mejor de nosotros mismos, en especial de nuestra niñez.    
¿Por qué está vez decidiste publicar con tu nombre completo?
A decir verdad, es ahora cuando tomo conciencia de haber usado mi nombre completo, normalmente abrevio mi segundo nombre,  tal vez porque se me hace largo cuando está completo.
Su esposo Fernando ilustró Hablando con Sofía  
Te has organizado de tal manera para que no falte tu amor y dedicación en ningún lado, y en medio de todo, también tienes que hacerle hueco a tu labor literaria.  En  estás idas y venidas constantes, ¿cuándo tocaba escribir? ¿Qué espacios y horas están dedicados a tu escritura?
Intento no perder el contacto con nadie y de manera especial con mi familia y mis seres queridos que pueden ser también mis amigos más cercanos.  Busco además, que este contacto sea siempre desde el amor y, aunque mi familia es numerosa, hay tiempo suficiente para todo. Respecto a los horarios, no tengo ni he tenido nunca un horario fijo para escribir. Tengo sí, espacios que los utilizo plenamente. Son aquellos que yo llamo “mis espacios en solitario”, de los cuales disfruto a plenitud, claro. En Estados Unidos, por ejemplo, tengo toda la mañana, mientras las niñas están en el colegio y por las noches, pero también puedo escribir mientras vamos en el coche, momento en que ellas ven vídeos infantiles. Aquí en casa, pueden fluir ideas mientras voy organizando la casa y Fernando está en el trabajo, o cuando vamos en moto (yo de paquete, claro), cuando voy a la frutería o salgo a caminar. En estos momentos es cuando el blog de notas del móvil desarrolla su función. En buena cuenta, para mí, cualquier momento puede ser bueno para escribir.  A veces de los espacios más insólitos puede brotar un buen tema y surgir una poesía o una historia.
La escritora peruana le da mucha importancia a sus raíces
Sé que para ti es muy importante la familia, mantienes comunicación permanente con tu familia residente en la selva peruana y consideras que tus descendientes deben saber de sus orígenes y preservar la historia de sus ancestros. Esta es sin duda tarea de los abuelos, si los hay, ¿estoy en lo cierto?
Sí, la familia es muy importante para mí.  Desde siempre hice mi mejor esfuerzo para mantener comunicación con cada uno de los que conforman la mía. Por fortuna y gracias a la tecnología, en estos tiempos ya no existe ninguna justificación para no contactar con los nuestros, por muy grande que sea la distancia que nos separa. La familia representa nuestras raíces y es importante conocerlas. Efectivamente, los abuelos llevan consigo la valiosa información de las experiencias vividas que nos pueden aportar grandes enseñanzas.  Ellos pueden brindarnos la sabiduría que se logra andando el camino. Por medio de sus narraciones, podemos volver al tiempo en que ellos crecían y hacernos un mapa mental de lo que pudo haber sido su niñez, su adolescencia, su juventud y de paso saber de nuestros antepasados.
Al respecto, tengo noticias de que pasaste años buscando  tus raíces, ¿qué te condujo a efectuar tan amplia investigación e invertir tanto tiempo en ella? ¿Qué es lo que querías saber exactamente?  ¿Hasta dónde llegó tu investigación?
Cuenta que le ha dedicado tiempo sobre sus antepasados
de apellido Bartra
Así es, he trabajado el árbol genealógico de mi familia Bartra y no está concluido, aún hay mucho por hacer. He logrado escribir hasta seis generaciones anteriores a la mía. En San Martín, somos muchos y tengo mucha familia dispersa por el mundo.  Es verdad que muchas veces no tenemos una idea clara de cómo es que somos parientes y yo quería saberlo. Es una de las razones que me  empujaron a realizar esta búsqueda; la otra es el vacío afectivo latente en mí por la falta de los abuelos maternos. Mi abuelita murió cuando mi madre era niña aún, ella y sus hermanos crecieron con mi tía abuela.  Mi abuelito se casó y se trasladó a vivir a Lima. Yo solo he visto fotos de él y me habría gustado tener tiempo para conversar, que me sentara en sus rodillas y me contara sobre su niñez, que me hablara de los juegos infantiles que en su tiempo se jugaba, que me dijera cómo lucía el pueblo entonces. Me habría gustado saber cuáles eran sus sueños para cuando fuese mayor y muchas cosas más. 
Egresas del colegio de monjas de Tarapoto (San Martín, Perú) no solo culminando satisfactoriamente tu educación secundaria sino también con el grado de Contador mercantil a los 16 años, fue por esa época que también comenzaste a dar a conocer tu vocación literaria, ¿recuerdas tus primeros escritos? ¿Hubo alguien que alentó esa labor creativa?
La mitad de sus afectos se halla en Cataluña 
Ese fue un momento muy importante para mí. Terminada la secundaria, me trasladé a Lima para continuar estudiando.  Allí viviría con una de mis hermanas mayores  que ya tenía familia. Bajo su tutela - pues yo seguía siendo menor- es cuando puedo dar rienda suelta al deseo incontenible de escribir. Recuerdo que al comienzo pensaba llevar un diario y acabé escribiendo poesía. Gracias a ella, a su buen carácter, a su apertura mental, es que pude finalmente zambullirme en la poesía hasta convertirse esta en mi compañera de ruta. Mi hermana, de manera tácita es quien me alienta a seguir escribiendo.  Mis primeras poesías hablan de amores y desamores y también de añoranzas, sí, añoranza de la madre, de ese ser maravilloso que me enseñaría a andar por los estrechos y polvorientos caminos de mi selva, de ese ser que dio lo mejor de sí misma para llenar de alegría nuestras vidas; añoranza también del extenso huerto familiar pleno de árboles frutales en el que pasaba buena parte de mi tiempo libre; de las cristalinas aguas del entonces precioso río Cumbaza, pasando siempre jocoso frente a nuestra morada, añoranza de mi gente y su peculiar forma de ser.
Tus primeros poemas aparecieron en la revista Amazonía (Loreto,  Iquitos-Perú), ¿cómo viviste esta experiencia?
Piensa que ha escrito un obra que sus nietas leerán siempre
Para mí, escribir siempre fue una necesidad. Cuando comencé a hacerlo, no se me ocurrió pensar en compartirlo con nadie, ni editarlo. Cuando se publicaron en la revista Amazonía, trabajaba en Iquitos Había conocido a Ricardo (Ricardo Virhuez, editor peruano), quien se preparaba para publicar un poemario, él me introdujo en su grupo de amigos amantes del arte literario y con ellos, asistí algunas veces a las citas en la plaza principal donde algunos recitaban, mientras una guitarra nos deleitaba con sus  melodías. Un día Ricardo me dijo que quería leer mis poesías y se las pasé. Tiempo después me trajo una revista y me instó a revisarla. Grande y gratificante fue mi sorpresa cuando vi que una de mis poesías estaba publicada junto al de otros poetas. Me pareció increíble y lo disfruté, como es lógico.
En Lima estudiaste Secretariado Ejecutivo Bilingüe, desempeñándote luego como Asistente de Gerencia. Ya dominabas por ese entonces el inglés y a este le sumas ahora el catalán, ¿nos darás pronto una sorpresa publicando en dicha lengua?
Al mudarme a Cataluña he incorporado el catalán a mi vida diaria y aunque es verdad que puedo pasarme el día interactuando con un interlocutor catalán y yo respondiendo en castellano, leo, hablo y escribo esta lengua y está entre mis planes publicar a futuro tanto en catalán como en inglés.
El nacimiento de un río que le recordó a su amado Cumbaza
Por estos días asimismo estás empeñada en aprender el quechua, idioma de tus antepasados, ¿era algo que le debías a tu gente?
Siento un particular interés por aprender otros idiomas y se me da bien hacerlo, partiendo de este hecho, creo que si puedo aprender una lengua extranjera, ¿por qué no aprender también la de mis antepasados? El quechua o Runa simi (boca del hombre) que es una de las lenguas oficiales de Perú, ha ejercido una fuerte influencia en nuestros escritores indigenistas como José María Arguedas y el mismo César Vallejo y es usado por más de doce millones de personas en América del Sur.  Por lo demás, al haber nacido y crecido en la selva peruana, en mi hablar diario he usado muchas veces voces aborígenes, algunas de ellas quechuas y lo descubro ahora mientras voy aprendiendo esta lengua y eso me motiva más a estudiarla.
Ansías nutrirte de luz y  alumbrar los espacios oscuros, pero no solo en tu beneficio sino también para compartirlo con la humanidad, ¿dónde la encuentras y de qué manera la entregas a los demás?
Luz,  luz es lo que tanta falta nos hace en nuestro paso por la vida. Luz para ser capaces de levantarnos prestos luego de una caída; luz para armarnos de paciencia y tolerancia ante aquellos que no piensan como nosotros, luz para llenarnos del amor humilde que nos haga ver el mundo como una unidad de la que somos parte. Hay muchas formas de bañarnos de luz, algunos la encuentran en la religión, otros –los privilegiados- ya pueden hacer gala de ella desde sus primeros años de vida. Yo he percibido luz en las miradas, en las palabras, en los gestos, en el actuar de muchos preciosos seres humanos que encontré en el camino. Finalmente encuentro luz en la metafísica. Aún tengo mucho trabajo que hacer conmigo misma, sigo siendo una joya en bruto, pero mi voluntad de pulirme es inquebrantable. Creo que la humanidad se merece lo mejor de cada uno de nosotros; creo que ya hay demasiado dolor deambulando en plazas, calles y parajes; creo que todos tenemos un infinito océano de riqueza espiritual que podemos poner a disposición de los demás; creo también que cada uno de nosotros en nuestro día a día tenemos muchos medios para volcarla al mundo. Yo intento que mi poesía lleve mensajes de amor en todas sus formas. Sé que se puede desde una postura dolorosa, elaborar un mensaje de perdón y entregárselo al mundo.
Hace poco participó en un homenaje que se le tributó a  César Vallejo en París 
Te interesan las lecturas cargadas de espiritualidad y disfrutas del canto y las manualidades. ¿Puedes darle a estas dos últimas el rango de actividades meditativas? ¿Qué te aportan de manera efectiva?
Efectivamente, mucho de lo que leo tiene un fuerte componente espiritual y, el canto es una de mis pasiones aunque solo lo haga en casa. Hace mucho tiempo, cuando mi hijo era pequeño, descubrí que cantando me aislaba del dolor, de las agonías; descubrí que al cantar me envolvía en un invisible, cálido y mágico manto que me alejaba de todo pensamiento triste. Cantar para mí fue mejor que tomar un antidepresivo. Luego  se convirtió en una forma de vida y ahora siempre canto y como es normal, elijo canciones que me hablen de amor en sus distintas formas. 
Por lo demás, Las manualidades son para mí una forma de salir de la rutina más bien. Me gusta mucho modificar las cosas. Por decir algo: se me puede ocurrir quitarle las mangas a una blusa y sustituirlas por mangas tejidas. Para hacer esto necesito poner atención en el tamaño, la forma, el tono de lo que voy usar. Por tanto, no es un espacio de relajación para mí, pero sí es un espacio para crear. Soy una persona muy activa y por fortuna, tengo mucha armonía interior, más, si un día necesitara relajarme, buscaría el abrazo de la naturaleza.
¿Te gusta relacionarte con la gente y vibras con la naturaleza? ¿Qué te da el contacto humano que no un campo de lavanda o un cielo estrellado y viceversa?
Cielos estrellados he visto tanto en los plenilunios de mi añorada selva, arropada de ese precioso pueblo que me vio crecer y he disfrutado incansablemente de cada uno de ellos y se nutrieron mis sentidos y echaron alas mis sueños, bajo la tibia y resplandeciente luz de las noches de luna que tanto ansío volver a disfrutar.  El contacto con la gente nutre mis sentidos de otra manera, este es el espacio en que mi mundo interior se prepara no solo para dar de mí lo mejor que puedo llevar  conmigo, sino también para tomar lo bueno que encuentro en mi interlocutor. Es el momento en que mis sentidos están totalmente despiertos, ávidos de experiencias nuevas; es el tiempo de observación también de la conducta humana que tanto me llama la atención. La naturaleza y  la humanidad tienen su particular encanto. Hay tanta belleza, magia y misterio en ambas,  que no es posible sustraerse a esta realidad y pasar pretendiendo ignorarla.  No he tenido hasta hoy el privilegio de disfrutar del penetrante aroma de un campo de lavanda, pero siendo esta parte de la naturaleza, seguro que ha de ser una experiencia intensa y fascinante.


Si desean saber más de la autora
pueden pinchar aquí:
https://www.letrame.com/author-book/gilma-cidith-arevalo-bartra/


jueves, 1 de marzo de 2018

Jessyca Sarango: “No necesito sentarme con nadie a crear”


“Como respirar”, así se refiere a sus multitalentos la cantautora y compositora Jessyca Sarango. Con ella no hubo descubrimiento, simplemente estaban ahí y fluyó con ellos. Triunfadora por donde se la mire, aclara que no cree en la suerte, pero tiene  la certeza de que cuando se hace lo que se quiere, el éxito  llega solo.  Una de la causas de su paz espiritual es que puede vivir de lo que le gusta, sin esperar a que la ‘industria’ toque a su puerta. Esto debido, sin duda, a su genialidad. Lo hace todo, por tanto no necesita de nadie para crear.
Hace unas semanas ha lanzado de forma oficial  el concepto Musilosofía, una propuesta educativa dirigida a los más pequeños, en la que pretende no solo enseñarles música sino también a desarrollar sus particulares talentos creativos. Y sobre todo a conectar con su esencia y cultivar su espiritualidad. 
Vas a cumplir 30 años de carrera artística, y sé que desde muy jovencita supiste  exactamente  a lo que te querías dedicar, ¿cómo fue ese descubrimiento?
En realidad no fue un descubrimiento, desde que aprendí a hablar, más o menos como a los dos años de edad,  empecé a inventar historias, y a esas historias muchas veces les creaba una melodía.  Luego entre los tres  o cuatro años comencé a rasgar la guitarra y aparecieron las primeras canciones.
La guitarra ha sido tu gran compañera de vida, ¿es verdad que te obsequiaron una a la edad de tres años? ¿Quién te regalo? ¿Cómo fue ese primer encuentro? 

Con su adorado Merlín Antonio 

La primera guitarra que tuve en mis  manos  perteneció mi abuelo; una de adulto, pero mi primera guitarra me la dieron mis padres, a la edad de nueve años.
Fuiste una niña sociable, pero de repente te cansabas de estar en grupo y te sumergías en tu mundo, preferías estar sola para crear, ¿no es así, Jessyca?
Siempre fui muy sociable, pero muchas veces prefería estar en mi mundo creando. Me gustaba jugar sola, y hasta el día de hoy disfruto estando conmigo misma o en un grupo pequeño de gente. Me incomoda el alboroto (risas).
Aprendiste a cantar y componer al mismo tiempo, y ya tenías muchas canciones en tu haber a tus cortos 11 años, ¿en qué momento aparece tu gran oportunidad de ingresar en el circuito musical y cómo planteaste tu carrera artística?
Yo siempre cantaba y les daba conciertos a los amiguitos de mi vecindario.  Cuando tenía  12 años se celebró el aniversario de la urbanización donde vivía e hicieron un show muy grande en medio de la calle,  con escenario y muchos artistas invitados, y como todos sabían que yo cantaba me invitaron a participar con mi música. Mi presentación llamó mucho la atención,  porque son muy pocos los niños que a los 12 años cantan y tocan un instrumento a la vez. No es muy común encontrar niños multitalentos en el mundo. Luego de eso, no paré de cantar y tocar. Recibía invitaciones de todos lados y a los 14 años aparecí a nivel nacional cantando en vivo en un programa musical muy famoso, en este entonces, en Perú. Se llamaba Enhorabuena.  A partir de aquella aparición,  mi vida en la música no se ha detenido ni un segundo. Jamás planifique mi carrera musical, ella se hizo sola.
Uno de sus alumnos en plena práctica 
Participaste en la composición de las bandas sonoras de exitosas  telenovelas como El milagro de amar, Isabela, Torbellino, Los de arriba y los de abajo, Aprendiendo a amar, Aunque juegues conmigo, entre otras, ¿no temías que el gran público te viera como cantautora solo para telenovelas, en un primer momento? ¿Hubo algún brote de prejuicio por este género antes o cuando ya estuviste en el medio?
La verdad nunca he pensado en encasillarme en un género específico. Es más, me considero tremendamente versátil a la hora de crear, y eso se debe a que adquirí la habilidad de tocar casi todos los instrumentos,  además de efectuar  arreglos musicales y dominar la técnica de grabación de audio. Nunca me detengo a pensar en lo que el público espera o no espera de mí.  Hago siempre lo que quiero y tengo la fortuna de que la gente que me sigue aprecie mi espontaneidad y autenticidad.
Luego vinieron tus gloriosas participaciones en el afamado Festival de Viña del Mar, que se lleva a cabo cada año en Chile, con No volveré a caer (1999) y luego con Mi alma entre tus manos, como compositora, en 2005. ¿Lograste conquistar al temible monstruo de la Quinta Vergara, apelativo que tiene ese público que acude a dicho festival?
La Quinta Vergara al principio me abucheó  por la rivalidad que existe en nuestros países, pero una vez que abrí la boca para cantar eso cambio por completo. Luego del festival pasé varias temporadas cantando en diversos lugares de Santiago. Amo Chile.
Habías alcanzado la cumbre en tu país, y eras conocida en Latinoamérica y parte del mundo, pero de pronto decides partir a Estados Unidos ante el estupor de muchos colegas artistas y gente de tu entorno. ¿Qué te hizo tomar esa decisión? ¿No tuviste miedo de perderlo todo?
La verdad nunca tengo miedo de nada.  Mi decisión de mudarme a Estados Unidos fue instantánea. Lo mejor que hice en la vida.
La guitarra, su fiel compañera  a lo largo del tiempo 
Llegaste a Miami, y se te abrieron las puertas. Recién te instalabas en Miami, cuando recibiste  la propuesta de  grabar casi el íntegro de la banda sonora de la telenovela Acorralada, has nacido con estrella, ¿no?
No creo en la suerte, aunque sí en el destino y en la manera en que nos desarrollamos para alcanzar determinadas cosas. Considero mi éxito en la música como el resultado de vivir haciendo lo que me gusta sin pensar en ninguna retribución.  La música y todas mis creaciones son así de involuntarias. Como respirar.
También has prestado tu pluma a Alejandro Campos, escritor y productor de Olga Tañón,  y a Juan Carlos Pérez-Soto, letrista de Luis Fonsi y Paulina Rubio, ¿eres la única compositora mujer que ha logrado introducirse en esos grupos?  Te lo pregunto porque pocas veces se habla de compositoras o letristas.
Hay muchas mujeres autoras en la música, pero muy poquitas somos multitalentos. La mayoría escribe y rasga unos cuantos acordes en la guitarra o teclea algunas notas en el piano, sin embargo, escasean las que son como yo.  Eso marca una enorme diferencia.  Yo lo hago todo sola. No necesito sentarme con nadie a crear.
Compones para muchos cantantes, ya lo hemos visto, pero hay uno que es  tu preferido,  y al que te une una estrecha amistad, ¿qué significa para ti, Jon Secada?
El momento de creación 
Jon Secada es un ícono de la música latina. Para mí ha sido un honor escribir para él.  Lo he tratado en persona. Es un gran ser humano.
No has tenido reparo en decir que el secreto de tu éxito es hacer lo que amas y no tomarte la vida en serio, y a eso se suma que eres mujer una con una gran paz espiritual, ¿cómo lograste eso en un medio tan estresante y competitivo como es el de la música?
Mi desconexión con la parte plástica e industrializada de la música me ha permitido mantenerme intacta y limpia emocionalmente. Ser una artista multitalento es un privilegio, porque me ayuda a no depender de la industria para vivir.  Mi paz interior reposa en mi libertad de ser y hacer.  Por eso lo que pasa en ese sector no me atormenta.
Pero a ti también te interesan otros temas, como por ejemplo, la educación, los valores y  el cuidado del medio ambiente, ¿qué te  motivó a fundar Merlin Castle Group?   Cuéntanos, por favor, ¿quién en Henry?
Fundé mi compañía creadora Merlín Castle Group hace 7 años.  Se basa en tres piedras angulares: mi pasión, mi visión y mi misión, las cuales se traducen en tres conceptos: la música, la creatividad, la conexión. Todos los temas creados están enlazados y el contenido de todo nace de mi filosofía de vida: Musilosofía. Henry, el camioncito verde es el personaje principal de la colección verde (conciencia ambiental) y de mi serie de audiolibros musicales Los Libros de Merlín.  Gracias a este primer audiolibro,  publicado por mi compañía,  fui nominada a un Latin Grammy.
Su trabajo para otros
Henry es un personaje de ficción, pero ¿qué nos puedes contar de Merlin Antonio? ¿Cómo se conocieron?
Merlín Antonio es mi perro.  Nos conocimos hace casi ocho años en la calle. Él estaba perdido y lo rescaté.
Das clases de canto a niños, pero por sobre todo les enseñas Musilosofía, ¿de qué se trata?
Desarrollé un taller de descubrimiento, apertura sensitiva, desarrollo creativo y artístico al que denominé Musilosofía. En estas clases comparto con niños, a partir de los dos años, mi conocimiento en varias áreas, arte, música, vida saludable y empatía con uno mismo y con el mundo que nos rodea. Nuestras sesiones de Musilosofía están llenas de herramientas que he creado para que los niños aprendan a canalizar todo lo que son, y sacarle provecho a sus distintas habilidades.
2017 llegó cargado de importantes proyectos para ti, uno de ellos fue el de ocuparte de la producción del álbum Latin love de la afamada pianista y compositora rusa Elena Iourova. Entre los duetos que ha grabado dicha artista hallamos el realizado junto a Julio Iglesias Jr. Cuéntanos.
He escrito todas las canciones del primer álbum de Elena Iourova.  Ella es una pianista y compositora rusa que me convocó para que pusiera letras a sus creaciones instrumentales.
El mundo de Jessyca
En estos momentos estás  preparando un nuevo disco, y estás barajando una serie de títulos, como por ejemplo el de Hipster, que si no estoy mal informada, fue o es el nombre que llevan los conciertos que realizas en bares emblemáticos de Miami, ¿qué nos puedes contar al respecto?
Mi disco está casi terminado. No he sacado ninguna canción aún, porque he estado distraída en otros proyectos, pero ya llegará el momento de lanzar el primer tema. 
El deporte, es otra de tus grandes pasiones, por tanto, sé que estás lista físicamente para, en cualquier momento, cristalizar tu gran sueño que es viajar de mochilera por toda Europa.  Empezarías, claro está,  por España, ¿no es así?  ¿Ya hay fecha para eso?
Amo los deportes, al igual que la música, desde niña.  El deporte canaliza toda mi energía física y me ayuda a mantenerme sana física y mentalmente. Ya en algún momento podré delegar mis múltiples proyectos para irme a mochilear por Europa indefinidamente (risas).
Eres y has hecho tantas cosas en plano artístico y educativo que resultaría imposible abarcarte en unas cuantas páginas de entrevista, sin embargo me atrevo a deslizar esta pregunta para tener una idea aproximada de tu mundo interno,  ¿cuál es la relación que tiene realmente Jessyca Sarango consigo misma?
Mi relación conmigo misma es de eterna sorpresa, de fascinación por redescubrir cada día que somos seres ilimitados, y que a pesar de estar contenidos en un cuerpo físico, nuestra mente y nuestro espíritu son libres si así lo deseamos. Al menos de esa forma lo experimento yo: mi mente y mi espíritu todo lo pueden.